
Por Mark Days
Foto: Chris Nicolás
¿Cuánto tiempo tarda la oficina de Licencias de Funcionamiento del Ayuntamiento de Cuernavaca en realizar un trámite de refrendo de una licencia de funcionamiento para restaurante bar?… ¿Un par de horas?¿De un día para otro? Quizá esa sea la lógica; pero no corresponde a la realidad. El lapso para esa gestión puede durar semanas, incluso, es impredecible.
Después de tantas vueltas, de tanta burocracia e ineptitud, espero no volver a pisar el ayuntamiento de Cuernavaca en mucho tiempo. Claro, después de que algún día de estos, me entreguen mi licencia refrendada.
Día 1. 10:00 am
Son las 10 en punto y llego al mostrador de informes de ayuntamiento. A un costado se encuentran dos cubículos con un letrero que dice: “Licencias de Funcionamiento”.
Pregunto a la policía que está en el mostrador si están dando fichas para refrendar la licencia, me sonríe y dice que sí; enseguida me extiende una ficha de papel con el número 95.
Frente a los cubículos hay hileras de sillas de plástico ocupadas, cuento rápidamente con la mirada 20, pero hay personas paradas alrededor de éstas.Una mujer visiblemente desesperada, se abanica la cara con su folder beige, como si con ello pudiera disminuir el intenso calor.
Volteo a los cubículos y trato de escuchar qué número sigue. Pasan 5 minutos y nada, nadie se mueve. En el primer departamento se encuentran atendiendo dos mujeres: una cuarentona -calculo yo- y la otra…quizá de 55. La primera le da indicaciones a un joven, la otra parece estar sumergida en la computadora. En el cubículo dos, atienden dos hombres; me pregunto si será por equidad de género…no lo sé ni me importa, sólo quiero saber qué numero sigue.
Por fin la señora mayor grita en voz fuerte.
–¡Número 46!
Se para una mujer de la silla de enfrente y se dirige al cubículo. Calculo que fueron 10 minutos los que se tarda con cada persona. Me toca el 95 y pienso:¡Por Dios a qué hora voy a salir de aquí!
Un letrero en la pared anuncia: “Último día de refrendo, lunes 31 de abril”
Me quedan cuatro días hábiles, pero saldré de viaje y regresaré despuésdel día señalado.
–¿Qué hago? ¿Me voy y regreso mañana a primera hora?
Me salgo resignado, tengo que llegar al trabajo.

Día 2. 7:55 am.
Regreso a la mañana siguiente, no quiero ser nuevamente de los últimos en pasar, así que llego cinco minutos antes de las ocho. El ayuntamiento aún está cerrado pero ya hay gente afuera esperando. Parece banco.
Recordé que pedían una copia del permiso y no la tengo. Voy apresurado hacia la esquina donde sé que sacan copias. Está cerrado; espero cinco minutos y llega el que parece el encargado, le pregunto si ya van a abrir, me responde que en 10 minutos. Para mí es mucho y camino hacia el sur donde hay otra copiadora, pido dos copias, las pago y me regreso corriendo.
Llego sudando y me encuentro con las sillas llenas.
–¡Putamadre! ¡Pero si sólo me tardé 15 minutos!
Pido ficha a la oficial de informes y me da el número 24.
–Bueno, al menos no son más de 90 como ayer.
Me acomodo en una esquinita de la jardinera en la parte de atrás. Para matar el tiempo, reviso el Wi-Fi de mi celular y descubro que el ayuntamiento tiene una red abierta;¡vaya, me salvo dela aburrición!
–¡Ficha 2!
Escucho y alzo la mirada, pasa una mujer de edad madura. Sigo en lo mío. No me apura nada, no hay problema porque llegue temprano, pedí permiso en el trabajo y no tengo prisa.
Media hora después, mis tripas gruñen. Considero ir a desayunar a los tacos de canasta que están a la vuelta. Mi hambre dice que sí, mi razón que no; qué tal y se apuran y cuando regrese ya pasó mi número… Mejor me aguanto.
Dos horas después, escucho pronunciar las palabras que en ese momento fueron música para mis oídos.
–¡Ficha 24!
Por fin me reciben; me toca con la señora mayor.
