Vivir

Si comenzamos por lo más simple, vivir es estar vivo. Pero ¿qué más será vivir?

Por: Josefo

Vivir

1. Estar vivo.
2. Pasar la vida o parte de ella en un lugar determinado.
3. Llevar cierto tipo de vida.

“Voy a reír, voy a bailar, vivir mi vida la la la la”.  Marc Anthony

Creo que “vivir” es uno de los tres infinitivos más amplios, junto con ser y estar. Todo lo que hacemos todos los días es parte de nuestro vivir. Dormir comer, amar, odiar, soñar, viajar, querer, aprender, respirar, etc. Todo es vivir.

Si comenzamos por lo más simple, vivir es estar vivo. Así, sin más. No importa lo que hagas o como te relaciones con los demás. No importa qué cosas te gustan o qué causas consideras importantes. Vivir es estar vivo.

Pero en algún momento empezamos a pensar en cómo vivimos. Los nihilistas sostienen que la vida carece de un propósito. Los existencialistas hacen hincapié en la importancia de las personas que actúan con libertad para dar forma a su propio carácter y su destino. Y finalmente cada uno de nosotros va definiendo nuestro enfoque acerca de la vida.

Vivir y dejar vivir.

Aquí suele surgir un problema: creemos que nuestra forma de vivir es la más adecuada y empezamos a tratar de evangelizar a los demás para que sigan nuestra filosofía. Juzgamos negativamente a quienes van por otro camino. Vamos de metiches y en lugar de vivir nuestras vidas y resolver nuestros problemas y lograr nuestras metas, estamos perdiendo nuestro tiempo (y nuestra energía) pretendiendo enseñar a los demás.

Vivir para trabajar.

En el otro extremo – extremo arbitrario definido por mí para efectos de esta reflexión – están las personas que viven para trabajar. Seguramente conoces a algunas de ellas. Trabajan y trabajan, normalmente para darle una buena vida a su familia, que no tengan carencias, que los hijos puedan tener una mejor educación y preparación para vivir una mejor vida.

Para muchos, vivir para trabajar no es vivir. Las personas dejan de convivir con sus seres queridos, dejan de viajar y conocer lugares y paisajes, dejan de platicar con sus amigos, dejan de aprender cosas nuevas, todo es trabajo y trabajo. Y si bien efectivamente aportan los recursos económicos para sacar adelante a su familia, en algún momento, trsitemente, sus hijos o pareja les reclaman por no haber estado con ellos.

Vivir el momento.

Actualmente es muy común escuchar que la gente recomiende que la mejor forma de vivir es vivir el momento. Si estás aquí y ahora, disfruta lo que este momento te ofrece. Deja a un lado tus preocupaciones, no te angusties por el futuro y libérate de lo que te ata al pasado. Vive hoy como si fueras a morir mañana.

Lo cierto es que cada persona vive y vivirá de acuerdo a lo que aprende en el camino: personas de excesos, personas precavidas en extremo, personas balanceadas, personas que juzgan a los demás, personas que aceptan a todos, personas que no se quieren arrepentir y buscan probar nuevas experiencias, y personas que saben que al final se arrepentirán pero están convencidos que esa habrá sido la mejor forma de vivir.

Así que, sin más palabras, vamos a vivir.

Si quieres intercambiar algunas ideas, puedes encntrarme en facebook: Soy Josefo. Me dará mucho gusto leer tu punto de vista.

Merecer

¿Tenemos lo que merecemos?

Por: Josefo

Merecer

1. Hacerse digno de lo que corresponde,sea recompensa o castigo:
2. Lograr, obtener o conseguir algo por lo que se trabajado o hecho esfuerzo
.

Confieso que no sabía por donde comenzar este texto, así que decidí hacerlo escribiendo lo primero que me vino a la mente: merecer es una de esas acciones que nos hace entrar en conflicto con frecuencia.

Cada quien tiene lo que merece.

