Elena de Hoyos: Soy una feminista impúdica, impertinente e incómoda

Elena de Hoyos
Elena de Hoyos

Por Stella Turcato

Aun sin que se le pida, se autodefine como “una feminista impúdica, impertinente e incómoda”; también, como obsesiva y trasgresora. Habla con la soltura que le da su vocación literaria, su constante incursión en los medios de poder, su experiencia de activista.

Es Elena de Hoyos, ganadora de la Presea Xochiquetzalli 2014, que, con sus consideraciones sobre  ella misma siempre a flor de labios, disfruta externar su actitud libre:

–Soy impúdica porque no tengo miedo a mostrarme, a mostrar aspectos de mi vida privada. Porque, (según) lo que yo he estudiado en el feminismo, lo privado es público, y a las mujeres se nos ha confinado al ámbito del hogar, de la privacidad; mientras los hombres están en el ámbito de lo público, de lo visible. Y entonces para una mujer siempre la mamá te cuida y te dice: “hijita no hables de tus cosas, no te expongas, no des de qué hablar”; y en este sentido, yo soy impúdica porque hablo de mi misma con un tono de total descaro y esa forma de transgredir un mandato de silencio, de pudor, en este caso, es una forma de conquistar espacios, de existir de una manera más plena socialmente.

A pocos días de haber obtenido el galardón por defender los derechos de las mujeres, la también socióloga, escritora, poeta, editora y actriz, razona con Conurbados sobre su trayectoria de activista feminista, que es en esta faceta  como, en definitiva, le gusta que se le identifique.

Y explica cómo, a través de su quehacer de madre y esposa, descubre el feminismo: “al entender los papeles de la crianza, veo las frustraciones de las mujeres” y, ante las presiones de la vida cotidiana, “somos como una bomba de tiempo”.

Entonces, alterna constantemente las revelaciones sobre sí misma –y casi todas sus definiciones– con el recitado de fragmentos de sus propios poemas: Busco en mi pensamiento… se fue él y me quedé conmigo… habitándome a mí…

Dice que por eso es impúdica, por “hablar de lo que no se habla, hablar de tus vulnerabilidades, de tu hambre de amor,  de tu dolor por el abandono, de las cosas que te avergüenzan” y, específicamente, de la codependencia que implica tener todo el tiempo la mente “habitada por hombres (…) todo el tiempo hay alguien, tu hija, hijos…”

Perder el miedo

Con los detalles de los recuerdos muy vívidos, Elena de Hoyos explica que su inicio en la poesía erótica –tras la separación del segundo hombre importante en su vida–, también, fue el despegue hacia un “camino de crear la individualidad”. Narra:

–Empiezo a la creación de una identidad femenina, individual, autónoma, invicta ante el fantasma de quedarme sola. Empecé a ser yo misma… a pasar de ser musa a ser creadora; incluso, tengo un poema que se llama La mujer del poeta… –lo recita–. Con la poesía erótica, me doy cuenta que yo empiezo a incursionar en temas masculinos… Cuando ya pierdes el miedo, entonces ya puedes soltarte un poco más. Así me convertí en editora. ¡Yo qué iba a esperar a que me publicaran…!

Con profusión de pormenores sobre su vida privada, relata: “Me pasé 18 años en tratar de conservar pareja… para mí eso me resultaba muy importante… (En ese tiempo) estuve muda.

Junto al intenso activismo con la Red de padres y madres cariñosos, creada con Hugo Rocha a finales de los años 90, empieza a ahondar en el feminismo y, con la organización Convergencia 8 de marzo, arranca la colectiva editorial Hermanas en la sombra, integrada por casi 50 mujeres que habitan adentro o afuera de la cárcel.

La fascinación por el cautiverio

A Elena apenas se le pregunta por su interés acerca de la reclusión y se suelta:

–En uno de mis poemas, digo que la cárcel está habitada por mujeres víctimas del androcentrismo; el sistema patriarcal androcentrista encierra a mujeres. Muchas mujeres, entre el 70% y el 90%, están ahí por un hombre. El ser un medio para que estas mujeres hablen, ser un medio para que se escuchen, decir “dar la voz”, “yo soy quien da la voz” es como medio colonialista, a este sector de la sociedad era algo irresistible. El cautiverio, los fenómenos que se dan tanto a nivel de sociedad como individual. Ya que aprendo yo a desmenuzar el cautiverio, yo salgo y hablo con señoras de todos los lugares y se dan cuenta que las mujeres de la cárcel son más libres que ellas…

Puntualiza sobre el financiamiento que obtuvo a través de un premio otorgado por instituciones gubernamentales de la cultura y las artes, y que ella utiliza para promover la publicación de trabajos de redacción y literarios realizados por convictas:

–Lo que es muy interesante en este premio es tener la oportunidad de educar a la sociedad desde la cárcel… La cárcel te va a enseñar a ti, mujer de la high society, cómo obtener tu libertad. Ella la obtuvo aún dentro de la cárcel. (El planteamiento a quienes no están en prisión es:) ¿Cuáles son tus cárceles? Tu cárcel de la belleza, tu cárcel de la juventud, tu cárcel del dinero, tu cárcel del estatus. Es muy padre cómo el cautiverio produce ideas para poder compartirlo con la sociedad.

