
Por Elsa Castorela Castro
María de los Ángeles Martínez, como muchas mujeres de Santa María Ahuacatitlán, se casó a los 14 años de edad, lo mismo hizo su mamá Rosario Flores Terán, que se unió a Miguel Martínez Flores, que le doblaba la edad; sus tres primeras hijas murieron, le sobrevivieron María de los Ángeles, Teresa y Lourdes.
Don Miguel enseñó a María de los Ángeles todo el conocimiento sobre el campo, desde colocarse el ayate para cargar el bote de los hongos hasta la cosecha de la tila, a identificar las plantas medicinales y sus usos.
También le enseñó a localizar los parajes en donde se pueden encontrar los hongos. Ella recuerda que le dijo: “es un gusanito el que hace el proceso de la semilla de los hongos, este gusanito lo encuentras de un paraje a otro porque el viento lleva la semilla a distintos lados, por eso se vuelven a encontrar en el mismo lugar cada dos o tres años; lo difícil es volverlo encontrar”.
María de los Ángeles cree que “hay un mito, que no todos tienen suerte para encontrar los hongos; por ejemplo: puede ser que haya pasado delante de mí otra persona y yo, detrás de ella, encuentro los hongos, se dice que ella no llevaba suerte. Depende de cada persona, tal vez me fui enojada o estresada eso es lo que creemos que pasa”.

A los 15 años de edad, María de los Ángeles tuvo a su primera hija, a sus 42 años es abuela. Actualmente, tiene tres hijos y tres hijas, pero sufre el dolor de haber perdido a una que salió de su casa a los trece años y nunca volvió a saber de ella.
Su casa está al pie de la montaña y la construyó gracias a que salió a trabajar fuera de su comunidad, obtuvo un mejor salario en el servicio doméstico (laboró con un extranjero que le enseñó “a mirar la vida de otra manera”); con ese salario y con al apoyo de su actual esposo, Javier Reyes Espinoza, ha logrado cierta prosperidad; lo conoció cuando ella tenía 27 y él 20 años.
