Rescatan animales domésticos en el país que más los abandona

Camila al momento de ser salvada

Por Stella Turcato

No reciben patrocinios ni apoyos institucionales; no pertenecen a organismos ni asociaciones, pero cuando se requiere, saben organizarse con solidaridad. Son rescatistas independientes de perros y gatos maltratados, accidentados, moribundos o en situación de calle.

Son mujeres profesionistas o comerciantes y, aunque no pertenecen a clases del más alto poder adquisitivo, se las ingenian para atender hogar, hijos, trabajo, cuidar a los animales que rescatan y, además, conseguir los recursos para este fin.

No sólo salvan a los peludos, como ellas mismas los nombran, sino que les cambian la vida para siempre.

Conurbados conversó con tres de ellas, conectadas entre sí por la pasión que comparten, conexión favorecida ahora por las redes sociales. Son Rossy Rojas, Lupita Xicoténcatl y Gaby Hernández.

Incomprendida, en ocasiones, su labor, al grado que los seguidores de las páginas de redes sociales llegan a exigirles, como si fuera obligación o como si fuera un trabajo remunerado, ayudar a las mascotas necesitadas. Esto, en un país que ocupa el primer lugar en abandono de animales de compañía y el tercero en maltrato de éstos.

“Decimos: ‘es un perro de la calle’. ¡No, no es de la calle; es de nosotros!”, acota Lupita, al referirse a tantas expresiones y creencias orientadas a evadir la responsabilidad de los seres humanos.

La gente que los abandona o los daña, “no tiene la menor idea de cómo tratar a un animal. La mayoría de las personas los considera menor a nosotros. Tú los oyes hablar despectivamente: ‘me trataron peor que a un perro’, se lamenta la doctora en medicina Lupita.

El milagro de Camila

El primero de septiembre, Rossy llegó a la medianoche a Tlayacapan. Iba, acompañada por otras dos personas, a rescatar a un can que, le habían dicho, se veía tan enfermo que no creían que aguantara un día más.

“Llegamos sin saber a qué nos íbamos a enfrentar: si tenía dueño, si no tenía dueño. En un principio todo el mundo quiere ayudar, pero de todos esos, nada más llegaron dos personas: José Sánchez y Fabi Reyna y yo. Ahí fue la primera vez que los conocí. Todavía a esa hora (otros usuarios de las redes) nos decían ‘yo voy, yo voy’. Todo el mundo te dice así, te felicita, te critica y al final de cuentas a veces te quedas sola”.

Cuando lograron encontrar la casa donde estaba el can desvalido, sus dueños accedieron rápido a entregarlo, allí se enteraron que era una hembra, de nombre Camila. “La trajeron amarrada con un cable; a veces es peor, por lo regular, es con un alambre”.

La perra bóxer, una raza de mediana a grande, tenía sólo 4 dientes y un solo ojo, un peso de 4 kilos, aunque aproximadamente tiene entre un año y dos de edad, estaba infestada de pulgas y garrapatas. “Estuvo toda su vida amarrada a un poste, tiene las marcas (de ello), sin comer, sin bañarse (…) era puros huesitos (…) perdió dientes por la desnutrición tan severa”, narra Rossy.

Tras los cuidados de Fabi y Rossy, en tres meses, Camila está reestablecida y ya le dieron su primera vacuna. Es muy sociable y convive con niños, por lo que es apta y está lista para adopción.

Camila en la actualidad

Darle amor hasta el último aliento

Cuenta Lupita: “A mí me tocó el caso de rescatar un pastor alemán viejito que había sido rescatado (junto con otros) del acopio del rastro, que ya los iban a matar. Ya todos habían salido (entregados en adopción) excepto ese perrito, por su vejez. Tenía cáncer; decidimos adoptarlo. Desgraciadamente, Max estuvo con nosotros dos meses y medio, murió de cáncer. Siempre había estado en la calle, (se notaba) por sus características; era un huesito, lo iban a dormir” en una veterinaria.

“El rescate abarca todas esas cosas. Dices: si todavía tiene vida, si toda su vida anduvo en la calle y todavía le puedo dar amor sus últimos días, se lo voy a dar y todas esas cosas abarcamos”, explica Lupita.

“En la calle ya nos hemos encontrado perritos atropellados y los levantamos, corremos con los gastos con el hogar temporal, que (esto) es lo más difícil de conseguir. Hogar temporal es yo corro con los gastos del niño (canino o felino) hasta que esté listo y lo damos en adopción. Lo más difícil es eso, porque la mayoría de las personas no lo tiene claro o ya no puede con su economía. O a veces te endrogas de más porque dices otros, y otro y otro… Ojalá se pudiera hacer eso (atender a todos los animales necesitados). Y ya no los tienes bien y eso no es salvar, eso no es rescatar.  Si no puedes con el paquete, no te eches uno más; mejor no, mejor sólo con lo que puedes.

“Nosotros como familia tenemos esa filosofía: rescatamos uno y hasta que esté listo y (damos en adopción) entonces viene el otro y así sucesivamente. A veces, nos salimos de ese contexto, por el amor” que le tienen a los animales, resume Lupita.

Pero qué pasa cuando una vez recuperadas, las mascotas no han sido adoptadas. Rossy señala: “cuando sabes que se tienen que dar en adopción, insisto hasta que las coloco” y se aplican filtros para que se queden con personas responsables, añade.

“Yo, lo más que me he tardado en dar algunos de los míos en adopción son cuatro meses. Pero yo he aprendido a caer en lo sano. El tiempo que está conmigo la niña, el niño, el gatito, la gatita, lo amo a más no poder, le lloro, lo apapacho; son mis hijos. En ese momento en que yo me hago responsable, es mi hijo, pero estoy muy consciente que (en algún momento) se tiene que ir.

A nosotros así nos ha funcionado como familia porque si no mi economía se quiebra, tendría problemas con mi marido, mis hijos, mis vecinos y conmigo misma. Es algo sano. Los años que lo hemos realizado como familia nos ha funcionado.

Dice Rossy que “un rescate es desde que lo tomas hasta que lo entregas en adopción (responsable y con la aplicación de filtros). He estado con un perrito toda la noche en la calle, un 24 de diciembre, porque no tenía dónde llevarlo. (En ocasiones) es frustrante no poder hacer más por ellos”, ya sea por la hora, por la falta de medios, etcétera.

Chatita cuando fue rescatada
Chatita en franca recuperación

Chatita, segunda llamada

Gaby Hernández es cosmetóloga y decidió darle una segunda oportunidad de rescate a Chatita, una bóxer también muy desnutrida y con graves infecciones de piel: hongos y sarna “de la mala”, según dijo el veterinario.

A Gaby no le importó los miles de ácaros que calaban la dermis de Chatita. Hace unos días subió a su vehículo a la perrita que no había logrado recuperar peso ni curarse de sus males en un primer rescate. Se la llevó a un amigo que le daría hogar temporal, pero con cargo y responsabilidad de la mujer.

Gaby desparrama entusiasmo cuando se explaya acerca de los avances de la canina bajo su cuidado y dice: “el amor todo lo puede”.

Cuenta cómo se ha adaptado Chatita a su casa, a sus compañeros caninos y a sus humanos provisionales. Muestra las fotos de los avances de la perrita, logrados en apenas pocos días y cuenta cómo ésos también fueron reconocidos por el veterinario.

Rescatistas

A las tres y otras rescatistas puede contactarlas en las páginas de Facebook especializadas.

Para más informes, adopciones y apoyos al rescate de animales, están las páginas de Facebook:

Páginas Mascotas perdidas y encontradas en Morelos

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