
Por Máximo Cerdio
Operadores y concesionarios de rutas del transporte público reportaron que organizaciones criminales cobran 150 pesos diarios a cada uno de los camiones que pasan por la Glorieta de la Luna, localizada en la avenida Plan de Ayala, para que puedan transitar libremente por sus derroteros sin que los asalten.
De acuerdo con datos de la Federación Auténtica del Transporte (FAT), por ese lugar, localizado en la parte oriente de Cuernavaca, circulan diariamente hasta mil unidades.
Durante el año 2013, en Cuernavaca, se registraron 987.32 robos con violencia, denunciados ante las agencia del Ministerio Público, por cada 100 mil habitantes; entre ellos, se incluyen asaltos al transporte público. Lo anterior, según consta en la página 177 del informe “Incidencia de los delitos de alto impacto 2013”, elaborado por el Observatorio Nacional Ciudadano sobre Seguridad, Justicia y Legalidad.
Dagoberto Rivera Jaimes, presidente de la FAT, confirmó los sucesos de extorsión:
–Sabemos de casos de conductores o dueños que dan cuota a los delincuentes para que no los asalten, pero no podemos hacer nada porque la autoridad nos pide pruebas, denuncias y desconfiamos de ella. Imagínate. En una audiencia oral, en careos, frente al delincuente, él o su familia nos ven, nos localiza y desde la cárcel le avisa a sus cómplices; y si sale libre, peor, porque quienes pagamos somos nosotros o nuestra familia. No, no tenemos confianza en la autoridad. Yo he tenido reuniones con Jesús Alberto Capella Ibarra, Comisionado de Seguridad, y él me ha pedido papeles, documentos, testimonios. ¿Cómo cree que se los vamos a dar si tenemos desconfianza de la policía? Ya hemos tenido varios casos de operadores que han resultado heridos y cuando están careándose frente al asaltante éste los identifica y después los amenazan con dañarlos a ellos y a su familia. ¿Recuerdas el caso del profesor Alejandro Chao Barona? Al día siguiente la Fiscalía agarró al delincuente y filtraron el video donde confiesa que lo mató. ¿Cómo vamos a confiar en la autoridad si ella misma filtra información?
Rivera Jaimes aseguró que los seis mil choferes de rutas que circulan todos los días por Morelos, y que transportan a 1 millón 600 mil usuarios, están muy expuestos a sufrir atracos y extorsiones y cuando hay algún asalto los concesionarios no les exigen que repongan el dinero robado. Al día, según el presidente de la FAT, en esa zona de la Glorieta de la Luna se reportan alrededor de 80 asaltos violentos diarios, no denunciados, “sin que nadie puede hacer nada porque el Mando Único nunca está donde debe estar y tarda de 10 y hasta 15 minutos en llegar al lugar de los hechos, si es que llega; tiempo en que los ladrones escapan”, precisó.
Para el líder de los transportistas, Cuernavaca y la zona conurbada –por donde las rutas trasladan a 650 mil usuarios todos los días– es un foco rojo, porque no sólo se exige derecho de piso, ocurren asaltos, lastiman al conductor y están en riesgo los pasajeros; incluso ha habido homicidios.
–Ni nosotros ni los pasajeros denunciamos porque no tenemos confianza en la autoridad, es la razón. Por eso también el Gobierno presume que disminuye la incidencia delictiva porque sólo incluyen los delitos denunciados ante el Ministerio Público.
Dagoberto Rivera Jaimes confirmó que los transportistas participarán en las próximas reuniones del programa denominado Diálogos por Morelos, convocado por el Gobierno del Estado, para revisar las condiciones y estrategias gubernamentales en materia de seguridad y llevarán a principios de junio propuestas precisas de este sector en donde no ha habido solución a la problemática de inseguridad.
–De inicio, te adelanto que, ante el fracaso del Mando Único, nosotros aquí en Cuernavaca vamos a hacer lo que los compañeros de la zona Oriente, nos vamos a auto defender.

Concesionario: no sabemos qué hacer
Uno de los tantos concesionarios de rutas, que pidió no revelar su nombre, relató lo que su operador le contó sobre la manera en que la delincuencia organizada lo estaba extorsionando.
