
Por Elsa Castorela Castro
“Generosa concurrencia, su atención pido un momento para cantar un corrido saludando a todos los amigos, ahora que me hallo en su terreno”. Con este saludo, los trovadores del sur de Morelos iniciaron la reunión póstuma, en Santa Cruz, Tlaquiltenango, para despedir a Francisco “Chico” Gutiérrez Ramírez, el viejo trovador del corrido suriano, criollito de este pueblo enclavado en la sierra zapatista, cerca del cerro de la Maroma, donde fue la última batalla del Ejército Libertador del Sur, en noviembre de 1919.
Se fue el “Cardenal mayor”, dijo otro cantador suriano: Higinio Colín, de Tlayecac, Ayala; también estuvieron presentes Virginio Sánchez Tepango, Ignacio Sánchez Sánchez, Anastasio Zúñiga Pliego, todos de Adolfo López Mateos, Tepalcingo; de Tlaquiltenango estuvieron Delfino Maldonado y Víctor Capistrán Manzanares; de Jojutla, Jesús y Santiago Castro y los más jóvenes trovadores, Francisco Ocampo y Daniel Hernández; de Anenecuilco, Luci y su hermano Candelario Domínguez y, desde luego, el cronista del sur, Agur Arredondo Torrres, que cargó el féretro sobre sus hombros.
Las voces que trovaban desde la mañana de la Navidad del 25 de diciembre del año 2013 eran de tristeza y dolor, y por momentos guardaron silencio. Las lágrimas corrían por las mejillas. Virginio Sánchez dejó de tocar su guitarra, su primo y segundero Ignacio Sánchez también calló su voz. Esta vez sus cuerpos se columpiaban por el dolor de perder a un amigo.
Los primos Sánchez, como se les conoce, se echaron sus tragos, canciones y corridos; esta vez, habían recibido la mala noticia a través de Candelario Domínguez. “No canta pero acompaña”, decían.
Sentados a un costado de la carretera sufrían el dolor, no sólo por la partida de un gran amigo, sino por la falta de dinero para poder estar en su despedida: la distancia entre los pueblos, es corta, pero se carece de transporte directo de Huichila a Santa Cruz (Tepalcingo-Tlaquiltenango, respectivamente).
Pero como los cantadores son solidarios y se acompañan, pasó por ellos Higinio Colín; así llegaron a trovar su dolor.
“Dile a Delfino que me venga a cantar”, recurrentemente me decía Chico Gutiérrez las veces que lo visité cuando estuvo enfermo en su natal Santa Cruz, afirmó Lorenzo Vázquez. “No me despedí de Chucho (Jesús Castro), “que venga a verme”, insistía Chico.
Chucho Castro se enteró que lo buscaba Chico y lo fue a ver. Le cantó nuevamente, aún en vida, lo mismo los jóvenes trovadores a quien recientemente les habían reconocido y transmitido la tradición: Daniel Hernández y Francisco Ocampo, quienes a los 16 años comenzaron a interpretar corrido tradicional, canción de amor y bola suriana; el primero segundero, el segundo primera voz y bajo quinto.
Y Delfino Maldonado le cumplió, ahí estuvo cantándole durante la velación de su cuerpo y en el novenario. Siempre consternado, interpretó canciones de encuentros pasados, tanto en presentaciones como en las de cumpleaños del viejo trovador, cuya fecha era el siguiente domingo después del 17 de septiembre, día obligado y muy conocido para estar con don Chico.
También asistió una de las pocas mujeres corridistas y compositoras: Luci Domínguez, quien con su hermano Candelario siempre están en las reuniones.
A Chico Gutiérrez lo conocí en otoño del año de 1999, esa vez me llevó a Santa Cruz a conocer al también trovador de los Hornos, Aniceto Araiza; ambos se fueron a la mansión del olvido.
“El alba de las campanas me despertó anunciando en el espacio un cruel dolor, mi ánimo turbado me conmovió cuando a anunciar vinieron que había muerto un ruiseñor”. Del corrido “Duelo a Genaro Zúñiga”.
Chico Gutiérrez duerme el sueño de la muerte, duerme ese sueño profundo, tenemos eternamente tu recuerdo en el mundo.
Francisco “Chico” Gutiérrez nació en el año 1927.