–¿Viene a refrendar?–pregunta la mujer con un tono “automatizado”. Supongo que después de atender a cientos de personas, su amabilidad ya no es la misma.
–Así es…–Respondo amablemente. Pero ella interrumpe de manera automática:
–Su licencia original por favor.
Entonces, me pregunto ¿para qué chingados fui a sacar copia si no la piden?… ¡Ta’ madre!
–Aquí tiene –Le muestro el documento original.
–Permítame… Mmm… es de restaurante bar… –La revisa y teclea algo en la computadora– Va a tener multas y recargos porque no pagó el año pasado.
–Sí, está bien ¿cuánto va a ser?
–Ahorita le digo.
Revisa un tabulador que tiene a su lado, encima de un montón de hojas color rosa. Toma un cuadro de papel reciclado y garabatea unos números. Mira el monitor de la computadora y garabatea otros más.
–Por multas y recargos va a pagar dos mil 746 pesos con 51 centavos; de este año son tres mil 985 pesos con 63 centavos. En total son seis mil 732 pesos con 14 centavos ¿va a pagar ahorita?
–Sí, de una vez –no me queda de otra.
Se levanta de su asiento y entra a un cuarto, a lo lejos se aprecian cientos de folders beige archivados y desordenados; supongo que son los expedientes. Tarda. La veo cruzar de un lado a otro. Cinco minutos después, por fin sale.
Su expediente está extraviado
–Su expediente está extraviado, por favor venga mañana –me dice con indiferencia.
–¿Cómo que está extraviado?
–Sí; no lo encontramos. Con tanto trámite se pudo haber traspapelado.
–Oiga, pero llevo dos horas aquí ¿por qué juegan con el tiempo de uno?Tengo cosas que hacer –reclamo molesto.
–Pues sí, pero no podemos hacer nada; ya le hice una anotación para que lo busquen después.
–¡Pero yo no puedo venir mañana (jueves), saldré de viaje!
–Pues venga el lunes… –me dice exasperada la funcionaria.
Me regresa mi licencia y siento que mi cara se pone de mil colores, empiezo a soltar en mi mente, mentadas de madre y maldiciones. Me salgo enojado y enseguida me dirijo a los tacos de canasta. A ver si no me hacen daño con tantos corajes.

Día 3.-10:05 am.
Ya pasaron cuatro días después del límite para pagar el refrendo y está tranquilo el movimiento, hay menos de 10 personas sentadas en las sillas; pero antes de salir de viaje me enteré de que ampliarían el plazo para refrendar ¡Ya la hice!.
El cubículo en el que atendían las mujeres está cerrado, sólo funciona el de los hombres. Uno de ellos termina de atender a una persona y me llama.
–Buenos días, vine la semana pasada a refrendar mi licencia y me dijeron que mi expediente estaba perdido, quiero saber si lo encontraron.
– ¡Ah! Creo que sí, déjame ver.
Se levanta de su asiento y se mete hacia los expedientes. Esta vez no tarda ni un minuto, después sale con un folder.
Tiene que esperar al licenciado Giles
–Mire, aquí está su expediente, pero al parecer hay algo irregular en él; tendrá que hablar con el licenciado Giles, sólo que ahorita no ha llegado. Si gusta, puede esperarlo unos veinte minutos, por favor.
Ni modo, no me queda de otra, ya son muchos días los que he perdido. Tal vez creen que no trabajo y que estoy a su disposición y que yo tengo que pagar (con mi tiempo) su falta de organización y su irresponsabilidad por haber perdido mi expediente.
Aguardo resignado en la desértica sala de espera, improvisada con sillas viejas, que están frente a los cubículos. No se ve movimiento, me pregunto si no tienen hora de entrada; ya quisiera yo un trabajo así. Yo creo que a mí me van a correr por llegar tarde estos días ¡parezco funcionario de ayuntamiento llegando a la hora que se me da mi regalada gana! Bueno espero que hoy se resuelva esto.
40 minutos después de tanto divagar, de pensar en la inmortalidad del cangrejo y de ver que el tal Giles ni sus luces, me levanto de mi asiento y me dirijo al hombre que me atendió.
–¿Disculpa va a llegar el licenciado Giles o regreso otro día?
–Ya no debe tardar, unos 5 ó 10 minutos, máximo.
