“Generosa concurrencia, su atención pido un momento para cantar un corrido saludando a todos los amigos, ahora que me hallo en su terreno”. Con este saludo, los trovadores del sur de Morelos iniciaron la reunión póstuma, en Santa Cruz, Tlaquiltenango, para despedir a Francisco “Chico” Gutiérrez Ramírez, el viejo trovador del corrido suriano, criollito de este pueblo enclavado en la sierra zapatista, cerca del cerro de la Maroma, donde fue la última batalla del Ejército Libertador del Sur, en noviembre de 1919.
Se fue el “Cardenal mayor”, dijo otro cantador suriano: Higinio Colín, de Tlayecac, Ayala; también estuvieron presentes Virginio Sánchez Tepango, Ignacio Sánchez Sánchez, Anastasio Zúñiga Pliego, todos de Adolfo López Mateos, Tepalcingo; de Tlaquiltenango estuvieron Delfino Maldonado y Víctor Capistrán Manzanares; de Jojutla, Jesús y Santiago Castro y los más jóvenes trovadores, Francisco Ocampo y Daniel Hernández; de Anenecuilco, Luci y su hermano Candelario Domínguez y, desde luego, el cronista del sur, Agur Arredondo Torrres, que cargó el féretro sobre sus hombros.
Las voces que trovaban desde la mañana de la Navidad del 25 de diciembre del año 2013 eran de tristeza y dolor, y por momentos guardaron silencio. Las lágrimas corrían por las mejillas. Virginio Sánchez dejó de tocar su guitarra, su primo y segundero Ignacio Sánchez también calló su voz. Esta vez sus cuerpos se columpiaban por el dolor de perder a un amigo.
Los primos Sánchez, como se les conoce, se echaron sus tragos, canciones y corridos; esta vez, habían recibido la mala noticia a través de Candelario Domínguez. “No canta pero acompaña”, decían.
Sentados a un costado de la carretera sufrían el dolor, no sólo por la partida de un gran amigo, sino por la falta de dinero para poder estar en su despedida: la distancia entre los pueblos, es corta, pero se carece de transporte directo de Huichila a Santa Cruz (Tepalcingo-Tlaquiltenango, respectivamente).
Pero como los cantadores son solidarios y se acompañan, pasó por ellos Higinio Colín; así llegaron a trovar su dolor.
“Dile a Delfino que me venga a cantar”, recurrentemente me decía Chico Gutiérrez las veces que lo visité cuando estuvo enfermo en su natal Santa Cruz, afirmó Lorenzo Vázquez. “No me despedí de Chucho (Jesús Castro), “que venga a verme”, insistía Chico.
Chucho Castro se enteró que lo buscaba Chico y lo fue a ver. Le cantó nuevamente, aún en vida, lo mismo los jóvenes trovadores a quien recientemente les habían reconocido y transmitido la tradición: Daniel Hernández y Francisco Ocampo, quienes a los 16 años comenzaron a interpretar corrido tradicional, canción de amor y bola suriana; el primero segundero, el segundo primera voz y bajo quinto.
Y Delfino Maldonado le cumplió, ahí estuvo cantándole durante la velación de su cuerpo y en el novenario. Siempre consternado, interpretó canciones de encuentros pasados, tanto en presentaciones como en las de cumpleaños del viejo trovador, cuya fecha era el siguiente domingo después del 17 de septiembre, día obligado y muy conocido para estar con don Chico.
También asistió una de las pocas mujeres corridistas y compositoras: Luci Domínguez, quien con su hermano Candelario siempre están en las reuniones.
A Chico Gutiérrez lo conocí en otoño del año de 1999, esa vez me llevó a Santa Cruz a conocer al también trovador de los Hornos, Aniceto Araiza; ambos se fueron a la mansión del olvido.
“El alba de las campanas me despertó anunciando en el espacio un cruel dolor, mi ánimo turbado me conmovió cuando a anunciar vinieron que había muerto un ruiseñor”. Del corrido “Duelo a Genaro Zúñiga”.
Chico Gutiérrez duerme el sueño de la muerte, duerme ese sueño profundo, tenemos eternamente tu recuerdo en el mundo.
En la colonia Patios de la Estación, quizá la más pequeña de Cuernavaca, pocas calles están pavimentadas. La que transito con Juan Carlos Sánchez, integrante del Consejo de esta colonia, está detrás del edificio en ruinas de la antigua estación del ferrocarril. Hay grandes piedras junto a las vías de metal y conforme avanzamos el polvo sube hasta los ojos y entra por la nariz. También hay muchos perros en la calle y frente a las casas sin repellar; algunos niños grises juegan con carritos chinos que seguramente les trajeron los Reyes Magos.
Debajo del cielo de metal son casi las siete de la tarde. El alumbrado público apenas alcanza a iluminar las principales calles; en las demás sólo hay postes de madera con cables amontonados, como si una gigantesca araña hubiera maltejido sus redes eléctricas.
Aspecto de la Colonia Patios de la Estacioón. www.google.com.mx
Avanzamos por la semioscuridad mientras las gentes se vuelven más y más sombra. Por acá la policía sólo se presenta una vez a la semana, pasa por la tarde o noche por la calle Eucalipto, no se detiene, sólo atraviesa la colonia. Ha habido algunos operativos en los que han aprehendido a algunos maleantes, pero “son de afuera, no son de acá”, dice Juan Carlos Sánchez. “Aquí pura gente trabajadora, no tenemos tiempo para andar atracando a nadie porque nos dedicamos a vender y no tenemos tiempo para eso; mala fama de que en esta colonia somos delincuentes”, me platica, mientras nos metemos más y más a este lugar en el que viven cerca de mil cuatrocientas familias originarias de Guerrero, Estado de México, Puebla, Oaxaca, principalmente; la mayoría dedicada al comercio.
La casa de las sombras
Mi contacto se detiene frente a una casa de fachada blanca, grafiteada: es una calle muy estrecha y oscura, paralela y en contrasentido a la calle Vías del Ferrocarril. Hay una camioneta Ford, blanca, con placas del estado de Guerrero. En la puerta, recargados en la camioneta, se distinguen tres sombras; una más, que bebe una cerveza, está sentada en un tronco frente a la casa y hay otra recargada en la pared. Hablaban, pero cuando llegamos dejan de conversar.
–Este es el reportero que les dije que quiere entrevistarlos…Quiere saber si los han molestado, si las autoridades les han quitado su mercancía… –Las sombras no responden.
–No es de la policía ni viene de parte de ninguna autoridad; quiere saber cuál es la situación con ustedes…
–Él sabe, a él lo acaban de agarrar hace poco. ¡Diles! –Contesta una de las sombras, señalando a la que está recargada en la pared, que es la más baja de las cinco.
Alguien se introduce a la casa, prende un interruptor y ya no vuelve. La luz amarilla baña varias carretillas de las que emplean los trabajadores de la construcción para acarrear mezcla o tierra, que cuestan cada una 700 pesos, recargadas en una esquina; al lado de ellas hay algunos platos y morrales de plástico de color; también hay cajas de huevo tapadas. Eso es lo único que mi ubicación desde la calle me posibilita observar. La luz también me permite ver que las sombras son cuatro muchachos morenos y delgados, bajos de estatura.
Carretilleros
Mi contacto se retira y me dice que una cuadra más abajo instalará su puesto por si se me ofrece algo.
–Sí. –Responde el muchacho recargado en la pared, que apenas tiene dos meses de haber llegado de Guerrero y que es uno de los 30 vendedores en carretilla. Todos hombres, ninguna mujer, que circulan por algunas calles del centro de Cuernavaca ofreciendo frutas de temporada como fresas, mamey, uvas que adquieren en el mercado Adolfo López Mateos.
–Vendo fresas y la semana pasada me livantaron los de la camioneta blanca del Ayuntamiento y me subieron mi mercancía y mi carretilla. Se llevaron la carretilla y la tuvieron ahí en la oficina como dos horas. Luego me cobraron dos salarios mínimo, sí. Allá fue, por donde están los autobuses (Estrella Blanca), por la Bodega Aurrera (avenida Morelos casi esquina con Santos Degollado).
