
Por Carlos Quintero J.
Ha pasado más de un año y nueve meses y tu crimen aún continúa impune; al igual que más del 90 por ciento de los asesinatos registrados en el estado durante este lapso.
Las autoridades reconocen esta cifra de manera extraoficial, pero ocultan la estadística detallada porque no quieren evidenciar su incapacidad.
Emmanuel Hernández Mendoza, el día de tu muerte, el lunes 16 de enero de 2012, tu padre y tus amigos te buscaron toda la mañana por la carretera federal Cuernavaca-Acapulco, creyeron que habías sufrido un accidente de tránsito.
Normalmente, llegabas a Cuernavaca todos los días a las seis de la mañana para vender las revistas y periódicos que traías de la Ciudad de México, pero el día de tu muerte, tus amigos Fernando, Paco y Arturo se alarmaron porque eran las ocho y no llegabas.
Nunca respondiste a las llamadas que te hicieron a tu teléfono celular, por eso dedujeron que algo malo había pasado. No estaban equivocados. En el kilómetro 48, a la altura del poblado de Tres Marías del municipio de Hutizilac, por donde casi siempre transitabas, tu cadáver fue hallado por las autoridades.
Emmanuel, a tus 29 años de edad, eras «un chavo» tranquilo, no te gustaba pelear, ni meterte en problemas; pero ese día, quizá te opusiste al robo de tu camioneta, porque nunca apareció, y fuiste asesinado de cuatro balazos.
Tú moriste en ese mismo tramo de la carretera donde en los últimos tres años se registraron al menos 110 robos de vehículos con uso de violencia y más de 80 personas fueron secuestradas, sólo porque tuvieron la mala fortuna de circular por ahí.
En ese mismo municipio donde han ocurrido al menos 35 asesinatos, más de 20 violaciones de mujeres y 3 desapariciones de personas, sin que hasta ahora la autoridad haga algo.
En ese mismo municipio donde, ahora, los pobladores denuncian a su propio alcalde, José Alfredo Mancilla Rojas, de proteger a grupos de secuestradores que operan impunemente en la zona.
Pero eso nunca lo supiste tú, Emmanuel Hernández.Y tampoco imaginaste que formarías parte de esa cifra de víctimas mortales que claman justicia y se encuentran olvidadas por el estado.

Tú, como cada uno de nosotros, pensabas en seguir disfrutando de la vida, tal y como dos días, antes de tu muerte, escribiste en tu muro del Facebook: «Ya tengo mis boletos para el miercoles!! Ojala todos los conciertos fueran tan baratos y con un gran espectáculo que estoy seguro darabjork»(sic).
Tu amigo Fernando me contó que te gustaba mucho ir a los conciertos, especialmente de rock alternativo, y juntos fueron a eventos que se realizaron en el Foro Sol y en el Palacio de Los Deportes.
Él recordó un concierto muy especial, el de Corona Capital,el último al que asistieron juntos. Ahí, conocieron a dos «chavas» que disfrutaron igual de la música, en compañía de ustedes, pero nunca conocieron los nombres de ellas como tampoco ellas los suyos.
Fernando te recuerda como una persona «buena onda», que no fumaba, no tomaba, ni tenía otro tipo de vicio; nada más comprar buena ropa, ser fans de los Acereros de Pittsburgh, tu equipo favorito de futbol americano, y de Las Águilas del América, de soccer.
A pesar de que te habías separado de tu esposa, te gustaba pasar las tardes con tus dos hijas, «las chaparras», como les decías.
Tu hermana Abigail, sufrió mucho tu partida «Me cuesta tanto pensar que ya no estás con nosotros fsicamente enano te extraño tanto tanto hermanito que no entiendo por que la vida nos quita a lo que más queremos, siento una gran tristeza y simplemente no lo acepto» (sic).
También, tus padres. Todos ellos han buscado refugio en lo único que les trae recuerdos tuyos: tus hijas, quienes se parecen mucho a ti.
Parece que tratan de seguir adelante y superar esta tragedia; por eso, ahora, depositan su confianza en la justicia divina.
Emmanuel, el día de tu muerte despertaste muy de madrugada y te dirigiste al expendio de periódicos y revistas para emprender tu viaje a Cuernavaca, pero sin retorno.