Los 20 minutos iniciales terminaron siendo 40, más otros 10, ya se convirtieron casi en la hora. Vuelvo a sentarme, una vez más, resignado.
Ciertamente cinco minutos después llega el licenciado Giles y me llama para pasar a su oficina.
–¡Qué tal buenas tardes! Siéntese por favor ¿usted es el dueño de la licencia?
–Así es; bueno, la compré bajo cesión de derechos y está notariada.
–¡Ah, okay! Mira, aquí está tu expediente, sólo que está incompleto, al parecer tu licencia está cancelada.
–¡Cancelada!¿Por qué? Yo hace dos años vine a pagar mi refrendo y me encontré con la novedad de que habían clonado mi licencia, por tal motivo metí un escrito para pedir que los datos que habían modificado, regresaran a su estado original. No tendría lógica que me la hubieran dado y después cancelado.
–Pues eso es lo raro –abre el folder y saca unas hojas–. A ver, aquí está el dictamen.
Comienza a leer en voz baja unas líneas. Segundos después, me dice que me leerá para que entienda la situación, lee varios minutos y se detiene para hacer hincapié en el final.
–Conforme a lo establecido en los artículos fulano y zutano se cancela la licencia a nombre de “…” ¿eres tú?
–No, esa persona es la que tiene el permiso clonado.
–¡Ah, vaya! Mira, al parecer esta persona vino a refrendar el año pasado y ya la detectamos y no se hizo el refrendo. Entonces no hay ningún problema, solo tenía esa confusión –Me dice tranquilamente, como si no pasara nada, como si no me hubieran hecho esperar tanto tiempo.
–Entonces, ¿cuánto voy a pagar?
–Mira, el presidente municipal metió descuento como apoyo a bares, sólo que no recuerdo de cuánto es el porcentaje ¿por qué no vienes mañana y ya te digo?–(¿Mañana? Este tipo cree que me encanta andar metido en ayuntamiento todo el día).
–Está bien –accedo sin problema–. Pero si no estás tú, ¿puedes dejar dicho cuánto es? Llevo ya varios días viniendo y no me pueden dar tantos permisos en mi trabajo.
–Sí.No te preocupes.
Día 4.- 10:20 am
Es viernes y hay poca gente esperando turno. Aproximadamente a los cinco minutos de mi llegada, me atienden.
No sé nada. No ha llegado la instrucción
–Buenos días ¿viene a recoger o a refrendar?
–Vengo a refrendar, sólo que ayer ya no pude porque me dijeron que viniera hoy. Va a haber un descuento y me dijeron que sólo hasta hoy me decían cuánto voy a pagar.
–¿Ah sí? No ha llegado la instrucción –responde, indiferente, el joven.
–Pero me dijo el licenciado Giles que dejaría dicho cuánto iba a pagar. ¡No puedo estar viniendo tantos días seguidos!
–Sí, pero no dejó nada… Yo no sé nada.
–Y, ¿entonces? –Comienzo a desesperarme.
–¡Pues venga mañana! El licenciado Giles hoy no viene a trabajar…
Día 5.- Lunes 8:03 am
Llego al ayuntamiento y sólo hay una persona antes que yo. Me dirijo hacia el mostrador de informes y le digo que voy a refrendar. Me extiende un papel con el número uno ¡por fin!
La mujer mayor me llama, hoy sí abrieron el departamento de las mujeres.
–Buenos días ¿viene a refrendar?–Creo que ya saben que soy el que se la vive aquí, intentando ponerme al corriente con mis pagos. Me dan ganas de reírme y decirle que desde hace dos semanas es lo que quiero hacer.
–Así es, me dijeron que voy a tener un descuento –digo con un tono amable.
–¡Ah, sí! Se va a aplicar un descuento en multas y recargos, también en refrendo de este año, déjeme sacar la cuenta.
Saca de entre un montón de hojas, pagos, licencias y más recibos, lo que parece ser la hoja de los descuentos. Comienza a apuntar porcentajes y utiliza la computadora para las operaciones. Después de unos minutos me da el monto total.
–Se le va a aplicar un descuento de 25 por ciento en multas y recargos, y un 25 por ciento en refrendo de este año. En total usted va a pagar cuatro mil 289 pesos; ¿está bien?
