“Nos vamos del otro lado del río”

Familia abandona las márgenes del río
Familia abandona las márgenes del río

Por  Máximo Cerdio

Temixco.- Maritza conducía su automóvil por la calle Río, a un lado del puente, en la colonia Las Ánimas; se dirigía hacia una vialidad principal. Dentro del coche, llevaba ropa y algunos trastos. En el lado del copiloto iban dos niños. Atrás, en otro vehículo, iba su esposo.

–Ya me voy con mi familia. Mi prima me rentó este departamento hace menos de un año y me dijo que en esta zona estaba más fresco que en cualquier parte de Temixco. “Por la tarde y por la noche hay una brisita rica”, me dijo, pero no habíamos pasado nunca por esta situación de lluvia intensa. Por la tarde y noche esto se volvió peor. El agua se comenzó a meter en las habitaciones, unos vecinos nos ayudaron a salir y nos alojaron en su casa. Llovía y llovía y llovía. Hubo un momento en que oí un ruido como nunca lo había yo escuchado en mi vida: era un ruido muy fuerte, cómo de estas enormes piedras redondas rodando, siendo arrastradas por la corriente. A mí me dio mucho miedo. Por eso me voy hacia el otro lado del río, más Lejos.

–El madrazo venía de allá–expliba el esposo de Maritza, mientras señalaba con el índice el inicio del puente–. Yo lo grabé con mi IPhone, pero se me perdió ayer durante el desalojo. Era como un animal enorme, café, que se movía primero muy rápido y después muy lento. Por la tarde, desde la azotea del vecino, alcanzamos a ver un enorme árbol que la corriente iba arrastrando con las raíces hacia arriba.

La familia continuaba su marcha hacia la salida de la calle. Atrás de ellos,quedaban montones de basura y ramas que los vecinos habían recogido horas antes; también, estaba ahí, un trascabo ruidoso que despejaba la tierra dejada por el caudal de la creciente durante la noche anterior.

Ropa en las ramas y río
Ropa en las ramas y río

El volumen e intensidad de la lluvia había rebasado los 8 metros –tres más que lo que la Comisión Nacional del Agua considera como el punto crítico– y había dejado en la calle Río todo tipo de objetos: botellas, trozos de plástico de colores, trastes de cocina, un balón de futbol y muñecos de niños.

De nada sirvió que el año pasado se construyera, en las inmediaciones del Puente Las Ánimas, una barda muy gruesa para proteger de las corrientes a las familias –más de mil 500 en todo el municipio– que viven en las márgenes del Apatlaco y que en 2013 sufrieron pérdidas económicas por varios miles de pesos.

En los patios de algunas viviendas se podía observar todavía arena, de esa fina que deja la corriente y la precipitación pluvial; también había maleza aplanada sobre las paredes.

Dentro del cauce, los gigantescos sabinos aún conservaban trozos de ropa íntima en su tronco y en sus ramas: como si por la noche en ese sitio se hubiera desatado una feroz lucha sexual.

La señora Maritza se habría aterrado si hubiera visto lo que la corriente hizo algunos kilómetros arriba con la barda que se encuentra muy cerca del puente Miguel Hidalgo: el caudal quebró la construcción como si fuera una oblea.