En la esquina del recoveco de no más de dos metros cuadrados está el aparato que revolucionó la vida del mundo occidental a mediados del siglo pasado y que hoy, en esta misma parte del orbe, es obsoleto. Como con deseos de sobrevivir, ligeramente se entiende lo que emite su sonido, pero, poco, muy poco se puede ver en él.
Una estrecha cama enfrente del artefacto y otros pocos objetos que apenas caben en este rincón de uno de los tapancos del viejo edificio. Un teléfono pesado, todavía de disco, amarillento de añejo y un ejemplar atrasado de Conurbados en el piso nos acompañan.
Han transcurrido unas semanas desde que se cumplió el presagio y Don Sergio insiste en descifrar lo que transmite su otrora compañera.
–Me gustaba ver las noticias (locales), de por sí. A las 10. Y luego, seguían las del Dóriga, y ahora ya no.
–¿Usted sabía que iba a pasar esto?
–Sí; lo estuvieron anunciando.
–Cuénteme cómo fue ese 28 de octubre cuando ya no hubo señal y prendió la tele, como siempre…
–¡Y ya no se vio nada! Ya después vinieron las sobrinas y ellas le estuvieron buscando y ellas le encontraron que estaba (se captaba una mala imagen y el sonido de dos canales) el 10 y el 8.
–¿Usted sabe que con un dispositivo puede ver su antigua TV?
–Sí, ¡pero cuesta 600 pesos!
Poco importa que viva en el centro de la ciudad, en lo que se conoce como el “primer cuadro” de ésta, y a pocos metros del poder público. Un par de calles lo separan de las sedes del Palacio de gobierno, del Congreso o del Tribunal Superior de Justicia, de los lugares donde suceden las cosas y él se siente aislado.
–¡Uyyy, se me hacen las horas larguísimas! Porque antes me enteraba de las noticias… ¡Ahora ya no sé nada! ¿Eh? Entonces, es otro movimiento. De por sí, en esta cueva no veo nada, no oigo nada y allá veía todo –Don Sergio hace alusión a que aunado a la reubicación a la que fue obligado por sus patrones, desde hace meses, ante la inminente venta del edificio que habita y que es uno de los dos que cuida desde hace 40 años, también tuvo que renunciar al casi único medio de información al que estaba acostumbrado: “la tele”.
Platicar con fantasmas
A este hombre, renuente a decir su edad pero que admite que pasa los 70, le gusta hablar de las historias que guardan las paredes de los inmuebles que custodia. De los relatos que le contaron sobre los tiempos de la Revolución y de la presencia de Zapata en ambos recintos, de túneles interminables que se reparten como venas debajo del centro capitalino…
También le gusta hablar de la aparición de una misteriosa niña que asustaba a los inquilinos del vetusto local, de cómo la joven fantasma los impresionaba.
–¿Y a usted no lo ha espantado?
–Nooo. Yo a veces digo: bueno esta muchacha sería bueno que se apareciera pa’ platicar con ella; ¡luego no tengo ni con quien platicar!
Don Sergio quizá no sepa que el suyo es uno de los 186 mil hogares de Morelos que, el 28 de octubre, se quedaron sin señal de televisión abierta por el llamado apagón analógico.
Quizá también ignore que, tan sólo un día antes de esa fecha, un diputado local hizo la intentona de que él y sus homólogos pedirían al Congreso de la Unión y al Instituto Federal de Telecomunicaciones que se posponga el apagón analógico en el estado, al menos, hasta el próximo 31 de diciembre.
Pero a don Sergio poco podría importarle el alarde infructuoso del legislador y mejor se concentra en crear soluciones.
Fabricarse su propia antena
El septuagenario dice que él mismo va a confeccionar una antena especial que permita el funcionamiento de la vieja caja.
Y detalla el origen de su idea:
–Empezaban a llegar los radiecitos para mi pueblo y se hacía como una cruz y ahí se le iba enredando un alambrito y ya se hacía una rueda así de grande –forma un círculo con sus manos– y ya se subía a un árbol, ya se ponía y ya se conectaba al radio. Así se hacía… En otro pueblo, que se llama Tejupilco (Estado de México), había una tienda, y había un ingeniero que nos dijo que iban a dar créditos de música pa’ la gente y ninguno se quería endrogar, no sabía uno qué era un crédito. El encargado se llamaba Elías y dijo: vamos a ver; ¡y qué era una ruidera! Entonces, dijo es que se necesita una antena y así la hicimos: con una cruz y se le enredó alambre y alambre y alambre y ya después tocaba bien clarito la música, a mucho volumen. En ese tiempo había una estación, solamente, en Zitácuaro. Muy famosa, muy norteña, puras canciones y dedicadas y todo eso. Y, después, todos los compañeros empezaron: ¡yo también voy a sacar mi radio!
Así, con la costumbre de crear con sus propias manos las soluciones, con la esperanza de quien se ha curtido por la necesidad y con la seguridad que hará funcionar a su antes inseparable tele, se queda don Sergio, entre las paredes cuyas historias tanto disfruta rememorar.
Mónica Divayn se dedica a dar placer. Brindaba shows en centros nocturnos pero un día una amiga suya le lanzó un reto para que demostrara qué tan buena era prestando servicios sexuales y le fue muy bien, por lo que se dedicó a esta actividad sin pensar en los peligros a los que se expondría.
Mi contacto y yo llegamos en autoa eso de las 11:00 horas a una colonia localizada al oriente de Cuernavaca, detrás de Plaza Galerías. Se bajó, tocó el portón y como no le contestaron habló por teléfono. Alguien abrió por dentro y pasamos en auto hacia un patio. Bajamos, nos dirigimos a una de las dos construcciones y esperamos en la sala a Mónica.
El espacio era grande, amplio. Con sillones anchos y cómodos y una pantalla gigantesca, de las primeras que salieron al mercado y que hace siete u ocho años costaban “un ojo de la cara”. Atrás de nosotros había un comedor. Frente a nosotros una puerta de ascenso a la segunda planta y al lado de ésta una habitación con cortinas casi transparentes en la que se distinguía una cama: al parecer era un área para dar servicios sexuales.
Mónica descendió de la planta alta con un joven que llevaba en las manos un sixpack de cervezas Modelo, lo despidió en la puerta y se dirigió a la sala donde la esperábamos.
Mónica mide casi un metro con setenta centímetros. Viste pantalón de mezclilla ajustado y una playera polo. Su tez es blanca, su cabello rubio y sus ojos son verdes.
Después de las presentaciones de rigor comenzamos a platicar en un tono formal que en pocos minutos abandonamos.
–¿A qué te dedicas?
–Lo mío es el placer.Desde los dieciséis años me dedicaba al puro show. Caracterizaba y sigo caracterizando a Mónica Naranjo, Lorena Herrera, Maricela, Lupita D’Alessio, Lady Gaga, Cher. Hace unos diez años yo había terminado con mi pareja de siete años u ochos años. Varias amigas daban servicios sexuales, y una de ellas me retó y me dijo: “eres una perra para el show pero para la putería tú te mueres de hambre”. Entonces un día fui con una amiga llamada Silvia que daba servicios sexuales y le dije: pues ya vengo a ver cómo me va… Y me fue muy bien esa noche, gané como siete mil pesos. Silvia se quedó fría. Y Yo dije, ¡ay pues de aquí soy! Y de ahí para adelante.
Una hora puede salir desde cuatrocientos a ochocientos pesos, “penetración o servicio completo. Si es un matrimonio son mil quinientos a dos milpesos, dependiendo lo que quieran. Yo empecé ganando doscientos y cuatrocientos pesos, pero poco a poco me fui haciendo experta”, explica.
Mónica está en el negocio para cumplir con fantasías de personas que pueden tener un rol ordinario en la sociedad:
–Por ejemplo, hay hombres que les gusta vestirse de mujer. O también matrimonios que vienen conmigo porque les gustan los “detallitos”.
Tuve un cliente que me pidió andar conmigo en la calle.Tenía setenta y cuatro años y se vistió de mujer; y así anduvimos por la calle, paseando, abrazados y fuimos a comer a un restaurante y él pedía que nos tomaran fotos. Una vez también atendí a un masoquista. “Pégame, dime groserías”. Ay no, no, cómo crees”. Entonces le dije algunas groserías como: ay, pinche, tonto. “No, esas no, más fuertes”. Entonces yo me enojé y le comencé a dar con un cinturón y a gritarle. Eso le gustó mucho y terminó y me dio más dinero que el que habíamos acordado.
Pero así como este oficio pude ser divertido también puede ser muy peligroso. En los años que lleva Mónica en este negocio del placer pocas cosas le impresionan, pero hubo algo que sí le dio miedo:
–Un cliente me pidió un servicio. Era una persona común y corriente. Cuando terminó, fue al baño y dejó su cartera en un buró. Yo la vi: estaba gorda de mucho dinero. Cuando regresó del baño fue directo a su ropa, sacó una escuadra y fue hacia la cartera y contó su dinero frente a mí. A mí eso me aterró. Luego, con la pistola en la mano me dijo: “Está completo mi dinero. Una amiga tuya me robó mi dinero y yo sólo quería encontrar no a la que me robósino quien me la pagara. Sinceramente yo esperaba que tú tomaras un billete de éstos, eso esperabayo para meterteuna bala en la cabeza”. Eso me dijo. Yo le contesté soy puta no ratera. Luego me pagó y se fue. Uyyy, fue horrible. Qué miedo.
Mónica trata bien a sus clientesporque su política es que a ella la tratan como ella trata, pero no siempre es así:
–Hace como diez años en el Hotel Rosales un policía judicial que quería conmigo, se apasionó conmigo, pero se puso muy necio. Siempre me decía que yo no anduviera con nadie más, que él me pagaría todo, que me mantendría. Muchas veces me mandó flores. Esa vez se enojó y con la cacha de su pistola me golpeó el pómulo y me abrió. La verdad no sé ni cómo pude escaparme, pero lo logré y seguí trabajando.
También dicen que con ella caen de todos los oficios y profesiones: políticos, profesionistas, hasta sacerdotes. “Hubo uno por ahí, por el centro, que andaba queriendo, pero no te platico porque…”
Le ha metidomucho dineroa su cuerpo: miles de pesos en implantes y en cirugías,“pero todo es inversión porque he cobrado buen dinero y eso me levanta la autoestima y me hace ver bien antes mis clientes”.
También reconoce que se ha inyectado sustancias nocivas, como aceites, para rellenar algunas partes como piernas y otras zonas, pero lo ha pagado muy caro porque las cirugías para retirarlas y las curaciones para descontaminar su piel son muy caras.
–En un conteo, rápido ¿cuántos hombres han estado contigo en estos años?
–Uy, mi amor. Muchos, he perdido la cuenta. Me he echado a Cuernavaca entero. Y los que no, están haciendo cola. Mira te voy a enseñar, mi celular en espera: son los que estaban hace quince minutos.
