
Por Chris Nicolás
El clima lluvioso o caluroso no es obstáculo para que ellos realicen su labor altruista, tampoco importa si es de mañana, tarde o noche. Hay quienes lo hacen por una manda religiosa, otros porque ya pasaron por esa situación y quieren apoyar a quienes hoy enfrentan lo que ellos antes y otros más, para inculcar en sus hijos la ayuda al prójimo.
Se trata de personas que destinan un día a la semana en determinados horarios, para llevar alimentos a los familiares de aquellas personas que por enfermedad o accidente, están internados en el Hospital General “Doctor José G Parres”, ubicado en la colonia Lomas de la Selva, en Cuernavaca.
La mayoría se instala afuera del hospital, a las ocho de la mañana –aproximadamente–, llevan café, pan y sándwiches o tortas, para empezar bien el día; entre las dos y tres de la tarde, algunos llevan una cacerola grande de arroz y algún guisado para regalar tacos acorazados, además de agua de jamaica y en ocasiones, todo lo acompañan de fruta o de algún dulce. Por las noches, como en las mañanas, se repite el menú.
Las señoras María Magdalena Corrales y Antonieta Rivera, vienen de distintos municipios; la primera es de Jiutepec y la segunda es de Cuernavaca, pero ambas tienen algo en común: la labor altruista que realizan al llevar comida a unas 50 o 60 personas que tienen un pariente enfermo en el nosocomio.
María va una vez por semana en la noche a llevar café o ponche y pan; Antonieta prefiere llevar tacos acorazados a la hora de la comida, también un día por semana.
“Nosotros (mi esposo y mis hijos) hemos estado en estas situaciones; tuvimos enfermos en el hospital y sabemos que no siempre viene uno preparado para comprar los medicamentos y aparte la comida.
“Los accidentes no tienen hora ni fecha y sabemos que a muchos les ha pasado que les avisan que su familiar vino a dar al hospital y te vienes sin dinero; casi siempre te piden medicamentos y: o compras el medicamento para que se mejore tu paciente o comes; y por supuesto que elegimos la salud de ellos”, recuerda María.
Antonieta, doña Toña como la conocen en el hospital, también experimentó tener un enfermo internado en ese lugar y se percató que en ocasiones muchos grupos religiosos llevaban comida y ofrecían oración. Así que decidió hacer una manda, en 2012, si su esposo salía del coma en el que estuvo por tres días.
Mi marido tuvo un accidente en carro y quedó en coma porque tuvo fracturas en la cabeza, relata doña Toña. Cuando me di cuenta que había grupos religiosos, la mayoría cristianos, dije “Dios, si sacas a mi marido del coma y me dejas llevármelo a mi casa, yo voy a hacer lo mismo, pero sin hablar de religión.

“Es que eso de la biblia, como que no se me da, pero sí le pedí a Dios que me apoyara para sacarlo de su situación”, bromea la mujer.
También, Carlos Hernández, quien está a cargo de un centro religioso ubicado en Jiutepec, desde hace dos años organizó a un grupo para llevar alimentos todos los jueves por las tardes al Hospital General.
Al principio, eran menos de 10, ahora son más de veinte personas de esa organización las que se dedican a esta labor; sin embargo, con el paso del tiempo se percataron que había aún más personas esperando noticias de sus familiares en la sala de urgencias por las noches, así que decidieron cambiar su horario.
Ahora llevan provisiones que les rinden para unas 150 personas, ya que llevan esa misma cantidad de piezas de pan, pero el café y el arroz con leche les rinden aún más.
“Gastamos menos de 50 pesos por familia y además es sólo una vez a la semana”, puntualiza un miembro del grupo.
Sin importar el clima, el grupo religioso acude todos los jueves a repartir café; en esta ocasión, les tocó hacerlo durante uno de los intensos aguaceros, característicos del verano en Cuernavaca.
Algunos con sombrillas en mano y chamarras, aunque la mayoría completamente empapados, se situaron en una de las bancas que está a las afueras de la sala de urgencias del Hospital General, ya que adentro no les permiten hacer eso.
Dos mujeres y dos hombres se adentraron en la sala e invitaron a todos a tomar un café caliente acompañado de un pan. Unos ignoraron el llamado y decidieron quedarse en la parte interior; otros, con pena pero con hambre, accedieron a la invitación y otros más agradecieron al grupo por los alimentos.
Entre la multitud, se apreciaba a un niño de unos 10 años, que distribuía pan. Más tarde, comenzó a entregar el resto del arroz con leche que aún quedaba en la olla caliente.
“Vengo porque me gusta, porque viene mi familia a hacerlo desde hace dos años y, pues, a mí me gusta venir a darles un cafecito”, dice Jorge, mientras sirve el refrigerio a una mujer de la tercera edad.
Ellos, además de llevar comida ofrecen oraciones para pedir por los enfermos y leen al biblia, claro, si es que los allegados de los pacientes acceden a eso.
“Si no quieren, no les hablamos de Dios, sólo les ofrecemos los sagrados alimentos. En ocasiones, los familiares sólo quieren desahogarse y nos cuentan sus penas, su sufrimiento y la odisea que viven cuando tienen a su enfermo aquí”, relata Carlos.
Entre los miembros del grupo religioso, sobresalen cinco músicos, quienes tocan la guitarra y cantan algunas melodías mientras la gente se toma su café.
“Traemos alegría, un poco de música para el corazón y para el espíritu y así se distraigan aunque sea por un ratito”, expone uno de ellos.

Agradecidos por la solidaridad
Los agradecimientos por el gesto de generosidad y altruismo no se hacen esperar. La mayoría se queda a beber la caliente infusión y a entablar la charla;otros acceden a escuchar la lectura de biblia para después regresar a la sala de espera.
“Pues qué bueno que hay gente que se preocupa por los demás, (porque) cuando uno está en esta situación, dice: ‘cuando salga de esta, yo también voy a hacer lo mismo’; pero por desidia ya no lo hace, o porque se nos olvidó. Aunque en otras ocasiones no lo hacemos por falta de dinero; pero qué bueno que ellos si tengan la disposición y el compromiso de hacerlo”, agradece una mujer, luego de recibir los alimentos.
María, Antonieta, Carlos y Jorge, son tan sólo unos cuantos de aquellos que llevan viandas al Hospital General para los familiares de los enfermos. Algunos de los otros grupos altruistas prefieren conservar el anonimato bajo la máxima de que “no hay que ser reconocidos para hacer un bien al prójimo”.
Los motivos de las personas dadivosas que día con día visitan el establecimiento, son muchos, pero el común de todos es llevar un pedazo de pan y esperanza a quienes, quizá, en esos momentos, más lo necesitan.
