Mujeres fundan y sostienen escuela primaria de Alpuyeca

Niños de Alpuyeca toman clases en el Palacio de gobierno

Por Máximo Cerdio

Alpuyeca, Xochitepec. A las 10:20 de la mañana, en el ala norte de la “Escuela Primaria 17 de abril de 1869”, que colinda con “Jardín de niños Las Palmas”, de esta comunidad, un grupo de ocho mujeres limpiaba la maleza. El filo de las coas, palas y machetes cortaba la yerba verde y evitaba las guías en cuyo final había sandías tiernas.

Son madres de familia que no podrán venir el domingo que hay jornada y que adelantaron su trabajo, dijo la maestra Guadalupe Sáyago Lira.

Explicó que hacen trabajo comunitario por lo menos tres o cuatro veces al año: padres, alumnos y algunos maestros limpian la maleza, los baños, reparan imperfecciones y hacen otras labores en beneficio de la escuela, para que se mantenga limpia, en buen estado y haya un mejor aprovechamiento por parte de los 151 niños que estudian allí.

La gran mayoría son madres de familia, también hay papás, pero una gran parte son mujeres, ellas están muy pendientes de todo, asisten a las juntas y toman decisiones.

Mujeres trabajando

El gallinero

Dentro de la superficie de cuatro mil metros cuadrados en donde se ubica la escuela hay también un pequeño gallinero, la maestra Guadalupe y los niños Miguel Ángel Rebolledo de los Santos y Bryan Ailton Germán Rivera, nos llevaron a conocerlo y nos explicaron que había ocho gallinas ponedoras y un gallo. Aprovechan los huevos. Ellos y otros alumnos más se encargan de darles de comer y beber, de limpiar la jaula. Cuidan a los animales, incluso les han puesto nombres a todos: la Pelona, la María, etcétera.

Comedor de la escuela

El comedor

Después fuimos al comedor. En la puerta de entrada había más se cincuenta niños haciendo turno. Adentro las cocineras los esperaban. A la orden de un profesor, los pequeños entraron y se acomodaron en las mesas y comenzaron a comer.

La maestra Sáyago Lira explicó que el comedor es un logro de los padres de familia y los maestros. Consiguen muchos de los productos en el Mercado Adolfo López Mateos, en donde ya tienes a sus proveedores, quienes después de explicarles que era para los niños, les venden a precios accesibles.

“Todo lo que comen es de muy buena calidad. Van los padres y alguna maestra a comprarlos, y ellos escogen. Los padres de los pequeños pagan una cuota de recuperación y pueden comer lo que deseen, uno, dos platos, lo que quieran. La idea de hacer este comedor es que los niños se alimenten bien por un costo mínimo, esto también les ayuda a los padres de familia, gastan menos en un desayuno balanceado. Hay varios niños que traen su desayuno o comida de su casa, ellos no pagan”.

Áreas abiertas

Todo ha costado mucho

En las escaleras que conducen al comedor, estaba sentada María Félix Estrada Pérez y su hija Karen Guadalupe.

María Félix relató que ella estuvo desde que se fundó la escuela y que su hija es una de las que saldrá de la primaria y entrará a la escuela secundaria.

Dijo que la escuela le gustaba mucho porque se respeta a los niños y los maestros son muy buenos y comprometidos con los pequeños. Es un lugar seguro y les dan una buena alimentación.

“Comenzamos con tres aulas muy pequeñas, en el dos mil once, y ya llevamos varias aulas, canchas, otros edificios. Todo ha sido muy difícil, tuvimos que hacer caminitos con piedras, este pueblo es muy barroso y compramos y fuimos a que nos donaran materiales. Siempre hemos trabajado mucho, cada cosa que tiene la escuela nos ha costado a todos: niños, maestros y padres de familia”.

María Félix, quien es ama de casa y hace artesanías para vender, reconoció el esfuerzo de los demás padres de familia y de los maestros en el trabajo que han realizado por años para hacer mejoras constantes a la escuela.

Yo es el último año que estoy, ya me voy, no tengo más hijos chicos, pero les pido a los papás que se quedan que no aflojen y sigan apoyando como siempre a los maestros y en las tareas comunes para que mantengamos nuestra escuela y la mejoremos, porque es para nuestros hijos. También me gustaría que no nos cambien de directora ni de maestros.