–¿Cuánto ganas aquí, vendiendo?
–Veces nada. Todo el día y hasta el otro día es que hay venta. Veces hasta cien peso, pero veces nada.
–Cien o ciento cincuenta peso; desde la madrugada hasta que oscurece, pero de ahí tenemo que comprá mercancía y el dinero se hace menos… –Contesta otro muchacho, de nombre Juan Carlos, de 27 años, que tiene una esposa y dos hijos en Colotlipa, municipio de Quechultenango, Guerrero, de donde es originario, que apenas sabe leer y escribir y con quien continúo la conversación, porque el primero, que no quiso dar su nombre, se retiró y caminó hacia abajo del callejón hasta perderse en lo oscuro. Los demás jóvenes permanecerán callados durante toda la plática.
–Cuando nos levantan, pues perdemos mercancía y dinero. Tardamo en acomodá la fresa en la carretilla como dos horas y media y cuando suben la carretilla a la camioneta del Ayuntamiento la desacomodan y se pierde mucho tiempo volverla acomodá. La fresa es muy delicada, se malluga y ya la fruta golpeada no se vende. Luego tenemo que pagá la renta de esta casa de mil quinientos peso, el agua, la luz.
–¿Por qué vienen a Cuernavaca y no a otro lado?
–La verdá no venimos a Cuernavaca porque nos guste, venimos a trabajá porque allá en Guerrero hay un chingo de carretillero ya. Luego, acá en la construcción, de peones, pues no hay trabajo; no hay obra tampoco. Hay veces que no hay nada; no vende uno nada en días y uno se siente mal, porque pues le hablan a uno la familia, a veces a la semana, a veces a los quince día, para pedirle dinero y no hay nada, pues.
–¿En dónde venden?
–En las colonias, andamo en todas las colonias de Cuernavaca. Antes de septiembre vendíamo en el centro pero ya no nos dejan; a veces es que nos metemos al centro pero hay mucho peligro de que nos livanten.
–¿Qué piden ustedes?
–Nosotro aceptamos que nos corran, que nos digan aquí no se pueden parar a vendé, pero pedimos que nos dejen vendé, no hacemos mal a nadie, no somo rateros ni gente mala y tenemos derecho a trabajar para mandarles dinero a nuestra familia, porque allá en nuestro pueblo no hay trabajo ni nada. Antes, aquí en Cuernavaca, nos comenzaron a molestá porque dejábamos basura en la calle pero ya no dejamos basura. Tampoco estorbamos en las calle para que no se molesten y nos dejen vendé, ganarnos la vida. No podemos decirles que no nos livanten.
–¿En qué piensas antes de dormir?
–Todas las noches me acuesto pensando mi mujer y mis hijos; en trabajá duro para mandarles dinero. Cuando vuelvo, ya por la tarde, me hago la ilusión que regreso mi casa, y me esperan mis hijos y mi mujer. Pero cuando llego acá, donde vivo, no hay nadie. Me hacen mucha falta mis hijos y mi mujer.
El joven se queda callado y escupe al suelo.
–¿Qué más? –Le pregunto.
–Sólo eso, nada más. –Me responde y se mete a la casa. Los demás lo siguen.
Esto me contó Juan Carlos, que cada tres o cuatro meses va a su pueblo de agricultores, a ver a su familia; pero regresa de nuevo a Cuernavaca a ganarse la vida en las calles, en una jornada que inicia a las seis de la mañana y acaba a las siete de la tarde, siete días a la semana, sin ningún tipo de seguridad social y sin prestaciones de ley.
Camino de prisa entre el polvo y busco una calle con luz. Cincuenta pasos más adelante llego hasta donde está mi contacto, que arma su puesto de tacos en un crucero. Le doy las gracias y le pregunto por dónde salgo de la colonia.
–Por ahí, derecho. Vas a ver la vía, por ahí –Me dice, señalando una calle pavimentada.
Me desplazo nocturno, a pasos amplios hasta dar con las dos líneas de metal que atraviesan la calle; éstas y el edificio en ruinas de la Estación ferroviaria, son lo único que queda del ferrocarril México-Cuernavaca, que realizó su último viaje hacia el olvido el lunes 16 de junio de 1997. Veinte pasos más adelante hay mucha luz: es la estación de camiones Pulman de Morelos Casino La Selva, que está sobre la avenida Plan de Ayala.
Madre de una víctima de secuestro, exige justicia para su hijo, encontrdo muerto
Por Elsa Castorela Castro
Yautepec, Morelos; 27 de enero de 2014. En lo que va de este mes, se han registrado diez secuestros de los cuales sólo se pudo rescatar a una persona viva. En cinco días hubo tres asesinatos, hay un “toque de queda” de hecho y los comercios cierran a las ocho de la noche, después de esta hora ya nadie sale; estas y otras afirmaciones y denuncia se escuchaban de entre una multitud reunida en la calle Purísima, entre las calles de Sabino y Río Jordán, del barrio Rancho Nuevo, el 25 de enero de 2014.
Minutos antes, esa multitud había marchado para protestar por la violencia y secuestros de los que son víctimas y habían reclamado justicia por los muertos.
“Es difícil vivir en Yautepec”, se quejaban algunas personas que han sido amenazada o víctimas de secuestros, portando leyendas como: “No más secuestros”; “Ya es tiempo de hablar del futuro”. “Este es un movimiento de luz”, gritó alguien en la desesperanza; “Estamos lastimados, situación que tiene remedio”, dijo alguien. “Los militares, las policías federales, el mando único, ellos nos atracan”, denunciaban algunos.
Era una asamblea en medio del “arranque de la caravana de ciencia, cultura y educación“, que al parecer sería inaugurado por el gobernador Graco Ramírez. Exigían al presidente municipal, Agustín Alonso, que diera la cara y explicara por qué su gobierno ha sido indiferente, para frenar la violencia y al crimen organizado, a la vez que solicitaban a los organizadores de la caravana de la ciencia, cultura y educación que pasaran al frente. La secretaria de Cultura del estado de Morelos, Cristina Faesler Bremer y su equipo, que esperaban a que la reunión acabara para dar inicio al evento que tenían programado, atendió la petición y el silencio testificó el suceso.
Agustín Alonso explicó que ya se había reunido con el gobernador y se habían logrado acuerdos para dar la seguridad que el pueblo estaba exigiendo: “Acepto los reclamos”, decía.
En ese momento arribó el encargado de despacho de la Secretaría de Seguridad Pública, Jesús Alberto Capella Ibarra, quien anunció el primer acuerdo para la seguridad en Yautepec: asumir el control del esquema policiaco en este municipio y la presencia e inteligencia policiaca en diez puntos.
Capella Ibarra comparó al crimen organizado como un cáncer, y a los secuestros y homicidios como la hemorragia, que daña la salud, por ello, dijo que habría que aplicarle quimioterapia, pero eso tendrá también consecuencias, aseveró: “se caerá el pelo”.
La gente reunida reclamó: “Andan robando a borrachitos, andan deteniendo a personas que luego les piden desde 40 a 70 mil pesos, aunque demuestren que son propietarios, en el caso de las motos, las familias tienen que pagar para que salgan libres, y nombran casos. Los acreditables y los federales, gritaron, ellos nos roba”.
Luego voces: “no al carnaval, basta de secuestros y homicidios; ya se rompió el negocio, en casa ahora tenemos que cuidarnos del ejército”.
“Eres libre como el viento, vuela como una paloma, Arq. César Vidal González”, se leía en la espalda de las playeras de algunos personas, refiriéndose al caso de quien, se sabe fue secuestrado, y aunque el rescate fue pagado no le perdonaron la vida.
“De qué sirve que seamos gente preparada para seguir igual”, exigió un joven que había subido al templete para reclamar seguridad para Yautepec.