En la pantalla de su móvil aparecen treinta y tres contactos de Facebook que solicitaban una cita.
Mónica está interesada en administrar un lugar para dar placer, trabaja sola, y obtiene dinero de la crianza de perros de raza y de los shows que brinda. Eso sí, ha orientado a las chicas que se interesan por el sexoservicio: “cuando me vienen a consultar les digo: en esta vida hay las fracasadas, las mediocres y las triunfadoras, tú sabrás dónde quieres estar. Yo soy de las triunfadoras. En lugar de meterse vicio junten dinero, que ahorren para su vejez”.
–¿La manera en que eres, lo que eres y a lo que te dedicas te ha causado conflictos?
–Sí, tuve problemas con mi familia en un principio, principalmente con mi padre. Cuando estudiaba en la secundaria, mis amigos llegaron a buscarme a la casa. Tocaron la puerta y abrió mi papá, un hombre que toda su vida fue un machista. Los chicos preguntaron por mí y dijeron que buscaban a fulano de tal, mi padre preguntó de nuevo que a quién buscaban y los muchachos dijeron de nuevo fulano de tal. “No, aquí no vive esa persona”, dijo mi padre. “¿Cómo que no, si hemos venido varias veces a visitarlo?” respondieron mis amigos. “Dije que no. Quien vive acá es mi hija, Mónica. ¿La buscan a ella?” Sí, sí, dijeron los chavos. Entonces mi padre grito desde la puerta: “¡Mónica: te están buscando tus amigos!” y yo bajé corriendo. Desde entonces respeto mucho a mi padre, entendió, me entendió, y desde ahí nos llevamos muy bien.
Epílogo. La entrevista se llevó a cabo en el marco de los preparativos para la XI Marcha de la Diversidad Sexuala celebrarse el sábado 29 de agosto de este año, en la que Mónica participará desfilando y con un show al concluir la caminata. Mi contacto me explicó que Mónica ha sido siempre solidaria con estas expresiones y con el colectivo Lésbico, Gay, Bisexual y Transexuales y “Queer”(LGBTQ). “Cuando ha habido ataques a los compañeros ella ha estado ahí, apoyando con lo que puede. Pocasvecesda declaraciones pero es unade las más entronas y nosotros la apreciamos mucho”, dijo.
Las luces están apagadas y sólo haylámpara de alógeno prendida al final, cerca de una puerta que da a un pasillo de unas oficinas. Hay un olor penetrarte a muerte, pero, según Abel Dávila Arzate, no huele a nada; él desde hace más de 30 años trabaja en Servicios Periciales y ya no percibe el olor. “No se compara con el jedor que despiden los restos cuando desentierran cadáveres en las fosas clandestinas y los traen aquípara su estudio…”, me dice.
En el anfiteatro del Servicio Médico Forense de la zona metropolitana hay dos tres planchas de metal. Sobrela que está al final hay una mujer tendida y cubierta con un lienzo de color azul claro. Es de mediana estatura y se encuentra vestida con un pans azul oscuro, tiene el cabello corto, quebrado, teñido de rubio, su piel es blanca.
–Femenina. Accidente de tránsito hace menos de un mes, salió y hace dos días regresó al hospital con molestias y ahí falleció. La trajeron para la necropsia para saber si el deceso es consecuenciadel accidente de tránsito. Al rato vienen sus familiares–me explica Abel Dávila, coordinador regional de la zona metropolitana de los Servicios Periciales de la Fiscalía General del Estado de Morelos.
Servicios periciales OjoCojo
“La planta tratadora de la zona metropolitana atiendeal mes un promedio de doce cadáveres de personas que fallecieron por diversos motivos, sean (por) homicidio o por accidentes de distinta naturaleza. “La planta tiene capacidad para esa cantidad; incluso, se pudo trabajar sin problemas en la época de más violencia en Morelos, en 2010 y 2011, cuando se trabajaba hasta con veinte cadáveres al mes, incluso, un día llegamos a recibir aquí en el anfiteatro hasta doce muertos”, detalla el perito.
De estas mesas donde se hacen las necropsias, los fluidos, principalmente líquido hemático,escurren por un canal protegido por rejillas y de ahí llegan a un filtro debajo del anfiteatro; en ese filtro las bacterias hacen un trabajo de limpieza y se van a tres filtros más, localizado en el estacionamiento de Servicios Periciales.
–Lo que llega a caer al drenaje ya pasó por varios procesos de descontaminación y no es peligroso. Todo esto es supervisado por la empresa ProambientalgmH, que se encarga del manejo integral de residuos peligrosos. Los desechos y el instrumental también son tratados y dispuestos por esa empresa autorizada –explicaelfuncionario, mientras me conduce hacia una de las puertas de salida del Semefo.
La Fiscalía General del Estado tienetres plantas de tratamiento, una en la zona oriente, en Cuautla, otra en la sur en Jojutla y ésta, de la zona metropolitana, en las instalaciones de la Fiscalía localizada en la avenida Emiliano Zapata número 803, de la colonia Buenavista.
–La gente sabe que aquí está el Servicio Médico Forense.Donde hay muertos, donde se preparan o analizan cadáveres como en las funerarias, en las embalsamadoras o en los panteones, siempre hay misterios y las personas inventan. Hace algún tiempo los vecinos estuvieron diciendo que varias personas habían visto a un perro que cargaba en su hocico un cráneo humano, andaban aquí detrás de la barranca de la Fiscalía–detrás de las instalaciones del Semefo hay una barranca con una profundidad de más de cinco metros–. Una vez una mujer me contó que había visto dos ojos humanos tirados en el suelo, ahí en la barranca, detrás del estacionamiento de Servicios Periciales, que es donde se encuentra nuestra planta tratadora de aguas. Pero eso no es cierto, nosotros no desmembramoscadáveres, los entregamos a susfamiliares completos y cuando hay accidentes acomodamos sus miembros. Cuando se realizan las necropsias y se tiene que abrir cavidades torácicas y craneanas, cuando se concluyen se vuelven a dejar en su lugar. El cuento del perro y de los ojos es sólo eso, rumores –expone Dávila Arzate cuando ya estamos en el estacionamiento de los Servicios Periciales.
Constancias Semarnat
En ese lugar, Abel Dávila explica que en las tres plantas tratadoras de agua trabaja la compañía ProambientalgmH; fumiga, desazolva, da mantenimiento, hace la recolección de residuos peligrosos biológico infecciosos y del instrumental que usan los médicos legistas. “Hay otras dos empresas que hacen otras tareas, pero la principal es Proambiental. Cada dos meses se realiza un mantenimiento general de la planta, que incluyen desazolves; y cada semana pasan por los tejidos y residuos peligrosos biológicos infectocontagiosos y, de todos estos procedimientos, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales les extiende varios documentos, uno de ellos es el “manifiesto de entrega, transporte y recepción de Residuos peligrosos”, para cultivos y cepas, instrumental médico quirúrgico, residuos patológicos, residuos no anatómicos y sangre, entre otros.
El coordinador regional de la zona metropolitana de los Servicios Periciales señala que en el anfiteatro hay un documento suscrito por la Coordinación Estatal del Servicio Médico Forense que detalla, en once puntos, cuál es el procedimiento en caso de contingencias. “En este documento se expone, entre otros aspectos, que se debe notificar verbalmente al jefe de servicios generales o al responsable técnico sobre el evento y se debe aislar el área infectada; se debe usar el equipo de protección personal; se debe desinfectar el área con hipoclorito de sodio al 4.7 por ciento y se debe dejar reposar al menos veinte minutos; se debe utilizar escobetillas, recogedor y pinzas para recoger residuos peligrosos biológicos infecciosos derramados, nunca usar las manos sin protección; y depositarlos en bolsas o recipientes rígidos según proceda…”
Desde el martes 20 de mayo al miércoles 25 de junio, en que se realizó esta charla con el niño de 8 años de edad que fue expulsado definitivamente del Colegio Don Bosco por “conductas suicidas”, él no asistió a ninguna institución educativa. De acuerdo con su madre, Carmen Cervantes, el pequeño permaneció en casa, hacía ejercicios escolares y se dedicaba a jugar.
Carmen Cervantes, profesora de educación especial, dijo que su hijo es un niño sano y le cerraron las puertas del colegio el 20 de mayo de este año no porque tuvo conductas suicidas, como afirma el colegio Don Bosco, sino porque aunque es niño se siente niña y se asume como tal, y eso a los maestros o a los directivos les causó conflictos.
Según los testimonios de Carmen Cervantes, que constan en el expediente en poder de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos, su hijo tiene gustos e inclinaciones por los juegos y actividades de las niñas y prefiere juntarse con ellas en vez de reunirse con los niños, y esto le ocasionó problemas a su maestra de tercer año grupo B, Edith “N”, quien al principio del ciclo cuando inscribió a su hijo en esa escuela no tuvo ningún problema en la relación con el menor; pero, conforme fue pasando el tiempo, la profesora Edith “N” comenzó a tratarlo mal, a no escucharlo y a discriminarlo. “No quiero dejar de lado que mi Daniel tiene claro que es una niña y como tal se porta, pienso que eso es lo que no ha sido respetado y aceptado por la maestra Edith…”, precisó la madre del menor.
Carmen mencionó que de inmediato a la expulsión alchico “se le miraba un poco triste”; pero conforme transcurrieron los días, eso se le fue quitando.
La charla que se reproduce a continuación se realizó el miércoles 25 de junio, después de que la madre del menor me entregó unos documentos; la acompañaban el niño y una abogada; los dos primeros dieron su autorización para efectuarla y publicarla; también dieron permiso para publicar la fotografía del menor.
Un niño alegre
El pequeño viste una playera azul, pantalón de mezclilla y zapatos negros. Es delgado, moreno claro, pelo negro y corto. Mira con ojos negros luminosos, sonríe en todo momento y tiene una perfecta dicción. Sus manos son inquietas y muy expresivas.
–¿Cómo te la pasas en tu casa?
–Me aburro y no me gustan las matemáticas. ¡Los maestros deberían quitar las matemáticas!
Extraña a dos amigas
En niño no me mira aún de frente. Está en un sillón, entre una abogada y su mamá. De acuerdo con lo que me han platicado sus tutores y el representante legal, algunas veces reñía con sus compañeros porque él quería realizar actividades para las niñas y lo obligaban a efectuar aquellas de hombres, por ejemplo las niñas dibujaban niñas y los varones, niños; pero él quería dibujar niñas; y por eso lo molestaban y se reían de él.
–¿Extrañas a tus amigos?
–No, no los extraño. Sólo extraño a mis dos amigas Fátima y Valentina. Fátima es como mi prima. Ellas no vivían cerca de mi casa, por eso no las puedo ver ni las he visto, y las extraño porque platicábamos mucho y de muchas cosas.
