Haciendo cuentas con Dios (Desde el Penal de Atlacholoaya)

Policía y detenido

Por Carolina Alvarado

El trato ya estaba hecho hacía varias semanas. La emoción corroía las tripas. No era precisamente de esas emociones de felicidad, era un gusano de incertidumbre que cosquilleaba en la sangre, que la hacía palpitar y trepidar el corazón hasta la garganta.

Dejarlo todo y a todos. Familia, casa, barrio. Mi país, al que hasta ahorita sentía más mío.

Todo estaba bien amarrado. El pollero, que era de confianza y ya había pasado a varios conocidos sin problemas y sin tranzas, nos dio chance de apartar nuestros lugares nomás con la mitad de los 150 mil pesos; yo no tenía todo, sino hasta que juntara lo de la tanda, la venta de mi moto y un fondo de ahorro que hacía el dueño de la ladrillera donde trabajaba.

Veía todo a mi alrededor con nostalgia adelantada, como si ya los extrañara pero ya con ansiedad de irme a trabajar al gabacho y prosperar. Que mi familia tuviera una vida mejor. No pudieron hacer nada cuando les dije mi decisión. Ya había pagado. Gabriela, mi esposa, protestó y propuso que con ese dinero podíamos poner un negocio:

–Compra un taxi, podemos poner un puesto de tacos, vender ropa de paca, una verdulería…

No, le dije, “este pinche país ya no da para más. Si no eres diputado o influyente no logras nada. Mira cuánto negocio cierra por las extorsiones”.

Estaba harto de trabajar en la ladrillera y para concesionarios de los microbuses abusivos, y ahora trabajar para unos delincuentes. No.

Por lo menos allá trabajaría, tal vez las mismas 12 horas que en la ladrillera o manejando el micro pero ahora ganaría en dólares. Ocho dólares la hora.

A pesar de haberlo pensado muchas veces, durante años, no me decidía a irme. No es una decisión fácil.

Hasta que mi hija Arely se puso muy mal de fiebres muy altas, ya no reaccionaba cuando le hablábamos. Para llevarla al doctor debíamos bajar a la avenida principal en taxi porque las micros aún no subían hasta la loma y el tramo era muy largo para correr con la niña en brazos. Ese día no tenía dinero para el taxi, ni el médico ni las medicinas.

En su desesperación, Gabriela me gritó: “No eres lo suficientemente hombre para mantener una casa y una familia”.

Casi tumbé la puerta de la casa de mi tía pidiendo ayuda.

Su casa era la más grande de la colonia, bien construida, de tres pisos, hasta con un vitral de la Virgen de Guadalupe; en su sala tenía pantalla plana de 62 pulgadas y sus hijas y nietos con celulares bien avanzados. Todo gracias al dinero que le mandaban de Estados Unidos su hijo y su esposo, mi tío. Hasta una flota de taxis manejaba. Claro, ellos vivían en Chicago hacía 15 años.

Mi tía tenía varios terrenos en la colonia que invadimos hacía seis años porque fue una de la que declaró contra la líder de la invasión, la acusó de fraude en la compra de los terrenos, que en realidad habíamos invadido. A la líder, ahora presa en la cárcel de mujeres de Santa Martha Acatitla, no le tocó ni un terreno, y el dinero que le dimos como adelanto por los terrenos seguro lo gastó en el juicio. Ahora mi tía renta cuartos y locales.

Sí, las palabras de Gaby me herían en mi virilidad, en mi dignidad de hombre, pero lo que más me lastimaba era la subida a diario por la calle principal; pasar en medio de casas ya hechas y derechas, muchas en obra negra, aún con plásticos en las ventanas, pero ya levantadas. En cambio yo no había logrado nada más que dos cuartuchos y el baño con techos de lámina. Mi piso aún era de tierra. Me agüitaba mucho y me avergonzaba por no ser “lo suficientemente hombre”.

Tampoco soportaba saber que mi tía había llevado varias veces sopa para que la niña comiera. “No le puede faltar la comida”, decía, “mira lo flaquita que está”. Yo sentía hervir la sangre de odio y coraje por la humillación.

Ese día tomé la decisión de irme a Estados Unidos.

II

En la loma del cerro, a un lado de mi jacal, teníamos una pequeña capilla para San Judas Tadeo. Mi viaje a Nogales era ese día en la noche, el Día del Santo Patrón de mi colonia. “Sálvame de la tristeza y guíame en este mundo a fin de seguir adelante, sin descuidar a mi familia, ni a mí mismo…”

Desde que había dado el adelanto, todos los días iba a verlo antes para pedirle por mi causa, que era, para mí, muy difícil. La capilla era pequeña y ese día estaba limpia y llena de flores y velas. Desde temprano los cohetes retumbaron en el cielo de Los Reyes.

