
Por Chris Nicolás
Estudios recientes sobre el cambio climático indican aumento en la intensidad de fenómenos naturales como huracanes o ciclones y, a la vez, extrema sequía, escasez de agua y de alimentos en todo el mundo.
Ante tal panorama de alarma y dado que nuestro país cuenta con más de 11 mil kilómetros de litoral, distribuidos en 17 entidades de la república, los especialistas recomiendan atender los pronósticos y medidas de prevención que los diversos organismos emiten, de acuerdo a los estudios y reportes de los satélites.
Las características orográficas del estado de Morelos constituyen un punto de riesgo extremo en el supuesto que dichos fenómenos naturales, como los huracanes, intensifiquen su potencia y se presente una mayor precipitación pluvial.
Las afectaciones que en la pasada temporada de huracanes (2013) sufrieron los municipios de Amacuzac, Puente de Ixtla y Jojutla son la muestra más reciente de lo que la entidad registra año con año: el desbordamiento de ríos y, con ello, el desalojo de comunidades enteras que, incluso, han sido declaradas “zonas de desastre” con la aplicación del plan DN3, por parte del Ejército.
La doctora Úrsula Oswald Spring, investigadora titular del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) Grupo 2 y del World Social Science Report, refiere que ese tipo de consecuencias en Morelos tienen una peculiaridad y una explicación científica.
“El problema es que siempre que hay huracán, de cualquiera de los dos lados (de los océanos Pacífico o Atlántico), hay lluvias excesivas. El estado tiene pendientes bastante elevadas como el cerro del Chichinautzin y el Ajusco, con ríos que corren por sus laderas.
“Entonces, toda esa agua que viene de estos cerros, así como la que baja del volcán Popocatépetl, en época de lluvias, aumenta su volumen y desciende a una velocidad bastante vertiginosa y arrasa con todo lo que hay a su paso”, explica.
Ella describe al estado como una especie de embudo, porque está rodeado de montañas y al fondo está la planicie del Valle de Cuernavaca (Cuernavaca y Jiutepec, además de Yautepec, Cuautla y Ayala) que es a dónde se dirige toda el agua cuando ocurren inundaciones.
Oswald Spring también fue coordinadora de los dictaminadores en GEO-5 – agua del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y fue la primera coordinadora nacional de la Red Temática del Agua del Consejo Nacional de ciencia y Tecnología (Conacyt).
Fue secretaria de Desarrollo Ambiental en el estado de Morelos, en 1994 y la primera Procuradora de Ecología en México, en 1992. Actualmente lidera un proyecto sobre el cambio climático y manejo integral de la cuenca del río Yautepec y es presidenta del Consejo de Asesores de la Universidad Campesina del Sur, ubicada en Xochitepec.

Huracán, un fenómeno benéfico
Contrario a lo que muchos podrían pensar, –explica la doctora Úrsula Oswald– un huracán es benéfico para el país, y por ende para el estado, debido a la gran cantidad de agua que dicho fenómeno puede traer.
“Eso es favorecedor para las regiones que padecieron de sequías, el problema de la sociedad es que no saben cómo manejar esta situación para aprovecharlo al máximo. De esta manera, con las precauciones necesarias y con los métodos de captación de agua correctos, se puede convertir un posible desastre natural en un recurso bien explotado y de gran ayuda para los pueblos”, detalla.
La investigadora de la UNAM especifica que, durante siglos, los huracanes han sido causantes de enormes catástrofes para la humanidad porque no existe una cultura de prevención y culpa a la sociedad de la gravedad de estos daños.
“Para empezar, los grupos que invaden las áreas naturales protegidas deben ser inmediatamente desalojados para que de esta manera se disminuyan las pérdidas humanas en caso de inundaciones.
“El agua sigue su cauce, las zonas federales o zonas protegidas están bajo resguardo porque son zonas que en algún momento, no importa si fue hace siglos, fueron paso de ríos. Entonces si el río se llena, busca por dónde salir, no importa qué esté a su paso; todo se lo va a llevar”, sostiene Oswald Spring.
Otro factor que contribuye al empeoramiento de este tipo de desastre natural es que no existen puntos suficientes para desfogar el río.