–Le pedí la cuenta al chofer y me dijo que le faltaba dinero porque había tenido que pagar derecho de piso. El propio operador me relató que a eso de las 11 de la mañana iba circulando por el Par Vial y la unidad estaba casi vacía. Un pasajero se subió a la unidad y se acomodó en los asientos que están pegados a la puerta. Mientras el camión avanzaba, el chofer vio cómo el pasajero se recorría al asiento del pasillo y viendo que nadie lo escuchara le dijo al chofer que a partir de ese día, tenía que entregar ciento cincuenta pesos diarios a una persona en la glorieta de La Luna o, de lo contrario, el chofer y su familia serían asesinados. A cambio de ese dinero, nadie lo molestaría y ya no habría asaltos. El hombre pidió la parada y se bajó. A eso de las cuatro de la tarde, en la glorieta de La Luna, un hombre subió a la ruta y se acercó al chofer para pedirle la cuota. El conductor le dio tres billetes de cincuenta. Nosotros, como dueños, no le podemos pedir al chofer que se niegue, que ponga en peligro su vida; tampoco podemos ir a denunciar porque no confiamos en que la policía agarre a los delincuentes y los meta a la cárcel toda la vida. Ellos son muchos y cuando agarran a uno le avisa al que está en la calle y éste busca al chofer o a su familia, ya hemos tenido caso de denuncias y de agresiones o amenazas cumplidas. Esto de las cuotas nos afecta mucho. Antes, en algunos lugares, había pandillitas que “pedían” al chofer unos pesos para la caguama, para la chela, sabíamos que era una amenaza y el chofer les daba unos pesos; pero éstos que piden derecho de piso sí son criminales y no se tientan el alma. No sabemos qué hacer, tenemos que dar la cuota.

Choferes entre la espada y la pared
–De la chingada, padrino. –Comentaba un operador de una ruta a un conocido suyo, mientras conducía la unidad– El patrón me dijo que le valía madres que me pidieran la feria, que era mi pedo. Al día siguiente le bajó y me perdonó cien varos pero yo le hice la llorona y, pues, ahora ya sabe que le entrego ciento cincuenta pesos menos para entregárselo a estos cabrones. ¿Cómo te vas a poner al brinco con ellos? Era un chavo el que se subió por ahí por Cuauhtémoc, como cualquier pasaje, como a la una. Se sentó atrás de mí y me dijo: te vas a caer con una lana, con ciento cincuenta, todos los días, pero ya no te van a asaltar, nosotros nos vamos a encargar de esos hijos de su puta madre que los andan atracando; nadie te va a lastimar, ni la hagas cardiaca porque te lleva la chingada a ti y a tu familia, sabemos dónde vives y dónde trabaja tu jefe y tu jefa ¿estamos? Eso me dijo. No me amenazó con ninguna arma, nomás así me dijo, pero yo sentí que lo que me decía era neto y sí me acalambré ¿A poco no te daría miedo a ti por más chingón que fueras? Eran como las cuatro de ese mismo día, y saliendo de la glorieta se subió un ruco y en vez de pagarme me dijo que me cayera con la cuota. Se paró frente a mí y se levantó la camisa para enseñarme un cuete que traía en la cintura; yo lo vi de reojo porque iba manejando, entonces agarré las monedas de diez y las conté y se las di, después de contarlas el güey se bajó. Tiene seis días que estoy dando esa lana y la verdad es que no me han asaltado. Al principio me dio miedo porque pensé que me iba a bajar la lana y se iba a ir sobre el pasaje: era quincena y muchos iban forrados. Ira, padrino, si te pones perro te madrean, un putazo en el hocico, chingá, si bien te va y a la gente le ponen en su madre también. ¿Qué haces? Ya ni pedo, piensas en tu familia. Hace unos meses se subió una chava y un cabrón morro, él me pagó y la chava se pasó hasta atrás. Unas cuadras antes de llegar a la autopista, cámara, el güey se para y saca una fusca: esto es un asalto hijos de la chingada, saquen sus bolsas, cosas de valor, celulares, cadenas, rápido hijos de la chingada. A ver, tú, cabrón, me dijo el morro, dame la lana, pendejo, qué ves, pendejo, dame la lana y agacha la cabeza pendejo. Las manos en el volante, pendejo. Yo veía por el reflejo del tablero a la chava que jalaba las bolsas y las carteras del pasaje. Pasó en segundos. Los dos cabrones se bajaron y se fueron corriendo por una de esas calles. De la chingada. El pasaje comenzó a gritar, algunas señoras lloraban, los señores mentaban madres, pero después, cuando pasamos la autopista, todos íbamos callados y bien pinche encabronados. ¡Qué coraje, chingada madre! Pero nos fue bien porque no mataron a nadie ni hubo heridos, pero hay compas y pasajeros a los que sí los han plomeado o enfierrado por hacerle al héroe; puta madre, para lo que te pagan, no vales eso. ¿No, padrino?