Ya tenía lista la mochila –debía ser ligera, nos advirtió el contacto con el pollero, que también se llevaba una lana por mandarle mojados–. Cuatro litros de agua únicamente y muy poca comida porque a la hora de la corredera el peso es nuestro peor enemigo.

Mi autobús hacia la Ciudad de México salía pasada la media noche. Compré boleto sólo de ida, también para Nogales.

Traía los 75 mil pesos del pollero entre los pliegues de las mangas largas de mi camisa que enrollé hasta el brazo, por donde guardaba a veces mis cigarros. 75 mil pesos atorados con seguros.

Regresé temprano del almuerzo en la ladrillera para la peregrinación del Santo por las calles de la colonia. Se cumplían seis años desde que llegamos como paracaidistas a esa punta del cerro. Aún estábamos sin pavimentación pero ya teníamos agua, drenaje, y la luz, la agarrábamos de los postes.

A un lado de la capilla había un pequeño cementerio de animales. Casi todos eran perros, algunos hasta una cruz grabada dejaban en la última morada del animal. Ahí, en un cerco de piedras amontonadas estaban sentados los “moneados”. Eran inofensivos. Conocíamos a algunos desde chiquitos. Los más grandes, los adultos estaban muy borrachos chupando con fruición su boli, a la que le agregaban alcohol del 90.

En la peregrinación, casi llegando a la capilla, El Chori se acercó a pedirme dinero “para mi caña”. Su mamá -mi tía- ya lo había soltado después de varios intentos de enderezarlo en clínicas de desintoxicación. Lo dejó “en manos de Dios” porque ella ya no pudo con él, nació torcido, decía.

–No te hagas pendejo, si andas forrado.

No mi Chori, no tengo, lo palmeaba en la espalda como consuelo.

Yo pensaba en el sacrificio que había hecho para juntar el dinero y dejarlo todo lo que pudiera a mi hija y a mi mujer. No le iba dar dinero a ese vago.

Se alejó por un momento, se quedó atrás de la peregrinación pero sé que me venadeaba.

Decidí ir a mi casa a asegurarme que estuviera bien cerrada porque adentro estaba la mochila, y ahí, en una lata de chiles, con un hoyo de alcancía en la parte de abajo, para despistar, el otro dinero para el viaje.

Me salió por el lado del cementerio. Me pidió mil pesos.

–No Chori, no te voy a dar nada. Vete a la fiesta. Al rato va haber chela.

No era la primera vez que se peleaba con alguien en la colonia, sobre todo cuando era más chavo se ponía agresivo. Por eso lo anexaron. Ahora la mona nomás lo estupidizaba.

–Préstame una lana, para poner un negocio. Mi jefa me va dar el resto. Neta, ya quiero ayudarla. Esta es la última vez que me empedo. Tú traes varo, no te hagas, andas forrado, mil pesos no es nada. Somos familia hoy por ti…

Me negué sin decirle nada y lo hice a un lado con un apretón en el brazo para dar la vuelta hacia la capilla.

–¡Pinche mal agradecido! Ni porque nosotros le matamos el hambre a tu hija eres capaz de darme mil pesos. Yo sé dónde tienes el dinero, ¡me lo vas a dar o te lleva la chingada!

Recuerdo que la luz de los cohetes iluminó la punta cuando se acercó a jalarme la manga. Lo derribé muy fácilmente. Le quité la punta y se la hundí en el estómago.

En mi mente estaban las oraciones al Santo “te encomiendo mi alma y mi cuerpo, todos mis intereses espirituales y temporales y asimismo los de mi familia”, al tiempo que me escuchaba gritando:

¡Yo también te voy a matar el hambre! ¡Come perro! ¡Come!

Le retaqué la boca de piedras del cementerio de perros, le abrí la mandíbula para que le cupieran muchas. La explosión de los cohetes era la música de fondo de mis gritos.

Ya te maté el hambre ¿Quieres más sopita?

No sé por qué, pero después, con las tablas del templete para la fiesta intentaba armar un ataúd; algunas ya tenían los clavos. Tuve la paciencia para esperar la explosión de cohetes para disimular los golpes a los clavos con las piedras. Cada estallido al Santo un clavo al ataúd. “Bríndame la tranquilidad necesaria para superar este momento de tristeza y desolación, dame fuerzas para que mis oraciones y mis ruegos lleguen a Dios en favor de mi difunto”.

