
Por Máximo Cerdio/Fotos: Ojocojo
Raúl Ortiz Gasca, cirujano general y endoscopista gastrointestinal adscrito al servicio de cirugía del Hospital José G. Parres dio a conocer que la fatiga crónica podría ser mortal en algunas personas que realizan determinados oficios como taxistas y conductores de vehículos que transportan a personas o mercancías.
Mencionó que al servicio de Urgencias de ese nosocomio llegan todos los días de cuatro a cinco conductores que sufren accidentes por varias causas, entre ellas pérdida de atención por cansancio.
En Cuernavaca, ruteros y taxistas trabajan de 10 a 14 horas sin descanso y ponen en riesgo su vida y la de los pasajeros, pero se encuentran entre la espada y la pared porque si trabajan un sólo turno de ocho horas no les alcanza para mantener a su familia.

Los excesos y las afectaciones en el cuerpo
El doctor Raúl Ortiz Gasca aseveró que una persona debe dormir al menos ocho horas diarias de forma ininterrumpida para que ese descanso sea reparador. Hay personas a las que un día de desvelo les hace daño y hay otras que se desvelan constantemente.
“La falta de descanso puede ocasionar fatiga crónica. Básicamente son consecuencias en todos los niveles del organismo porque lo principal es el desgaste físico de tantas horas trabajando. Las personas deben tener cierta concentración para algunas actividades; los choferes, por ejemplo, deben estar pendientes del semáforo, del tráfico, de todo”, expuso el médico.
Para el especialista la situación se vuelve crítica cuando la persona deja de dormir esas ocho horas y además se excede en el trabajo que realiza duplicando el esfuerzo: Las personas deben tener cierta concentración para realizar sus actividades laborales, pero hay ciertos oficios en los que tener los cinco sentidos aguzados es fundamental, porque un descuido puede ocasionar pérdidas económicas, inclusive humanas, como en el caso de los choferes, que deben estar pendientes del semáforo, del tráfico, de todo.
Ortiz Gasca expuso que hay otro factor que puede llevar el riesgo al extremo:
“Si al desvelo, al exceso de horas de trabajo, le sumas una mala alimentación, el organismo del humano puede afectarse por hipertensión, obesidad, diabetes, entre otros padecimientos; incluso, llega un momento en que deja de funcionar definitivamente y puede ocasionar la muerte”, aseguró.
También mencionó que la generalidad de las personas no acude al médico cuando se siente casado sino hasta cuando ya se afectó algún órgano por no orinar o evacuar o por estar mucho tiempo es una sólo postura, por no realizar ejercicios.
”Por desgracia, en vez de descansar o alimentarse adecuadamente, acuden a estimulantes como el que contiene la Coca-Cola, el Red Bull; café, cigarros”.

Accidentes viales y cansancio
En noviembre, en el marco del Día Mundial en Conmemoración de las Víctimas de Tráfico, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en su delegación Morelos, informó que durante el año 2014, en la entidad se registraron ocho mil 783 accidentes de tránsito, en ellos perdieron la vida 74 personas.
Según el Inegi, en ese año, los municipios de Cuautla, Cuernavaca y Tepoztlán son las localidades en donde se registró el mayor número de víctimas mortales por hechos de tránsito.
A su vez, el jefe de departamento de emergencias de Protección Civil, Catalino Urióstegui, reportó que cuando ocurre un accidente son los primeros que atienden a las víctimas: “Aunque no somos médicos forenses ni somos policías, somos los primeros que atienden a los heridos, pero escuchamos cuando levantan los testimonios que el chofer se quedó dormido porque llevaba mucho tiempo manejando, ruteros, choferes de camiones de pasajeros o de carga, traileros”.