–Pues claro que está bien, después de tantas vueltas que he dado –¡vaya! al menos la pérdida de tiempo valió la pena, mis cinco días desperdiciaron valieron casi dos mil pesos.
De Ayuntamiento a Tesorería, varias veces
–Sólo que esta cantidad la tiene que pagar en Tesorería; está en la calle de Cuahutemotzín, aquí atrás.
–Sí; sé dónde es –mientras, imprime el documento y lo firma.
–Aquí no trae los porcentajes porque se los van a aplicar allá. Después de que pague, le saca una copia y me la trae.
Tomo la hoja y me apresuro a caminar, salgo del ayuntamiento emocionado porque por fin realizaré mi trámite. Tomo avenida Morelos, llego a la tesorería y le pregunto a una cajera de la entrada en dónde se paga el refrendo de mi licencia.
–Eso se paga en la caja de allá, de ayuntamiento –supongo que se habrá equivocado la mujer…
–Es que de allá me mandaron para acá –Nuevamente, comienzo a desesperarme.
–¡Ah! Entonces se paga en la caja uno –Me dice indiferente.Al parecer, es una forma de atender de todos los trabajadores de la comuna.Me señala la caja y me doy cuenta que estávacía. Me dirijo a ella.
–Buenos días señorita, vengo a pagar un refrendo.
–Eso se paga en ayuntamiento–¿qué? ¿Usted también? ¡Es el colmo!
–Es que de allá, me mandaron para acá –repito, ahora a esta cajera– porque van a hacer un descuento.
–A ver, permítame su hoja.
La revisa, teclea algo en la computadora y me dice que no encuentra nada al respecto. Entra a consultar con sus compañeras.Se mete a una puerta corrediza que está a espaldas de ella y cierra la puerta.
Falta la firma del director
–¿Sabes qué? falta la firma del director de licencias, necesita firmártela.
Siento que me empiezo a poner rojo, me hierve la cara. Sin decirle nada, tomo la hoja, aprieto los dientes y salgo rápido hacia el ayuntamiento. Llego y sin importar que hay gente en el mostrador, me paro y me dirijo a la señora que me atendió inicialmente.
–Dice la cajera que si no trae la firma del director no puede hacer nada –digo en tono molesto. O estoy salado, o de plano son así de ineficientes en el gobierno municipal.
La señora voltea a ver su compañera y hace un gesto de desapruebo. Entra a las oficinas y me dice que la firmará el director. Un rato después regresa y me dice que ya está firmada.
Salgo de nuevo y me dirijo a Tesorería. Llego derecho a la caja y le digo que ya está firmada. Nuevamente, me dice que espere y se vuelve a meter a la puerta corrediza. No tardó en salir, pero no viene sola, viene acompañada de otra mujer; ésta última teclea en la computadora.
–Ya apareció el descuento en el sistema, sólo es el 25 por ciento en multas y va a pagar seis mil 240 pesos.
–¡Pero me hicieron la cuenta en ayuntamiento y me dijeron que pagaría como cuatro mil 200 pesos! –mi respiración se agita del coraje, la temperatura de mi cara comienza a elevarse, me dan ganas de mentar madres.
–Pues aquí no aparece eso –dice tranquilamente la mujer.
–Y entonces,¿qué hago?
–Pues, si quiere checarlo con ellos…
Pongo cara de “chinga tu madre” y entre dientes digo ¡qué poca madre!
Tomo la hoja violentamente y me salgo de Tesorería,otra vez hacia ayuntamiento. Llego y la señora me recibe con un “¿ahora sí ya pagó?”.
Con ganas de gritarle que no pueden ser más pendejos porque no son más grandes, que son unos ineficientes, burócratas y estúpidos que no se ponen de acuerdo.Sólo pude contestarle:
–¿Por qué no se ponen de acuerdo, eh? Dicen que el descuento no aparece y que voy a pagar seis mil 200, sólo me están descontando según 25 por ciento en multas ¿y el resto?
La señora se levanta de su asiento e ingresa a las oficinas, sale con el licenciado Giles y me dice que me acompañará para ver qué pasa.
Nos dirigimos nuevamente a la Tesorería a paso veloz. En el trayecto, me pregunta qué me dijeron y le repito la historia. Mueve la cabeza comocon desaprobación.