Cuando el río crece –dice– deberían estar en funcionamiento las compuertas para dejar salir, por canales alternos en zonas no habitadas, gran parte del agua y con ello bajar en la medida de lo posible el nivel del río.
Pero casi todas las compuertas existentes son tan antiguas, que están oxidadas y resulta imposible abrirlas. Las que aún están en funcionamiento no se pueden abrir rápidamente, asegura la entrevistada.
Plantas de tratamiento sin funcionar
Úrsula Oswlad indica que las autoridades (federales y estatales) deben comenzar a tomar las medidas correspondientes para que las inundaciones no causen mayores problemas que los que naturalmente originan.
Tal es el caso de las plantas de tratamiento que dejaron de funcionar “por falta de personal especializado y por los recibos de luz tan caros”, asevera.
“El problema con las plantas de tratamiento es que si hay inundaciones, como no están funcionando, el agua que se va a las casas, está altamente contaminada y puede convertirse en focos de infecciones”, lamenta Oswald Spring.
De acuerdo a datos oficiales de la Comisión Estatal de Agua (CEA), –proporcionados por Juan Carlos Valencia Vargas, titular de la dependencia–existen 47 plantas de tratamiento en Morelos, de las cuales, 25 están sin operar.
“Están a punto de echar a andar 16 plantas para que, en conjunto, sean 38 con las que contemos para tratar el 60 por ciento de las aguas residuales de los alcantarillados.
“Pero, ojo, estas plantas sólo tratan las aguas negras de los alcantarillados, el líquido de los ríos no es tratado, para ese aún no existe el equipamiento ni las instalaciones adecuadas”, especifica Valencia Vargas.
Después de ser tratada, el agua se puede utilizar para el riego de campos de golf, para uso en obras de construcción o para descargarlos nuevamente en los ríos; pero más del 70 por ciento del agua que se regresa a los ríos no está tratada.
Esto significa que el cauce de los ríos se contamina por ese motivo y no se pueda usar como agua potable para beber, bañarse ni para regar los cultivos porque está altamente infectada.
Disminuir los daños
La CEA reportó 150 puntos en el estado que son de alto riesgo en caso de inundaciones fluviales, los cuales albergan a más de 16 mil personas.
Por ello, tanto la CEA como la investigadora de la UNAM recomendaron estar al pendiente de las alertas que se emitan cuando suba el nivel del río en épocas de lluvias y acatar todas las órdenes de los ayuntamientos y de protección civil para evitar pérdidas humanas.
“Si bien no es un desastre que se pueda evitar, sí se pueden disminuir las afectaciones. A diferencia de los terremotos, esta situación permite actuar con mayor tiempo y anticipación a la gente.
Cuando escuchen la primera chicharra, significa que el nivel del río ya va en aumento, entonces se tiene que comenzar a preparar todas las provisiones y documentos para salir inmediatamente de los hogares.
Al sonar la sirena mayor, se cuenta con siete minutos, aproximadamente, para abandonar los hogares y refugiarse en los albergues más cercanos”, recomienda la doctora e investigadora del CRIM-UNAM, campus Morelos.
Recuerda que en el caso del Río Yautepec, éste sube el nivel hasta unos 10 metros cúbicos en tan sólo 15 minutos, por ello la importancia de que la sociedad acate las órdenes, deje sus casas y lleve sólo lo necesario.

Medidas de prevención
El Sistema Nacional de Protección Civil y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), formulan advertencias para estos casos:
Aquellos que vivan en zonas donde ocurrieron inundaciones o son zonas de riesgo, deberán establecer las rutas de salida desde sus hogares o lugar de trabajo, hasta los puntos previstos como refugios temporales.
Estar al pendiente de las alarmas y señales de emergencia para actuar rápidamente.
Deberán empacar los documentos personales (actas de nacimiento, escrituras, documentos agrarios, cartillas, CURP, etcétera) en bolsas de plástico bien cerradas.
Tener a la mano un radio portátil, lámparas de pilas y un botiquín de primeros auxilios.
Cuando se emita la primera alerta, se sugiere desconectar los servicios de luz, gas y agua. Al abandonar las casas, se tendrá que seguir las instrucciones de las autoridades o bien dirigirse de inmediato a los lugares o refugios previstos.
Pero si por alguna razón se quedara atrapado en casa, deberán subir al lugar más alto posible para esperar a ser rescatados.
