
Por Chris Nicolás
Fotos: Tony Rivera y Máximo Cerdio
“No tenemos las posibilidades económicas para irnos de Morelos, mucho menos para pagar cuatro millones de pesos por un rescate para liberar a mi esposo de su secuestro”, relata con coraje doña Mónica, una “clienta frecuente de la delincuencia”, como ella misma se describe.
A sus 54 años, camina por las calles del centro de Cuernavaca con temor y con cierta “psicosis”. Voltea a todos lados antes de salir de su casa; se intimida cuando ve a gente sospechosa e, incluso, le aterran los limpiaparabrisas de los cruceros o la gente que pide limosna, porque “ya no se sabe de quién desconfiar”.
Ella y su esposo, al igual que otras 177 personas en Morelos, fueron víctimas de secuestro en los últimos 15 meses según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), las cuales registraron un incremento del 88 por ciento en ese periodo, ya que en los últimos 15 meses anteriores sólo se registraron 94 denuncias por ese delito.
De acuerdo a estos datos (actualizados hasta el 18 de marzo de 2014) Morelos se ubica en el cuarto lugar de los estados con mayor número de privaciones ilegales en este lapso, sólo por debajo de Tamaulipas con 249 casos; Michoacán con 232; Estado de México y Guerrero, ambos con 225 casos, cada uno, atendidos por alguna autoridad del Ministerio Público.
Pero los números difieren con las cifras de algunas organizaciones, en especial con las de “Alto al Secuestro”, organismo liderado por Isabel Miranda de Wallace, quien el mes pasado dio a conocer que Morelos escaló al segundo peldaño de personas plagiadas.
A dos meses de haber comenzado el año, la organización no gubernamental contabilizó 352 casos atendidos por la autoridad morelense; siendo Cuernavaca, Cuautla y Jiutepec los municipios con más incidencias.
Doña Mónica recuerda con tristeza y al mismo tiempo con rabia –por la impotencia de no dar con los delincuentes– cómo fue secuestrado su marido en septiembre de 2013, quien además había sufrido un secuestro fallido un mes antes.
“La primera vez veníamos por El Polvorín y nos paramos a cargar gasolina, dos tipos se acercaron a la fila que hacíamos como si fueran limpiaparabrisas y encañonaron a mi marido; abrieron la puerta y con jaloneos lo bajaron. En ese preciso momento pasaban dos patrullas y los maleantes se echaron a correr, liberando así a mi esposo.
Fuimos a levantar una denuncia a la ‘Procu’, pero como ya era tarde no nos atendieron hasta el siguiente día; tampoco nos hicieron caso y el acta solo pasó a ser archivada como, seguramente, muchas de las denuncias de los ciudadanos”, narra la señora.
La siguiente vez –narra, ahora, la propia víctima– me agarraron solo. Me subieron a una camioneta repartidora de leche Alpura y no sé a dónde fui a parar… Hasta que un día, en un descuido, me dejaron supuestamente al cuidado de una señora que me daba de comer; se quedó dormida y no sé cómo le hice pero me escapé.
Cuenta que corrió por unos terrenos en donde sembraban caña; no estaba muy lejos del pueblo y de la autopista, así que tomó taxi y se dirigió a su casa. Se dio cuenta que había sido asegurado en el municipio de Zacatepec.
Doña Mónica completa la descripción. Detalla que alguien comenzó a tocar el timbre desesperadamente, su hijo abrió y pidió que pagaran el taxi.
“¡Nos habían pedido un rescate de cuatro millones de pesos señorita! Somos pensionados, por supuesto que no los teníamos. En las negociaciones que llevaba mi hijo mayor con los delincuentes, logró bajarse hasta 50 mil pesos; por la facilidad con la que se iban bajando (de la cantidad de dinero), era obvio que podían aceptar menos, pero afortunadamente él solito llegó a casa sano y salvo justo a la semana de haber sido plagiado”, recuerda doña Mónica.

Sobrevivió a homicidio; su hermano no
De enero de 2013 a marzo de este año, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública contabilizó 670 homicidios dolosos, es decir,intencionales.
Thiago es sobreviviente de un intento de homicidio y testigo del asesinato de su hermano, el pasado mes de junio del 2013.
“Salimos a festejar el cumpleaños de una prima al restaurante bar ‘La Patrona’; entre copas y baile, mi hermano sacó a bailar a una muchacha que parecía extranjera. Nos dimos cuenta de que estaba ebria, pero aun así continuaron bailando.
Un hombre delgado y alto empujó a mi hermano y le dijo que ‘esa era su vieja’. Entonces comenzaron los empujones”, recuerda.
“Los separé para que no se pelearan.Para evitar problemas, mi hermano y yo decidimos irnos; tomamos la carretera para irnos a Jiutepec”. Asegura que al tomar la salida de la autopista a Plan de Ayala un auto se les cerró y los bajaron “varios tipos armados”.
Thiago sólo recuerda que los golpearon dentro de la camioneta, después alguien le disparó varias veces a su hermano en la cara. Él lo vio todo.