Cuando desperté de ese frenesí. En el cielo ya no retumban los cohetes. Rodeado de gente, noté que me tenían agarrado de mis brazos desnudos. ¡Mi camisa, mi camisa!, grité. El vacío regresó mi grito multiplicado.

No me resistí más. Desde la parte trasera de la patrulla vi las casas de la colonia. Ahora sí, mi casa estaría más hundida por las otras. El santo me recordó que hay causas imposibles. Hay ladrilleros sin ladrillos.

Las quejas en Condusef y cómo evitar fraudes en tarjetas

 

Bloqueo de clave

Por Máximo Cerdio

Fotografía: Silvia Lozano Venegas/OjoCojo

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) en el estado dio a conocer que en 2016 se registraron mil 471 quejas por “consumos no reconocidos”, es decir, un poco más de cuatro al día. De éstas, hubo 53 reclamaciones por Probable Robo de Identidad o “robo de datos”; del 1 de enero al 8 de marzo de este año, se contabilizaron 14 reclamaciones de Probable Robo de Identidad.

Carlos Flores Hernández, titular de Cultura Financiera de la Condusef Morelos, explicó a Conurbados que los delincuentes que se dedican a robo de datos tienen una cultura financiera más amplia y actualizada que los usuarios de tarjetas de crédito y de débito porque saben las costumbres financieras de los usuarios, los procedimientos de compra, conocen de tecnología, de seguridad y van un paso adelante que la policía.

SucursalBancaria

Modus operandi

La gran mayoría de los cajeros cuentan con vidrios transparentes grandes para evitar asaltos.

Los delincuentes merodean cerca de los cajeros con cámaras fotográficas o de video (a veces disfrazados de turistas) y cuando alguien entra, por ejemplo, a sacar dinero graban (a distancia) su clave, número de tarjeta y el número de seguridad que se encuentra en la parte posterior.

Los delincuentes que saben su oficio pueden acceder desde un celular a tiendas en línea y hacen compras con los datos que han obtenido.

“Los usuarios se sorprenden al recibir un mensaje o un correo electrónico en donde se les informa que hay un cargo a su tarjeta por tal cantidad (de entre tres mil y cinco mil pesos), por concepto del costo de un viaje, por ejemplo, de la Ciudad de México a Monterrey o de la Ciudad de México a Tijuana”.

Las reclamaciones no proceden

Por regla general, la reclamación del quejoso por consumo no reconocido no procede porque la guardia y custodia del “plástico” corresponde a los usuarios. Todos los datos que contiene la tarjeta son del usuario y es responsabilidad de él cuidarlos y que no se haga mal uso de ellos.

La queja procede sólo en algunos casos: “por ejemplo, hemos tenido situaciones de personas a las que les robaron su tarjeta y la firma que tiene registrada en la institución bancaria no coincide con la que estamparon en el negocio donde el delincuente adquirió algo y firmó”, explicó Carlos Flores.

El funcionario también relató el caso de una mujer que presentó una queja un cargo no reconocido: cada mes que le llegaba su estado de cuenta no lo leía, sólo pagaba un poco más del mínimo, hasta que leyó bien y le habían cargado en una tienda departamental un monto de diez mil pesos que ella no hizo, pero este cargo fue de marzo del año 2016. El reclamo está aún en trámite.

“Si una persona no reclama en dos años acepta de manera tácita el cobro. La acción para reclamar ante la Procuraduría Federal del Consumidor prescribe en un año y la acción mercantil legal prescribe en cinco años para reclamar estos cobros indebidos”, detalló Flores Hernández.

Bloqueo de clave de tarjeta

Recomendaciones para evitar robo de datos

La Condusef Morelos dio una serie de recomendaciones para evitar ser víctima de robo de datos en cualquiera de sus modalidades:

  • Revisar detenidamente el estado de cuenta.
  • Revisar los contratos que firmemos, ya que a veces hay letras chiquitas que por las prisas o porque no vemos bien dejamos pasar. Hay que disponer de todo el tiempo que sea necesario porque son los derechos y las obligaciones que vamos a adquirir.
  • Bloquear los números de seguridad que son tres y vienen en el reverso de las tarjetas de crédito y de débito, principalmente para evitar cargos por compras en línea.
  • Tener en la cartera o en el celular el número telefónico de la Unidad Nacional de Atención para reportar de inmediato robo o extravío, ya que se pierde mucho tiempo buscando este número. Por ejemplo, aquí en Morelos para una tarjeta de debido de Banamex es 01-800-021-2345

Las principales instituciones con quejas

De acuerdo con la Condusef en el ejercicio de 2016, se recibieron 27 mil 121 quejas, 13 por ciento más que en el año 2015 en el que se recibieron 24 mil cuatro acciones de atención.

