Don Santiago, el mejor productor de Cuernavaca-Atlacomulco-Parres

Don Santiago muestra el canal que está limpiando.
Don Santiago muestra el canal que está limpiando.

Por Elsa Castaroela Castro

Don Santiago Hernández Salgado tiene cuarenta años de producir  alimentos en el ejido de  Acapantzingo, los ejidatarios lo reconocen como el mejor productor de la  zona urbana de Cuernavaca y Atlacomulco y Parres, en el municipio de Jiutepec.

Sus cultivos, colindantes con el recinto ferial de Cuernavaca,  se pierden entre el concreto y las casas habitacionales. Don Santiago lamenta que a pesar de lo bien que se encuentra su cultivo de jitomate, el precio al mercado, es tan barato que no alcanzará a recuperar su inversión; tal vez le paguen a 30 pesos la arpilla de 28 kilos aproximadamente.

–Yo cultivo arroz A 92 (variedad) y me gustaría que me pagaran un precio justo a lo que yo cultivo –me comenta, mientras su amigo Andrés Limón insiste que don Santiago es el mejor productor y su hijo Carlos lo acompaña silenciosamente.

–¿Sabe lo que hacen conmigo? –Me pregunta y se contesta– darme vueltas.

–¿De siete hectáreas que tuve? ¡El recibimiento de 42 toneladas! (Se refiere al cultivo de arroz, que logró obtener 14 toneladas por cada hectárea sembrada). ¿Sabe cuánto deseo producir? ¡Nada! Porque el gobierno estatal nada más apoya a gente que desgraciadamente no hace el impulso de producir; no quiero ser grosero, pero yo le añado muchas cosas a eso.

Me señala su cultivo de jitomate. “Y esa planeada de dos mil quinientos metros, me va a dar dos toneladas y media. ¿Si me lo van a pagar a 30 pesos (por arpilla), cuánto gano?

¡Allá tengo ocho tareas, yo les gano, yo soy papá, pero si no me lo pagan. Yo te lo regalo, a ver en dónde lo puedes vender!”.

Acapantzingo, el mejor arroz. ¿Y el maíz?, insisto. “¿Y para que quieres maíz, para que te lo roben? Mejor no siembres. Dónde está mi semilla. Pepino, calabaza, jitomate, tomates,  maíz y frijol ejotero.

“Cómo productor, todo está acaparado por los coyotes; si hay mucho, lo dan a casi cinco pesos (se refiere al precio del jitomate al consumidor) y el trabajo que se invierte, son miles de pesos. ¿Quieres conocer mi realidad?

“¡Ahí tengo una parcela, no la sembré porque no me siento capaz de poder solventar los gastos!

“Venga para acá, estos méndigos canales hay que ‘desensolvarlos’, ¿cuánto nos cuesta? ¡Hasta dónde vamos a llegar! ¿Sabes desde dónde me hace falta “desensolvar”?, desde aquí. Tres mil metros.

Don Santiago, campesino rural, como se define, renta la tierra que produce y los apoyos llegan a los dueños, que más tarde le venderán los implementos que obtuvieron por ser los ejidatarios.