En mi infancia para tener algún juguete especial o un par de tenis de buena marca había que merecerlo. Portarse bien, comerse la sopa y las verduras, tener tendida la cama y limpio el cuarto, respetar a los adultos, hacer las tareas y sacar buenas calificaciones, entre muchas otras cosas. Cualquier falla o incumplimiento, automáticamente implicaba que ante la petición de “Papá, ¿me compras tal cosa?”, la respuesta fuera “No te lo mereces”.

Así que en principio asocié el merecer con el cumplimiento de las reglas establecidas por alguna autoridad.

Sin embargo, notaba que algunos compañeros en la escuela estrenaban tenis o juguetes con más frecuencia que yo. Compañeros que no hacían tareas, que no sacaban buenas calificaciones y que, según yo, era muy probable que no tuvieran limpio su cuarto ni fueran obedientes. ¿Por qué ellos sí lo merecían?

En ocasiones sentí ese conflicto respecto del merecimiento, pero muchas situaciones venían a reforzar el concepto de que merecer va asociado al cumplimiento de reglas y logros. Normalmente yo era tomado en cuenta para estar en la escolta y para participar en concursos de aprovechamiento académico. Hacer tareas y tener buenas calificaciones me hacían merecedor a tales actividades distintivas.

Después en la secundaria y en la prepa, el mundo se hizo más grande y el concepto de merecer más confuso.

Tuve compañeros de quienes yo observaba esfuerzo y dedicación, y aún así no obtenían distinciones académicas, y en algunos casos, incluso recibían castigos, desde mi perspectiva, inmerecidos.

También tuve compañeros que podrían haber sido catalogados como pandilleros profesionales. ¿Y qué pudo decir? Terminaron sus estudios, y salieron adelante. No les llego el “merecido” castigo.

Merezco más pero contigo me conformo.

Ya pasando mi juventud y entrando al mundo adulto, las confusiones se hicieron más interesantes: amigas que no tenían novio porque merecían algo mejor; amigos que se quejaban de sus empleos porque merecían una mejor posición y otros que dejaban pasar excelentes oportunidades porque no se las merecían; amistades que terminaban después de alguna discusión porque el otro no se merece una disculpa; equipos de futbol que no merecían ser campeones porque el rival le había echado más ganas; personas sanas padeciendo enfermedades graves mientras algún bebedor o fumador va feliz por el mundo; y así podría seguir con la lista. Merecer y no merecer apareciendo de forma caprichosa en la vida de la gente.

Las oportunidades son de quien las toma, no de quien las merece.

Llegó un momento en que traté de comprender un poco mejor este asunto del merecimiento. Aquí te comparto mi conclusión, y enfatizo que se trata de mi conclusión. No es una verdad universal. Simplemente es una comprensión que me sirvió para poder evaluar mejor mi vida desde la perspectiva del merecer.

Merecer subjetivo y merecer objetivo.

El merecer subjetivo podríamos definirlo como “ser digno de algo”, y entonces diferentes personas pueden afirmar que alguien es o no no merecedora de alguna recompensa o castigo simplemente porque en su opinión se lo merece: le echó muchas ganas, ha sido perseverante, fue el primero en llegar, es el más pequeño y hay que motivarlo; o del lado de los castigos, fue el más flojo y no le echo ganas, no hizo las cosas como yo pienso que debió haberlas hecho, o simplemente porque me molestó lo que hizo.

El merecer objetivo es el que está relacionado con estándares prestablecidos: logros que se pueden medir o conductas que se pueden verificar.

Por ejemplo, en el entorno laboral se puede establecer que quien no tenga retardos en la hora de entrada durante cierto periodo merecerá un bono económico. Si la persona tiene un retardo, deja de merecerlo. En negocios se establecen algunos estímulos meritorios para los clientes: descuentos para clientes frecuentes o para compradores por volumen.