Jugar a las muñecas
–¿A qué es a lo que más te gusta jugar en tu casa, mientras no estudias?
–Dile tú –ordena el niño a su mamá, y ésta responde a su hijo que me lo diga, que no tenga pena– ¡A las muñecas! Y tengo Barbys, Monsters, Polly Pocket. Tenía yo muchas pero las llevé a la escuela y no me las regresaron –dice el menor.
En la queja interpuesta ante Derechos Humanos, la 393/2014-5, se consigna también que el chico jalaba el cabello a las niñas y tenía pleitos por ello. La madre aclaró que, en efecto, había disputas con las niñas y niños pero no solamente por eso, sino por problemas de niños y mencionó que a su hijo le atraía mucho el cabello de las niñas.
–¿Por qué te gusta tocar el cabello de las niñas?
–Porque me gustaría tener así el pelo como ellas. –Explica mientras se lleva las manos a la cabeza como levantándose una imaginaria cabellera abundante y sedosa–, pero como no tengo pelo, me voy a comprar una peluca.
–¿De qué color?
–¡Rrrrubiaaaa!
Quiero estudiar diseño de moda en París
A estas alturas el pequeño ya conversa conmigo de frente y muy suelto. Su madre observa al niño con una amplia sonrisa y la abogada nos ve, muy seria, a todos.
–¿Qué te gustaría estudiar cuando seas grande?
–Quiero estudiar diseño de moda en París, cuando sea grande.
La estampa de la playera del pequeño es de Spiderman.
–¿Es tu héroe preferido? –Le pregunto
–No, ¡yo prefiero a la Mujer Maravilla! –me contesta enfático.
Casi para terminar la charla y después de despedirse de mí, Carmen Cervantes me comenta:
–Se me olvidaba decirle que mi niño está yendo con una psicóloga para que nos ayude a superar este proceso y al parecer está funcionando porque se caen muy bien…
Y el pequeño hace esta acotación:
–Sí y también voy porque me deja jugar con su casa de muñecas que tiene en el consultorio.
Temixco.- Maritza conducía su automóvil por la calle Río, a un lado del puente, en la colonia Las Ánimas; se dirigía hacia una vialidad principal. Dentro del coche, llevaba ropa y algunos trastos. En el lado del copiloto iban dos niños. Atrás, en otro vehículo, iba su esposo.
–Ya me voy con mi familia. Mi prima me rentó este departamento hace menos de un año y me dijo que en esta zona estaba más fresco que en cualquier parte de Temixco. “Por la tarde y por la noche hay una brisita rica”, me dijo, pero no habíamos pasado nunca por esta situación de lluvia intensa. Por la tarde y noche esto se volvió peor. El agua se comenzó a meter en las habitaciones, unos vecinos nos ayudaron a salir y nos alojaron en su casa. Llovía y llovía y llovía. Hubo un momento en que oí un ruido como nunca lo había yo escuchado en mi vida: era un ruido muy fuerte, cómo de estas enormes piedras redondas rodando, siendo arrastradas por la corriente. A mí me dio mucho miedo. Por eso me voy hacia el otro lado del río, más Lejos.
–El madrazo venía de allá–expliba el esposo de Maritza, mientras señalaba con el índice el inicio del puente–. Yo lo grabé con mi IPhone, pero se me perdió ayer durante el desalojo. Era como un animal enorme, café, que se movía primero muy rápido y después muy lento. Por la tarde, desde la azotea del vecino, alcanzamos a ver un enorme árbol que la corriente iba arrastrando con las raíces hacia arriba.
La familia continuaba su marcha hacia la salida de la calle. Atrás de ellos,quedaban montones de basura y ramas que los vecinos habían recogido horas antes; también, estaba ahí, un trascabo ruidoso que despejaba la tierra dejada por el caudal de la creciente durante la noche anterior.
Ropa en las ramas y río
El volumen e intensidad de la lluvia había rebasado los 8 metros –tres más que lo que la Comisión Nacional del Agua considera como el punto crítico– y había dejado en la calle Río todo tipo de objetos: botellas, trozos de plástico de colores, trastes de cocina, un balón de futbol y muñecos de niños.
De nada sirvió que el año pasado se construyera, en las inmediaciones del Puente Las Ánimas, una barda muy gruesa para proteger de las corrientes a las familias –más de mil 500 en todo el municipio– que viven en las márgenes del Apatlaco y que en 2013 sufrieron pérdidas económicas por varios miles de pesos.
En los patios de algunas viviendas se podía observar todavía arena, de esa fina que deja la corriente y la precipitación pluvial; también había maleza aplanada sobre las paredes.
Dentro del cauce, los gigantescos sabinos aún conservaban trozos de ropa íntima en su tronco y en sus ramas: como si por la noche en ese sitio se hubiera desatado una feroz lucha sexual.
La señora Maritza se habría aterrado si hubiera visto lo que la corriente hizo algunos kilómetros arriba con la barda que se encuentra muy cerca del puente Miguel Hidalgo: el caudal quebró la construcción como si fuera una oblea.
–Hace algunos meses me encontraba en mi casa porque recibía un tratamientocontra el cáncer que me acababan de diagnosticar, y de pronto comencé a asfixiarme. No tenía fuerzas para pedir ayuda, ni para salir a la calle. Manchas y los demás empujaron la puerta y salieron a pedir auxilio a la calle y unos vecinos me atendieron. De no ser por África, Canela, Estrella. Nicolás y el Manchas yo me hubiera muerto. Lo extraño es que nunca los enseñé a abrir las puertas –relata Beatriz Ortíz Aguirre.
De entre los canes destaca uno: el Manchas, a quien Beatriz atribuye un don especial:
–Todos los días, por la mañana, salgo a pasear con mis perros: África, Canela, Estrella y Nicolás, todos adoptados de la calle. Siempre veíamos al Manchas en el centro, en la Carolina, en El Vergel, y él, desde donde nos viera, nos acompañaba hasta la casa y de ahí se regresaba, nunca se quedaba en casa. Pero después comenzó a llegar de madrugada y tocaba la puerta y yo le abría; y así, hasta que se quedó en la casa: ahora duerme en mi cama. El Manchas es superinteligente, tiene un don especial, todo el mundo lo conoce y lo quiere, incluso le llaman con diferentes nombres como Gordo, Spaghettio el Ingeniero; no es peleonero ni con mis demás perros, todos adoptados de la calle, ni con las personas. A veces, cuando venimos caminando, ladra a los coches, nos cuida, pero nada más eso. Hay ocasiones en las que el Manchas se queda en otra casa, la de una chica, con la cual tengo contacto, pero sabemos dónde anda.
Beatriz dice que tener a estos individuos en su casa es una bendición y no se explica porque algunas gentes son tan crueles con los perros.
–Son cariñosos, te entregan su amor, su cuidado y tú lo que debes hacer es atenderlos, darles de comer, asearlos, ponerles su vacunas, sacarlos a pasear, pero sobre todo quererlos; son seres llenos de amor y de cariño, no entiendo cómo hay personas que odian a los animales.
Beatriz Ortízsupone que el can tuvo alguna vez un hogar donde fue muy querido, porque no es desconfiado ni bravo como los demás perros callejeros, él es amistoso y muy tranquilo.
–Él me eligió a mí, escogió mi casa para vivir y yo estoy agradecida con él y con los demás perros porque me salvaron de una muerte segura –concluyó.
Manchas en marcha
La increíble y a veces difícil vida del Manchas
Aunque mi primer registro fotográfico del Manchases del 12 de octubre de 2011, lo conocí en verdadera acción el 31 de enero de 2013, durante una marcha en contra de la firma del Pacto por México: iba pegado a la pared de Banamex, en la cruz que forman las calles de Dwight W. Morrow y Mariano Matamoros, en el centro de la ciudad. Al principio supuse que lo había arrastrado la ola de más de 500 manifestantes, como a muchos otros individuos de a pie o en auto que transitan a las 11 de la mañana por la capital de Morelos; pero conforme la masa avanzaba su actitud me llevó a pensar que era parte del grupo.
Corrí dos cuadras y me situé casi en la esquina de Galeana y Miguel Hidalgo. Cuando se acercó lo suficiente, disparé: el Manchas está en primer plano y en segundo sus compañeros de protesta.
El contingente subió por Hidalgo y después por las escaleras donde se sitúa la estatua de Emiliano Zapata –montado en lo que parece un pony– y avanzó por la plaza de armas hasta llegar a las puertas principales del Palacio de Gobierno: ahí gritaron las mismas consignas de siempre. El Manchas los acompañó hasta la plancha de cemento y desapareció.
Patrimonio viviente
Junto con cinco individuos de su especie, el Manchas forma parte del inventario de esta zona de Cuernavaca donde suceden hechos de suma importancia y al que algún poeta le llamó “el corazón de la ciudad”. Está incluido con el señor retratista y sus caballitos de fibra de vidrio, con los vendedores de frituras y raspados, con el tamalero, con el vendedor de perros calientes, con los payasos albureros de los sábados y con Pactú: el mimo que arrastra su soledad y su silencio sin hacer el menor ruido.
El Manchas seguramente recuerda a la Muñeca: un hombre delgado de la tercera edad, moreno, pelo negro sin una sola cana,vestido con pantalones y zapatos blancos, depilado y con las pestañas levantadas por el rímel, que se sentaba en una de esas bancas de hierro a ver jovencitos y que una vez ya no volvió. Y es muy seguro que también haya observado, como los borrachos y locos que también viven en la periferia del zócalo, a la mujer drogadicta que se baña desnuda en la fuente pública, cuando el sol comienza a arrojar sus espadas sobre el cemento.
¿Se acordará de Carlitos Avendaño, el jorobadito esquizofrénico que tenía una casa en la colonia Alta Vista y fue asesinado a pedradas el año pasado?
Igual pero no lo mismo
La mayoría de los ladrantes callejeros de la ciudad, que de acuerdo con la Dirección de Control de Fauna del Ayuntamiento de Cuernavaca (DCFAC) suman más de 18 mil 600, es huraña porque casi todos fueron maltratados y abandonados –no hay perros sin dueño sino abandonados, diría el titular de laDCFAC, Delfino Toledano Alfaro-, no están esterilizados, las pulgas, garrapatas y bichos intestinales les chupan la sangre, por eso y porque la alimentación en la calle no es la más sana, andan flacos y con una pinta de enfermos: según los veterinarios, estos individuos viven mucho menos que los domésticos.
El Manchas escapa casi en su totalidad a esta descripción: con todo y sus bichos, tiene un nombre –o varios: Spaguetti, Gordo, Ingeniero, Manchas–, su edad humana aproximada es de 40 años–es decir tiene seis años perrunos–,está esterilizado, es pachón; cuando las personas se le acercan para hacerle un cariño él responde bajando la cabeza y moviendo la cola. Excepcionalmente, se tira al piso y muestra su amplia y blanca panza y el lugar donde estuvieron sus genitales, como señal de sumisión absoluta.
