Secuestrada y violada

Credencial
Credencial

Por Carlos Quintero J.

La madrugada del jueves 22 de agosto, Ana salió rumbo a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Ese día la esperaban sus compañeros de la facultad. Un autobús que rentaron los llevaría a un congreso a la Ciudad de México. Ella nunca llegó.

Una vecina observó cómo dos hombres “levantaron” a la joven en la calle Campo Florido, a escasos 50 metros de la sucursal “Farmacias del Ahorro”, casi esquina con avenida Universidad de la colonia Chamilpa.

“Ya te cargó la chingada”, dijo quien, con pistola en mano, apuntó a la cabeza de Ana. Con violencia la subieron a un auto Honda Civic, color vino, placas 181-VSP del Distrito Federal; la tiraron al piso y huyeron con rumbo al sur.

En el trayecto, los captores interrogan a la joven “¿Tú saliste de una casa donde está un BMW?”. La joven sabía muy bien qué pasaba. “¡No es esta vieja! ¡Hay que bajarla! ¡Hay que bajarla!”, dijo uno de ellos.

A la altura de la Unidad Deportiva del Centenario, el auto chocó contra un taxi, el conductor detuvo la marcha, pero el taxista les aseguró: “El golpe es leve, no hay problema”, quizá por un presentimiento.

Ellos continuaron su fuga. Metros adelante, vieron las luces de las torretas de varias patrullas. “Es un retén, es un retén”, dijo uno mientras otro le responde “¡síguete de frente! Síguete, no des vuelta”.

La policía no los paró y el conductor tomó la autopista México-Acapulco. Uno de los secuestradores, toqueteó los senos, glúteos y la parte genital de la joven. “Es para saber si tienes algo”, se justificó.

 

Las horas de terror

La víctima fue trasladada a una casa de seguridad en donde fue maniatada, vendada y encerrada en un baño. Al cabo de algunos minutos, un hombre se entrevistó con ella para preguntarle acerca de su familia.

Ese día, los delincuentes llamaron vía telefónica a Alfredo, padre de Ana, y le informaron que tenían a su hija. Le exigieron el pago de un rescate de 400 mil pesos.

El viernes, el secuestrador continuó la negociación; se comunicó al menos ocho veces con Alfredo. “¿Qué pasa con mi dinero? ¿Ya lo tienes o empiezo a mandarte a tu hija en cachitos?”

La presión ejercida en la familia de Ana obliga a que, con esfuerzo, reúnan 50 mil pesos, cantidad que finalmente aceptaron los raptores.

La madrugada del domingo 25 de agosto, horas antes de ser liberada, dos de los hombres que cuidaban a la estudiante, abusaron sexualmente de ella.

«Estás muy guapa, si te hubiese conocido antes no te habría hecho esto» le dice uno de los agresores, después la subieron al auto y la abandonaron en Libramiento de la Autopista México-Cuernavaca, a la altura del centro comercial Plaza Galerías.

Ana pidió auxilio a un taxista, a quien le narró parte de su trágica historia y le pidió prestado su celular para comunicarse con su hermana. Ésta respondió y le comentó que toda su familia la esperaba en su departamento.

 

Casual detención

Alrededor de las 14 horas de ese mismo día, elementos de la Policía Federal realizan un patrullaje en la Autopista del Sol, y a la altura del kilómetro 94 de la colonia El Polvorín observan un auto sospechoso.

A corta distancia, los federales siguieron el auto Honda Civic, color rojo; mientras investigaban con su central, si dicho auto contaba con reporte de robo.

La respuesta confirmó que el vehículo fue robado el día 6 de junio, alrededor de las 22 horas, en la colonia Vicente Guerrero de la colonia Tejalpa de Jiutepec.

Posteriormente, se conocieron detalles de ese hecho: Erika «N», la propietaria del automóvil, fue interceptada por tres hombres. «Todo va a salir bien, entrégame las llaves del auto y pégate a la pared», le dijo uno de los delincuentes que con una pistola amenazó a la mujer que no opuso resistencia por miedo. De acuerdo a la declaración que rindió días después ante el Ministerio Público, ella no pudo observar el rostro de los asaltantes porque usaban gorras.

Previo al momento de la aprehensión, el vehículo circulaba en la avenida Estado de Puebla, después el conductor giró el volante en la calle Cholula, después tomó la arteria Carmen Serdán hasta Uruapan, en donde se estacionó frente a una casa.

Los policías observaron que del vehículo descendió un joven que vestía playera verde, pantalón de mezclilla y que tenía fajada en la cintura una pistola.

El joven se disponía a abrir la reja del domicilio y en ese momento el grupo de federales intervino para arrestarlos.

Los detenidos se identificaron como: David Magadan Porcayo, alias «El Cholo», de 22 años de edad; Sergio Manuel Salgado Suastegui «El Chepo» de 21 años; y Exar Abraham Ureina Ruiz de 20 años.

Una vez en la Procuraduría, los tres jóvenes fueron identificados por Ana como sus atacantes, además que en el interior de la casa de seguridad, donde fueron descubiertos, los federales localizaron algunas credenciales de Ana.

La mañana del lunes 2 de septiembre, un juez determinó vincular a proceso a los tres imputados por los delitos de secuestro, violación y robo de vehículos.