“Me habría gustado encontrarnos en otras circunstancia, la inseguridad en otras regiones, es lamentable, dramática, no soy policía, soy activista, las palabras que escuché fueron las mismas que pronuncié en mi tierra, Tijuana”, insistía Capella Ibarra. “No vengo con demagogia, sino a lograr acuerdos”, explicaba, a la vez que ya se reconocía “morelense por adopción” y afirmaba que el éxito, para acabar con la delincuencia, estaría en que todos los ciudadanos de bien y víctimas de robos o secuestros fueran los vigilantes.
Por otro lado, se formó un observatorio, encabezado por jóvenes para dar seguimiento a los sucesos.
—Ese muchacho no mata ni una mosca —Nos dijo el hombre aquel con quien habíamos hablado mi acompañante y yo: como de unos 45 años, moreno, de baja estatura, de bigote negro y pelo corto y quebrado. No sabíamos con quién habíamos platicado, pero cuando nos dijo quién era, esas palabras tomaron mayor importancia. Habíamos ido a buscar a algún vecino o pariente de Edgar “N”, a quien la prensa estatal y nacional ya había apodado el Niño Sicario.
Édgar fue capturado por militares en el Aeropuerto Mariano Matamoros, del municipio de Xochitepec, al sur de Morelos, el jueves 2 diciembre de 2010, cuando se disponía a viajar con una de sus hermanas a Tijuana y de ahí a San Diego, Estados Unidos. Durante toda esa semana y la siguiente, los medios de comunicación nacionales e internacionales dieron al caso una gran cobertura: querían saberlo todo, principalmente lo malo del menor de edad.
Era un día entre semana de ese mismo diciembre y la persona a la que acompañaría me llamó para decirme que me preparara porque iríamos a un lugar muy peligroso, en Jiutepec, al oriente de Cuernavaca.
Mi compañero pasó por mí, como habíamos quedado, a las 11 de la mañana frente a la entrada de la Catedral, en el centro de Cuernavaca. Yo llevaba mi cámara fotográfica y mi grabadora cargada y con pilas de repuesto.
Mientras él manejaba, me hizo la siguiente advertencia:
—No puedes llevar cámara, no puedes llevar grabadora, no puedes anotar nada. Si por alguna razón llegan a levantarnos, somos reporteros de la agencia fulana de tal. Yo soy el reportero titular y tú eres mi acompañante. Venimos a escuchar a parientes o vecinos de El Ponchis, para que la gente sepa la versión de personas que lo conocen mejor porque los medios de comunicación no lo bajan de asesino, carnicero…
Calle Tepozteco Jiutepec
Llegamos al estacionamiento de un centro comercial en el crucero conocido como Las Torres de Civac, localizado en Paseo Cuaunáhuac y avenida Centenario, en la zona conurbada oriente de Cuernavaca. Dejamos el coche y tomamos un camión urbano que nos dejó en la calle principal del poblado de Tejalpa, en Jiutepec: la avenida 20 de Noviembre.
Esa arteria es amplia, de dos carriles. Hay infinidad de negocios de todo tipo como zapaterías, tiendas de ropa, electrodomésticos. Conforme se avanza, se convierte en la calle Tepozteco y las tiendas son más y más pobres. Por las circunstancias, fue muy fácil pensar en que transitaba alguna de las calles más peligrosas de Santa Úrsula Coapa o del barrio bravo de Tepito de la Ciudad de México.
Con la advertencia de probable “levantón”, mi compañero y yo nos adentramos por la avenida 20 de Noviembre. Nos desplazamos con paso firme. Yo observaba las manos y la cintura de las personas que venían de frente: trataba de distinguir algún metal o filo para echarme a correr de regreso al bulevar. Aguzaba la vista y casi penetraba el parabrisas de los coches en contraflujo, en especial de las camionetas. De vez en cuando miraba hacia atrás sin detenerme.
Después de varias cuadras sobre la misma vialidad,pero ahora con el nombre Tepozteco,había una gran cantidad de tendejones. Según la policía, en esa época, en varios puntos de las inmediaciones del área se vendía droga al menudeo.
Unos metros antes de llegar a la calle Lago, en la colonia Vicente Guerrero, nos detuvimos frente a un portón de metal café. Yo me quedé replegado a la pared y mi compañero se apostó frente al domicilio.
Tocó el portón en repetidas ocasiones, hasta que alguien contestó desde adentro. Nos preguntó quiénes éramos y qué queríamos.
—¡Somos reporteros y venimos a platicar con algún familiar de Édgar Jiménez Lugo. Queremos ayudar, queremos que nos den información sobre el muchacho! —Dijo casi a gritos mi compañero.
Hubo un silencio por varios segundos hasta que la puerta pequeña del portón se abrió.
Del lugar salió la mitad del hombre de unos 45 años, moreno, baja estatura, bigote negro y pelo corto y quebrado, con la barba de días. Llevaba calzoncillos deportivos rojos y un jersey de básquetbol blanco: calzaba unas sandalias de plástico. Nos quedó viendo de pies a cabeza, vio por sobre nuestros hombros y hacia los dos lados de la calle.
—No hay nadie que los atienda ni les pueda decir nada; sólo estoy yo.
—Queremos entrevistar a algún pariente o conocido de Édgar para que nos cuente cómo es él, porque ya ve lo que muchos medios de comunicación han dicho: que es un asesino, que es un sicario. Nosotros venimos a dar voz a la familia o a sus amigos o conocidos… —Volvió a decir mi compañero.
Menor esposado
El hombre metió la mano a su bolsa y sacó una cajetilla de cigarrillos Marlboro y unos cerrillos. Prendió el cigarro y le dio una fumada larga. Se recargó en el quicio de la puerta.
—Están muy mal, andan diciendo muchas pendejadas.
—Pero ¿entonces es falso lo que dicen los periódicos de él?
?Yo no creo que haya matado a nadie, como dicen los periódicos. Ese muchacho no mata ni una mosca; es un buen muchacho. Estuvo abandonado mucho tiempo. Su mamá tampoco lo cuidó, andaba en otras cosas. Yo me separé hace mucho; yo viví también en Estados Unidos. La abuela fue la que se lo trajo para acá y lo cuidó, pero estaba ya grande.Después murió la abuela –Carmen Solís Gil, quien crió a Édgar “N” desde los dos años de edad y quien murió en el año 2004–y el muchacho quedó abandonado, eso fue lo que pasó –Comentaba el hombre recargado en el filo de la puerta mientras miraba hacia la calle y de vez en vez fumaba.
Dos camionetas blancas con policías vestidos de civil pasaron muy despacio por la casa donde los tres nos encontrábamos. Por la posición de mi acompañante y la del entrevistado fue imposible que ellos vieran los vehículos. Yo los vi de frente.
—Se dice que lo drogaban para que cometiera los delitos.
—Es posible. Comenzó lavándole el carro al Negro –se refería a Jesús Radilla Hernández, alias ‘El Negro’, detenido por la Policía Judicial el 25 de mayo de 2011–; después lo agarró de mandadero y poco a poco fue tomando confianza. Y no es El “Ponchis”; es el “Ponchi”, sin la s, porque estaba gordito, ponchado –Hizo un gesto como de luchador de sumo: arqueó los brazos y cerró los puños; arrojó el filtro del cigarro hacia la calle.Se iba a meter al domicilio, pero mi compañero alcanzó a preguntarle:
—¿Quién es usted, es usted algún conocido de Édgar?
—Soy su padre… —Y cerró con fuerza la puertecita de metal.
Esto es lo que a mi compañero y a mí nos contó David Antonio Jiménez Solís.
Algunos adultos y ancianos cuentan que, hasta hace un poco más de una década,Cuernavaca era la ciudad de la eterna primavera por su clima y por la paz que se respiraba en las casas y en las calles; pero ahora, por lo menos en el centro de la ciudad y en colonia aledañas, los cantos de los pájaros y el silencio se han alejado, sólo queda el ruido, que cada vez es más frecuente y constante, sobre todo por las noches.