Es muy frecuente verlo acompañando a las personas que atraviesan con prisa la gigantesca plancha del zócalo. No desmentiría a quien asegurara que más que buscar compañía lo que el Manchas demuestra al transeúnte es la importancia de tener compañía no humana.
Manchas y su familia
Héroe de mil y una batallas
A principio de abril de 2012 al Manchas no se le vio por el zócalo. Como sucede con la fauna urbana, no era de extrañarse, considerando que a veces estos individuos se instalan en colonias donde la vida los trata mejor o, en el peor de los casos, los carros los atropellan o son llevados a la perrera y se suman a la lista de los más de 500 sacrificados por Acopio animal cada año en Cuernavaca.
Según información que circula en Facbook, una mujer de nombre Laura Vargas lo encontró algo lastimado y para evitar que los de la perrera se lo llevaran, lo rescató y lo entregó a un grupo de chavos encabezados por Amatista Lía que, de manera independiente, rescatan animales.
Los muchachos lo chainearon, lo desparasitaron y lo esterilizaron: esta última acción rompería con su esbeltez, resultado del hambre y de andar persiguiendo casi todo el día a las hembras, pero daría al Manchas un estilo único: en adelante sería pachón.
Amatista Lía cuenta cómo conoció al Manchas:
–Lo conocimos hace casi cuatro años. Siempre fue un perro cariñoso pero, sobre todo, extremadamente flojo. Una noche, después de un concierto que dimos en el zócalo, decidimos invitarle algo de pasta. Él se tumbó con la patas hacia arriba y teníamos que darle un espagueti a la vez para que pudiera comerlo acostado; jamás se levantó, daba tanta risa verlo succionar la pasta de lado y acostado que empezamos a llamarle por ese nombre Spaguetti. Con el tiempo hizo amistad con más personas del Centro: el dueño de los hot dogs del zócalo le daba salchichas, el Prana le servía platos completos de pollo con pasta, el dueño del Rino’s le tenía también estima. Hace tres años, cuando ya teníamos un tiempo conviviendo con él, llegamos a quererlo tanto –y por las constantes amenazas de acopio– que decidimos cambiarnos de casa y adoptarlo. Antes de eso yo ya le venía poniendo sus vacunas y, finalmente, lo llevé literalmente arrastrando a esterilizar. Como es muy flojo, tuve que buscarlo en los negocios con aire acondicionado, pues era temporada de calor y tanto en las zapaterías como en la escuela de computación CETEC de la calle Francisco Leyva, lo dejaban entrar cuando se cansaba de la calle; así que lo encontré en la zapatería y lo lleve casi a rastras a operar; después lo llevamos a casa por primera vez. Pasó bien la operación los primeros tres días, sin embargo, al cuarto día era tal su desesperación por salir a la calle que aullaba y se golpeaba la cabeza contra puerta, así que después de una gran lucha interna, lo dejé ir. Ahí entendí que es más fácil sacar a un perro de la calle que a la calle de un perro. Tratamos de adoptarlo permanentemente durante algún tiempo pero siempre era lo mismo: llegaba herido o muy cansado, le curábamos las heridas, lo alimentábamos, se recuperaba y se iba. Entonces tratamos de acostumbrarlo a llegar a dormir, durante algún tiempo llegaba diario, cuando tardaba nos preocupábamos y salíamos a buscarlo, llamábamos a acopio y al asilo. Algunas veces llegó con heridas graves, por lo que en contra de su voluntad lo reteníamos varios días hasta que sanaba o terminaba el tratamiento. Otras ocasiones no era tan sencillo y continuábamos el tratamiento en la calle: algunas veces lo obligábamos a tomar la pastilla a medio zócalo o lo sometíamos entre dos para lavarle alguna herida.El Manchas casi nunca pasa la noche en la calle: o duerme en mi casa o en la de Beatriz, a quien conoció hace como dos años; ella y yo mantenemos comunicación constante. Durante mucho tiempo le puse collares con placa para que la gente y los de acopio animal supieran que tenía familia, pero los perdía. Ahora Beatriz y yo estamos buscando la manera de hacerle uno que no le puedan robar o que él mismo no pueda quitarse.
La nómada perrez
En la calle, el Manchas también tiene una familia perruna, está formada por cinco miembros: uno negro, que al parecer es el macho alfa, dos rojizos, una perra blanca y el Manchas. A casi todos se les ve juntos, excepto a él: seguramente sabe que los de la perrera buscan e identifican más rápidamente a las manadas; por tal motivo él anda la mayoría del tiempo solo, además, tiene un camuflaje natural: es medio blanco tirándole gris, con manchas amarillas y café para confundirse con el cemento y el pasto.
El quinteto dormía en las jardineras del Callejón del Cubo, localizadas a un costado del Palacio de Cortés, entre las calles de Clavijero e Hidalgo, pero con la remodelación de esa área que comenzó a principio del mes de febrero y terminó en abril de este año, el lugar donde el grupo pernocta es un misterio porque las jardineras fueron destruidas.
Del único que sí se sabe es del Manchas: pasa las noches en casa de Beatriz Ortiz y junto con cuatro perros pequeños sale todos los días, religiosamente, a dar un paseo por el centro de la ciudad.
Quien observe con cuidado, se podrá dar cuenta que la mujer lleva con collar y correas a los tres cánidos. El Manchas va suelto, ladrando a los coches, se adelanta o se retrasa según se necesite: parecería que él es quien saca a pasear y cuida a Beatriz y a sus cuatro hermanos.
Epílogo
–Mmmm. No creo que se quede mucho tiempo ahí, en esa casa. Ha estado en varios hogares, pero luego se escapa y regresa a la calle –me dijo Areli, una reportera que forma parte de una asociación rescatadora de animales.
Otros testimonios de personas que conocen al Manchas refuerzan la aseveración de que volverá, de nuevo, a las calles y se le podrá ver como siempre: tirado bajo el sol, meneando amistosamente la cola cuando alguien lo saluda o caminando en las marchas, solidario con las exigencias sociales.
Desde que era un niño la escuchaba, pero no había sentido la necesidad de hablar con ella hasta que ocurrió lo de su esposa.
En el mes de agosto del año pasado se puso muy enferma. Había estado internada por más de tres meses en el Seguro Social y los doctores no le dieron las noticias que él esperaba: no sabían qué estaba causando la enfermedad y la paciente se ponía más grave cada día.
–Entonces, llegué ami casa, donde tengo un altar a la Santa Muerte, y le dije: “Flaca, aguanta. Es mi esposa y es la madre de mis hijos. Sálvamela, que se ponga bien. Tú sabes que yo te he tenido fe; siempre tienes prendidas tus veladoras, tus flores no faltan y tu altar está siempre limpio”, ese fue mi favor para ella. Al día siguiente comenzó la mejoría, y poco a poco mi mujer se fue recuperando ante la sorpresa de los médicos que la atendían. Ellos no sabían la razón, pero yo sí: la Muerte me había dicho, en mi sueño, que no era ni la hora ni el día de llevarse a mi esposa. La Muerte también me dijo que quería que yo le diera vida a los sellos sagrados y que me tatuara el cuerpo; ya tengo siete y mi esposa está bien de salud.
A los 13, su primer muerto
Francisco Javier Velázquez Domínguez nació hace 33 años, entre los muertos. Pertenece a la cuarta generación de una familia que se dedica al negocio de los funerales y desde que tenía 7 u 8 ayudaba a sus padres en Funerarias La Paz:
–Veía cómo mi papá sacaba y metía a los muertos y yo cargaba y acomodaba los candelabros para velar a los difuntos y, en general, ayudaba en el local después de que llegaba de la escuela.
A los 13 años, Francisco se encargó, él sólo, de un cadáver. Le lavó las entrañas, cerró perfectamente las arterias para evitar escurrimientos, introdujo las vísceras y costuró el cuerpo. Lo dejó listo, presentable, en poco más de una hora, para que los familiares lo pudieran velar.
–Fue fácil porque a mí desde chiquito siempre me ha gustado esto, echándole la mano en todo a mis padres; así que ya más o menos sabía de qué se trataba y cuando me tocó a mí, pues lo hice bien.
Vivir entre los muertos
Desde hace tres años, Francisco, su esposa y sus cuatro hijos, se independizaron y pusieron su propio negocio: Funeraria La Paz, localizada en la esquina que forman Bulevar Cuauhnáhuac y 2a Prolongación 5 de Mayo, conocido como el crucero de Tlahuapan, en Jiutepec. Allí, ofrecen paquetes que van desde 2 mil 600 pesos, y que incluye un ataúd sencillo de madera, tramitar los permisos para el traslado del cadáver, prepararlo para una velación de 24 horas, transportar el cuerpo al domicilio, y los servicios de velación, hacer los trámites ante el Registro Civil para enterrarlo y al día siguiente llevarlo al panteón. También tienen paquetes en el que se incluye un ataúd de cedro con herrajes de metal, por 9 mil 500 pesos.
–La gente me ha dicho que si no me importa que mis hijos –de cuatro años el más pequeño y de 14 el más grande– anden ahí, entre los muertos, y yo contesto que no, que yo también cuando era chico así andaba; todo es cuestión de acostumbrarse. Eso sí, los muertos que yo veía cuando era chico, y hasta de joven, eran distintos porque se trataba de atropellados, caídos, infartados o muertos ya de viejos; pero ahora, hay mucho muerto por balazos o descuartizados…
En esa zona de Jiutepec, Francisco Javier y su familia proporcionan, cuando hay pocas ventas, de cuatro a cinco servicios al mes; cuando hay buenas ventas los trabajos suben al doble.
