Toman ciudadanos de Yautepec calles para exigir seguridad

Madre de una víctima de secuestro, exige justicia para su hijo, encontrdo muerto
Madre de una víctima de secuestro, exige justicia para su hijo, encontrdo muerto

Por Elsa Castorela Castro

Yautepec, Morelos; 27 de enero de 2014. En lo que va de este mes, se han registrado diez secuestros de los cuales sólo se pudo rescatar a una persona viva. En cinco días hubo tres asesinatos, hay un “toque de queda” de hecho y los comercios cierran a las ocho de la noche, después de esta hora ya nadie sale; estas y otras afirmaciones y denuncia se escuchaban de entre una multitud reunida en la calle Purísima, entre las calles de Sabino y Río Jordán, del barrio Rancho Nuevo, el 25 de enero de 2014.

Minutos antes, esa multitud había marchado para protestar por la violencia y secuestros de los que son víctimas y habían reclamado justicia por los muertos.

“Es difícil vivir en Yautepec”, se quejaban algunas personas que han sido amenazada o víctimas de secuestros, portando leyendas como: “No más secuestros”; “Ya es tiempo de hablar del futuro”. “Este es un movimiento de luz”, gritó alguien en la desesperanza; “Estamos lastimados, situación que tiene remedio”, dijo alguien. “Los militares, las policías federales, el mando único, ellos nos atracan”, denunciaban algunos.

Era una asamblea en medio del “arranque de la caravana de ciencia, cultura y educación“, que al parecer sería inaugurado por el gobernador Graco Ramírez. Exigían al presidente municipal, Agustín Alonso, que diera la cara y explicara por qué su gobierno ha sido indiferente, para frenar la violencia y al crimen organizado, a la vez que solicitaban a los organizadores de la caravana de la ciencia, cultura y educación que pasaran al frente. La secretaria de Cultura del estado de Morelos, Cristina Faesler Bremer y su equipo, que esperaban a que la reunión acabara para dar inicio al evento que tenían programado, atendió la petición y el silencio testificó el suceso.

Agustín Alonso explicó que ya se había reunido con el gobernador y se habían logrado acuerdos para dar la seguridad que el pueblo estaba exigiendo: “Acepto los reclamos”, decía.

En ese momento arribó el encargado de despacho de la Secretaría de Seguridad Pública, Jesús Alberto Capella Ibarra, quien anunció el primer acuerdo para la seguridad en Yautepec: asumir el control del esquema policiaco en este municipio y la presencia e inteligencia policiaca en diez puntos.

Capella Ibarra comparó al crimen organizado como un cáncer, y a los secuestros y homicidios como la hemorragia, que daña la salud, por ello, dijo que habría que aplicarle quimioterapia, pero eso tendrá también consecuencias, aseveró: “se caerá el pelo”.

La gente reunida reclamó: “Andan robando a borrachitos, andan deteniendo a personas que luego les piden desde 40 a 70 mil pesos, aunque demuestren que son propietarios, en el caso de las motos, las familias tienen que pagar para que salgan libres, y nombran casos. Los acreditables y los federales, gritaron, ellos nos roba”.

Luego voces: “no al carnaval, basta de secuestros y homicidios; ya se rompió el negocio, en casa ahora tenemos que cuidarnos del ejército”.

“Eres libre como el viento, vuela como una paloma, Arq. César Vidal González”, se leía en la espalda de las playeras de algunos personas, refiriéndose al caso de quien, se sabe fue secuestrado, y aunque el rescate fue pagado no le perdonaron la vida.

“De qué sirve que seamos gente preparada para seguir igual”, exigió un joven que había subido al templete para reclamar seguridad para Yautepec.

“Me habría gustado encontrarnos en otras circunstancia, la inseguridad en otras regiones, es lamentable, dramática, no soy policía, soy activista, las palabras que escuché fueron las mismas que pronuncié en mi tierra, Tijuana”, insistía Capella Ibarra. “No vengo con demagogia, sino a lograr acuerdos”, explicaba, a la vez que ya se reconocía “morelense por adopción” y afirmaba que el éxito, para acabar con la delincuencia, estaría en que todos los ciudadanos de bien y víctimas de robos o secuestros fueran los vigilantes.

Por otro lado, se formó un observatorio, encabezado por jóvenes para dar seguimiento a los sucesos.