De centro histórico a centro histérico
Santiago Sánchez Velasco es un hombre de 84 años de edad que vive en el mero centro de la ciudad y que todos los días tiene que soportar el barullo que producen las máquinas, las personas y los negocios que hay cerca de su casa. Tiene una voz cansada y apenas lo puedo escuchar; tengo que acercarme a él y dirigir mi oído sano para entenderlo:
–Es insoportable. Comienzan por la tarde y ponen la música a todo volumen. No se puede dormir con este escándalo. Llevo ya varios años sin poder dormir por las noches, porque es tan fuerte el ruido de la música y de los borrachos que apenas está uno conciliando el sueño, le suben y se despierta uno. Eso a mí me ha afectado no sólo el sueño sino el oído.
El octogenario me enseña, como abriendo un mazo de cartas, escritos dirigidos a funcionarios del Ayuntamiento de Cuernavaca, en los cuales reporta diversas anomalías.
En el de del 29 de enero de este año, recibido ese mismo día, Santiago Sánchez Velasco se dirige al presidente municipal, Jorge Morales Barud, para reportar que en negocios como el “Es3” y el “Feisbuk”, localizados en la calle Comonfort y “La Maga” y “El Barecito”, que se ubican en las callesMorrow y Comonfort, “no hay vigilancia en todo el día y por la noche y los gritos y desórdenes son constantes los fines de semana principalmente”.
El anciano, que se ha personado en las oficinas de Conurbados, se queja:
–De ninguna de las solicitudes que he presentado he recibido respuesta. Pero el problema es la corrupción, ya que les dan dinero a los inspectores para que no cierren esos lugares en donde hay venta indiscriminada de bebidas embriagantes principalmente a muchachos.Pero la corrupción mayor, me atrevo a afirmar, está entre algunos regidores del cabildo de Cuernavaca, que son precisamente los que autorizan a estos negocios o si no los autorizan reciben dinero para que funcionen fuera del reglamento.
La Plazuela del Zacate
Tres cuadrasadelante de donde vive Santiago y a un costado de Casa Morelos, sede de las oficias del Poder Ejecutivo,está la Plazuela del Zacate, un lugar que fue remodelado –en la administración municipal que abarcó el trienio 2006-2009– para posicionarlo como un atractivo para el turismo nocturno dirigido a jóvenes y que, por la venta indiscriminada de bebidas alcohólicas, droga, robos a transeúntes, lesiones por bala y el asesinato de al menos dos personas en lo que va del año, las propias autoridades municipales y estatales han considerado como una zona peligrosa.
A un costado de ese corredor de diversión, en un edificio localizado al inicio de la calle Hermenegildo Galeana, viven cinco familias. Una pareja de jóvenes, que esperan a su primer bebé, padece los efectos del ruido de la Plazuela.
–¡No manches! No dejan dormir y a ver cómo nos va cuando venga Mateo. Por la noche y la madrugada, hasta acá se oye el ruido escandaloso de la música y cuando hay pleito de las botellas estrellándose en las paredes; gritos, mentadas, plomazos y ráfagas de armas largas.Y por si eso fuera poco, en la mañana, cuando uno está medio pegando las pestañas pasa gritando una señora: “¡Tamaleeeeeeees; tamaleeeeeeeeeeeeeess!”
Bullicioinfernal
El extremo de esta contaminación ocurre cerca del centro de Cuernavaca, en la colonia San Antón, en donde cada mes de junio, por ocho días consecutivos se celebra la Fiesta de San Antonio de Padua, en la calle Jesús H. Preciado. La señora Rosa María Soto, tiene que pedir posada en casa de su hermana, al norte de la ciudad, porque los juegos como las tinas locas, el carrusel; los caballitos, la rueda de la fortuna, se instalan en la calle y quedan pegados a su ventana.
–Es un martirio. No se puede dormir y tenemos que cargar con toda la familia y hasta con los peces, los perros y las tortugas porque desde las cuatro hasta las dos de la madrugada retumban los cristales de las ventanas por el infernal ruido que producen los equipos de sonido de los juegos que traen los de la feria. Pero si les dices algo, te contestan que son usos y costumbres del pueblo, además te reclaman: “los pobres también tenemos derecho a divertirnos”.
Qué es el ruido
La Norma Mexicana NMX–AA–040–1976, en su apartado 4.1, da un concepto de ruido y dispone quees “todo sonido indeseable”. Dicha norma explica que “ciertos sonidos debido a su alta intensidad pueden ser nocivos para el oído, ya que destruyen células del oído interno, o bien interfieren con actividades propias del ser humano, tales como el sueño, el descanso, la comunicación y su bienestar. Estos sonidos, sin ser necesariamente definidos por la comunidad como indeseables, deben ser considerados como ruidos por afectar de alguna manera la salud pública.
Un decibel o decibelio (dB) es la unidad de medida para expresar la intensidad de un sonido. Los ruidos debajo de los 85 dB son considerados seguros por un periodo máximo a su exposición de 8 horas, los más escandalosos son nocivos.
La Organización Mundial de la Salud indica que, para tener un descanso apropiado, el nivel de sonido equivalente no debe exceder de 30 decibeles para el ruido continuo de fondo y, para el caso de ruido producido por fuentes fijas individuales no debe superar los 45 decibeles.
A continuación se presenta una tabla con la cantidad de decibeles, la acción u objeto que lo produce y el nivel máximo soportable para el humano:
Decibeles
Sonido
Nivel máximo de exposición para ruido continuo, expresados en minutos por día
10
Respirar
20
Susurrar
30
Murmullo
50
Lluvia
60
Conversación
60
Lavadora
85
Tráfico
480,0
90
Licuadora
240,0
95
Viajar en moto
120,0
100
Música con volumen alto
60,0
100
Tren
105
Ruido de un helicóptero
30,0
110
Motosierra
15,0
120
Sirena de emergencia
7,5
140
Avión
Peligroso
140
Disparar una escopeta
Peligroso
Las prohibiciones
En el ámbito municipal, hay prohibición expresa del ruido.De acuerdo con la fracción IX, del artículo 10 del Reglamento para las Negociaciones Cuyo Giro sea el Uso de los Diferentes Aparatos de Juegos Electromecánicos, Electrónicos, de Vídeo y Accionados por monedas, los establecimientos mercantiles a que se refiere este reglamento deberán cumplir con los siguientes requisitos: No se permitirá la emisión de ruido que afecte la tranquilidad vecinal, permitiéndose como máximo 68 decibeles. Si excede de 68 decibeles y la emisión de ruido afecta la tranquilidad vecinal se impondrá una multa de 25 a 50 días de salario mínimo, según la fracción III, inciso F, del artículo 28 del reglamento mencionado.
El Reglamento para la Venta y Consumo de Cerveza en el Estado de Morelos, en su artículo 10 establece que en las cervecerías se podrá: “II. Instalar aparatos de radio, televisión, fono electromecánicos y similares, siempre que funcionen a un volumen de sonido, moderado que no constituya molestia para el vecindario y que cumplan las demás disposiciones que establece el Reglamento contra el Ruido”.
Y el artículo 13 del Bando de Policía y Buen Gobierno del Municipio de Cuernavaca, Morelos, ordena que “Son infracciones relativas al equilibrio ecológico y al medio ambiente: IX.–Quienes emitan, por cualquier medio ruidos, vibraciones energía térmica, luminosa, y olores que rebasen los límites máximos contenidos en las normas técnicas ecológicas”.
Efectos nocivos
De acuerdo con el doctor Santiago Mendoza Benítez, audiólogo y foniatra delHospital Civil José G. Parres, con más de 20 años de experiencia, el ruidopuede considerar un contaminante ambiental.
Según lo expresado por Santiago Mendoza, el oído está hecho para soportar entre 60 y 70 decibeles, que es el tono medio de una voz humana normal,sin dañarse.
Conforme a las normas, hay límites máximos de ruido; por ejemplo, 68 decibeles alrededor de hospitales, escuelas y casas de reposo, en un horario de las 6:00 a las 22:00 horas; y de 65 decibeles en un horario de 22:00 a 6:00 de la mañana.