Ahora trato de tener más merecimientos objetivos que subjetivos. Sé que siempre hay la posibilidad de toparme con jueces de merecimiento subjetivo que decreten que no merezco tal recompensa o que merezco algún castigo, pero yo busco que la mayor parte del tiempo haya estándares hacia los cuales enfocar mis acciones y esfuerzos.

Algo que definitivamente dejé de hacer es relacionar cosas que no tienen ninguna relación en torno al merecimiento. Sé que portarme bien no me garantiza éxito. Ni siquiera me garantiza que no me irá mal. De alguna forma siempre habrá situaciones que estarán fuera de nuestro control y cuando se nos presenten, las merezcamos o no, vamos a tener que afrontarlas.

Ahora, después de publicar esta reflexión, merezco una buena taza de café. Y tú, después de haberme leído, ¿qué te mereces?

Si quieres intercambiar algunas ideas sobre este tema de “Merecer”, puedes encontrarme en facebook: SoyJosefo, o por email en contacto@soyjosefo.com

“Dios ¿qué hice para merecer esto? Ah, sí. Ya me acordé.” : )

Pensar

Pienso, luego existo. Pensar es acción invisible que da vida a todo lo que vemos a nuestro alrededor.

Por: Josefo

Pensar

1. Formar [una persona] ideas y representaciones de la realidad en su mente, relacionando unas con otras.
2. Hacer un juicio, tener una opinión sobre algo o alguien.
3. Considerar un asunto con atención y detenimiento, especialmente para estudiarlo, comprenderlo bien o tomar una decisión.

Pienso, luego existo.

En estos días estuve pensando acerca de los diferentes matices que tiene la acción de pensar. Me venía mucho a la mente esta idea de que todo el tiempo, de una u otra manera, estamos pensando.

Como en esas ocasiones que te acercas a alguien, le preguntas “¿Qué estas haciendo?“, y después de hacer una pausa te contesta “Nada“. ¡Por supuesto! No está caminando, o trabajando, o durmiendo o saltando. Efectivamente no está llevando a cabo una acción física observable, pero sin duda, estaba pensando.

¿Por qué entonces cuando no estamos haciendo nada, mejor no decimos que estábamos pensando? ¿Acaso pensar es tan irrelevante que nos da pena aceptar que estamos pensando? ¿O pensamos que pensar es de sabios engreídos?

Tal vez te has dado cuenta que muchas veces nos quedamos pensando en algo sin darnos cuenta. Estás viendo algo en la televisión, o intentando leer un libro o platicando con alguien y de pronto tus pensamientos ya están en otro asunto totalmente distinto a lo que tienes enfrente. Pensar es inevitable.

Volviendo a los matices de la acción de pensar, quiero comentar 5 de ellos:

– Pensar-pensar
– Pensar-opinar
– Pensar-organizar
– Pensar-analizar
– Pensar-crear

Si tienes un hondo penar, piensa en mí.

Pensar-pensar es esa forma intencional o involuntaria de traer ideas y representaciones a la mente: el rostro de una persona, un paisaje, una melodía. Normalmente en este tipo de pensar están los recuerdos, pensamos en nuestra infancia, pensamos en nuestro primer beso, pensamos en algún evento trágico, pensamos en algo importante que alguien nos dijo.

¿Qué irán a pensar de mí?

Pensar-opinar normalmente sí es una forma intencional de pensar. Se nos presenta algo, una situación, un objeto, una persona, un evento, y en nuestra mente hacemos un análisis de sus características para poder emitir un juicio: es bueno o es malo, sirve o no sirve, me gusta o no me gusta.

Piensa antes de actuar.

Pensar-organizar me parece una de las formas de pensar que debieran utilizarse de forma más cotidiana, y sin embargo muchas veces fallamos en ello. Pensar-organizar sirve para dar orden al gran cúmulo de ideas que rondan por nuestra mente con la finalidad de poder utilizarlas de forma eficiente.