Las instituciones financieras con mayor número de reclamaciones fueron:

Citibabamex con 23 por ciento de abono (lo que se reintegra al cliente) y 69 por ciento de respuesta favorable, en segundo BBVA Bancomer con 34 por ciento y 71 por ciento; en tercer lugar, Banco Santander (México) S.A. con 54 por ciento y 63 por ciento; en cuarto Banorte Ixe con 71 por ciento y 74 por ciento; en quinto Banco Inbursa con 49 por ciento y 79 por ciento; en sexto HSBC México con 27 por ciento y 66 por ciento, y en séptimo Scotiabank 25 por ciento y 57 por ciento.

Carlos Flores Hernández dijo que los consumos no reconocidos representan el segundo lugar en quejas, en el primero está el desconocimiento en el reporte de crédito especial, es decir, el reclamo de los usuarios de servicios financieros porque los mandan al “Buró de crédito”: en 2016 hubo 15 mil 670 y en 2015 llegaron a 12 mil 969 quejas.

El funcionario explicó que no hay castigo para la institución financiera que realiza un cobro indebido porque reintegra el monto al cliente, pero que queda un antecedente de que ha realizado operaciones anómalas.

UAEM Jojutla abre sus puertas a universitarios con discapacidad

Directivos de la EES Jojutla

Por Máximo Cerdio

Jojutla. La Escuela de Estudios Superiores de Jojutla (EESJ), de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), abrirá sus puertas a estudiantes con discapacidad visual y auditiva.

Así lo dio a conocer la directora interina Silvia Cartujano Escobar, quien explicó que esta opción estará para las carreras de Contador Público, Licenciatura en Administración y Licenciatura en Derecho.

“Ignoramos cuántas personas con estas discapacidades se van a inscribir, pero cuando tengamos la certeza de que son alumnos aceptados solicitaremos a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos un ‘acompañante’ o ‘tutor’ por cada estudiante con capacidades especiales, lo cual no tendrá costo alguno, porque así lo aprobó el Consejo Universitario el año pasado”.

Silvia Cartujano dijo que la UAEM espera recibir a cuatro mil estudiantes de nivel superior de licenciatura y en el caso de la EES Jojutla habrá doscientos alumnos: 80 para Contaduría, 80 para Derecho y 40 para Administración:

“Esperamos entregar ochenta fichas para Administración, doscientas para Derecho y doscientas para Contabilidad”.

La directora de la EESJ explicó que la convocatoria está abierta desde el 2 de marzo hasta el 18 de mayo de este año: hay que hacer un pre registro en línea en la página www.uaem.mx; aquí están las ligas para nivel medio y para el superior, en la del superior se llenan unos formularios con información del aspirante y una vez que se llene el prerregistro, la página genera una preficha de seiscientos pesos que hay que pagar en el banco Santander o Bancomer. Los canjes oficiales de esas prefichas van a ser hasta el 18 de mayo. El 4 de junio se realizará el examen.

Detalló que todos los exámenes van a ser en braille, para los aspirantes con discapacidad visual y para los que tengan sordera se emplearán otros mecanismos, por lo que desde la preficha se no notificará cuántos y quiénes son los aspirantes especiales.

De acuerdo con la doctora Cartujano Escobar, la EES de Jojutla está por debajo de la media nacional en deserción, que indica que por cada 100 estudiantes abandonan los estudios 40: en el caso de Contaduría y Administración están por debajo con 20 por ciento de deserción y en Derecho en la media nacional.

De la totalidad de egresados del año pasado de la EES de Jojutla, noventa por ciento está colocado en el área que estudió y no tardan más de siete meses en conseguir empleo, precisó.

La EES de Jojutla tiene un sistema de formación por competencias que se encuentra establecido en el Modelo Universitario, publicado por el Consejo universitario, que dispone una formación integral de nuestros alumnos con actividades y talleres como fútbol, básquet, bolleybol, defensa personal, ajedrez, crosfit, gimnasio, natación, tabla rítmica, yoga, zumba, flores de papel, dibujo, pintura, guitarra, escritura creativa, canto, bordado elaboración de hamacas, cartonería, ballet folklórico; todos gratuitos y abiertos a todo el público, no sólo a los universitarios.

Un parque para recomponer el tejido social

Martha Delgado Gómez

Por Elsa Castorela Castro

Un parque puede ser un instrumento para la recomposición del tejido social, así lo han experimentado en la colonia Satélite, municipio de Cuernavaca, al oriente de la ciudad. Este hecho ha propiciado que, en lo que fue la primera sección de esta colonia, hoy se haga comunidad a partir de la recuperación de un espacio público con más de 50 años de historia, pero que además había estado abandonado durante 15 años por el gobierno local.