Sin embargo, las fuentes móviles, que son las que producen más ruido, superan los límites permitidos que son de 65 decibeles. Las motocicletas y las rutas del transporte colectivo llegan a 80 y 90 decibeles y sí pueden dañar la salud de las personas.
Entre otros daños, están los trastornos del sueño.Hay dificultad o imposibilidad para conciliar el sueño, interrupción y alteración en la profundidad del mismo; y como consecuencia se pueden producir cambios en la presión arterial y arritmia cardíaca, vasoconstricción y variación en el ritmo respiratorio; asimismo fatiga, depresión, trastornos cardíacos, estomacales y nerviosos.
Para el doctor Santiago Mendoza Benítez, el ruido puede causar, de manera indirecta,disminución del deseo sexual.
El profesional de la salud dice que son muy pocas las personas que llegan al Hospital Parres por afectaciones del ruido: uno al mes, esto como consecuencia de que quienes viven en la ciudad de Cuernavaca ven como algo natural la contaminación por ruido.
–¿Cuál es para usted el ruido más terrible, el más peligroso?
–Los que genera la industria metalmecánica, la industria textil; y Cuernavaca fue La Meca de la industria textil en los años ochenta. Textiles Morelos dejó una gran cantidad de población con sordera porque generaba niveles muy altos de ruido, más de 100 decibeles, en tiempo de 8 horas continuas y no les proporcionaban ninguna protección.
–¿Cuál es para usted el sonido más dulce?
–La música.
–¿Y qué música escucha usted?
–Rock. Yo soy rockero.
Todos podemos producirlo
El ruido puede ser producido por cualquier persona y de una manera más fácil e inmediata que cualquier contaminante, porque es el contaminante más barato; necesita muy poca energía para ser emitid.No deja residuos, no tiene un efecto acumulativo en el medio ambiente, pero sí puede tener un efecto acumulativo en el hombre; no se traslada a través de los sistemas naturales; se percibe sólo por un sentido: el oído, lo cual hace subestimar su efecto.Esono sucede con el agua, por ejemplo, donde la contaminación se puede percibir por su aspecto, olor, tacto y sabor.
Se trata de una contaminación localizada, por lo tanto afecta a un entorno limitado a la proximidad de la fuente sonora; los efectos perjudiciales, en general, no aparecen hasta pasado un tiempo largo, es decir, sus efectos no son inmediatos y, a diferencia de otros contaminantes, es frecuente considerar el ruido como un mal inevitable y como el resultado del desarrollo y del progreso.
Fuentes electrónicas:
Cuidado de la Salud, portal: http://www.cuidadodelasalud.com/cuidado–del–cuerpo/cuantos–decibeles–soporta–el–oido–del–ser–humano/
Artistas morelenses advirtieron que darán de plazo hasta diciembre a la Secretaría de Cultura (SC) para que les pague lo que les debe desde hace más de 6 meses, por trabajos que realizaron. De no ser así, en enero tomarán otras acciones.
Humberto Romero, actor y director de teatro, dijo que la comunidad artística del estado se siente traicionada por el Gobierno de la Nueva Visión
–Nos traicionaron. Hemos brindado todo el apoyo, respaldado el proyecto, evidentemente cuando dijeron la cultura el eje rector, todo mundo dijimos: vamos a apoyar, pero no hay reciprocidad.Hay programas, están por ahí buenas intenciones, pero operativamente no están funcionando, sobre todo en el tema económico que es a donde a todos nos pega por el retraso de los pagos, la poca contratación.No hemos tenido apoyo suficiente los artistas locales. Casi no nos contratan y las pocas funciones que hemos tenido no las han pagado, eso ocurre con actores, pintores, talleristas. Los que han prestado algún servicio en cultura y suman alrededor de 200.
El arte debe llegar a las colonias
Admitió que “los artistas creímos en la campaña que emprendió Graco Ramírez en materia cultural, incluso lo apoyamos en su discurso insistente que fue ‘El arte y la cultura es el eje rector de mi gobierno’. Todos los artistas compramos el proyecto, estuvimos en la campaña y hay una sensación de ¿para cuándo va a suceder? Hay muchos documentos donde los artistas aparecen con el gobernador y ahora, de pronto, no diría que es decepción total, (aunque) ya paso un año, sabemos que hay ajustes, pero queremos ser parte de la jugada, queremos estar en las plazas, en las colonias, que nuestro trabajo se vea.No necesitamos la arena Teques, sino que las colonias reciban nuestro trabajo artístico: de los cantantes,teatreros”.
El hombre de teatro se dijo decepcionado de“ver un concierto en el zócalo de más de un millón de pesos mientras que a nosotros no nos contratan. A mí me compraron tres funciones, pero no me han pagado ninguna, y los tiempos de los pagos son poco considerados con nosotros. El argumento de que no nos pagan no sé, nos dicen que faltó una firma, que el funcionario no estuvo, y le echan la culpa a los contadores; parece que la Secretaria de Cultura tiene un verdadero problema con sus contadores, no saben llenar recibos de honorarios, llevar gestión burocrática, está medio hecho camote el gobierno en el ámbito cultural”.
En 2013, la SCtuvo un presupuesto de 40 millones de pesos para gastos de operación más un adicional de 15 millones de pesos destinados “a gastos de inversión”; esto último de acuerdo con información proporcionada por legisladores estatales.Con esos recursosse contrató a cantantes como Lila Downs, Natalia Lafourcade, Armando Manzanero, OmaraPortuondo y Plácido Domingo, lo que lastimó y ofendió a los artistas locales.
–Tiene prioridad el artista extranjero, el artista que viene de fuera, que podemos ver en la televisión.Ese es el asunto, ¿qué pasa con los que están aquí? No es posible que artistas como el grupo musical Wamazo se vaya Nueva York a gravar un disco y aquí no hay un auge. No es posible, es duro echarse cebollazos, pero hemos estado en escenarios de otra índole, que nos tratan mejor y aquí no; seguimos siendo chiquitos.
Humberto Romero tiene 20 años de experiencia, ha trabajado dentro y fuera de Morelos y en otros países. Consideró que la mejor época en materia cultural para la comunidad artística local fue con Mercedes Iturbe (de 1994 a 1998) al frente del Instituto de Cultura, donde se vivió un gran auge en cuanto a empleo, cursos y becas:
–Todo estaba a la mano y yo daba por lo menos cinco funciones a la semana y todas me las pagaban.
Toda la Vecindad lo sabe
La incertidumbre sobre las remuneraciones se extiende a los maestros que imparten talleres en varias áreas a cargo de la SC, como el Centro Cultural Infantil La Vecindad.
En el programa de Iniciación artística, de dicho Centro, que agrupa a 45 docentes que atienden a 350 niños, varios maestros, que no quisieron proporcionar su nombre “por miedo”, reportaron sobre su situación.
Pagan millones a famosos y a nosotros no
–Claro que hay miedo de que no nos paguen o ya no nos contraten. No nos dicen nada sobre los pagos. Es muy molesto que nosotros estemos viendo cómo se gastan millones de pesos en espectáculos masivos como los grandes festivales y en los conciertos de Plácido Domingo, de Armando Manzanero, de Lila Downs, mientras que a nosotros que llevamos un programa y que podemos incidir de manera más directa en la formación de los chicos hacía alguna disciplina artística nos abandonen; eso es lo que nos molesta mucho. Es indignante.
Yo vivo de esto; es mi trabajo.Trabajo porque me gusta, pero también es mi único modo de procurarme lo que necesito para vivir y si no me pagan, pues no tengo para sobrevivir y la vida se complica bastante.
Me dejaron de pagar dos meses. ¿Te imaginas 30 días en los que no solamente no nos pagaron sino que se escondían y no nos decían nada?Estábamos en la incertidumbre. Buscamos a Cristina Faesler, la secretaria de Cultura del Estado de Morelos, que nunca la hemos encontrado; nunca nos ha atendido. Por eso, a finales de septiembre de este año, presentamos una solicitud que era más bien un reclamo a Cultura y comoa la semana ya nos pagaron y no para todos hubo pago. Sólo así;haciendo presión.
