
En vano será la anunciada solicitud de juicio político a un grupo de legisladores locales de la LII Legislatura, ante sus sucesores conformados en la LIII, como ya lo ha sido antes idéntica moción presentada, hace casi un año, por el mismo colectivo de activistas sociales por la diversidad sexual.
Así será porque al cinismo alojado hace ya tiempo en el ADN de la clase política imperante, para el caso específico de referencia, se suma que el ultra conservadurismo de la derecha aún no se sacude del poder. Ni se sacudirá en el siguiente trienio; ahí estará –como siempre– agazapado, a la sorda.
A la cada vez más gruesa piel de la gente del poder político –y su pragmatismo traidor de ideologías– poco le importa la otrora penosa, con sólo ser mencionada, posibilidad de ser enjuiciada.
¿Será con otras medidas, muy estudiadas, muy lúcidas, de algún prodigio de la intelectualidad y operadas por el pueblo o será directamente el hastío de éste el que revierta tanta desvergüenza, tanta hipocresía?
De cualquier manera, serán de carne y hueso –pero organizados– quienes se cobren tanto agravio.