
Por Chris Nicolás
Ellos promueven entre los jóvenes morelenses el amor a la patria y el nacionalismo, así como humanismo y altruismo, además de impulsarlos a crecer corporal, intelectual y espiritualmente con base en una disciplina militar. Niños, adolescentes y adultos se han adherido a sus filas desde hace tres cuartos de siglo.
Con una formación de carácter nacionalista y militar, en extremo riguroso y estricto con sus reclutas y cadetes, la XVII Zona Morelos del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario (PDMU), se encarga de evitar que la juventud sea envuelta por la apatía social o caiga en las redes de los vicios y la delincuencia.
Todos los domingos, a partir de las 7 de la mañana, es usual ver ingresar a decenas de niños, muchachos y adultos a la Secundaria Número 1 “Profesor FroylánParroquín García”, en la colonia Miraval de Cuernavaca. No, no van a clases dominicales; van a un adiestramiento militar, a forjarse como “futuros ciudadanos responsables con la sociedad y respetuosos con su patria”: ese es el objetivo del PDMU.
Desde esa hora, todos comienzan a realizar sus ejercicios de calentamiento físico bajo los rayos del sol, para después comenzar con su ritual de preparación física, intelectual, espiritual y material.
Los cadetes –miembros activos del Pentathlón, con disciplina de más de un año– son los que reciben los entrenamientos más rigurosos. El objetivo es que todos los elementos fortalezcan su salud, resistencia, fuerza, agilidad y con ello se alejen de cualquier tipo de vicio.
En sus horas de entrenamiento físico, se observa cómo intentan elevarse por los aires cual ave en completa libertad cuando comienza a aprender a usar sus alas. Es para realizar sus prácticas de tombling -acrobacias, piruetas y saltos-. Las torceduras, raspones y moretones son inevitables; pero a ellos no les importa cuando por fin logran ejecutar un giro “mortal”.
También son instruidos en diversas artes marciales y deportes de combate, como Krav Maga –principalmente–; pero no para convertirse en máquinas de guerra hechas para matar, sino para defender a la sociedad y a sí mismos de posibles situaciones hostiles que, actualmente, son cotidianas en varias partes del país.
Pero no son metodologías con las que aleccionan a cualquiera, ya que se intenta a toda costa evitar que éstas sean utilizadas de manera negativa o para hacer daño a terceros. Por ejemplo, los reclutas–niños y jóvenes que están a prueba y en observación durante un periodo aproximado de un año antes de ser nombrados cadetes– sólo toman tácticas básicas.
Los más perfeccionados en estas técnicas, son la Policía Militar (PM) y el Cuerpo Especial de Seguridad (CES), su función es la protección y seguridad de los miembros del Pentathlón, sobre todo cuando éstos salen a alguna actividad en las calles.
Saben cómo reaccionar ante cualquier tipo de agresiones, están formados sólo para defenderse, someter a los delincuentes y ponerlos a disposición de las autoridades; pero tienen prohibido comenzar cualquier tipo de agresión, ser parte de riñas o de actos en detrimento de la sociedad.
Para eso cuentan con una preparación que ellos definen como espiritual, con la que inculcan integridad moral, lealtad, amor a la patria, fraternidad con la sociedad y autodisciplina.
“Predicamos con el ejemplo, para que los muchachos sepan que es posible realizar todo esto sin esfuerzos, sino por la mera satisfacción del deber cumplido”, señala Juan Ignacio Villegas Cardona, Tercer Comandante de Infantería, quien actualmente está al mando de dicha unidad.

El cambio radical de Carlos
En cuanto a la formación intelectual, se busca que todos los pentathletas mejoren progresivamente sus conocimientos; de esta manera es requisito que los muchachos –la mayoría estudiantes y profesionistas– reporten buenas calificaciones en sus instituciones educativas, sin presentar materias reprobadas; de lo contrario, son sometidos a severos castigos del tipo militar, como lo son detenciones, labores sociales o sesiones más intensas de ejercicio físico.
Tal es el caso de Carlos, un adolescente de 14 años, recién nombrado oficialmente como cadete del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario.
En palabras de su madre, él tenía problemas de conducta y de bajas calificaciones. En sus primeros bimestres escolares, reprobó varias materias; la orientadora escolar recomendó a sus padres –y a los de una decena más de niños con los mismos problemas– llevarlos al Pentathlón y con la disciplina militar, tal vez podrían “sentar cabeza”.
“Al principio, prácticamente lo obligamos a ir, pero poco a poco comenzó a tomarle gusto al Penta (como usualmente ellos lo llaman); llegaba a la casa a contarnos las acrobacias que hacían sus compañeros, las técnicas de defensa personal y un sinfín de ejercicios que a él le impresionaban.
