
Por Máximo Cerdio
No se sabe nada de los que mataron a Benito Salgado Rodríguez. Tú lo recuerdas, Juana, fue un martes 14 de septiembre, hace un poco más tres años. Lo mataron a plena luz del día, en la glorieta de las Flores, en los límites de Cuernavaca y Temixco. Tú los viste desde tu casa.
Por ahí de las 12 del día, Juana Román, llegaron cerca de 20 personas en siete camionetas. Había dos mujeres de pelo rubio que, al parecer eran las jefas, porque ordenaban, iban al frente de los hombres armados con rifles y pistolas en la cintura; recordarás.
Andaban buscando de un tal Orfanel, que tenía un billar, al Cuquis y al Huesos. Fueron a Billares Román y entraron. Eran como 10 hombres. Ahí agarraron a Benito Salgado, coime del billar. Lo golpearon y le exigieron, encañonándolo con una pistola en la cabeza, que dijera dónde estaban Orfanel, el Cuquis y el Huesos. Eso es lo que a ti te contaron, Juana.
Pero tú viste, Juana Román, cuando 10 hombres pasaron del Billar a casa de tu nuera, que queda a un lado del lo que era ese establecimiento y a un lado de tu casa; traían golpeando a Benito. En la casa de tu nuera, en uno de los cuartos, un hombre se encontró a tu nuera y a tu nieto de apenas 5 años de edad. Un hombre que hablaba por teléfono le dijo a tu nuera que se tirara al piso y el hombre salió del cuarto. Tu nuera no obedeció y se fue a tu casa, que queda a un lado, y después salió corriendo con tu nieto. Tú mirabas desde la sala de tu casa y te apresuraste a cerrar la puerta para que el hombre que hablaba por teléfono no entrara. Recuerda que te metiste al ropero mientras el hombre golpeaba la puerta, rompía los vidrios y gritaba que le abrieran porque tiraría la puerta a balazos. Todavía vivía tu mamá, y a ella no la pudiste meter al ropero y desde tu escondite le susurrabas que se callara, que no hiciera ruido porque si no entrarían y las matarían. Después de algunos minutos el fulano se fue y tú pudiste salir del ropero y quedaste mirando por una rendija de una ventana que da hacia la calle.
Aterrorizada, viste cómo pusieron a Benito en la glorieta junto a tres hombres más: reconociste a Orfanel, el dueño de un billar que se encontraba adentro de una casa sin rótulo, frente a la glorieta de las Flores; también estaban el Cuquis y el Huesos. Ahí estaban los 20 hombres, ni un policía, ni una patrulla, las gentes, como tú, estaban encerradas en sus casas. Los hombres armados se habían metido a las casas y habían robado pantallas planas, dinero, joyas, cosas de valor que ponían en las camionetas en las que viajaba y que dejaron estacionadas cuadras antes de la glorieta de las Flores. Tú lo viste todo, Juana.
Tú recuerdas que a Orfanel le pidieron las llaves de su camioneta Lobo, negra, estacionada frente a su casa, pero él dijo que no tenía las llaves en ese momento. Uno de los prisioneros, que no era Benito, quiso escapar pero varios hombres lo capturaron y lo volvieron a dejar junto a los otros.
A los cuatro los pusieron juntos, pecho a tierra. Las mujeres rubias se acercaron a los cuatro y los comenzaron a patear en la cara y los insultaban.
Escuchaste la orden de una de las mujeres: “¡Mátenlo!”. Cerraste los ojos y escuchaste un disparo; después una ráfaga. Los disparos eran secos, sin eco y seguidos.
Cuando abriste los ojos ya había cuatro cadáveres. Uno en la glorieta y los tres restantes en el suelo.

También viste, acuérdate Juana Román Amaya, que a varias cuadras de ahí se acercaba una patrulla con policías municipales, pero cuando vieron las camionetas y a las personas armadas se regresaron.
Los hombres y las dos mujeres se subieron a las camionetas repletas de cosas robadas y rechinando las llantas desaparecieron por las calles.
A Benito Salgado Rodríguez no le pones veladoras en los nichos que la gente construyó donde quedaron los cuerpos de los asesinados, porque Benito era cristiano, pero seguramente sí le gusta que vayas a visitar su tumba cada 14 de septiembre, y cada 2 de noviembre al panteón de la Colonia 10 de abril, en Temixco, donde yacen sus últimos restos.

Para el gobierno, Benito fue uno de los 24 mil 374 homicidios que se cometieron en México en 2010 de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía y uno de los 19 mil 499 que quedaron impunes, según Guillermo Zepeda, Investigador del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, quien dijo que en ese año 80 porciento de homicidios quedaron impunes.
Pero a ti Benito nunca se te va a olvidar porque fue tu compañero, Juana Román, y siempre lo vas a recordar alegre, ayudador, con su Biblia en la mano y hablando de la Palabra de Dios.






































