
Por Carlos Quintero J.
La llaman Linda y es verdad. Ella tiene una figura esbelta, el cabello lacio que cubre su espalda hasta su fina cintura.
Los grandes ojos cafés y largas pestañas rizadas conjugan con sus sensuales labios y nariz mediana.
Lafalda larga, ajustada, resalta el contorno de sus anchas caderas, la blusa de encaje; ambas color beige.
Camina de prisa por los pasillos y escaleras del juzgado; la vista al frente, que a veces baja para evadir otras miradas.
Es evidente la afrenta pública que le causa ir con las manos esposadas, escoltada por una mujer policía que la conduce hasta la sala de audiencia.
Detrás, la acompañan dos varones, altos, delgados, morenos y se sientan junto a ella.
Es la mañana del miércoles 21 de agosto de 2013, el inicio del juicio oral contra los tres jóvenes acusados por secuestro y robo agravado.
La familia de Linda toma asiento en la zona del público mientras arriban los jueces Tomas Mateo, Bertha Vergara y Jorge Gamboa, integrantes del tribunal.
La audiencia inicia y los imputados se presentan:
Juan Miguel Flores Bustos de 20 años, Luis Ángel Estrada Terán de 23 años y Herlinda Torres Villalba, Linda, de 20 años.
Es difícil el caso para los abogados defensores de oficio, Elsa Merlos y Víctor Javier Hernández, reconocidos por su experiencia en el nuevo sistema de Justicia Penal.
Los defensores sostienen, en su alegato de apertura, que la fiscalía no podrá acreditar, «más allá de toda duda razonable», la responsabilidad de los imputados.
Mientras el Ministerio Público, José Manuel Serrano sostiene ante el tribunal que existen elementos suficientes para sentenciar a los imputados.
Los hechos
Era la medianoche del 5 de abril de2012. Un auto Toyota, color blanco, con placas del Distrito Federal circulaba en la carretera Zapata–Zacatepec, del municipio de Xochitepec.
El auto era conducido por Eder «N», un joven de 21 años de edad, a su lado, en el asiento del copiloto, lo acompañaba su novia Belén «N» de 22 años; además su hermano Víctor y su cuñada, viajaban en el asiento trasero.
Iban camino a la casa del joven, en el fraccionamiento La Campiña, y a la altura del crucero del poblado de Chiconcuac, los rebasó un auto VW Jetta oscuro.
El auto sospechoso disminuyó su velocidad e intempestivamente le cerró el paso; un taxi Sentra también llega al lugar. De ambos vehículos descendieron seis hombres armados y encapuchados.
Los pistoleros amagaron a los tripulantes del Toyota: «¡Abre las puertas!, ¡Abre las puertas!». Eder, volteó y miró a su hermano para saber qué hacer.
Pero uno de los agresores, con la culata de un arma, rompió el vidrio de la ventanilla del copiloto, y no les dio tiempo de nada.
Todos fueron sacados del vehículo y obligados a tirarse al piso, menos Belén que fue mantenida a bordo por los agresores que la secuestraron.
Eder, creyó que su novia salió corriendo del carro o que fue abandonada metros adelante por eso comenzó a gritarle y la buscaron por el camino.
Al cabo de algunas horas decidieron acudir a la Procuraduría General de Justicia del estado para iniciar la denuncia y además informar de lo sucedido a los padres de la muchacha.
Mientras tanto, la joven fue trasladada por los plagiarios a una casa de seguridad, ubicada a varios minutos del lugar, pero antes fue cambiada a otro vehículo.
La joven había resultado herida por los vidrios de la ventana rota e iba con los ojos vendados.
Al llegar a la casa de seguridad, ella escuchó muchas voces, algunas de mujer; una de ellas preguntó:
–¿Quién le pegó?–le dijeron que había sido un accidente.
La secuestrada lloraba y estaba muy nerviosa, la mujer limpió su sangre, después le comentó:
–Van a venir hablar contigo.
Escuchó la voz de un hombre que comenzó a interrogarla.
–¿Cómo te llamas morra?, ¿De dónde eres morra?, ¿Qué hacías ahí, morra?
Luego, dejaron que descansara unas horas hasta que le hablaron nuevamente:
–Te voy a pasar con un familiar, le vas a decir que estás bien.
Era alrededor de las 7:30 de la mañana, cuando Miguel Ángel «N», padre de Belén, recibió la llamada de los secuestradores.
–Te vamos a pasar a tu hija–le dicen.
–Bueno, ¿Papá cómo estás?–Así inicio el diálogo.
Una clave confidencial, confirmó a Miguel Ángel que se trataba verdaderamente de su hija. Ellos habían acordado una palabra secreta para decirla en caso de ser víctimas de alguna extorsión. Ese fue el momento.
Los secuestradores le dijeron al padre de la joven que se comunicarían más tarde con él.
En tanto, decidieron cambiar a la joven a otra casa de seguridad y la subieron a un coche.
–Mira morra, cualquier cosa tú vienes con nosotros.
Luego tres personas abordaron el auto junto con ella y la obligaron a recostar su cabeza en las piernas de una mujer para aparentar que iba durmiendo. El vehículo enfiló por un camino de terracería.
Otra detención casual
A las 10:30 horas, el auto circulaba por la carretera Tepetzingo–Tezoyuca, frente a la fábrica de cemento, y se topó con una patrulla de la Policía Preventiva del estado.
Juan Miguel Flores, quien era el conductor, intentó dar la media vuelta para retornar, pero esta maniobra llamó la atención de la policía que rápidamente le dio alcance.
Se trataba de un Jetta, color azul marino, el cual era conducido con exceso de velocidad.
–Deténgase por favor para una revisión–ordenó el policía.
Los uniformados cuestionaron al conductor, quien iba acompañado por Luis Ángel Estrada, y ante la sospecha les pidieron que descendieran del vehículo.
Mientras Herlinda Torres y Belén, permanecieron a bordo, pero al ver que la joven tenía la blusa manchada de sangre les dijeron que también salieran.
–¿Se encuentra usted bien? –le preguntó el comandante a la víctima que evidentemente se mostró nerviosa.
–Sí–contestó balbuceando.
La joven tenía una cortada en la nariz y otra en la ceja derecha, por eso el policía volvió a cuestionar a la joven.
–¿Seguro que se encuentra usted bien?
Fue entonces que ella no pudo contener el llanto y reconoció que estaba secuestrada por los tres jóvenes que viajaban con ella.
Los preventivos, solicitaron apoyo y al cabo de varios minutos llegaron refuerzos para trasladar a los imputados a la base de Torre Morelos.
El comandante llamó al padre de Belén para informarle que su hija se encontraba sana y salva. Todo había terminado.
Al investigar si el vehículo contaba con reporte de robo se descubrió que el Jetta había sido entregado como parte del pago de un secuestro de un joven de 17 años de edad.
La mañana del jueves 5 de septiembre de 2013, Juan Miguel, Luis Ángel y Linda son sentenciados por el delito de secuestro y robo agravado; días después, los dos primeros fueron sentenciados a 40 años de prisión, y la joven a 25 años de prisión.
