
Por Chris Nicolás
Sus manos son prodigiosas; sin tener a su alcance todo el mobiliario médico de un quirófano, sólo con remedios naturales y prácticas espirituales, además de un trato humano, las parteras tradicionales se encargan de instruir a las futuras madres para que sus criaturas lleguen con bien a este mundo.
La partería se trata de una práctica ancestral que siempre ha estado presente en la cultura mexicana, incluso desde la época prehispánica. El trabajo de las matronas es estar al cuidado del bebé que ha gestado durante nueve meses la futura madre y prepararla física y espiritualmente para dar a luz al nuevo miembro de la familia.
Después del alumbramiento, se vuelven como una sombra, pasan desapercibidas porque permiten en ese momento tan íntimo, concretar la unidad espiritual entre madre, hijo y padre para volverse uno solo. Pero ellas, siempre están al pendiente de cualquier posible complicación.
Su trabajo en las antiguas civilizaciones siempre fue reconocido, pero con la llegada de la medicina moderna, después del virreinato, su función quedó relegada. Con los avances médicos y tecnológicos, su papel cada vez se ponía más en duda; los miedos por los mitos urbanos crecieron y, con el paso del tiempo, el número de parteras se fue extinguiendo.
Actualmente, la Secretaría de Salud en Morelos reconoce a 278 parteras tradicionales, las cuales cuentan con certificaciones correspondientes, cédula de supervisión de los Servicios de Salud del estado, elaboran reportes mensuales sobre los alumbramientos que asistieron y, además, se prepara un censo anual de estas trabajadoras.
Una de las parteras más reconocidas del estado es la señora Lourdes Bravo Bolaños, instructora de parto psicoprofiláctico y líder de “La Liga de la Leche”, en donde se alecciona a las madres cómo amamantar.
Desde hace 23 años, sus manos se han encargado de recibir a más de dos centenares de nuevas vidas. Estudió un curso de “partera profesional” durante tres años y realizó sus prácticas en Estados Unidos, en las casas de nacimiento, y obtuvo su certificación en 1991.
Aunque a sus hijos los parió con médicos expertos, asegura que después de iniciarse en el arte de la partería, le hubiera encantado tenerlos con una matrona:
“Yo hubiera dado lo que fuera para que mis hijos nacieran en casa con una partera. Ellos nacieron por parto natural, pero en un hospital; en una posición muy incómoda, con un suero muy incómodo… Además, ¡se llevaron a los cuneros a mis hijos, antes de verlos!
“Con una partera, el trato es tan diferente, el método es tan tranquilo, tan espiritual… Por eso, mis hijos decidieron que yo sería quien recibiera a mis nietos en el alumbramiento y es una sensación maravillosa ver cómo tu nuera y tu hija paren a sus bebés”, recuerda.
Preparar a la futura madre
Lourdes hace hincapié en que ninguna de las parteras certificadas por la Secretaría de Salud puede atender partos sin conocer el diagnóstico previo de la madre y, mucho menos, pueden recibir casos de partos de alto riesgo.
Todo ello es para evitar complicaciones durante el trabajo de parto, que pueden ser mortales para el bebé o para la madre, situación que las podría envolver en cuestiones legales.
Aquellas futuras madres que optan por traer al mundo a sus hijos en casa y por medio de una comadrona certificada, tendrán que acudir, a partir del sexto mes de gestación, a consultas con su partera para que realice la valoración completa.
Cada dos semanas, la embarazada tendrá que asistir a sus citas para registrar el crecimiento del bebé en el útero, tomar los signos vitales de la madre y con el paso de las consultas, establecer una estrecha relación con ella y con el padre, basada en la confianza para lograr buenos resultados en el parto.
Son los padres quienes decidirán el lugar y la posición en la que la madre parirá, la matrona sólo será la guía para que el bebé nazca de la manera menos violenta posible y con los debidos cuidados.
No obstante, Lourdes aclara que para cualquier situación, se debe tener un “plan B”, en caso de posibles complicaciones.
“Debemos acudir al Centro de Salud más cercano para prevenirlos y que nos puedan atender en caso de algún inconveniente. Pero si la madre tiene algún médico especialista, también se le debe avisar”, subraya.
Cuando llega el día tan esperado, la parturienta tiene que ser valorada repetidamente; el tacto vaginal se realiza cuando se necesita, se registra la temperatura, las contracciones, el pulso y la presión de la madre al igual que si estuviera con un médico obstetra.
Pero en el caso del parto con las matronas, la diferencia –además de que el bebé puede nacer en casa– es que la futura madre sí puede ingestar líquidos y alimentos. No se usan medicamentos, anestesia ni sueros.
En ese momento, el tiempo se detiene; la madre se olvida de las presiones y puede parir a su bebé con toda la tranquilidad del mundo. Se procurará su bienestar físico y emocional con ayuda de un trato cariñoso y de técnicas que ayudan a disminuir la sensación de dolor para que el pequeño nazca feliz y sano y la madre lo reciba con gran entusiasmo.
Después del alumbramiento, la partera entrega al niño en brazos de su madre –sin cortar el cordón umbilical – y ésta lo tiene que colocar en su pecho para que su hijo escuche los latidos del corazón.
