
Por Máximo Cerdio
Cuernavaca, Morelos; abril de 2014. “No siento que me haga falta un órgano; al contrario, hay algo más dentro de mí que me hace querer más a mi familia, a mi esposo y, a la vida con ellos”, dice Judith Hernández Santiago, quien donó uno de sus riñones a sus esposo NobuhikoOkamoto.
De una totalidad de 100 por ciento a la que deben funcionar los riñones en la persona normal, los de Nobuhiko servían sólo en 2 por ciento. Desde que comenzaron a fallarle, hace más de un año, llegaba a su casa y prácticamente caía en su cama y de ahí no se levantaba; así, todos los días.
Un enfermo en la familia desestabiliza
“Nuestra vida como pareja y en familia no era normal, porque él siempre había sido muy deportista y activo, pero con las fallas renales su salud disminuyó poco a poco y cada día. En su trabajo, él no demostraba que tenía esta enfermedad y andaba activo, pero ya en la casa era otra cosa. Yo y mis hijos lo resentíamos mucho, pero nos callábamos porque no sabíamos qué hacer más que estar con él y entender porqué se encontraba y se sentía así”, explica Judith, quien está casada con Nobuhiko desde hace más de 20 años, tiempo en el cual procrearon a Cynthia Kaori, de 19 años de edad, a Kevin Sho, de 16 años y también a IanYukki, de 11 años de edad.
NobuhikoOkamoto, originario de Japón, quien en la actualidad tiene 49 años y lleva más de 30 viviendo en México, comenta que, en efecto,en el trabajo él no podía darse el lujo de que lo vieran enfermo o extenuado; pero toda esa energía que desperdiciaba en aparentar una salud que estaba muy lejos de tener se le revertía cuando salía de su trabajo y llegaba a su casa. “Nunca me había sentido tan cansado, en mi vida. Quizá, en mí, ese cansancio era mayor porque siempre fui muy activo, practicaba deportes, fútbol, artes marciales. No hay palabras para describir ese cansancio que yo tenía,porque mis riñones funcionaban muy poco”, platica este oriental, quien es gerente de una empresa que, paradójicamente, fabricaequipo para hemodiálisis.
Los riesgos de donar un órgano
Judith explica que en cuanto supieron que había la posibilidad de que ella fuera candidata para donarle un riñón a su esposo, no lo pensó dos veces. “En realidad, el que sí lo pensó y bastante tiempo fue ‘Nob’”.
A esta aseveración, Nobuhikocomenta: “Yo me preguntaba: ¿Quién soy yo para pedirle a ella que me dé un riñón? No soy nadie; aunque ella me haya dicho que me lo donaría, yo no podía concebir la idea de que a ella le tendrían que extraer un órgano, que ella pasaría por el riesgo de una operación y se quedaría sin ese órgano para dármelo a mí. En mí luchaban dos: uno que no quería aceptar ese riñón y el otro que se sentía muy mal y necesitaba ese órgano y lo quería.
“En parte era porque yo estaba mal informado: pensaba que era necesario que un familiar mío me donara un riñón y yo no tengo más que a mi esposa y mis hijos aquí. Mi madre, mi padre, mi hermana, mis primos, están en Japón y tendría yo que viajar hasta allá para tratar de convencer a algún familiar mío para que me donara un órgano. Yo soy oriental y mi esposa es mexicana. La sangre, no somos iguales… esos era prejuicios que yo tenía”.
Ante el prejuicio,la ciencia
Esta información, desde luego, era errada. Más tarde, el doctor Gustavo Antonio Mondragón Ramírez, quien realizó la doble operación, le diría a Judith y a Nobuhiko que ni la nacionalidad ni el sexo ni la falta de parentesco eran impedimentos si había compatibilidad. Y la hubo.
Iniciaron con el protocolo, y después de meses de estudio hubo compatibilidad y los operaron el 7 de abril de 2014, en el Instituto Mexicano de Trasplantes, S.C. (IMTSC), localizado en Cuernavaca. Para el día 11 de abril, los dieron de alta, pero tuvieron que permanecer hasta el mediodía del sábado 26, en esta ciudad, para revisión y atención médica. Por la tarde, finalmente regresaron a su domicilio en la Ciudad de México.
Vivir dos veces
“Mi esposa me ha regalado dos veces la vida. La primera vez cuando nos casamos y tuvimos a nuestros hijos; y ahora con la donación también me ha vuelto a dar la vida y yo no tengo cómo pagarle”, dice NobuhikoOkamoto, quien además afirma que si esto le hubiera ocurrido hace 30 años su esperanza de vida habría sido nula, ya que la ciencia ha avanzado mucho en materia de trasplantes.
NobuhikoOkamoto, comenta que lo que más extrañaba cuando estaba enfermo eran los paseos con su familia, estar con ellos, hacer cosas comunes, hacer deporte. “Ahora quiero estar con mi familia, recuperar ese tiempo y estar con ellos, compartir cosas juntos”.
Las cifras de trasplantes
NobuhikoOkamoto fue uno de los 10 mil pacientes que, de acuerdo con datos de 2013 del Centro Nacional de Trasplantes, estuvieron a la esperade un riñón.
Lo operó el doctor Gustavo Antonio Mondragón Ramírez, director del Instituto Mexicano de Trasplantes, S.C. (IMTSC), una institución privada que según información encontrada en su sitio oficial reporta que en 2012, de los 804 trasplantes exitosos efectuados en México, en Morelos se hicieron 180, lo que equivale a 22 por ciento; en el Estado de México 358, que corresponden a 45 por ciento nacional, y en el Distrito Federal 118, es decir, 15 porciento de la totalidad.
Información publicada en diarios nacionales basada en investigaciones de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pronostica que en nuestro país, para2025, habrá cerca de 212 mil pacientes con enfermedad renal crónica; de éstas, casi 160 mil personas morirán; algunos porque no podrán pagar los cerca de 300 mil pesos que cuesta un trasplante.
El epidemiólogo y coordinador de la evaluación en la UNAM, Malaquías López Cervantes, dio a conocer el año pasado que en México hay escasa donación de órganos, por lo que sólo se efectúan entre 3 mil y 5 mil trasplantes de riñón al año.
