
Por: Josefo
Detener
1. Impedir que alguien o algo siga moviéndose, avanzando o realizando una actividad.
Caminaba por la calle con una amiga. Una mujer que venía por la banqueta caminando de frente hacia nosotros nos detuvo: “Tiene desabrochada su agujeta, joven”. Miré mis zapatos, le agradecí, ella siguió su camino, y yo me agaché para anudar mi agujeta.
Detener el tiempo.
Es bueno detenerse con cierta periodicidad a revisar que las cosas están bien, que si estamos cometiendo errores podamos corregirlos a tiempo.
Como cuando tenemos una receta, y vamos verificando que los ingredientes y los utensilios y el proceso lo estamos siguiendo al pie de la letra: si hay duda, detenernos y revisar. Y puede tratarse de una gran comida para una reunión familiar; incluso un sandwich de mermelada o cajeta.
O cuando estamos preparando la maleta para un viaje y estamos metiendo las cosas y nos detenemos para revisar si tal prenda o accesorio o documento no lo estamos olvidando.
Y a veces hay situaciones en las que quisiéramos detener el tiempo por completo. No sabemos que hacer y frente a nosotros tenemos un panorama difícil: como una avioneta de la que hemos perdido el control y sabemos que parece inevitable que en cualquier momento comienzan las piruetas antes de estrellarnos.
Detener la caída.
No sólo nos gustaría detener el tiempo. También nos gustaría detener la caída, encontrar el remedio. Como el remedio para la caída del cabello: con jabones, shampú, remedios caseros, productos milagrosos o incluso dieta. No siempre es tarde.
Los humanos somos personas tan activas, que muchas veces no nos damos cuenta que por nuestro ímpetu de ir hacia adelante ya hemos tomado un camino equivocado, hemos llevado nuestras carretas al borde de la barranca.
Detener el llanto
Y no sabemos qué hacer, y la desesperación nos hace llorar. Entonces estamos peor: no detenemos lo que estamos haciendo (mal) y tampoco podemos dejar de llorar. Perdemos de vista la meta. Empezamos a pensar que todo lo que hemos hecho, todos nuestros esfuerzos y desvelos han sido en vano. Se acabó el aire y ya no vuelan nuestros cometas.
¡Detenedla ya!
Lo peor es que no siempre eso es lo peor: empiezan los abandonos.
Nos abandona la suerte, nos abandonan los amigos, la pareja, el amor. Ya no quieren estar con nosotros a cambio de galletas. Y tenemos que pedirle a alguien más que los detenga, que nos los traiga de regreso…
Pero ¿cómo esperar que alguien más los detenga si nosotros mismos no fuimos capaces de poner un alto a eso que estábamos haciendo?
La vida completa tiene momentos para avanzar y para detenernos, respirar, meditar, reflexionar, corregir, recargar energías, volver a enfocar nuestros esfuerzos.
Asi que primero, ¡Detente! ¡Asegúrate que vas por el camino correcto! Y ahora ¡adelante! ¡Que nada te detenga!