
Por: Josefo
Pensar
1. Formar [una persona] ideas y representaciones de la realidad en su mente, relacionando unas con otras.
2. Hacer un juicio, tener una opinión sobre algo o alguien.
3. Considerar un asunto con atención y detenimiento, especialmente para estudiarlo, comprenderlo bien o tomar una decisión.
Pienso, luego existo.
En estos días estuve pensando acerca de los diferentes matices que tiene la acción de pensar. Me venía mucho a la mente esta idea de que todo el tiempo, de una u otra manera, estamos pensando.
Como en esas ocasiones que te acercas a alguien, le preguntas “¿Qué estas haciendo?“, y después de hacer una pausa te contesta “Nada“. ¡Por supuesto! No está caminando, o trabajando, o durmiendo o saltando. Efectivamente no está llevando a cabo una acción física observable, pero sin duda, estaba pensando.
¿Por qué entonces cuando no estamos haciendo nada, mejor no decimos que estábamos pensando? ¿Acaso pensar es tan irrelevante que nos da pena aceptar que estamos pensando? ¿O pensamos que pensar es de sabios engreídos?
Tal vez te has dado cuenta que muchas veces nos quedamos pensando en algo sin darnos cuenta. Estás viendo algo en la televisión, o intentando leer un libro o platicando con alguien y de pronto tus pensamientos ya están en otro asunto totalmente distinto a lo que tienes enfrente. Pensar es inevitable.
Volviendo a los matices de la acción de pensar, quiero comentar 5 de ellos:
– Pensar-pensar
– Pensar-opinar
– Pensar-organizar
– Pensar-analizar
– Pensar-crear
Si tienes un hondo penar, piensa en mí.
Pensar-pensar es esa forma intencional o involuntaria de traer ideas y representaciones a la mente: el rostro de una persona, un paisaje, una melodía. Normalmente en este tipo de pensar están los recuerdos, pensamos en nuestra infancia, pensamos en nuestro primer beso, pensamos en algún evento trágico, pensamos en algo importante que alguien nos dijo.
¿Qué irán a pensar de mí?
Pensar-opinar normalmente sí es una forma intencional de pensar. Se nos presenta algo, una situación, un objeto, una persona, un evento, y en nuestra mente hacemos un análisis de sus características para poder emitir un juicio: es bueno o es malo, sirve o no sirve, me gusta o no me gusta.
Piensa antes de actuar.
Pensar-organizar me parece una de las formas de pensar que debieran utilizarse de forma más cotidiana, y sin embargo muchas veces fallamos en ello. Pensar-organizar sirve para dar orden al gran cúmulo de ideas que rondan por nuestra mente con la finalidad de poder utilizarlas de forma eficiente.
Hay dos situaciones que he observado en relación a este pensar-organizar. La primera es cuando nos sentimos abrumados por una inmensa cantidad de asuntos, ideas y pensamientos que no sabemos cómo ordenarlos para poder pensar lo que tenemos que hacer en relación a cada uno. Se nos mezclan situaciones laborales, económicas, sentimentales, de salud, y en ocasiones, lo único que queremos es ya no pensar en nada. Precisamente el pensar-organizar nos ayuda a no caer -por lo menos con mucha frecuencia- en esta situación.
La segunda, que no nos afecta tanto como la anterior pero aún así nos molesta, es toparse con personas que al platicar, en lugar de ir directo al grano, brincan de idea en idea y mezclan temas y asuntos que no tienen relación con lo que nos quieren platicar. No piensan-organizan sus ideas y así quieren ser entendidos.
Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto.
Pensar-analizar es una forma un poco más compleja que las anteriores. No sólo vamos a buscar una opinión de algo o a organizar las ideas: vamos también a buscar relaciones entre esas ideas; vamos a llegar a conclusiones; vamos a buscar alternativas o soluciones y vamos a tomar decisiones.
Pero cuidado, si dejamos que las dudas y los temores tomen control de este pensar-analizar, nunca llevaremos nuestras decisiones a la práctica, y como dice la canción: “Estás perdiendo el tiempo pensando, pensando.”
En el pensar-analizar entran ya en juego nuestras experiencias personales y profesionales así como los conocimientos e información que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida. En gran medida, de esto -experiencia y conocimientos- depende la contundencia y seguridad de nuestras decisiones.
Vivir en el presente sin olvidar el pasado y pensar en el futuro.
Pensar-crear es la forma en que como seres humanos damos nacimiento a cosas nuevas. Es tomar ideas y jugar con ellas, mezclarlas, alucinar un poco. ¿Qué pasa si junto esto con esto? ¿Qué pasa si cambio el orden? ¿Qué pasa si unimos nuestros talentos?
Pensar-crear tiene riesgos precisamente porque mientras nuestras ideas dan nacimiento a nuevas ideas, no tenemos una evidencia de que éstas vayan a ser funcionales en la vida real, y al ponerlas en práctica tenemos que estar muy atentos a las posibles fallas que se puedan producir. Por ello las grandes empresas de tecnología, los ejércitos y las farmacéuticas tienen sus laboratorios de pruebas. En nuestro caso, muchas veces tenemos que poner nuestro pensar-crear directamente en el contexto laboral, personal o económico real y si fallamos…
Pero piénsalo bien: si comienzas a mejorar tu pensar (pensar-opinar-organizar-analizar-crear), ¿no crees que puedas mejorar -en mucho- tu vida?
¿O tú qué piensas?
Te deseo una excelente semana, y te invito a visitarme en facebook: Soy Josefo