
Por Elsa Castorela Castro
La universidad del estado de Morelos dio cobijo a la expresión de las luchas campesinas, sociales y populares de una treintena de pueblos de Morelos; en el auditorio Emiliano Zapata, de la Máxima Casa de Estudios y al grito de: “Zapata vive, la lucha sigue” y “la tierra no se vende, se defiende”, se encontraron las y los líderes sociales en lo que se llamó: “Diálogo con los pueblos de Morelos”, entre cuyos acuerdos destaca el de seguir sumando a los movimientos locales.
Jóvenes de Tetela del Monte, municipio de Cuernavaca, realizaron una ceremonia para que “los abuelos y las abuelas, pudieran guiar por un buen camino a las y los luchadores sociales y a favor del diálogo por la seguridad”; ataviados hombres y mujeres a la usanza de los antiguos mexicanos, danzaron, tocaron el teponaztle, el caracol, mientras las sahumadoras ponían copal en el carbón ardiente en el centro del circulo de la danza a la que también se sumaron con su pasos.
Ahí en el auditorio Emiliano Zapata, donde las radios libres transmitieron la asamblea de los pueblos, en tanto Jesús Alejandro Vera Jiménez, rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, presenciaba el ritual prehispánico, atrás entre los estudiantes se encontraba el poeta y activista Javier Sicilia, participante silencioso.
Durante cinco horas se expusieron los problemas de los movimientos sociales, con la participación de Saúl Roque Morales, Rafael Monroy, Osvelia Quiroz, Lilián González, entre otras personas. La tierra y la vida no se negocian, se insistió.
En esta Asamblea de los Pueblos se expusieron los grandes problemas, origen de las resistencias: agua, tierra, aire y el bosque; la construcción de la termoeléctrica en Huexca, el gasoducto en Amilcingo, la explotación de la mina de tajo a cielo abierto en el cerro de Colotepec, en el poblado de Tetlama, la construcción de la ampliación de la autopista La Pera-Cuautla, que pasa por Tepoztlán, donde ha destruido una zona arqueológica y afectado el área de protección Ajusco-Chichinautzin.
La Asamblea de los pueblos fue también espacio para la denuncia de lo que dieron en llamar la imposición y despojo a los pueblos, como en el caso del pueblo de Tlaltenango, donde las autoridades municipales de Cuernavaca, violentaron la vida interna comunitaria al dividir al poblado en la organización de la feria con una historia de 294 años.
Se denunció al secretario de Gobierno, Jorge Messeguer, de sostener a los invasores de El Texcal en tierras tepoztecas.
Cuajomulco denunció que, a pesar de ser esta comunidad una zona de recarga de acuíferos cuya agua beneficia a Cuernavaca, en ese poblado carecen de agua potable.
Del poblado de Ocotepec se denunció que la tienda Soriana, entró a corromper y dividir a la comunidad con el fin de instalar una tienda en un terreno que habían ganado los comuneros; ahora se lo quieren quitar.
Mientras que de Santa Rosa 30, la empresa Casas Geo ha construido una zona habitacional conocida como “La provincia”, que ocupó ilegalmente un canal y un ojo de agua que surte del vital liquido a los pueblos de abajo.
También hubo pronunciamientos contra los partidos políticos, los medios de comunicación, el gobernador del estado y toda la clase política y la criminalización de los movimientos sociales.
El representante de Amacuitlapilco sentenció que ni el gobierno impedirá que en este lugar se construya una presa para el cultivo de alimentos.
Los acuerdos: el diálogo quedó constituido en Asamblea permanente; se reconoció a la comisión organizadora del “Diálogo con los pueblos de Morelos”, para que ésta continúe con la convocatoria; la suscripción de un pronunciamiento y la suma de otros movimientos locales.