Llegamos y va directamente a la caja 3 en donde se encuentra a un tipo. Lo saluda y le comenta lo sucedido: que ya di dos vueltas, una por no tener la firma del director, cuando ya había un acuerdo de que no la iban a pedir, segundo que ¿por qué no aparecía el descuento por refrendo de este año y otro por recargos?
El tipo teclea en la computadora y después de unos minutos dice que sí aparece el descuento de 25 por ciento como apoyo a bares;otro igual en multas. Entotal tengo que pagar cinco mil 400 pesos.
–Vas a pagar eso ¿cómo ves? –me dice el licenciado Giles.
–Pues no es lo que me dijeron hace unos minutos en el ayuntamiento, pero mira, ¡déjalo! lo pago ya.
Le da las gracias al encargado de la caja 3 y me dice que ya está, que pase a pagar. Nuevamente le doy la hoja a la señorita.
–Ya encontraron el descuento ¿me puede cobrar, por favor?
–A ver,permítame que lo están checando.
Transcurren cinco minutos y nada. 10 minutos y ya –como dijera Sicilia– hasta la madre,me dirijo a la cajera con un tono irónico.
–¿Me va a cobrar o regreso otro día?
–Permítame, deje ver en qué va.
Se mete y enseguida vuelve a salir, me pide la hoja, teclea en la computadora y por fin me dice que son cinco mil 400 pesos.
¡Por fin! Saco el dinero y le pago. Se escucha el sonido de la impresora. Arranca la hoja, las sella y me extiende una.Con miedo, le pregunto que si es todo, ella asiente con la cabeza y me dice que sí.
Regrese en 10 días
Salgo y en la primera copiadora me detengo a sacar dos juegos.Impaciente y con sentimientos de emoción, porque por fin me alejaré del ayuntamiento al menos en un año, llego al mostrador de ayuntamiento.
Después de cincodías y tantas vueltas, le entrego la copia a la señora; la recibe, la mete en el folder junto con la licencia y me dice lo peor, lo que menos quería escuchar en ese momento.
–Es todo señor.Puede pasar en 10 díashábiles por ella…
Día 6.- (diez días hábilesdespués) 11:40 am
Diez personas esperan turno. Me acerco al mostrador y pregunto si me tengo que formar para recoger una licencia; un señor de edad madura y regordete me dice que sí, que le pida turno a la oficial.
Nuevamente, le pido turno y me toca la ficha número 47. En la otra silla, estáotra vez la señora de edad mayor; canta el número 39. Bueno, al menos ya me la van a dar –pienso– y gustoso me dispongo a tomar una silla.
30 minutos después toca mi turno. Para entonces ya se incorporó una segunda recepcionista de edad madura, la cual me atiende.
–Buenos días; vengo a recoger una licencia.
–Buenos días;¿me permite su comprobante?
Le doy mi recibo de pago, toma la hoja entre sus manos y baja su mirada donde se encuentra la fecha de expedición.
–¡Huy; no, joven!Todavía no acaban con las de marzo…Todavía no está lista, joven.
–Pero, me dijeron que diez días hábiles –no puedo creerlo.
–Pues sí, pero hay mucho trabajo –responde, con la misma indiferencia que todos los trabajadores con los que he tratado en estos días.
–Y ahora, ¿hasta cuándo?
–Pues dese una vuelta la otra semana, a ver si ya está.
–Pero ¿es seguro?
–Mmm… si quiere deje su teléfono y le avisamos cuando esté.
Le sonrío y le digo:
–Muchas gracias por su atención, pero me doy una vuelta la semana que viene. –Total, ya me la paso más tiempo aquí que en mi trabajo.
Quisiera que fuera una mala broma, una crónica mal contada;ficticia, que no existiera, que fuera surrealista…Pero no lo es.
No sé si debo llamarle “mala suerte” o en verdad este tipo de situaciones les pasa a muchos ciudadanos que tramitan un refrendo municipal. No sé si reír o preocuparme, lo que es un hecho, es la falta de capacitación, decisión y compromiso de los funcionarios.
Los nominaría a la excelencia de la ineficiencia e ineficacia; burocracia al más puro estilo de las dependencias mexicanas.
Mientras, seguiré de visita; esperando que me entreguen, algún día, milicencia de funcionamiento.
Días 7 y 8.- Todavía no está
Día 9.- No sé qué pase…