“En ese momento, nosotras (mi partera asistente y yo) los dejamos solos por un instante; papá, mamá y bebé establecerán su primera conexión espiritual. La primera media hora es crucial para el desarrollo del resto de sus vidas; el padre puede también cargarlo, metérselo debajo de la playera para que estén piel con piel y puedan sentirse el uno al otro.
Como pareja, los une impresionantemente, refuerza la relación. Además no es lo mismo ver a la madre toda anestesiada, que verla disfrutar los primeros momentos del nacimiento de su hijo”, narra Lourdes.
Minutos después, regresan al cuarto las parteras para continuar revisando a la madre y al bebé y determinar si no es necesario canalizarlos con un especialista.
Para efectuar el corte del cordón umbilical, se invita al padre a realizar dicho ritual, que según Lourdes es importante para hacerlo sentir parte de ese parto “porque los tres son los protagonistas”.
Bravo Bolaños confiesa que aunque jamás ha registrado defunciones, sí ha tenido que acudir al centro de salud por las complicaciones durante el parto; “pero son contados los casos”, señala.
Las estadísticas
De acuerdo a estadísticas del INEGI, en el país se registraron dos millones 498 mil 880 nacimientos en 2012; de éstos, el 14 por ciento se registró en Morelos. Esto significa que en ese año, nacieron en nuestro estado 37 mil 446 bebés.
La titular de los Servicios de Salud Morelos, la doctora Patricia Moras González, especificó que el 4 por ciento de los partos en Morelos son atendidos por parteras; es decir, cerca de mil quinientas mujeres alumbran con una partera cada año.
El Inegi reportó, en su última Encuesta Nacional de Fecundidad y Salud de México 2012, que en la entidad fallecieron 285 niños durante el trabajo de parto. Del total, 216 fallecimientos durante el parto fueron atendidos por médicos obstetras, 53 por otro tipo de médicos, 4 por parteras y 12 partos no estuvieron especificados. Es decir, más del 94 por cierto de las defunciones fetales fueron atendidas por médicos y sólo el 1.4 por ciento fue atendido por parteras.
Los mitos
“Si le preguntan a cualquier mamá que haya dado a luz en un hospital, ya sea por parto vaginal o por cesárea, te van a decir que es una sensación terrible; toda una odisea… Y comienzan a meter miedo al resto de las mujeres con los supuestos mitos”, lamenta Lourdes Bravo.
Asegura que el problema radica en que, en el sistema actual de salud en nuestro país, la saturación de los casos de alumbramiento en los hospitales es bastante, por lo que “se tiene que atender rápido a todos los partos. Y luego viene una y otra y otra… y la que sigue…”
Es allí donde comienzan las complicaciones, las presiones y el estrés para la mamá; en lugar de ser armonioso, resulta difícil. La situación se agrava cuando la mamá es intervenida quirúrgicamente y se le realiza una cesárea; no está al tanto de su labor de parto, pierde sangre y por la anestesia, su vida puede estar en riesgo. “Sin mencionar lo caro que resulta una cesárea”, bromea.
Es por ello que recomienda siempre a las madres el parto vaginal, ya que además de ser más armonioso, si se realiza con una partera, tiene múltiples beneficios para el niño.
“Si el bebé nace de esta manera, las contracciones del útero estimulan al bebé y como hace un esfuerzo para salir, le ayuda a sacar el agua de los pulmones y eso disminuye las enfermedades respiratorias. También la madre genera endorfinas que provocan que el pequeño nazca listo para reaccionar en el nuevo mundo”, puntualiza.
Pero, en la sociedad actual, los mitos sobre atender el parto en casa resultan alarmantes.
“Se ha dicho que para tener al bebé se necesita de un quirófano, de anestesia y de mucho personal; pero en la antigüedad, las mujeres parían de esta manera y sin complicaciones. Ahora, para todos los partos –o en la mayoría– te dicen que será cesárea, aunque a veces sea innecesaria”, asevera.
Dice que la creencia de que la mujer no dilatará lo suficiente y que por eso se le tiene que practicar una cesárea, no es más que un mito.
“El bebé se acomoda y solito va a salir, está en su instinto. El cuerpo de la madre está preparado naturalmente para abrirse cuando llegue la hora de nacer su hijo”, expresa.
Igualmente, cuando el bebé “trae el cordón atorado en el cuello”, asegura que no resulta un obstáculo para nacer.
“Hemos tenido casos de circular de cordón y nacen sin problemas. Incluso, si el bebé viene ‘volteado’ y se detecta con meses de anticipación, puede ser reacomodado para que nazca sin problemas. En caso de que el día del alumbramiento continúe sin acomodarse, entonces ya tiene que ser canalizado con un experto”, indica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda que –en cualquier país del mundo– la tasa de cesáreas no deberá sobrepasar del 10 por ciento, porque si las mujeres tienen sus trabajos de parto sin presiones y sin estrés, de manera natural; el 95 por ciento de los nacimientos serían sin complicaciones.
Sin embargo, actualmente la tasa de cesáreas es del 80 por ciento en todo el país, intervenciones quirúrgicas que no son necesarias.
Y es que dicho organismo, asegura que deben favorecerse los partos vaginales después de cesáreas, aunque se cuente con un servicio quirúrgico de urgencia.