–Desde diciembre de 2009, en que la Marina cazó a Arturo Beltrán Leyva, las muertes violentas y los entierros han aumentado bastante en Jiutepec. Por esas fechas me tocó llevar el cuerpo de un muchacho, a Sinaloa. Durante el viaje, la familia me contó que ellos no sabían que el chavo andaba en el desmadre, en malos pasos. “Nos decía que andaba en Acapulco, de cocinero; pero no era verdad”, me contaron sus parientes. ¿Sabes cuánto cobraron por llevar el cuerpo de Beltrán al aeropuerto? ¡ciento veinte mil pesos! Yo le cobré a la familia del muchacho por llevarlo hasta Sinaloa, dieciocho mil seiscientos pesos.Una ocasión, también, un carro del año se paró enfrente del negocio, traía vidrios polarizados. “Oye, haces un servicio para Puebla”, me gritó desde el coche. Yo salí del negocio hacia la calle y dije sí. Entonces, detrás del coche se paró una Hummer y de ahí se bajó un fulano con un arma larga, yo pensé que me iban a levantar. Y me dijo sígueme, vamos a recoger el cuerpo al Hospital. Yo le dije que necesitábamos hacer un papeleo para poder sacar el cuerpo y él me contestó, algo enojado: “No, no, tú nomás vas a sacar el cuerpo, no hay nada de papeleo ni nada. ¿Puedes o no puedes?” Sí puedo, le dije. Me fui con la carroza al Seguro Social y ahí me entregaron a un señor de rostro fino, elegante, y ahí también se paró un coche nuevo, del año. El hombre armado me dijo: “Lo que sí te voy a pedir es que lo embalsames y lo pongas en la mejor caja que tengas” y me dio un número de teléfono. Lo llevamos a embalsamar por Domingo Díez y después venimos por la caja y nos fuimos a Puebla. Yo venía viendo por el espejo cuatro o cinco carros del año con gente armada, entonces le marqué a la persona que me había dado el número reportándole que me venía siguiendo gente armada y él me dijo: “No te preocupes, son mis sobrinos, te van cuidando”. Antes de llegar a la primera caseta de la entrada a Puebla, había una camioneta Mercedes estacionada, de una funeraria, y me pidieron por teléfono que me orillara. Me orillé y me dijeron que entregara el ataúd, yo les dije que era en Puebla y ellos me dijeron: “Hasta aquí llegó tu viaje”. Bajaron el féretro y se fueron. Yo me regresé. Yo no supe quiénes eran ni les pregunté ni nada.
Funeraria
Yo no le temo a la muerte, pero me dan miedo los muertos
–Muchos le tienen miedo a la muerte, pero ella sólo cumple instrucciones de Dios. Yo no le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo a los muertos. Una vez estaba drenando a una persona en la plancha y de repente abrió los ojos frente a mí. Me impresioné. Anduve mucho tiempo viendo los ojos abiertos de aquel muerto, hasta que le pedí a la Santísima Muerte que me quitará esa mirada y me la quitó. En una ocasión fui a hacer un servicio a un señor que había yo conocido con vida pero lo atropellaron y murió. Lo preparamos y todo, pero cuando yo iba manejando y veía por el retrovisor que el señor aparecía sentado. Yo me orillaba y revisaba y ya no había nada. Mi abuelita me dijo que yo hablara con él y hablé. Cuando se me apareció de nuevo le dije: “Bueno, qué quieres, cabrón; cuál es tu bronca”. Entonces el muerto me respondió: “Es que yo no me quiero morir”. “Pero ya estás muerto, cabrón; yo te preparé; ya estás muerto, hasta ya te enterraron”, le dije. “Pero mis hijos…”. “Tus hijos están con tu esposa ya están bien, cabrón”. “Pero diles que lo quiero mucho. Diles que tengo un guardadito, un cofre enterrado en el jardín de mi casa; diles a ellos, no a mi esposa, sólo a mis hijos”. Entonces me puse en contacto con sus hijos y les comenté eso. Los chavos encontraron el cofre con dinero y el señor dejó de aparecerse.
La muerte en el centro del ojo
Francisco Javier asegura tener un don que a nadie le gustaría poseer: adivina qué persona va a morir. Eso lo confirma su esposa, quien durante la entrevista ha intervenido con la precisión de algunos detalles que se le escapan a su marido.
–Sé quién va a morir en las próximas horas o días. En la mirada traen la muerte. Cuando los veo a los ojos, hay algo blanco en medio, un brillo raro, una luz, una chispa en el centro del ojo y cuando los toco o les doy la mano siento algo raro, algo muy pesado. A mi esposa le he dicho: mira, ese señor que está ahí, se va a morir y se muere. Una vez fui a comprar tortillas y cuando la muchacha me dio el cambio vi esa luz extraña en sus ojos y sentí pesada su mano. Como a los ocho días volví a ir a la tortillería y pregunté por la muchacha: “la muchacha murió, la atropellaron”, me dijeron. Otra vez en la funeraria de mi papá. Llegaron unas muchachas que trabajan en las aseguradoras y había una muy bonita. Entonces le dije a mi esposa: mira vi la lucecita en los ojos de esa chavita. Quince días después me enteré de que su pareja la había matado con una piedra; eso pasó hace muy poco, en el municipio de Emiliano Zapata, en la colonia Prohogar, en un módulo, por un kínder. Es triste y no me gusta ni decirlo ni sentirlo, pero nunca me ha fallado.
Los muertos niños
Durante muchos años, Francisco Javier ha trabajado con muchos muertos y reconoce que es un experto preparándolos: lo ha hecho en 20 minutos o media hora. Pero no puede trabajar con niños muertos.
–Hace varios años me llamaron para un servicio. Era época de lluvia y ahí por el hospital Parres una barda se había reblandecido y le cayó encima a una familia y dos niños murieron aplastados. Fui pero no pude, se me figuraron a mis hijos. Mejor pagué para que otros prepararan los cadáveres. Eso mismo me pasó hace poco, aquí cerca, en Tlahuapan. Otro niño, murió aplastado por una barda y no pude.
Funeraria
Pagan por adelantado su caja
A Funerales La Paz llegan clientes raros.Ha habido gente que compra los servicios funerarios para su familiar que está agonizando, pero la muerte no ocurre.
–“Es cuestión de horas”, me han dicho. Pero no se mueren y ahí siguen. Obviamente los servicios ya están pagados. O como aquel viejito al que su familia le compró, hace diez años, su caja y su cremación; estaba a punto de morir. El señor tiene ciento diez años y sigue vivo, pero hace diez años la familia pensó que ya se iba a morir.Una vez, como a las dos de la tarde también vino un hombre como de cincuenta años, a comprar un ataúd para su papá, que estaba muy enfermo. Vivían en la Josefa Ortiz de Domínguez y trabajaban poniendo letreros en las carreteras, en los postes. Vino con sus hijos. Y él insistió mucho en una caja para su papá. Sus hijos decían esta, esta, pero él decía no, yo quiero esa y la pagó por adelantado. Cinco horas después el cajón fue estrenado, pero no por el papá del cliente, sino por el cliente que había escogido la caja: se accidentó.
Ayudar a soportar una pena
Francisco Javier Velázquez Domínguez afirma que el negocio de las funerarias se presta a robos, porque los familiares, en medio de la pena que significa perder a un ser querido, tienen que resolver muchos problemas y pueden abusar de ellos, ya que hasta el día de hoy no hay un control de precios y un servicio de embalsamamiento por el cual él cobra 1,500 pesos, otros pueden cobrar 3 mil o cuatro mil 500 pesos.
–Somos la funeraria más económica de la zona, pero nosotros no vendemos cajas de muerto, proporcionamos un servicio, ayudamos a las personas a que la pérdida de un ser querido sea menos dolorosa–concluye Francisco, el hombre que habla con la Muerte.
Ellos promueven entre los jóvenes morelenses el amor a la patria y el nacionalismo, así como humanismo y altruismo, además de impulsarlos a crecer corporal, intelectual y espiritualmente con base en una disciplina militar. Niños, adolescentes y adultos se han adherido a sus filas desde hace tres cuartos de siglo.
Con una formación de carácter nacionalista y militar, en extremo riguroso y estricto con sus reclutas y cadetes, la XVII Zona Morelos del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario (PDMU), se encarga de evitar que la juventud sea envuelta por la apatía social o caiga en las redes de los vicios y la delincuencia.
Todos los domingos, a partir de las 7 de la mañana, es usual ver ingresar a decenas de niños, muchachos y adultos a la Secundaria Número 1 “Profesor FroylánParroquín García”, en la colonia Miraval de Cuernavaca. No, no van a clases dominicales; van a un adiestramiento militar, a forjarse como “futuros ciudadanos responsables con la sociedad y respetuosos con su patria”: ese es el objetivo del PDMU.
Desde esa hora, todos comienzan a realizar sus ejercicios de calentamiento físico bajo los rayos del sol, para después comenzar con su ritual de preparación física, intelectual, espiritual y material.
Los cadetes –miembros activos del Pentathlón, con disciplina de más de un año– son los que reciben los entrenamientos más rigurosos. El objetivo es que todos los elementos fortalezcan su salud, resistencia, fuerza, agilidad y con ello se alejen de cualquier tipo de vicio.
En sus horas de entrenamiento físico, se observa cómo intentan elevarse por los aires cual ave en completa libertad cuando comienza a aprender a usar sus alas. Es para realizar sus prácticas de tombling -acrobacias, piruetas y saltos-. Las torceduras, raspones y moretones son inevitables; pero a ellos no les importa cuando por fin logran ejecutar un giro “mortal”.
También son instruidos en diversas artes marciales y deportes de combate, como Krav Maga –principalmente–; pero no para convertirse en máquinas de guerra hechas para matar, sino para defender a la sociedad y a sí mismos de posibles situaciones hostiles que, actualmente, son cotidianas en varias partes del país.
Pero no son metodologías con las que aleccionan a cualquiera, ya que se intenta a toda costa evitar que éstas sean utilizadas de manera negativa o para hacer daño a terceros. Por ejemplo, los reclutas–niños y jóvenes que están a prueba y en observación durante un periodo aproximado de un año antes de ser nombrados cadetes– sólo toman tácticas básicas.
Los más perfeccionados en estas técnicas, son la Policía Militar (PM) y el Cuerpo Especial de Seguridad (CES), su función es la protección y seguridad de los miembros del Pentathlón, sobre todo cuando éstos salen a alguna actividad en las calles.
Saben cómo reaccionar ante cualquier tipo de agresiones, están formados sólo para defenderse, someter a los delincuentes y ponerlos a disposición de las autoridades; pero tienen prohibido comenzar cualquier tipo de agresión, ser parte de riñas o de actos en detrimento de la sociedad.
Para eso cuentan con una preparación que ellos definen como espiritual, con la que inculcan integridad moral, lealtad, amor a la patria, fraternidad con la sociedad y autodisciplina.
“Predicamos con el ejemplo, para que los muchachos sepan que es posible realizar todo esto sin esfuerzos, sino por la mera satisfacción del deber cumplido”, señala Juan Ignacio Villegas Cardona, Tercer Comandante de Infantería, quien actualmente está al mando de dicha unidad.
Prácticas de tombling
El cambio radical de Carlos
En cuanto a la formación intelectual, se busca que todos los pentathletas mejoren progresivamente sus conocimientos; de esta manera es requisito que los muchachos –la mayoría estudiantes y profesionistas– reporten buenas calificaciones en sus instituciones educativas, sin presentar materias reprobadas; de lo contrario, son sometidos a severos castigos del tipo militar, como lo son detenciones, labores sociales o sesiones más intensas de ejercicio físico.
Tal es el caso de Carlos, un adolescente de 14 años, recién nombrado oficialmente como cadete del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario.
En palabras de su madre, él tenía problemas de conducta y de bajas calificaciones. En sus primeros bimestres escolares, reprobó varias materias; la orientadora escolar recomendó a sus padres –y a los de una decena más de niños con los mismos problemas– llevarlos al Pentathlón y con la disciplina militar, tal vez podrían “sentar cabeza”.