Los choferes de Morelos
De acuerdo con información del titular de la Secretaría de Movilidad y Transporte, Jorge Messeguer, en la zona Conurbada de Cuernavaca, Temixco, Jiutepec, Emiliano Zapata y Xochitepec, circulan 7 mil 500 taxis autorizados (más los llamados pirata) y 4 mil unidades de transporte colectivo o “rutas”. La gran mayoría de los choferes de estos automotores trabaja como asalariados y su jornada es mayor que las ocho horas diarias.
Taxistas
Hugo, un joven de 19 años maneja un taxi de tiempo libre desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche y relató que gana setecientos pesos diarios. Le piden de cuenta mil 200 al día y debe pagar 300 pesos de gasolina: “Apenas me alcanza porque mis papás me prestan un cuarto donde vivo con mi esposa y mi hija de dos años; comparto el gasto con mi mamá, mi esposa estudia para enfermera. Casi vivo en el taxi, sólo voy a almorzar como a las tres y veo a mi esposa y a mi hija y llego ya muy noche. Y al día siguiente lo mismo, así, todos los días.”
Hugo mencionó que no tiene problemas de sueño ni de cansancio pero su papá, que fue chofer de camiones, sí los tiene porque trabajaba mucho y no comía bien, pero que aprovecha ahora que su cuerpo es joven para tratar de hacer dinero para su familia.
Jorge González, de 63 años, más de veinte trabajando de taxista, renta unas placas por mil 500 pesos al mes. Labora desde las seis de la mañana hasta seis de la tarde y gana 700 pesos diarios, pero paga 300 de gasolina. Jorge es jubilado y completa el gasto con el trabajo de taxista, además ayuda a sus hijos que ya son casados.
Ruteros
Los conductores del transporte público concesionado son muy cautelosos cuando dan información y los cinco entrevistados pidieron que no se mencionaran sus nombres ni el número de ruta en la que laboran porque son fácilmente identificables. Todos son empleados y dan servicio en la zona conurbada. Tienen de 25 a 40 años, algunos estudiaron hasta la prepa (sin acabarla) otros, sólo la secundaria.
Todos trabajan más de 12 horas diarias, de lunes a sábado, inclusive los domingos. No tienen seguridad social, no tienen las demás prestaciones de ley, son multados cuando se retrasan por las marchas y bloqueos constantes en la ciudad; han tenido accidentes menores como choques, también desavenencias con los pasajeros por reclamos de éstos, sobre todo de gente de la tercera edad. Ninguno de los entrevistados hace ejercicio porque no le da tiempo, tampoco han salido de vacaciones fuera del estado porque no les alcanza lo que les pagan.
Casi sin comer ni beber
De entre los testimonios destacan tres:
“No puedo pararme a comer porque pierdo tiempo y me multan por cada minuto que pierdo o me dejan parado un día sin pagarme. Mi esposa me prepara tacos de guisados y me los como cuando llego a la base. Tomo poca agua porque me dan ganas de orinar y eso me hace perder tiempo.
“Como en la ruta. Unos tacos o donas. Me tomo hasta dos litros de Coca-Cola porque me quita el hambre y no me dan ganas de orinar, pero me duelen los riñones. Cuando ya no pueda buscaré otro trabajo pero ahora que estoy joven trabajaré aquí, tengo amigos y familiares que también chambean en esto.

Al patrón le conviene que no se quejen
“Yo y muchos de mis compañeros estamos entre la espada y la pared. Si trabajamos un turno hay otros más chavos, de dieciocho años, que le pegan duro a los dos turnos y no se quejan como nosotros, y al patrón le conviene que no se quejen ni pidan. Si trabajamos como estamos chambeando, sabemos que no podemos durar mucho tiempo porque nos jodemos los riñones o nos da diabetes o anemia, pero no le podemos parar porque es lo único que hay; el trabajo está escaso y esto es lo que tenemos. No hay de otra”.
Intenta formar un sindicato de choferes
A principio de julio del año pasado, un grupo de choferes acudió ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos para solicitar la intervención de esta instancia. Presentaron una queja porque la Junta Local de Conciliación y Arbitraje les negó el derecho de formar un sindicato y también en contra de la Secretaría de Movilidad y Transporte del Gobierno del Estado ya que otorga concesiones “sin prever que los choferes de las rutas no contamos con seguridad social y prestaciones de ley que por derechos nos corresponde, por lo que solicitamos la intervención de este organismo para que sean respetados nuestros derechos humanos laborales”, exponían en el escrito que se presentó pero que no se ratificó.
La ley, letra muerta
En oposición a las inhumanas condiciones de trabajo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII, Robert Owen, desde 1810, difundió la idea de que la calidad del trabajo de un obrero tiene una relación directamente proporcional con la calidad de vida del mismo, por lo que para cualificar la producción de cada obrero, es indispensable brindar mejoras en las áreas de salarios, vivienda, higiene y educación; prohibir el trabajo infantil y determinar una cantidad máxima de horas de trabajo, de diez horas y media, para comenzar. Para 1817 formuló el objetivo de la jornada de ocho horas y acuñó el lema de ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación, ocho horas de descanso.
En México, el artículo 123 de la Constitución mexicana de 1917 estableció las 8 horas. Y en la Ley Federal del Trabajo se establece (artículo 61) que la duración máxima de la jornada será de ocho horas la diurna, siete la nocturna y siete horas y media la mixta.
Del artículo 63 al 68 de la ley laboral citada se establecen los tiempos de descanso y las formas de retribución y en ninguna parte autoriza las jornadas diarias de 12 horas o más.
El artículo 66 dispone que “podrá también prolongarse la jornada de trabajo por circunstancias extraordinarias, sin exceder nunca de tres horas diarias ni de tres veces en una semana”. Y el segundo párrafo del 68 ordena: La prolongación del tiempo extraordinario que exceda de nueve horas a la semana, obliga al patrón a pagar al trabajador el tiempo excedente con un doscientos por ciento más del salario que corresponda a las horas de la jornada, sin perjuicio de las sanciones establecidas en esta Ley.