Con una trayectoria de más de 7 años en la vinculación literaria con el activismo feminista dentro de las penitenciarías –como tallerista y editora de publicaciones–, la entrevistada acepta sumergirse en las profundidades de una realidad que, para quienes son ajenos a ella, parece un mundo aparte, pero que Elena de Hoyos conoce muy bien:

–De la población carcelaria a nivel nacional, 95% son varones y solamente el 5% son mujeres; esto nos dice algo. Por otro lado, de ese 5% de la población carcelaria femenil, hay muchas mujeres que no tendrían que estar en la cárcel, porque ellas estaban implicadas a causa de sus obligaciones dentro del sistema familiar patriarcal. Entonces, al meter tú a cárcel a los dos (la pareja de infractores), lo que haces es que dejas a los niños fuera de la cárcel y los dejas a merced del crimen organizado y a merced de la discriminación y la violencia estructural… Muchos abogados (defensores) o los padrastros violan a las hijas (de presidiarias); son un índice altísimo. Porque comenten el ilícito los dos, pero como él siempre está afuera, llegan los (policías) federales y la que está ahí es la mujer y él la convence que no lo denuncie porque, finalmente, estando él afuera, hay alguien que trabaja… Los menores quedan al cuidado de las abuelas, de las tías (…); estos niños carentes de amor son la carne fresca, la presa para la delincuencia organizada, porque están vulnerables por la falta de sus madres.

En el (área) varonil, solamente la tercera parte de los internos no recibe visitas y en el femenil solamente el 35% por ciento recibe visita. Entonces, los hombres siguen ocupando su lugar en la sociedad y la familia: pídele permiso a tu papá, lo que diga tu papá y ¡en la cárcel, las mujeres tienen que criar a sus hijos por teléfono y chútate eso! En la cárcel no hay más de 8 teléfonos para 200 mujeres y tú no le puedes hablar a la mujer; en el varonil, sí hay una caseta (telefónica) y les cuesta dos pesos (la llamada), así hablen ellos o reciban la llamada, parejo dos pesos. Tú le puedes hablar a un varón, pero en el femenil tú no puedes contactar a ninguna mujer, a menos que sea hablando a la dirección y ¡de aquí a que le den el recado…!

–Hasta ahí hay inequidad.

–Exactamente, exactamente; por eso yo me he concentrado solamente en el reclusorio femenil, porque en el varonil hay deportes, porque en el varonil hay un poco más de educación. Otro de los problemas que yo me quisiera enfocar, a través de los medios, es que la sociedad considera a las personas que están en la prisión como los enemigos derrotados de la sociedad y que merecen un castigo y en realidad la sociedad ve con muy malos ojos que se destine un presupuesto a las prisiones; entonces se destina muy poco presupuesto y el presupuesto que se destina es para asuntos de seguridad. (Por lo tanto), las condiciones humanas en un Cereso son dramáticas, verdaderamente deprimentes, en salud; en comida, como  es lo que más les critican, han tratado de mejorar un poco. Últimamente, he comido comida de la que comen y no es tan terriblemente mala. Hay mujeres que (antes de ser apresadas) ni siquiera comían tres veces al día, entonces, ahí están bastante bien en la cárcel. Pero lo que es salud, lo que es educación, lo que es cultura, lo que es desarrollo personal, lo que es relación con la familia, lo que es realmente la reinserción social, no. La mayor parte del presupuesto se va a seguridad, cuando en realidad, por ejemplo, lo que es en el femenil, el nivel de peligrosidad de las mujeres no amerita que las estén limitando tanto, que les estén restringiendo tanto artículo de limpieza personal.

Elena de Hoyos, ganadora de la Presea Xochiquetzalli 2104

Activista feminista, socióloga, escritora, poeta y actriz. En 1986, dirigió la librería Valle Sagrado, en Tepoztlán. A finales de la década de los años 90,  junto con Hugo Rocha, creó la Red de padres y madres cariñosos. En 2006, fundó la editorial Mía de Mí, en la que publica sus propios libros. En 2008, publicó su Recetario para mujeres desobedientes. En el Cereso de Morelos ha impartido talleres literarios con perspectiva de género, en los reclusorios femenil y varonil, y ha sido editora de revistas y libros desde entonces a la fecha. Allí mismo ha publicado revistas con enfoque de género y con información relacionada a la vida en la cárcel. En 2013, coordinó la colección “Revelación intramuros”, narrativa, ensayo y poesía de mujeres en prisión auspiciada por Bellas Artes. En este 2014 realizó una gira en universidades de tres ciudades del Reino Unido para presentar dichas obras.