“Al principio, prácticamente lo obligamos a ir, pero poco a poco comenzó a tomarle gusto al Penta (como usualmente ellos lo llaman); llegaba a la casa a contarnos las acrobacias que hacían sus compañeros, las técnicas de defensa personal y un sinfín de ejercicios que a él le impresionaban.
“Pero lo más importante es que poco a poco comenzó a mejorar su conducta e impresionantemente subió de calificaciones. Tal vez era por el apoyo de sus instructores en las materias que iba mal, o por la misma ideología pentathlónica; lo cierto es que cambió para bien.
“Ahora, solito lava y prepara su uniforme un día antes, lustra sus botas y se levanta todos los domingos sin problemas a las seis de la mañana para llegar a tiempo al Penta”, narra la señora Isabel, quien se dice agradecida con la institución.
Aunque Carlos no es el único caso.Según testimonio del Comandante Villegas, se les han presentado casos en que los muchachos, influenciados por sus “malas amistades”, estuvieron a punto de caer en las redes de la delincuencia, de los vicios y de abandonar los estudios.
Con la disciplina militar del PDMU, así como con la solidaridad y fraternidad de los cadetes e instructores, se logró hacerlos recapacitar y con ello, reincorporarlos sanamente a la sociedad.
Es aquí en donde nace la formación que ellos nombran “material”, que consiste en la cooperación y solidaridad con la sociedad.
Pueden realizar misiones sociales como apoyar a las autoridades en las labores altruistas en caso de cualquier contingencia, asistir a los ciudadanos para realizar primeros auxilios e, incluso, tienen la convicción de actuar en contra de las injusticias.
“Nosotros nos sólo somos pentathletas los domingos de siente de la mañana a tres de la tarde, somos Penta dentro y fuera de la escuela. Nuestro comportamiento, disciplina e ideales deben aplicarse en nuestra vida diaria”, puntualiza el sargento de la zona, el licenciado Ernesto Villegas.
Pentatlón menor
La falta de financiamiento
Pertenecer al Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario no tiene costo alguno, pero cada cadete debe adquirir su uniforme oficial. La mayoría lo ha adquirido; no obstante, existen cadetes a quienes se les ha dificultado obtenerlo por cuestiones económicas.
En estos casos, los compañeros realizan colectas en solidaridad con sus colegas. En otras situaciones, por ejemplo, cuando realizan convenciones y campamentos –en los cuales necesariamente se tiene que pagar un costo por traslado u hospedaje–, la fraternidad y empatía es tal, que los muchachos han acudido a los semáforos vehiculares para realizar sus exhibiciones de acrobacias y con ello obtener financiamiento para que nadie se quede sin asistir a los eventos oficiales.
El Pentathlón no recibe financiamiento de ninguna organización, partido político o asociación, ya que es una institución independiente y sin fines de lucro.
La falta de financiamiento se ve reflejada en los materiales deportivos que utilizan para su formación: colchonetas en mal estado por el largo uso que se les dio, material escaso para practicar sus exhibiciones de artes marciales y de defensa personal. En otros casos, falta de unidades para el traslado de los cadetes a las convenciones nacionales, situación que acrecienta los gastos de los pentathletas.
El Comandante Villegas exhorta a los jóvenes a adherirse a las filas pentathlónicas para convertirse en futuros ciudadanos responsables con la sociedad y respetuosos con su patria.
“No es nada fácil, todo tiene un precio, pero la recompensa es maravillosa. Recuerden que ‘el oro se funde en el crisol, y el crisol no es más que cerámica que aguanta altas temperaturas’. Eso es lo que queremos que hagan nuestros jóvenes; que aguanten los problemas grandes, difíciles y reales que resiente hoy nuestra sociedad para que sean hombres y mujeres de bien, orgullosos de ser mexicanos: que se forjen en ese crisol como el oro para que brillen eternamente”.
Datos históricos
Desde hace 75 años, a nivel nacional, el Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario (PDMU) se convirtió en una escuela de adiestramiento militar, pero de carácter social y de formación ciudadana que surgió en 1938 por iniciativa del doctor Gustavo Baz Prada y otros jóvenes estudiantes de medicina de la Universidad Autónoma de México.
Se dedicaban a realizar ejercicio por las mañanas para estar activos durante las clases y con ello evitar caer en la desmoralización de la sociedad.
Pronto, algunos muchachos comenzaron a unirse a las filas de los estudiantes de medicina, haciendo más grande el grupo y fue en 1939 que conformaron oficialmente la institución.
La XVII Zona Morelos surgió en 1966 en la Heroica Cuautla, pero fue hasta 1993 que se consolidó la principal unidad, denominada «Secundaria 1» Jorge Jiménez Cantú y actualmente adiestra a alrededor de 50 jóvenes, entre los que se encuentran reclutas desde 3 hasta 14 años de edad y cadetes, todos mayores de 14 años.
¿Cuánto tiempo tarda la oficina de Licencias de Funcionamiento del Ayuntamiento de Cuernavaca en realizar un trámite de refrendo de una licencia de funcionamiento para restaurante bar?… ¿Un par de horas?¿De un día para otro? Quizá esa sea la lógica; pero no corresponde a la realidad. El lapso para esa gestión puede durar semanas, incluso, es impredecible.
Después de tantas vueltas, de tanta burocracia e ineptitud, espero no volver a pisar el ayuntamiento de Cuernavaca en mucho tiempo. Claro, después de que algún día de estos, me entreguen mi licencia refrendada.
Día 1. 10:00 am
Son las 10 en punto y llego al mostrador de informes de ayuntamiento. A un costado se encuentran dos cubículos con un letrero que dice: “Licencias de Funcionamiento”.
Pregunto a la policía que está en el mostrador si están dando fichas para refrendar la licencia, me sonríe y dice que sí; enseguida me extiende una ficha de papel con el número 95.
Frente a los cubículos hay hileras de sillas de plástico ocupadas, cuento rápidamente con la mirada 20, pero hay personas paradas alrededor de éstas.Una mujer visiblemente desesperada, se abanica la cara con su folder beige, como si con ello pudiera disminuir el intenso calor.
Volteo a los cubículos y trato de escuchar qué número sigue. Pasan 5 minutos y nada, nadie se mueve. En el primer departamento se encuentran atendiendo dos mujeres: una cuarentona -calculo yo- y la otra…quizá de 55. La primera le da indicaciones a un joven, la otra parece estar sumergida en la computadora. En el cubículo dos, atienden dos hombres; me pregunto si será por equidad de género…no lo sé ni me importa, sólo quiero saber qué numero sigue.
Por fin la señora mayor grita en voz fuerte.
–¡Número 46!
Se para una mujer de la silla de enfrente y se dirige al cubículo. Calculo que fueron 10 minutos los que se tarda con cada persona. Me toca el 95 y pienso:¡Por Dios a qué hora voy a salir de aquí!
Un letrero en la pared anuncia: “Último día de refrendo, lunes 31 de abril”
Me quedan cuatro días hábiles, pero saldré de viaje y regresaré despuésdel día señalado.
–¿Qué hago? ¿Me voy y regreso mañana a primera hora?
Me salgo resignado, tengo que llegar al trabajo.
Oficina de trámites
Día 2. 7:55 am.
Regreso a la mañana siguiente, no quiero ser nuevamente de los últimos en pasar, así que llego cinco minutos antes de las ocho. El ayuntamiento aún está cerrado pero ya hay gente afuera esperando. Parece banco.
Recordé que pedían una copia del permiso y no la tengo. Voy apresurado hacia la esquina donde sé que sacan copias. Está cerrado; espero cinco minutos y llega el que parece el encargado, le pregunto si ya van a abrir, me responde que en 10 minutos. Para mí es mucho y camino hacia el sur donde hay otra copiadora, pido dos copias, las pago y me regreso corriendo.
Llego sudando y me encuentro con las sillas llenas.
–¡Putamadre! ¡Pero si sólo me tardé 15 minutos!
Pido ficha a la oficial de informes y me da el número 24.
–Bueno, al menos no son más de 90 como ayer.
Me acomodo en una esquinita de la jardinera en la parte de atrás. Para matar el tiempo, reviso el Wi-Fi de mi celular y descubro que el ayuntamiento tiene una red abierta;¡vaya, me salvo dela aburrición!
–¡Ficha 2!
Escucho y alzo la mirada, pasa una mujer de edad madura. Sigo en lo mío. No me apura nada, no hay problema porque llegue temprano, pedí permiso en el trabajo y no tengo prisa.
Media hora después, mis tripas gruñen. Considero ir a desayunar a los tacos de canasta que están a la vuelta. Mi hambre dice que sí, mi razón que no; qué tal y se apuran y cuando regrese ya pasó mi número… Mejor me aguanto.
Dos horas después, escucho pronunciar las palabras que en ese momento fueron música para mis oídos.
–¡Ficha 24!
Por fin me reciben; me toca con la señora mayor.
–¿Viene a refrendar?–pregunta la mujer con un tono “automatizado”. Supongo que después de atender a cientos de personas, su amabilidad ya no es la misma.
–Así es…–Respondo amablemente. Pero ella interrumpe de manera automática:
–Su licencia original por favor.
Entonces, me pregunto ¿para qué chingados fui a sacar copia si no la piden?… ¡Ta’ madre!
–Aquí tiene –Le muestro el documento original.
–Permítame… Mmm… es de restaurante bar… –La revisa y teclea algo en la computadora– Va a tener multas y recargos porque no pagó el año pasado.
–Sí, está bien ¿cuánto va a ser?
–Ahorita le digo.
Revisa un tabulador que tiene a su lado, encima de un montón de hojas color rosa. Toma un cuadro de papel reciclado y garabatea unos números. Mira el monitor de la computadora y garabatea otros más.
–Por multas y recargos va a pagar dos mil 746 pesos con 51 centavos; de este año son tres mil 985 pesos con 63 centavos. En total son seis mil 732 pesos con 14 centavos ¿va a pagar ahorita?
–Sí, de una vez –no me queda de otra.
Se levanta de su asiento y entra a un cuarto, a lo lejos se aprecian cientos de folders beige archivados y desordenados; supongo que son los expedientes. Tarda. La veo cruzar de un lado a otro. Cinco minutos después, por fin sale.
Su expediente está extraviado
–Su expediente está extraviado, por favor venga mañana –me dice con indiferencia.
–¿Cómo que está extraviado?
–Sí; no lo encontramos. Con tanto trámite se pudo haber traspapelado.
–Oiga, pero llevo dos horas aquí ¿por qué juegan con el tiempo de uno?Tengo cosas que hacer –reclamo molesto.
–Pues sí, pero no podemos hacer nada; ya le hice una anotación para que lo busquen después.
–¡Pero yo no puedo venir mañana (jueves), saldré de viaje!
