
Por Máximo Cerdio
Xochitepec.-Entrenadores y terapistas acompañados por una psicóloga y un custodio se registran en una libreta de control ante un guardia. Hace unos minutos pasaron por una revisión exhaustiva y los vigilantes constataron que no introducen drogas, armas ni otros objetos prohibidos.
Llevan en una jaulavarios gatos pequeños y a cuatro perros con sus respectivas correas: dos Schnauzer gigantes de color negro, un Collie gris barbudo –McFly– y una perrita criolla blanco y negro, llamada Mimi; están ahí porque, como cada jueves, de las 9:00 a las 13:00 horas, aplicana los internos una terapia de empatía y sensibilización con animales para prevenir la violencia intrafamiliar: este lugar es el único en todo México en donde dan estos talleres vivenciales.
Según datos del Programa Nacional de Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Pronapred), que es quien aporta los recursos para estas terapias, en estudios realizados por The Federal Bureau of Investigation (FBI) se reportó que el maltrato a animales es una característica común en violadores y asesinos. Por otro lado, estudios realizados a criminales demuestran que éstos tienen mayores probabilidades de haber maltratado a los animales cuando eran niños que los delincuentes cuyas faltas no tiene relación con violencia a otras personas (como estafadores y otros delincuentes). El FBI también reportó que 88 por ciento de 57 familias de New Jersey, en terapia por maltrato a menores, admiten haber maltratado también a sus mascotas.

El pasillo y la rechifla
En la hoja que cada uno firma se lee: “Centro de Ejecución de Medidas Privativas de la Libertad para Adolescentes”. El CEMPLA es famoso, incluso más allá de México, porque de diciembre de 2010 a noviembre de 2013 tuvo como residente a Edgar “N”, alías El Ponchis, a quienes algunos medios de comunicación bautizaron como el “Niño Sicario”, sentenciado por homicidio, posesión ilegal de drogas y portación de arma de uso exclusivo del Ejército y asociación delictuosa.
Una vez que escriben sus nombresy firman, los miembros del grupo avanzan. La jaula con los gatos es llevada hacia otra parte. Un vigilante abre una puerta: hay otro filtro veinte metros más adelante en esta área rodeada por mallas de metal. Todos caminan en silencio, y cuando pasan por una de las áreas de dormitorios, desde lo alto se oyen rechiflas y gritos: “Fuitfuiuuuu. Eyey. Uyuyuyyuyyyy!”. Son niños –menores de 18, según los define la Convención sobre los Derechos del Niño– a los que tiempo atrás se les llamaba “delincuentes juveniles” o “infractores”, pero que ahora se les denomina adolescentes en conflicto con la ley.
Los perros se ponen nerviosos con el ruido pero los entrenadores los calman y siguen desplazándosepor el reducido andador hasta que el segundo vigilante abre; doblan a la izquierda y llegan al extenso patio.
Amplio espacio sin libertad
Hay una cancha de basquetbol y varios edificios al frente y a los lados. También se puede observar un campo de fútbol soccer por cuyo perímetro algunos muchachos vestidos con short o pants han comenzado a trotar.A partir del tercer terciose observan cerros de distintos verdes y un cielo azul con algunas nubes blancas.
El grupo visitante atraviesa la cancha y escoge un espacio abierto cerca de una construcción de color blanco con puertas y ventanas pero sin cristales que dice en el frente “Biblioteca” y en un costado: “La lectura es una puerta que regala libertad, sabiduría y paz…”. Dentro del lugar sólo hay anaqueles, los libros fueron guardados porque se estaban maltratando ahí, además de que “los chavos se llevaban los libros y no los regresaban”.
Los animales levantan la vista y sus narices cortan en centenas de gajos los nuevos olores.
La visita de los perros y de las personas vestidas con camisa roja y pantalón azul –que es la ropa que deben usar los visitantes– causa expectación entre los muchachos residentes,desperdigados por el patio que observana lo lejos.
En este lugar ubicado en el poblado de Alpuyeca hay, de acuerdo con Alberto Cristofer Peralta Domínguez, director general de Ejecución de Medidas para Adolescentes del CEMPLA, una población de 140 individuos: 20 mujeres y 120 hombres, pero esta terapia canina se aplica a los sentenciados, que son 42 chicos y 12 chicas, y de éstos preferentemente a quienes cometieron delitos graves como secuestro, homicidio, delincuencia organizada.
El trabajo se efectúa con perros debidamente probados y aprobados por los entrenadores en diferentes exámenes de obediencia, de sociabilidad y de no agresión. Con ellos, los chicos aprenden cómo instruir a una mascota de manera amigable, afectiva, respetuosa y utilizando refuerzo positivo en todo momento.

