
Por Máximo Cerdio
Cuernavaca, Morelos; 15 de julio de 2015. La policía municipal no se dio abasto para resguardar el orden en el marco de la misa de cuerpo presente que se ofreció en honor de cantautor guerrerense Joan Sebastian y que ofreció el sacerdote Luis Millán.
Nadie se esperaba que gentes de colonias populares de Cuernavaca y Jiutepec se concentraran dentro de la catedral y en los alrededores para darle el último adiós al poeta del pueblo. Algunos compararon la cantidad de gente con la más reciente marcha organizada por el obispo Ram{on Castro en la participaron más de 14 mil personas.
La seguridad publica eran muy poca, los oficiales estaban concentrados en la entrada principal en donde esperaban llegara la carroza con los restos mortales del Rey del Jaripeo, sin embargo, sin previo aviso el vehículo mortuorio entró por las rejas de avenida Morelos, en donde una veintena de personas de seguridad contratada por la familia del cantautor de Juliantla trataron de impedir el paso a la gente que, con celular en la mano, intentaba entrar y tomar una foto al féretro.
Durante llegada de la carroza, a eso de las 12 del día, hubo un connato de bronca entre personal de seguridad y algunos representantes de medios de comunicación nacional y con curiosos que pedían ver o tomar una foto a la caja donde descansaba el cuerpo sin vida del ídolo. Los asistentes calmaron los ánimos de los rijosos y el problema sólo quedó en insultos verbales y una presentadora de espectáculos a la que empujaron y estuvo a punto de caer.
Cerca de cinco policías municipales se presentaron para proteger el féretro. Hicieron una débil cadena con sus brazos pero los cientos de fanáticos la rompieron en el primer empujón.
Niños, ancianos y mujeres fueron empujados cuando la caja fue sacada del vehículo y llevada al altar por personal de seguridad contratada por la familia Figueroa y dirigidos José Manuel, el hijo de Joan.
Por la puerta principal algunos uniformados tuvieron que intervenir porque la gente seguía llegando y quería entrar a empujones.
Veinte minutos de pues de iniciada la misa llego el hermano de Joan, Federico Figueroa, con protección personal, que le abrió paso entre la muchedumbre empujando al público y a algunos conductores de televisión nacional. Los reporteros pedían entrevistas pero Federico llevaba prisa y fue introducido a la catedral por una puerta lateral.
Una vez concluida la misa policías viales escoltaron la carrosa que salió por avenida Morelos, entró por Rayón y después por Galeana para dar una vuelta al zócalo de la ciudad. Siempre seguida por cientos de curiosos que no pudieron entrar a la misa.
Se reportaron desmayados y algunos lesionados que fueron tirados y pisados por la multitud. También hubo daños materiales a las protecciones de las jardineras de los pasillos de la catedral.