–Pues venga el lunes… –me dice exasperada la funcionaria.
Me regresa mi licencia y siento que mi cara se pone de mil colores, empiezo a soltar en mi mente, mentadas de madre y maldiciones. Me salgo enojado y enseguida me dirijo a los tacos de canasta. A ver si no me hacen daño con tantos corajes.
foto 3 Se pagó el 8 de abril, aún no se entrega
Día 3.-10:05 am.
Ya pasaron cuatro días después del límite para pagar el refrendo y está tranquilo el movimiento, hay menos de 10 personas sentadas en las sillas; pero antes de salir de viaje me enteré de que ampliarían el plazo para refrendar ¡Ya la hice!.
El cubículo en el que atendían las mujeres está cerrado, sólo funciona el de los hombres. Uno de ellos termina de atender a una persona y me llama.
–Buenos días, vine la semana pasada a refrendar mi licencia y me dijeron que mi expediente estaba perdido, quiero saber si lo encontraron.
– ¡Ah! Creo que sí, déjame ver.
Se levanta de su asiento y se mete hacia los expedientes. Esta vez no tarda ni un minuto, después sale con un folder.
Tiene que esperar al licenciado Giles
–Mire, aquí está su expediente, pero al parecer hay algo irregular en él; tendrá que hablar con el licenciado Giles, sólo que ahorita no ha llegado. Si gusta, puede esperarlo unos veinte minutos, por favor.
Ni modo, no me queda de otra, ya son muchos días los que he perdido. Tal vez creen que no trabajo y que estoy a su disposición y que yo tengo que pagar (con mi tiempo) su falta de organización y su irresponsabilidad por haber perdido mi expediente.
Aguardo resignado en la desértica sala de espera, improvisada con sillas viejas, que están frente a los cubículos. No se ve movimiento, me pregunto si no tienen hora de entrada; ya quisiera yo un trabajo así. Yo creo que a mí me van a correr por llegar tarde estos días ¡parezco funcionario de ayuntamiento llegando a la hora que se me da mi regalada gana! Bueno espero que hoy se resuelva esto.
40 minutos después de tanto divagar, de pensar en la inmortalidad del cangrejo y de ver que el tal Giles ni sus luces, me levanto de mi asiento y me dirijo al hombre que me atendió.
–¿Disculpa va a llegar el licenciado Giles o regreso otro día?
–Ya no debe tardar, unos 5 ó 10 minutos, máximo.
Los 20 minutos iniciales terminaron siendo 40, más otros 10, ya se convirtieron casi en la hora. Vuelvo a sentarme, una vez más, resignado.
Ciertamente cinco minutos después llega el licenciado Giles y me llama para pasar a su oficina.
–¡Qué tal buenas tardes! Siéntese por favor ¿usted es el dueño de la licencia?
–Así es; bueno, la compré bajo cesión de derechos y está notariada.
–¡Ah, okay! Mira, aquí está tu expediente, sólo que está incompleto, al parecer tu licencia está cancelada.
–¡Cancelada!¿Por qué? Yo hace dos años vine a pagar mi refrendo y me encontré con la novedad de que habían clonado mi licencia, por tal motivo metí un escrito para pedir que los datos que habían modificado, regresaran a su estado original. No tendría lógica que me la hubieran dado y después cancelado.
–Pues eso es lo raro –abre el folder y saca unas hojas–. A ver, aquí está el dictamen.
Comienza a leer en voz baja unas líneas. Segundos después, me dice que me leerá para que entienda la situación, lee varios minutos y se detiene para hacer hincapié en el final.
–Conforme a lo establecido en los artículos fulano y zutano se cancela la licencia a nombre de “…” ¿eres tú?
–No, esa persona es la que tiene el permiso clonado.
–¡Ah, vaya! Mira, al parecer esta persona vino a refrendar el año pasado y ya la detectamos y no se hizo el refrendo. Entonces no hay ningún problema, solo tenía esa confusión –Me dice tranquilamente, como si no pasara nada, como si no me hubieran hecho esperar tanto tiempo.
–Entonces, ¿cuánto voy a pagar?
–Mira, el presidente municipal metió descuento como apoyo a bares, sólo que no recuerdo de cuánto es el porcentaje ¿por qué no vienes mañana y ya te digo?–(¿Mañana? Este tipo cree que me encanta andar metido en ayuntamiento todo el día).
–Está bien –accedo sin problema–. Pero si no estás tú, ¿puedes dejar dicho cuánto es? Llevo ya varios días viniendo y no me pueden dar tantos permisos en mi trabajo.
–Sí.No te preocupes.
Día 4.- 10:20 am
Es viernes y hay poca gente esperando turno. Aproximadamente a los cinco minutos de mi llegada, me atienden.
No sé nada. No ha llegado la instrucción
–Buenos días ¿viene a recoger o a refrendar?
–Vengo a refrendar, sólo que ayer ya no pude porque me dijeron que viniera hoy. Va a haber un descuento y me dijeron que sólo hasta hoy me decían cuánto voy a pagar.
–¿Ah sí? No ha llegado la instrucción –responde, indiferente, el joven.
–Pero me dijo el licenciado Giles que dejaría dicho cuánto iba a pagar. ¡No puedo estar viniendo tantos días seguidos!
–Sí, pero no dejó nada… Yo no sé nada.
–Y, ¿entonces? –Comienzo a desesperarme.
–¡Pues venga mañana! El licenciado Giles hoy no viene a trabajar…
Día 5.- Lunes 8:03 am
Llego al ayuntamiento y sólo hay una persona antes que yo. Me dirijo hacia el mostrador de informes y le digo que voy a refrendar. Me extiende un papel con el número uno ¡por fin!
La mujer mayor me llama, hoy sí abrieron el departamento de las mujeres.
–Buenos días ¿viene a refrendar?–Creo que ya saben que soy el que se la vive aquí, intentando ponerme al corriente con mis pagos. Me dan ganas de reírme y decirle que desde hace dos semanas es lo que quiero hacer.
–Así es, me dijeron que voy a tener un descuento –digo con un tono amable.
–¡Ah, sí! Se va a aplicar un descuento en multas y recargos, también en refrendo de este año, déjeme sacar la cuenta.
Saca de entre un montón de hojas, pagos, licencias y más recibos, lo que parece ser la hoja de los descuentos. Comienza a apuntar porcentajes y utiliza la computadora para las operaciones. Después de unos minutos me da el monto total.
–Se le va a aplicar un descuento de 25 por ciento en multas y recargos, y un 25 por ciento en refrendo de este año. En total usted va a pagar cuatro mil 289 pesos; ¿está bien?
–Pues claro que está bien, después de tantas vueltas que he dado –¡vaya! al menos la pérdida de tiempo valió la pena, mis cinco días desperdiciaron valieron casi dos mil pesos.
De Ayuntamiento a Tesorería, varias veces
–Sólo que esta cantidad la tiene que pagar en Tesorería; está en la calle de Cuahutemotzín, aquí atrás.
–Sí; sé dónde es –mientras, imprime el documento y lo firma.
–Aquí no trae los porcentajes porque se los van a aplicar allá. Después de que pague, le saca una copia y me la trae.
Tomo la hoja y me apresuro a caminar, salgo del ayuntamiento emocionado porque por fin realizaré mi trámite. Tomo avenida Morelos, llego a la tesorería y le pregunto a una cajera de la entrada en dónde se paga el refrendo de mi licencia.
–Eso se paga en la caja de allá, de ayuntamiento –supongo que se habrá equivocado la mujer…
–Es que de allá me mandaron para acá –Nuevamente, comienzo a desesperarme.
–¡Ah! Entonces se paga en la caja uno –Me dice indiferente.Al parecer, es una forma de atender de todos los trabajadores de la comuna.Me señala la caja y me doy cuenta que estávacía. Me dirijo a ella.
–Buenos días señorita, vengo a pagar un refrendo.
–Eso se paga en ayuntamiento–¿qué? ¿Usted también? ¡Es el colmo!
–Es que de allá, me mandaron para acá –repito, ahora a esta cajera– porque van a hacer un descuento.
–A ver, permítame su hoja.
La revisa, teclea algo en la computadora y me dice que no encuentra nada al respecto. Entra a consultar con sus compañeras.Se mete a una puerta corrediza que está a espaldas de ella y cierra la puerta.
Falta la firma del director
–¿Sabes qué? falta la firma del director de licencias, necesita firmártela.
Siento que me empiezo a poner rojo, me hierve la cara. Sin decirle nada, tomo la hoja, aprieto los dientes y salgo rápido hacia el ayuntamiento. Llego y sin importar que hay gente en el mostrador, me paro y me dirijo a la señora que me atendió inicialmente.
–Dice la cajera que si no trae la firma del director no puede hacer nada –digo en tono molesto. O estoy salado, o de plano son así de ineficientes en el gobierno municipal.
La señora voltea a ver su compañera y hace un gesto de desapruebo. Entra a las oficinas y me dice que la firmará el director. Un rato después regresa y me dice que ya está firmada.
Salgo de nuevo y me dirijo a Tesorería. Llego derecho a la caja y le digo que ya está firmada. Nuevamente, me dice que espere y se vuelve a meter a la puerta corrediza. No tardó en salir, pero no viene sola, viene acompañada de otra mujer; ésta última teclea en la computadora.
–Ya apareció el descuento en el sistema, sólo es el 25 por ciento en multas y va a pagar seis mil 240 pesos.
–¡Pero me hicieron la cuenta en ayuntamiento y me dijeron que pagaría como cuatro mil 200 pesos! –mi respiración se agita del coraje, la temperatura de mi cara comienza a elevarse, me dan ganas de mentar madres.
–Pues aquí no aparece eso –dice tranquilamente la mujer.
–Y entonces,¿qué hago?
–Pues, si quiere checarlo con ellos…
Pongo cara de “chinga tu madre” y entre dientes digo ¡qué poca madre!
Tomo la hoja violentamente y me salgo de Tesorería,otra vez hacia ayuntamiento. Llego y la señora me recibe con un “¿ahora sí ya pagó?”.
Con ganas de gritarle que no pueden ser más pendejos porque no son más grandes, que son unos ineficientes, burócratas y estúpidos que no se ponen de acuerdo.Sólo pude contestarle:
–¿Por qué no se ponen de acuerdo, eh? Dicen que el descuento no aparece y que voy a pagar seis mil 200, sólo me están descontando según 25 por ciento en multas ¿y el resto?
La señora se levanta de su asiento e ingresa a las oficinas, sale con el licenciado Giles y me dice que me acompañará para ver qué pasa.
Nos dirigimos nuevamente a la Tesorería a paso veloz. En el trayecto, me pregunta qué me dijeron y le repito la historia. Mueve la cabeza comocon desaprobación.