A él le dieron siete disparos en el pecho y uno más en el cuello. Ninguno tocó órganos vitales. Sin embargo, lo dieron por muerto como a su hermano y a ambos los aventaron por la autopista que lleva a Puebla.
“Me hice el muerto, porque aún estaba consciente. Siento que volví a nacer”, asegura.

Pagó “protección” durante meses
Víctima del denominado “cobro de piso”, un morelense –que pidió reservar su identidad– relata a Conurbados cómo pagó una cuota durante ocho meses a cambio de supuesta protección y de “libertad para trabajar”.
“Tenemos negocio de ropa de segunda, lo que se conoce como ropa americana. Nosotros somos nuestra propia competencia, ya que contamos con dos locales (uno en frente del otro) que varían sus precios para tener más clientes en el primero, esa es nuestra estrategia para vender más”, comenta.
Explica que, supuestamente, nadie sabía que los mismos dueños manejaban ambos locales, ni siquiera las trabajadoras;hasta que hace aproximadamente un año dos sujetos, a bordo de una motocicleta, llegaron a uno de los negocios a preguntar por la dueña, pero no estaba.
Al siguiente día, sí la localizaron, y sin saludar ni hacer preguntas, exigieron 10 mil pesos para “dejarnos trabajar” los dos negocios.
De carácter fuerte y negándose a pagar, la esposa del entrevistado preguntó a los extorsionadores:
–¿Qué harían si no les doy nada de lo que piden?
–Sabemos que tienes tres hijas y una estudia en este lugar (…); si no quieres que les pase nada, tendrás que pagar. Y si nos denuncias, atente a las consecuencias.
Dejaron una tarjeta con un número para comunicarse con ellos.
Asegura que ese mismo día llamó a los delincuentes para saber «cómo sería la movida» y comenzar las negociaciones. No querían arriesgarse a que a ellos o –peor aún– a su hijas les sucediera algo por no pagar y decidieron no denunciar «por miedo a que la autoridad estuviera coludida».
Los maleantes le detallaron que los 10 mil pesos eran para dejar trabajar a ambos negocios, además de que les garantizaban, con esa cuota, protección de cualquier otro grupo delictivo.
Después de reducir el monto, tras amplias negociaciones, el «pago de piso» sería de cinco mil pesos en efectivo.
Cada mes, llamaban a los dueños de los locales para confirmar el día de cobro. El dinero era recogido siempre por los mismos jóvenes, de entre 25 y 30 años; morenos, de cabello quebrado y complexión robusta; cada mes en la misma motocicleta.
«Pero nosotros no éramos los únicos que pagaban por protección, en donde veían mayor movimiento, los mismos hampones aprovechaban para ir a extorsionar», puntualiza.
Cierra negocio porque la extorsionan
Al igual que los secuestros, la extorsión se convirtió en un fenómeno que ha impactado a Morelos en los últimos años. De enero de 2013 a marzo de este 2014, el SNSP contabilizó 486 casos denunciados en materia de extorsión; mientras que en los 15 meses anteriores únicamente se registraron 300.
En este delito, igualmente, Morelos se ubicó en el cuarto puesto a nivel nacional, por debajo del Distrito Federal en donde se cometieron 1076 extorsiones (denunciadas ante la autoridad); Jalisco con 959 casos; Michoacán con 518 y Morelos con 486 incidencias. El único estado que no registró en este lapso ninguna extorsión fue Nayarit.
Luisa, dueña de dos fondas económicas ubicadas en Cuernavaca, fue víctima de extorsión en marzo de este año. En su caso los hampones le pidieron 40 mil pesos mensuales para “proteger ambas sucursales”, explica.
“Llegaron a mi negocio cuatro hombres a comer, como a las 3 de la tarde. La fonda estaba llena, entonces pidieron hablar con la encargada y los atendí sin saber quiénes eran; pensé que eran vendedores…”, narra la comerciante.
En una bodega, que usa como oficina, Luisa entró acompañada de un hombre robusto, moreno, con poco cabello y cuya estatura no rebasaba los 1.70 metros –según describe–. Él se presentó como encargado de la seguridad de los comerciantes.
–Soy Fernando, jefe de seguridad de los comerciantes de Cuernavaca, me dijo el sujeto.
Posteriormente, el hombre le dijo que para evitar que los maleantes acecharan su negocio, ellos le brindarían seguridad por tan sólo 40 mil pesos mensuales, cuota que cubriría a su otro negocio.
El hombre aseguró que en caso de que no pagaran dicho monto, –a más tardar el 15 de abril– la delincuencia tocaría a las puertas del negocio de Luisa. Incluso, su familia podría sufrir por no pagar la cantidad exigida.
“¡Por supuesto que no voy a pagar 40 mil pesos porque no los tengo! Se tiene que pagar renta, gas, personal y todos los insumos ¡obviamente es imposible sacar esa cantidad entre los dos locales! Sería trabajar sólo para ellos”, puntualiza colérica.
Explica que después de comentarlo con su esposo decidieron cerrar temporalmente el negocio, en lo que encuentran otra actividad para cubrir los gastos de su casa, colegiaturas de sus hijos y renta de su casa.