Prometen y no cumplen
–Yo doy algunas clases en teatro y ayudo en otras cuestiones. A mí me pagaron y ahora me deben un mesy también no tengo una seguridad en el pago de mis honorarios.
Los artistas estamos acostumbrados a que brindamos un servicio y nos pagan a la semana, a los quince días, al mes, pero hay una fecha segura, así es en este trabajo; pero consideramos una falta de atención de este gobierno que no nos paguen en dos meses o a que no nos digan si van a pagar o no van a pagar. No nos responden, o nos prometen y no nos cumplen.
Yo tengo otrosproyectos y vivo de eso; lo que me paga el (gobierno del) estado es una parte, pero si no me pagan esa parte me desequilibran ya que algunos servicios que necesito para vivir no esperan, no me puedes estar esperando con los pagos de la renta, la comida, el gas, la luz.
Campaña en redes sociales
–Comenzamos una campaña por medio de las redes sociales, como el Facebook, haciendo las denuncias para que nos paguen; nos deben desde junio y a algunos todo el año, ¿te imaginas? Porque la Secretaría de Cultura no nos atiende, no da respuesta y cuando nos ha llegado a atender, no la secretaria de Cultura porque nunca se encuentra en Morelos;aparece en los periódicos y en la televisión pero no aparece cuando nosotros le solicitamos que nos atienda, no nos contesta, y son otras personas, empleados a los que manda para que nos atiendan;todo es promesas.
Más de un año y aún están desorganizados
Uno de los maestros consultados por Conurbados señaló que “ya va más de un año que el Instituto de Cultura se convirtió en Secretaría de Cultura; esto agilizaría cualquier trámite de pago, pero hasta la fecha no sólo se han retardado” sino que hay personas a las que se les debe desde junio y que, incluso,“hay artistas a los que se les adeuda desde hace un año”.
Indicó que el pago a los profesores del Centro Cultural Infantil La Vecindad proviene de un recurso Federal del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta); “debería llegar a la Secretaría de Hacienda y ésta debería expedirnos los cheques, pero este gobierno ineficaz ha burocratizado los pagos y ha vuelto los requisitos interminables y los trámites inacabables.A ello se suman la actitud grosera de algunos empleados y funcionarios que, en vez de orientar, nos ningunean”.
El mismo entrevistado se lamentó: “Para acabarla de amolar, hemos sabido de manera extraoficial que el programa de Iniciación artística, del Centro Cultural Infantil La Vecindad, pasará a formar parte del Centro Morelense de las Artes (CMA). Esto podría resultar bueno para los muchachos que salen de Iniciación y optan por alguna disciplina artística, pero como el CMA es autónomo, y teniendo como antecedente esa desorganización que priva en la áreas del gobierno del estado, la situación de los maestros se vuelve todavía más complicada en términos de contratación y de pagos”.
Eran cerca de las 4 de la tarde del viernes 28 de septiembre del 2012.
Ella llegó de lo desconocido; con miedo, como espantada, como si alguien la viniera siguiendo, recordaría casi un año después Marina «N».
La mujer se disponía a cerrar su negocio cuando la vio entrar y hablar con su hijo menor.
Era una adolescente de 15 años de edad, ojos claros, cabello castaño, tez blanca; «era una niña linda».
–¡Yo sé en dónde está tu papá! Dile a tu mamá que yo sé dónde está.
Enseguida, el joven se acercó a su madre y le dijo:
–Esta niña dice que sabe dónde está mi papá.
–Acércate, pásate… ¿Cómo sabes en dónde está mi esposo? ¿Quién te mandó? –Preguntó Marina con desconfianza, ya que esa mañana un grupo armado había secuestrado a Miguel, su cónyuge.
Cinco personas, todos delgados, encapuchados y armados, llegaron por él hasta el local de frutas y verduras, ubicado en el poblado de Acatlipa de Temixco, Morelos.
–A ti te andamos buscando ¡hijo de tu pinche madre!–le dijo uno de ellos al tiempo que otros dos lo sometían, apuntado con la pistola a la cabeza.
Lo subieron a una camioneta, Honda Odissey, color arena, con placas del estado de Guerrero, y se lo llevaron.
Marina quedó en shock; no supo que hacer hasta horas después que se presentó la adolescente.
–Lo único que quiero decirle es donde está su esposo. Ahorita su esposo está solo; es el momento.Ahorita puede ir por él –volvió a decir la menor.
–Yo quiero saber dónde está él, pero no puedo ir sola. ¿Estás dispuesta a que alguna autoridad me acompañe?
–Sí–respondió ella.
El tiempo apremiaba, sobraban explicaciones.Ambas salieron del local y caminaron hasta la calle Allende, ahí encontraron una patrulla, adscrita a la Unidad del grupo especial de Base de Operaciones Mixtas (BOM).
Ciro Rodríguez, un agente ministerial comisionado al grupo, observó a la mujer y a la niña que le hicieron señas.
Marina le comento al policía sobre el secuestro de su esposo, él las llevó hasta la instalación provisional del BOM, en el interior del balneario Exhacienda de Temixco.
–¿A qué viene? –le preguntó el guardia del campamento.
–Vengo a denunciar un secuestro que hubo en la mañana.
–Hay uno registrado al diez para las ocho, pero nadie denunció.
–Tal vez le parezca ridículo pero mi trabajo no me lo permitió. No pensé en nada; yo solo quería esperar para saber qué hacer. Vengo ahorita a denunciar.
–¿Y esta niña, qué es de usted?
–Señor, esta niña ni la conozco pero dice que sabe en dónde está mi esposo.
Un sargento del Ejército Mexicano se entrevistó con la mujer y la joven.
Marina narró que esa mañana regresaba junto con Miguel del mercado, ella bajó de la camioneta y después él.
Un grupo de hombres armados se dirigió al negocio y les gritó a los presentes que se tirarán al suelo mientras se llevaban a su esposo.
Todo pasó tan rápido para ella que no pudo asimilar el hecho; mientras, su hijo le preguntaba a dónde se habían llevado a su padre. No sabía qué decir y comenzó a llorar… Lloró mucho.
Los vecinos, y la gente que supo de su tragedia, se acercaron para tratar de darle ánimos, pero ella se sentía como si hubiera sido mutilada de una parte de su cuerpo.
Por momentos se deprimía, pero después trataba de reaccionar y pensaba en sus hijos que la veían sufrir, y creía que debía transmitirles valor.
«Dios mío ayúdalo, ayúdame y dame la fuerza que necesito», se decía a sí misma.
Alrededor de las 11 de la mañana de ese día, uno de los secuestradores le llamó a su teléfono celular, pero contestó su hijo mayor.
El delincuente exigió un pago de 200 mil pesos para liberar a Miguel y le permitió hablar con él. El hombre le ordenó a su hijo que vendiera las dos camionetas que utilizaban para su trabajo para pagar su rescate.
Después de meditar por algunas horas, Marina decidió llamar a un abogado que conocía para pedirle su consejo y saber qué hacer, fue en ese momento que llegó la niña.
–Yo te estoy agradecida sinceramente, sí lo que estás diciendo es verdad–le dijo Marina a la joven.
–Tú no sabes el dolor que yo siento, tú no sabes el momento que estoy viviendo, ahorita que se llevaron a mi esposo siento que no soy nada.
–No llore señora.¿Sabe por qué? Porque su esposo está bien.
–Pero no entiendo porque tú sabes dónde está mi esposo.
La jovencita explicó, ante el militar, que uno de ellos era novio de su prima, y se llamaba David; otro Elías y a un hombre lo identificó con el apodado de El Gallo
, dueño de la casa en la que Miguel se encontraba secuestrado.
–¿Tú cómo sabes el lugar?–cuestionó Marina.
–Porque una vez me invitaron y yo fui–respondió la adolescente.
–Sí nosotros te llevamos a que identifiques el lugar, ¿estás dispuesta a hacerlo?
–Sí.