Llegamos y va directamente a la caja 3 en donde se encuentra a un tipo. Lo saluda y le comenta lo sucedido: que ya di dos vueltas, una por no tener la firma del director, cuando ya había un acuerdo de que no la iban a pedir, segundo que ¿por qué no aparecía el descuento por refrendo de este año y otro por recargos?
El tipo teclea en la computadora y después de unos minutos dice que sí aparece el descuento de 25 por ciento como apoyo a bares;otro igual en multas. Entotal tengo que pagar cinco mil 400 pesos.
–Vas a pagar eso ¿cómo ves? –me dice el licenciado Giles.
–Pues no es lo que me dijeron hace unos minutos en el ayuntamiento, pero mira, ¡déjalo! lo pago ya.
Le da las gracias al encargado de la caja 3 y me dice que ya está, que pase a pagar. Nuevamente le doy la hoja a la señorita.
–Ya encontraron el descuento ¿me puede cobrar, por favor?
–A ver,permítame que lo están checando.
Transcurren cinco minutos y nada. 10 minutos y ya –como dijera Sicilia– hasta la madre,me dirijo a la cajera con un tono irónico.
–¿Me va a cobrar o regreso otro día?
–Permítame, deje ver en qué va.
Se mete y enseguida vuelve a salir, me pide la hoja, teclea en la computadora y por fin me dice que son cinco mil 400 pesos.
¡Por fin! Saco el dinero y le pago. Se escucha el sonido de la impresora. Arranca la hoja, las sella y me extiende una.Con miedo, le pregunto que si es todo, ella asiente con la cabeza y me dice que sí.
Regrese en 10 días
Salgo y en la primera copiadora me detengo a sacar dos juegos.Impaciente y con sentimientos de emoción, porque por fin me alejaré del ayuntamiento al menos en un año, llego al mostrador de ayuntamiento.
Después de cincodías y tantas vueltas, le entrego la copia a la señora; la recibe, la mete en el folder junto con la licencia y me dice lo peor, lo que menos quería escuchar en ese momento.
–Es todo señor.Puede pasar en 10 díashábiles por ella…
Día 6.- (diez días hábilesdespués) 11:40 am
Diez personas esperan turno. Me acerco al mostrador y pregunto si me tengo que formar para recoger una licencia; un señor de edad madura y regordete me dice que sí, que le pida turno a la oficial.
Nuevamente, le pido turno y me toca la ficha número 47. En la otra silla, estáotra vez la señora de edad mayor; canta el número 39. Bueno, al menos ya me la van a dar –pienso– y gustoso me dispongo a tomar una silla.
30 minutos después toca mi turno. Para entonces ya se incorporó una segunda recepcionista de edad madura, la cual me atiende.
–Buenos días; vengo a recoger una licencia.
–Buenos días;¿me permite su comprobante?
Le doy mi recibo de pago, toma la hoja entre sus manos y baja su mirada donde se encuentra la fecha de expedición.
–¡Huy; no, joven!Todavía no acaban con las de marzo…Todavía no está lista, joven.
–Pero, me dijeron que diez días hábiles –no puedo creerlo.
–Pues sí, pero hay mucho trabajo –responde, con la misma indiferencia que todos los trabajadores con los que he tratado en estos días.
–Y ahora, ¿hasta cuándo?
–Pues dese una vuelta la otra semana, a ver si ya está.
–Pero ¿es seguro?
–Mmm… si quiere deje su teléfono y le avisamos cuando esté.
Le sonrío y le digo:
–Muchas gracias por su atención, pero me doy una vuelta la semana que viene. –Total, ya me la paso más tiempo aquí que en mi trabajo.
Quisiera que fuera una mala broma, una crónica mal contada;ficticia, que no existiera, que fuera surrealista…Pero no lo es.
No sé si debo llamarle “mala suerte” o en verdad este tipo de situaciones les pasa a muchos ciudadanos que tramitan un refrendo municipal. No sé si reír o preocuparme, lo que es un hecho, es la falta de capacitación, decisión y compromiso de los funcionarios.
Los nominaría a la excelencia de la ineficiencia e ineficacia; burocracia al más puro estilo de las dependencias mexicanas.
Mientras, seguiré de visita; esperando que me entreguen, algún día, milicencia de funcionamiento.
–Si censuran los narcocorridos deberían prohibir todos los corridos, porque la característica de éstos es precisamente la violencia: no hay corrido ni narcocorrido sin violencia: ‘Echó mano a la cintura/ y una pistola sacó/ y a la pobre de Rosita/ nomás tres tiros le dio’–cita Teodoro Bello Jaimesel “Corrido de Rosita Alvírez”, de Felipe Valdés Leal, después de que le pregunto que si por las constantes prohibiciones al narcocorrido va a dejar de escribir sobre este género.
Sentado en un sillón, con botas, pantalón, tejana y chaleco negros, en el recibidor de su casa en Cuernavaca, el autor de “El Jefe de jefes”da su punto de vista sobre la reciente prohibición del espectáculo del cantante de narcocorridos Alfredo Ríos, el Komander, por el Ayuntamiento de Cuernavaca, programado para el 11 de abril de 2014.
–El gobierno no debe prohibir las expresiones culturales, como los corridos, porque son cosas y hechos que suceden en las comunidades–y agrega:
–El compositor es como el periodista, el buen periodista, que dice las verdades, lo que ocurre. El gobierno siempre ha tratado de prohibir que el pueblo dé a conocer la vida y logro de personajes que puedan desestabilizarlo o poner en peligro intereses de los poderosos. El gobierno siempre ha querido impedir que se canten los corridos que hablan sobre Emiliano Zapata, sobre Pancho Villa, sobre otros caudillos, pero no ha podido porque son personajes, hechos que están en la conciencia de la gente que lo vio y lo vivió.
Para el cantautor oriundo de San Simón, Estado de México, que tiene más de más 40 años de vivir en Morelos, las reiteradas censuras a las canciones con connotaciones de violencia, tráfico de drogas y consumo de estupefacientes se debe a que son sangrientas y explícitas.
–El corrido que compone Teodoro Bello es un corrido fuerte, pero no directo:“Muy pegadito a la sierra,/ tengo un rancho ganadero,/ ganado sin garrapatas/ que llevo pa’l extranjero,/ qué chulas se ven mis vacas,/ con colitas de borrego’”. Yo digo lo que digo pero también estoy diciendo otras cosas –explica el creador de “Pacas de a kilo”.
En relación con el argumento de que los narcocorridos hacen apología del delito e incitan a los jóvenes a conductas delictivas, el cantanteexplica que la mayoría de los narcocorridos con letras violentasestán en auge y se componen sin que muchas veces tengan base en la realidad, sin que hayan ocurrido de veras; por esola gente se identifica poco con ellos, no llegan a formar una cultura, pasan de moda:
–Al rato ya nadie los va a tocar ni a cantar, pero un corrido bien hecho permanece. El buen compositor debe tener ingenio, encontrar la manera de decir las cosas, las verdades –diceel compositor de 59 años de edad y que ha colocado más de 200 corridos en el gusto de varias generaciones.
–El gobierno no gana nada con prohibir los narcocorridos. Es verdad que ciertas estaciones de radio en algunas ciudades no los tocan, pero qué tal en las cantinas, en los bares, en los antros, qué tal en los mercados o en los coches y en las camionetas de los muchachos, a todo volumen.
El compositor de “Inyección letal” y a quien es muy frecuente ver en las fiestas de los pueblos, conviviendo con sus miles de amigos ganados por toda la república mexicana y en el sur de Estados Unidos, confiesa que nocompone a narcotraficantes, ni construye héroes ni villanos por encargo.
Teodoro Bello en la gallera
–Leo los periódicos, veo las noticias todos los días; me informo de lo que sucede, ando en los pueblos. Así me entero de lo que ocurre y cuando me gusta una historia, cuando me atrae un personaje lo leo, lo estudio, me entero y compongo: “Murió Amado Carrillo,/ así lo dice la prensa./ A todos sus familiares/ les brindo mis condolencias./ La Federal lo buscaba/ y no le ajustó las cuentas”–canta y cuenta unacuarteta de su corrido “Amado Carrillo”.
Al autor de “La reina del sur” nunca le han pedido o exigido que componga, deje de componer o cantar sus corridos. Menciona que a algunos intérpretes quizá en algunas estaciones no les pasenalgunas canciones, pero sus corridos ya quedaron en la mente de las personas, ya pasarona ser de la gente y “el Pueblo sabe lo que quiere y le gusta”, afirma.
Llamada del líder de Los Tigres del Norte
Durante la entrevista, entra una llamada desde California. El compositor de “La tumba falsa” y “La granja” me diría, después, que se trataba del acordeonista líder de Los Tigres del Norte, Jorge Hernández, a quien hace poco Teodoro le envío algunos corridos para un nuevo disco:
–Le voy a decir una cosa, no deje de considerar Maclovio. Es un corrido internacional, va a jalar en España, en Latinoamérica, en Europa. En lo musical, Maclovio es muy distinto; incluso entre las estrofas. En lo literario lleva una buena secuencia. No porque la haya hecho Teodoro Bello. Si usted analiza, Maclovio habla de la ciudad, de la inseguridad.
Borrador para un corrido, de Teodoro Bello
Por un momento, el artista avecindado Morelos se olvida que estoy frente a él. Con una mano sostiene su celular y con la otra hace ademanes. Sin dejar de hablar, se levanta: en esos momentos, parece no estar en Cuernavaca, sino frente a un público; como cuando el 2 de febrero de 2014 cantó en la iglesia de Miacatlán, ante el cuerpo del emigrante Edgar Tamayo Arias, ejecutado días antes en Estados Unidos por inyección letal. Aspira hondo y comienza a cantar, con una voz media y bien entonada, algunos versos de Maclovio:
–Que huele a muerte en las calles/ después de sonar las doce./ Te cuentan robos y asaltos/ si ves la televisión,/ pero lo más preocupante la juventud descarriada/ se le han quemado las alas por tanta drogadicción./ –Y continúa:
–Jorge, se lo digo como compositor: yo esa canción la he calado en ferias y varios lugares y jala al cien. Yo siento que sería un gran acontecimiento que Tigres del Norte grabe Maclovio… –concluye el corridista que, según él mismo reconoce, aprendió a leer y a escribir cuando tenía 22 años de edad.
Teodoro Bello nació, sin duda, con un don; él lo sabe, pero no se duerme en sus laureles:
–Yo creo que nací con ese don de componer, pero si no se cultiva, si no se ejercita uno, no llega uno al máximo. Yo todos los días compongo algo, alguna o algunas canciones o corridos, unos versos… El corrido en mí y no solo en mí, para el pueblo, es como respirar; y ni el compositor ni el pueblo pueden dejar de respirar porque se mueren. Voy a seguir componiendo corridos toda mi vida–puntualiza Teodoro Bello, el corridista consentido de Los Tigres del Norte, uno de los grupos que puso en el gusto del público de México el narcocorrido.