Los grupos entre las manadas
Al principio nadie se acerca, pero a los diez minutos llegan uno, dos tres, cuatro, cinco muchachos que acarician a los animales y sonríen. Algunos llevan cortes modernos como los que usan los raperos negros de Estados Unidos, y están tatuados.
El entrenador o la psicóloga se acercan a los chicos y les informan a qué raza pertenece, sus características físicas y su carácter. Les dan su nombre. Los invitan a que jueguen con ellos y lleven a cabo actividades de obediencia.
–La interacción con estas mascotas disminuye los niveles de agresividad de los muchachos; cuando juegan con ellos se les ve animados y salen contentos. Disminuyen su ansiedad, su enojo. Ellos sienten que son importantes porque realizan las dinámicas con los perros y los acarician. Es difícil que los muchachos verbalicen lo que sienten pero se observa en sus rostros –afirma Miriam Miranda, psicóloga del CEMPLA.
A cada uno le dan un puñado de trozos de salchicha, se alejan unos metros y el entrenador les dice que muestren la comida y que llamen al can. Éste se lanza sobre el alimento y el chamaco lo acaricia. “Bien, dale el premio, acarícialo y háblale, para que asocie el premio de la salchicha y la caricia con tu voz…”, explica uno de los entrenadores.
McFly es muy inquieto –fue rescatado de un hogar en donde lo maltrataban y se asusta con frecuencia. El chico no logra hacer que vaya hacia él. El perro corre hacia una de las acompañantes. El muchacho con la comida en la mano frunce el ceño y hace gestos de frustración. La psicóloga se acerca y le dice: “Mira: no viene porque ella es su dueña y el animal está muy apegado a ella, pero ahorita verás”. Enseguida la especialista le dice a la entrenadora que se aleje y ésta obedece. El chico vuelve a intentar la actividad de obediencia y esta vez le sale bien. El muchacho sonríe y acaricia a su amigo. “Macfly”, le dice, y el animal lo sigue sin perder la vista la mano donde lleva restos de salchicha.
“Yo tenía uno como esos, bueno, casi como esos, pero lo mató la ruta”, dice uno, que tiene una sentencia de cinco años: “Mi hermano y yo entramos a robar a una casa y nos agarraron, a él también lo clavaron porque andaba con un cuete (pistola)”.
Ya son muchos para tan pocos perros pero se los van turnando. Ahora los entrenadores les muestran cómo caminar o correr con los cuadrúpedos. Los chicos observan con atención, piden la correa y caminan o corren sonrientes. Las mascotas se dejan querer por todos los amos que piden turno para pasearlos.
–En cada actividad se observan cambios positivos en los chicos. Una vez le dije a uno que realizara una actividad con un perro y él me contestó que no lo haría porque el animal estaba cansado y no lo quería forzar, es decir, antepuso el bienestar de la mascota a un deseo o gusto o placer de verlo hacer suertes o gracias –explica la psicóloga Maritza Trejo.
Patricia Villaseñor, sicoterapeuta, se acerca a dos residentes apartados que charlanen voz baja sobre tablas de madera; no participan de las actividad perruna, ven el entrenamiento de la selección de futbol del CEMPLA. La mujer los invita a participar con las mascotas. Se ve que la conocen y le sonríen. Platican con ella unos minutos y después se alejan con rumbo a unas aulas pegadas a los dormitorios. Patricia regresa al grupo que realiza las prácticas.
Los felinos
–¿Y los gatos? –pregunta un chavo que jugólargo rato con uno de los Schnauzergigantes.
–Los gatos se los llevaron a las chicas–contesta un entrenador.
Con las niñas se trabaja con perros y gatos, pero a ellas les gustan más los gatos pequeños, cuidarlos, darles de comer. Los animales las ayudan a que puedan externar más fácilmente sus emociones, explica Maritza Trejo.
Hace algunos meses, siendo aún directora de este Centro de Ejecución, la doctora Liliana Fernández reveló que una gran mayoría de los internos estuvieron en hogares disfuncionales y fueron víctimas en el seno familiar y después, en la calle, de víctimas pasaron a victimarios. Según ella, “70 por ciento del total de la población femenil no recibe visitas; de la varonil, 30 por ciento tampoco recibe visitas. De ahí que sean importantes las actividades vivenciales de empatía”.
En este momento, el CEMPLA no es un reclusorio, se parece más bien a un parque al aire libre de cualquier ciudad del mundo, donde unos niños juegan con sus perros.
Bajo el cielo, las tijeras de las golondrinas están cortando lo que queda de la luz del medio día y los entrenadores y psicólogas comienzan a pedir a los muchachos que les regresen a las mascotas. Ellos obedecen pero se les ve que quisieran quedarse más tiempo o, de plano, llevarse a los animales para quererlos.
Hoy el tiempo ha transcurrido ligero. Los chicosvuelven a sus dormitorios mientras ven a las visitas y a los perros atravesar las puertas hacia la libertad domesticada.

En ocho sesiones se evalúan los resultados
La sicoterapeuta Patricia Villaseñor describe que aun cuando los resultados se pueden observar desde las primeras sesiones, en dos meses se podría realizar un examen para observar los avances en los comportamientos y actitudes de los chicos.
La reinserción, el objetivo final
Peralta Domínguez detalla que en cada menor se ha atendido la característica de la comisión de la conducta para ir generando un perfil en donde se observa el grado de peligrosidad, las situaciones de vulnerabilidad en la que se encontraba antes de la comisión de la conducta delictiva. A partir del comportamiento se elabora un programa individualizado con un formato en el cual el adolescente tiene que ser tratado integralmente.
El tratamiento integral se divide en aspectos formativos, ocupacionales y vivenciales. Por ejemplo en los primeros se atiende a los chicos en los relacionado con su educación: analfabetas, primaria, secundaria y bachillerato; se llevan a cabo obras de teatro, talleres de lectura. En los ocupacionales los muchachos practican un oficio que les puede servir para cuando salgan, y los vivenciales se realizan actividades y ejercicio con emociones y sentimientos, entre otros.
El director del CEMPLA hace énfasis en que el objetivo final del tratamiento es la reinserción social de los menores en conflicto con la ley.