Según Guadalupe Sáyago en las cuatro hectáreas de terreno que les donó la comunidad para construir la escuela, iniciaron con tres aulas didácticas, ahora tienen seis; dos canchas, una de ellas techada, estacionamiento, comedor, aula de medios, tres sanitarios para niñas y tres para niños, una pequeña dirección, una bodeguita, andadores, muros de contención, y una barda perimetral inconclusa:

“Todo se ha ido haciendo poco a poco, con mucha participación de los padres de familia y de los maestros. No podemos esperar a que el gobierno nos solucione todo, porque no quiere o porque no manda las cosas a tiempo o no las construye ni las concluye; por eso nosotros hemos tomado la iniciativa y hemos gestionado diversos recursos y hemos puesto dinero y mano de obra”, explicó.

Aseguró que los niños tienen una idea de hermandad, de compañerismo, de cuidado de las cosas y del medio ambiente, porque se dan cuenta lo que les cuesta a sus papás; participan los niños, se cuidan entre ellos, se ayudan, son pequeños que están integrados a una familia muy grande.

María del Carmen Pantitlán Aguirre

La directora

De todo este esfuerzo da cuenta la directora de la escuela, María del Carmen Pantitlán Aguirre.

Ella fue fundadora de la primaria. Comenzó en agosto de 2011 como encargada de información y después fue comisionada de la dirección de la escuelita y profesoras de dos grupos; segundo y tercera grado. Después ingresó al servicio profesional docente y logró obtener la plaza de directora.

Confirmó lo que las maestras y madres de familia habían dicho sobre el esfuerzo que han hecho para llevar a la primaria al lugar en donde está ahora, y platicó sobre algunos eventos muy significativos en la vida de este centro educativo que tiene una población de 151 alumnos, 26 saldrán de sexto y hay una matrícula de 31 niños inscritos para febrero del próximo ciclo.

El gran problema ha sido la barda perimetral. En el terreno que nos donaron los comuneros construyeron las aulas y los baños, pero lo demás era maleza, piedra. En ocasiones teníamos actividades de educación física con los niños y de pronto las vacas se atravesaban.

Descubrimos también que niños y personas del pueblo hacían sus necesidades fisiológicas en nuestros baños y dejaban sucio.

Lo primero que hicimos fue acordar la obligatoriedad del uniforme: así los maestros podríamos verlos de lejos y estar atentos a quién entrababa y salía de la escuela.

En una ocasión vino la secretaria Beatriz Ramírez acompañado por el entonces alcalde Rodolfo Tapia. Visitaron el Jardín de niños Las Palmas y yo fui por el edil y la secretaria y casi los obligué a que diera un recorrido por nuestra escuela para que observara las necesidades; él se refirió a las instalaciones como “condiciones indignas” para los niños y maestros y prometió que tomaría cartas en el asunto: nunca cumplió.

Solicitamos durante mucho tiempo la barda perimetral pero no nos hacía caso hasta que el 18 de septiembre de 2015 los padres de familia tomaron la decisión de llevar a sus hijos a tomar clases en los portales de Palacio de Gobierno: maestros y niños realizamos nuestras actividades en el suelo, sólo así tuvimos la atención del gobierno.

En octubre de 2015 inició la edificación de la barda perimetral de la escuela y en marzo de 2016 la terminaron de construir de forma parcial. El gobierno estatal quería inaugurar esa obra, pero los padres de familia impidieron que se llevara a cabo la entrega: no la había terminado, faltaba la contra barda que, hasta la fecha, no han acabado.

María del Carmen Pantitlán Aguirre dijo que hay muchas necesidades en la escuela, una es la conclusión de la barda, que se construyan cinco años para niñas y cinco para niños y la construcción de una biblioteca y dotación de libros infantiles.

La directora de la Escuela Primaria 17 de abril de 1869 se siente muy a gusto en esa escuela en la que ha trabajado con los padres de familia desde su fundación.

Platicó que la compenetración de los niños con los maestros y éstos con los padres es muy buena, incluso ha habido pequeños que han salido de sexto año a la secundaria y de vez en cuando regresan a su antigua escuela a visitar a sus amigos y a sus maestros.