Rescate con ayuda de una menor
No obstante, ante el probable escenario de un enfrentamiento entre militares y captores, el sargento sacó una computadora portátil y, a través del programa cibernético Google Maps, localizó la casa de seguridad con la información que dio la menor.
– A ver, el lugar ya está ubicado. Es esta la casa y atrás hay un terreno baldío. La calle se llama Alcatraces, es número 160 de la colonia Nueva Morelos de Xochitepec; está atrás de una escuela–dijo el militar a los subalternos.
El mando ordenó cómo debían desplegarse. Ustedes por acá, los otros por allá y así detalladamente.
–¿Sabe qué, señora? Ustedes no nos pueden acompañar, pero aquí se quedan y en cuanto yo tenga reporte de lo sucedido, yo se lo haré saber–le dijo el soldado a la mujer.
Ella y la niña permanecieron en el campamento.
Durante este lapso, Marina le dijo a la niña que se comunicara con sus padres para decirles en donde se encontraba.
–Es que mi mamá no nos va ayudar, señora.
–¿Por qué?
–Porque hay algo de familiaridad y ella no puede comprometerse.
–¿Cuántos años tienes?
–Tengo 15 años.
–Yo no sé qué valor tan grande te movió como para venirme a avisar en donde está mi esposo–dijo la mujer y comenzó a llorar.
Ante el llanto, la adolescente le confesó que la noche previa supo que iban por su esposo. Ella estaba en su casa,lavando trastes, y escucho cómo el amigo de sus padres, El Gallo, y sus primos planearon el secuestro desde hacía una semana.
El día en que ocurrió el hecho, aproximadamente a las dos de la tarde, la menor pasó por el negocio de frutas y verduras y observó a la mujer llorar desconsoladamente.
Después, escuchó que su madre y su tía comentaron que su esposo se encontraba en la casa “del tal Gallo».
Al llegar a su casa, subió a su dormitorio y se acostó en la cama, no podía borrar de su mente el sufrimiento de la familia. Le dijo a su mamá que iba a casa de su prima y decidió avisarles a los familiares de la víctima.
–Yo los vi, señora, tan preocupados, tan angustiados, tan tristes que eso fue lo que me movió a mí a venir otra vez y decirle a usted dónde está su esposo. Porque usted, señora, yo sin saber y sin conocerlos, yo creo que son unas grandes personas.
La mujer agradeció mucho a la niña por exponer su vida, sin esperar nada a cambio. La niña la abrazó y le dijo:
–No se preocupe, ahorita ellos lo van a encontrar.
Al cabo de algunos minutos, sonó su teléfono, era el sargento.
–Señora, ¿cómo es su esposo?–preguntó el militar.
–Es gordito, tiene manchas en la piel, en la cara también.
–¿Qué ropa trae?
–Un pantalón de mezclilla y camisa cafecita.
–Quiero decirle que lo acabamos de rescatar; aquí,en el lugar que la niña mencionó. Eso fue cierto, señora.
Sin embargo,en ese momento, ninguna persona fue detenida; aunque la mujer recordó que la menor le había dicho que también había involucrados policías de Xochitepec, que brindaban protección a la banda.
Los militares y policías rescataron a Miguel, amarrado, semiinconsciente, con las manos y pies hinchados, con el rostro cubierto con cinta canela; abandonado en una casa en obra negra, de dos plantas, sucia. En el piso de arriba había jaulas para gallos, paja y costales para alimento de animales.
Cerca del inmueble, los elementos de seguridad encontraron la camioneta utilizada en el secuestro de Miguel; era un vehículo que había sido robado el 5 de septiembre de 2012.
Debido a las lesiones, la víctima tuvo que ser trasladado al hospital y después a la Procuraduría General de Justicia estatal para rendir su declaración, al igual que su esposa y la niña, quien al ser entrevistada dijo llamarse Leila Cristel.
El hombre se encontraba cabizbajo, sentado. Miró a su esposa y le dijo:
–Gracias, Mari; porque cinco minutos que hubieras llegado más tarde y yo no estuviera aquí. El aire me estaba faltando, las fuerzas ya no las sentía.
Ella le explicó que todo había sido gracias a Leila y que había vuelto a nacer.
Derivado de la investigación, la policía ministerial descubrió que los padres de la menor, Angélica Zapata García y Manuel Macedo Zavaleta, de 35 y 37 años de edad, respectivamente, participaron en el secuestro.
La sentencia
El 15 de julio de 2013, el tribunal, integrado por Leticia Damián Avilés, Elvia Terán Peña y Luis Jorge Gamboa Olea, jueces de Primera Instancia, de Control, Juicio Oral y Ejecución de Sanciones, sentenciaron a 25 años de prisión a los imputados por el delito de secuestro agravado y el pago de 2 mil días de multa, equivalente a la cantidad de 113 mil 400 pesos.
Los demás cómplices: David Lucena, Samuel «N», El Gallo, y la tía de Leila continúan prófugos de la justicia.
El 29 de julio del 2013, el abogado defensor de los sentenciados interpuso el recurso de casación y el 16 de agosto conoció del caso la Tercera Sala, se asignó como ponente al magistrado Miguel Ángel Falcón Vega.
El 10 de septiembre de 2013, se realizó la audiencia y asistieron como abogados defensores Félix Guadarrama Flores y Alfonso Trinidad García, quienes solicitaron la revocación de la sentencia en primera instancia, pero el fallo fue confirmado.
Los magistrados determinaron de vital y oportuna la intervención de la niña y reconocieron sus principios y valores; ya que su bondad, honestidad y valor cívico fue la diferencia, no sólo de frustrar los malévolos planes, sino de salvar la vida de Miguel.
Leila Cristel no quiso regresar a su casa y fue canalizada a una institución gubernamental especializada. Una versión no confirmada, aseguró que la adolescente regresó con uno de sus abuelos.
Aunque Marina siempre expresó su agradecimiento, está a la espera de poder volver a ver a la joven, para apoyarla, ya que la considera, “el ángel que dios me envió”.
Para un ser humano con discapacidad la vida es complicada y difícil, más aún cuando la persona adquiere una discapacidad en algún accidente, ya que estaba acostumbrada a vivir como una persona “común”, es decir, como la mayoría.
Ninguna existencia es fácil; sin embargo, cuando ocurren estas situaciones límite, realmente nos damos cuenta de que la vida puede ser muy dura. Es entonces cuando debemos, no preguntarle a la vida, ¡sino responderle! Ella nos pone en pie de lucha contra la adversidad.
Hace 10 años, Carlos Enrique De Saro Puebla, actualmente un hombre de 35 años, se entera apenas -por increíble que parezca- que tiene Síndrome de Down. Él, por decisión de su familia, había crecido creyéndose “normal”; sin embargo, no se explicaba por qué lo rechazaban y se burlaban de él en la escuela, en la comunidad, en el mundo más allá de las paredes de su casa; y tampoco sabía por qué no podía hacer muchas cosas tan fácilmente como otros.
Al ser ya un joven, sus padres deciden que es tiempo de que se entere de la verdad. A partir de ese momento, Carlos, lejos de sentirse derrotado, se pone a trabajar en pie de lucha contra la adversidad, no sólo por él, sino por y para las personas con discapacidad, demostrando lo que pueden lograr, y haciendo conciencia de que las personas con discapacidad física o mental, son seres humanos con capacidades diferentes. Para demostrarlo, él mismo funda una empresa que representa un gran trabajo: “Grupo Systemsol, un nuevo concepto en computación”, cuyo objetivo no sólo es tener una fuente de ingresos e independencia para Carlos, sino sensibilizar a las empresas para lograr la inclusión laboral de las personas con discapacidad.