Martha Delgado Gómez, presidenta del Comité Vecinal del parque, contó la historia de cómo han logrado que un sitio que había sido tomado por la delincuencia, lo haya recuperarlo la comunidad, cuando decidieron organizarse, hace tres años.

En el “parquecito”, comentó Delgado Gómez, nos reconocemos como seres humanos, donde todos participan para hacer comunidad, existe responsabilidad ciudadana, aquí se sienten a gusto, seguros, se acompañan, enseñan y aprenden.

Alrededor de dos mil metros cuadrados, el parque da cobijo para juegos, un kiosco, un huerto, paredes para el arte, árboles, plantas medicinales, hortalizas, entre muchas cosas, las familias se reúnen en torno al trabajo, ya sea para barrer, apoyar en la rehabilitación de los juegos, de los abuelos siendo niños, ahora de sus nietos.

Un parque donde las personas se reencuentran, se recrean y reconocen como comunidad, llegan con sus hijos, los maridos, mientras unos juegan, otros en el taller o bailando zumba, hay juegos para niños que andan en silla de ruedas, para niños, pero también para los adultos, destacó Delgado Gómez, a la vez que con satisfacción habló de los logros en la recuperación del espacio.

El mantenimiento lo hacen entre todos, hay escobas que la propia comunidad donó, si alguien pasa y decide barrer, lo hace o riega las plantas.

Delgado Gómez, reconoció que el proceso organizativo tiene mucha historia, pero sobre todo trabajo comunitario, ahí les gusta el teatro y presentan sus propias obras; Martha y su familia, que es de artistas, ocupan su tiempo libre en mantenimiento del parque que lleva el nombre de un expresidente municipal de Cuernavaca, Ramón Hernández Navarro.

La Ciudad Cuento

Un cuento en el muro de la Satélite

Por Elsa Castorela Castro

Con la ayuda del escritor y cuentacuentos Emilio Lome, los vecinos de la colonia Satélite construyeron La Ciudad Cuento, en ella sus habitantes narran las historias que escucharon o se las contaron los protagonistas de la anécdota, una de estas leyendas es: “El cráneo de los dientes de oro”:

“Un policía que tenía urgencia de dinero se atreve a excavar donde se aparece un marrano negro, excavan largo rato y sacan un cráneo con dientes de oro. Se lo llevan a su casa, le quitan todos menos uno que no lo pudieron sacar. Se reparten el botín, pero cada uno tuvo una muerte terrible”.

Esta otra historia: “Había una viejecita que cuidaba marranos en una casa casi en ruinas, al parecer sus patrones eran matanceros de la Carolina (una colonia en Cuernavaca), el asunto es que no se metían con nadie, hablaban poco y no hacía amistades.

“Una noche de tormenta tocó a su puerta una mujer y la dejó pasar para que se protegiera de la lluvia. la mujer le pidió que cuidara a su bebé mientras iba al baño. La viejita aceptó a regañadientes, pues no le quedaba otra. El bebé estaba dormido y era muy lindo. Pero no tardó en despertar y ponerse a llorar.

“Aquel niño lloraba cada vez más con más y más fuerza y al mismo tiempo empieza a pesar cada vez más, tanto pesaba que la viejita tuvo que ponerlo en el piso.

“Cuando hizo esto, le entró un gran cansancio a la viejita y se durmió. Cuando despertó vio que unos marranos habían entrado al interior de la casa y se estaban terminando de comer al bebé quiso hacer algo, pero no pudo. No podía despertar del todo, había sido un mal solo alcanzó a oír los gritos de una mujer que decía: “castígala señor como me has castigado a mí.

“Cuando al fin logró despertar no hallo rastro del bebé ni de la mujer y de nada. Y pensó y pensó que todo había sido un sueño, pero al salir al patio vio que los marranos se reunían en torno a un lugar en el que alguien había empezado a escarbar.

“La viejita le contó aquello a mi tía Marciala que le iba a vender tortillas duras para los puercos. Un día los marranos escaparon y se metieron en varias casas de la colonia. Dicen que los iba guiando un marrano negro”.

Si quieren saber más de la Ciudad cuento, inicia el recorrido por la calle Jazmín, a un costado de la delegación de la colonia Satélite, en la esquina con Clavel encontrarán otro capítulo, continúa en Magnolia en las esquinas con Orquídea, continúa por Magnolia y en el parque concluye con 11 capítulos.