“Pero lo más importante es que poco a poco comenzó a mejorar su conducta e impresionantemente subió de calificaciones. Tal vez era por el apoyo de sus instructores en las materias que iba mal, o por la misma ideología pentathlónica; lo cierto es que cambió para bien.
“Ahora, solito lava y prepara su uniforme un día antes, lustra sus botas y se levanta todos los domingos sin problemas a las seis de la mañana para llegar a tiempo al Penta”, narra la señora Isabel, quien se dice agradecida con la institución.
Aunque Carlos no es el único caso.Según testimonio del Comandante Villegas, se les han presentado casos en que los muchachos, influenciados por sus “malas amistades”, estuvieron a punto de caer en las redes de la delincuencia, de los vicios y de abandonar los estudios.
Con la disciplina militar del PDMU, así como con la solidaridad y fraternidad de los cadetes e instructores, se logró hacerlos recapacitar y con ello, reincorporarlos sanamente a la sociedad.
Es aquí en donde nace la formación que ellos nombran “material”, que consiste en la cooperación y solidaridad con la sociedad.
Pueden realizar misiones sociales como apoyar a las autoridades en las labores altruistas en caso de cualquier contingencia, asistir a los ciudadanos para realizar primeros auxilios e, incluso, tienen la convicción de actuar en contra de las injusticias.
“Nosotros nos sólo somos pentathletas los domingos de siente de la mañana a tres de la tarde, somos Penta dentro y fuera de la escuela. Nuestro comportamiento, disciplina e ideales deben aplicarse en nuestra vida diaria”, puntualiza el sargento de la zona, el licenciado Ernesto Villegas.

La falta de financiamiento
Pertenecer al Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario no tiene costo alguno, pero cada cadete debe adquirir su uniforme oficial. La mayoría lo ha adquirido; no obstante, existen cadetes a quienes se les ha dificultado obtenerlo por cuestiones económicas.
En estos casos, los compañeros realizan colectas en solidaridad con sus colegas. En otras situaciones, por ejemplo, cuando realizan convenciones y campamentos –en los cuales necesariamente se tiene que pagar un costo por traslado u hospedaje–, la fraternidad y empatía es tal, que los muchachos han acudido a los semáforos vehiculares para realizar sus exhibiciones de acrobacias y con ello obtener financiamiento para que nadie se quede sin asistir a los eventos oficiales.
El Pentathlón no recibe financiamiento de ninguna organización, partido político o asociación, ya que es una institución independiente y sin fines de lucro.
La falta de financiamiento se ve reflejada en los materiales deportivos que utilizan para su formación: colchonetas en mal estado por el largo uso que se les dio, material escaso para practicar sus exhibiciones de artes marciales y de defensa personal. En otros casos, falta de unidades para el traslado de los cadetes a las convenciones nacionales, situación que acrecienta los gastos de los pentathletas.
El Comandante Villegas exhorta a los jóvenes a adherirse a las filas pentathlónicas para convertirse en futuros ciudadanos responsables con la sociedad y respetuosos con su patria.
“No es nada fácil, todo tiene un precio, pero la recompensa es maravillosa. Recuerden que ‘el oro se funde en el crisol, y el crisol no es más que cerámica que aguanta altas temperaturas’. Eso es lo que queremos que hagan nuestros jóvenes; que aguanten los problemas grandes, difíciles y reales que resiente hoy nuestra sociedad para que sean hombres y mujeres de bien, orgullosos de ser mexicanos: que se forjen en ese crisol como el oro para que brillen eternamente”.
Datos históricos
Desde hace 75 años, a nivel nacional, el Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario (PDMU) se convirtió en una escuela de adiestramiento militar, pero de carácter social y de formación ciudadana que surgió en 1938 por iniciativa del doctor Gustavo Baz Prada y otros jóvenes estudiantes de medicina de la Universidad Autónoma de México.
Se dedicaban a realizar ejercicio por las mañanas para estar activos durante las clases y con ello evitar caer en la desmoralización de la sociedad.
Pronto, algunos muchachos comenzaron a unirse a las filas de los estudiantes de medicina, haciendo más grande el grupo y fue en 1939 que conformaron oficialmente la institución.
La XVII Zona Morelos surgió en 1966 en la Heroica Cuautla, pero fue hasta 1993 que se consolidó la principal unidad, denominada «Secundaria 1» Jorge Jiménez Cantú y actualmente adiestra a alrededor de 50 jóvenes, entre los que se encuentran reclutas desde 3 hasta 14 años de edad y cadetes, todos mayores de 14 años.