Esta empresa, www.gruposystemsol.com.mx , ya es reconocida a nivel nacional e internacional, llevando pláticas y conferencias a todos los sectores. Pero Carlos se da cuenta de que con esto no es suficiente. Es indispensable capacitar a personas con esta problemática para que aprendan y desarrollen sus aptitudes, se sientan aceptadas, dejen de tener miedo y logren, aún con su discapacidad, utilizar una computadora y mucho más. De esta necesidad de integrar y preparar a personas con discapacidad para su inserción en el mercado laboral, surge la Asociación Civil Luchando contra la Adversidad, A.C.,que contando solamente con la unión de esfuerzos, donativos y el apoyo de instituciones públicas y privadas, es hoy, oficialmentewww.luchandocontralaadversidad.org. La Asociación cuenta ya con un Aula de Capacitación Incluyente, equipada con computadoras que poseen lo último en tecnología, y tablets con Windows 8, donde jóvenes deseosos de ser independientes, como Carlos, y al ver su ejemplo, pronto estarán dentro de un ámbito que antes les cerraba las puertas.
Así, por él y para los demás, trabaja un joven con Síndrome de Down: Carlos Enrique De Saro Puebla.
-Ayer en la mañana llegaron unos policías preventivos con una licenciada y la dueña del edificio y empujaron la puerta, rompieron la chapa y comenzaron a sacar las cosas de mi mamá y las mías. Yo les dije que ya había hablado con la dueña y que ella me dijo que me iba a aguantar porque no encuentro trabajo ni un lugar a donde ir con mis cosas y mi mamá que está mala del corazón y no puede trabajar.
La dueña me dijo que me iba a esperar a que le pagara, porque no hay trabajo y además tengo que atender a mi mamá enferma y no puedo trabajar. Le pagué marzo, abril y mayo y le dije que me esperara porque no encontraba un lugar donde vivir ni trabajo.
Las cosas de Óscar
Eso me cuenta Óscar Flores Ruiz, hoy, a las 12:30 del día 7 de noviembre de 2013, sentado en un sillón viejo, roto y sucio, en la banqueta, frente a la que por más de 60 años fue su casa y habitó junto con su padre ya finado y su madre, que padece una enfermedad cardiaca, según él. La noche de ayer fue la primera que duermen en la calle.
-Por ahí anda alguien que mandó la dueña, para que no nos volvamos a meter a la casa. –me señala Óscar que, junto con su madre de más de 87 años, pasó la noche en la calle Clavijero, en el centro histórico de Cuernavaca. Él y su madre, tienen el estómago lleno y no pasaron frío gracias a la solidaridad de los vecinos que les llevaron de cenar y les dieron algunas cobijas.
Oscar buscando documentos
En esta calle, frente al número 207, localizada a unas cuadras de Casa Morelos antes llamada Palacio de Gobierno, están todas las pertenencias de lo que queda de esta familia: algunos muebles viejos, un escritorio antiguo de metal, portafolios con chapas oxidadas, lámparas y demás trastes empolvados. La escena se parece a lo que queda después de los desalojos que realiza el gobierno en las viviendas miserables del Texcal, en el municipio colindante de Jiutepec.
De entre las cosas, tapadas con plásticos que fueron donados por los vecinos, sobresale el clavijero de una guitarra.
-¿A quién le gusta la música?
-Yo le rasco a veces a la guitarra –Me responde Óscar, técnico educativo, desempleado desde hace ya varios meses y con algunos problemas de ceguera.
Junto a Óscar está un muchacho y una mujer que me comentan que Graco Ramírez, el gobernador, ha dado la orden para que las cosas que ahora están en la calle sean almacenadas en una bodega y también le dijeron que el DIF estatal le ayudará a esa familia.
Más cosas de Óscar en la calle
Yo quiero seguir platicando con Óscar pero en esos momento llega un joven de lentes, con una camisa blanca, con el logo del Gobierno de la Nueva Visión, y le dice a Óscar que se levante del sillón y que lo está esperando un coche para ir a la Procuraduría.
Oscar
Óscar se levanta. No quiere dejar solo, a mitad de la calle, lo único que tiene.
-Ve, nosotros cuidamos las cosas hasta que vengas –Le dicen la mujer y el muchacho.
Óscar va hacia donde están sus cosas y se echa al hombro una mochila y dos bolsas y sigue al chico de lentes.
Ha pasado más de un año y nueve meses y tu crimen aún continúa impune; al igual que más del 90 por ciento de los asesinatos registrados en el estado durante este lapso.
Las autoridades reconocen esta cifra de manera extraoficial, pero ocultan la estadística detallada porque no quieren evidenciar su incapacidad.
Emmanuel Hernández Mendoza, el día de tu muerte, el lunes 16 de enero de 2012, tu padre y tus amigos te buscaron toda la mañana por la carretera federal Cuernavaca-Acapulco, creyeron que habías sufrido un accidente de tránsito.
Normalmente, llegabas a Cuernavaca todos los días a las seis de la mañana para vender las revistas y periódicos que traías de la Ciudad de México, pero el día de tu muerte, tus amigos Fernando, Paco y Arturo se alarmaron porque eran las ocho y no llegabas.
Nunca respondiste a las llamadas que te hicieron a tu teléfono celular, por eso dedujeron que algo malo había pasado. No estaban equivocados. En el kilómetro 48, a la altura del poblado de Tres Marías del municipio de Hutizilac, por donde casi siempre transitabas, tu cadáver fue hallado por las autoridades.
Emmanuel, a tus 29 años de edad, eras «un chavo» tranquilo, no te gustaba pelear, ni meterte en problemas; pero ese día, quizá te opusiste al robo de tu camioneta, porque nunca apareció, y fuiste asesinado de cuatro balazos.
Tú moriste en ese mismo tramo de la carretera donde en los últimos tres años se registraron al menos 110 robos de vehículos con uso de violencia y más de 80 personas fueron secuestradas, sólo porque tuvieron la mala fortuna de circular por ahí.
En ese mismo municipio donde han ocurrido al menos 35 asesinatos, más de 20 violaciones de mujeres y 3 desapariciones de personas, sin que hasta ahora la autoridad haga algo.
En ese mismo municipio donde, ahora, los pobladores denuncian a su propio alcalde, José Alfredo Mancilla Rojas, de proteger a grupos de secuestradores que operan impunemente en la zona.
Pero eso nunca lo supiste tú, Emmanuel Hernández.Y tampoco imaginaste que formarías parte de esa cifra de víctimas mortales que claman justicia y se encuentran olvidadas por el estado.
Emmanuel Hernández Mendoza
Tú, como cada uno de nosotros, pensabas en seguir disfrutando de la vida, tal y como dos días, antes de tu muerte, escribiste en tu muro del Facebook: «Ya tengo mis boletos para el miercoles!! Ojala todos los conciertos fueran tan baratos y con un gran espectáculo que estoy seguro darabjork»(sic).
Tu amigo Fernando me contó que te gustaba mucho ir a los conciertos, especialmente de rock alternativo, y juntos fueron a eventos que se realizaron en el Foro Sol y en el Palacio de Los Deportes.
Él recordó un concierto muy especial, el de Corona Capital,el último al que asistieron juntos. Ahí, conocieron a dos «chavas» que disfrutaron igual de la música, en compañía de ustedes, pero nunca conocieron los nombres de ellas como tampoco ellas los suyos.
Fernando te recuerda como una persona «buena onda», que no fumaba, no tomaba, ni tenía otro tipo de vicio; nada más comprar buena ropa, ser fans de los Acereros de Pittsburgh, tu equipo favorito de futbol americano, y de Las Águilas del América, de soccer.
A pesar de que te habías separado de tu esposa, te gustaba pasar las tardes con tus dos hijas, «las chaparras», como les decías.
Tu hermana Abigail, sufrió mucho tu partida «Me cuesta tanto pensar que ya no estás con nosotros fsicamente enano te extraño tanto tanto hermanito que no entiendo por que la vida nos quita a lo que más queremos, siento una gran tristeza y simplemente no lo acepto» (sic).
También, tus padres. Todos ellos han buscado refugio en lo único que les trae recuerdos tuyos: tus hijas, quienes se parecen mucho a ti.
Parece que tratan de seguir adelante y superar esta tragedia; por eso, ahora, depositan su confianza en la justicia divina.
Emmanuel, el día de tu muerte despertaste muy de madrugada y te dirigiste al expendio de periódicos y revistas para emprender tu viaje a Cuernavaca, pero sin retorno.