Hay dos situaciones que he observado en relación a este pensar-organizar. La primera es cuando nos sentimos abrumados por una inmensa cantidad de asuntos, ideas y pensamientos que no sabemos cómo ordenarlos para poder pensar lo que tenemos que hacer en relación a cada uno. Se nos mezclan situaciones laborales, económicas, sentimentales, de salud, y en ocasiones, lo único que queremos es ya no pensar en nada. Precisamente el pensar-organizar nos ayuda a no caer -por lo menos con mucha frecuencia- en esta situación.

La segunda, que no nos afecta tanto como la anterior pero aún así nos molesta, es toparse con personas que al platicar, en lugar de ir directo al grano, brincan de idea en idea y mezclan temas y asuntos que no tienen relación con lo que nos quieren platicar. No piensan-organizan sus ideas y así quieren ser entendidos.

Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto.

Pensar-analizar es una forma un poco más compleja que las anteriores. No sólo vamos a buscar una opinión de algo o a organizar las ideas: vamos también a buscar relaciones entre esas ideas; vamos a llegar a conclusiones; vamos a buscar alternativas o soluciones y vamos a tomar decisiones.

Pero cuidado, si dejamos que las dudas y los temores tomen control de este pensar-analizar, nunca llevaremos nuestras decisiones a la práctica, y como dice la canción: “Estás perdiendo el tiempo pensando, pensando.”

En el pensar-analizar entran ya en juego nuestras experiencias personales y profesionales así como los conocimientos e información que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida. En gran medida, de esto -experiencia y conocimientos- depende la contundencia y seguridad de nuestras decisiones.

Vivir en el presente sin olvidar el pasado y pensar en el futuro.

Pensar-crear es la forma en que como seres humanos damos nacimiento a cosas nuevas. Es tomar ideas y jugar con ellas, mezclarlas, alucinar un poco. ¿Qué pasa si junto esto con esto? ¿Qué pasa si cambio el orden? ¿Qué pasa si unimos nuestros talentos?

Pensar-crear tiene riesgos precisamente porque mientras nuestras ideas dan nacimiento a nuevas ideas, no tenemos una evidencia de que éstas vayan a ser funcionales en la vida real, y al ponerlas en práctica tenemos que estar muy atentos a las posibles fallas que se puedan producir. Por ello las grandes empresas de tecnología, los ejércitos y las farmacéuticas tienen sus laboratorios de pruebas. En nuestro caso, muchas veces tenemos que poner nuestro pensar-crear directamente en el contexto laboral, personal o económico real y si fallamos…

Pero piénsalo bien: si comienzas a mejorar tu pensar (pensar-opinar-organizar-analizar-crear), ¿no crees que puedas mejorar -en mucho- tu vida?

¿O tú qué piensas?

Te deseo una excelente semana, y te invito a visitarme en facebook: Soy Josefo

Probar

Cada quien va por la vida dándose la oportunidad de probar cosas de forma diferente y esto nos hace únicos y diferentes.

Por: Josefo

Probar

1. Utilizar una cosa para verificar su funcionamiento.
2. Tomar una pequeña cantidad de una comida o una bebida para apreciar su sabor.
3. Hacer patente la certeza de un hecho o la verdad de una afirmación.
4. Empezar una acción para saber si es posible realizarla.

De niño fui muy tentón y muy hábil para no ser descubierto en mis ratos de tentonería. Solía encontrar los momentos oportunos para acercarme a objetos que para mí eran novedosos – objetos con botones, cables, luces, que hicieran ruidos, que se armaran y desarmaran, que tuvieran formas extrañas – y entonces daba rienda suelta a mi espíritu investigador: probar que sucedía si apretaba tal botón, si movía tal cable o si quitaba alguna pieza.

Me encanta probar. Después de “aprender”, “probar” es una de mis acciones preferidas.

De niño, también fui muy fastidioso. En general era muy tranquilo, pero recuerdo ciertas ocasiones en donde parecería que mi misión en la vida era probar la tolerancia de los adultos. Identificaba que tipo de conductas eran molestas para algunas personas, las llevaba a cabo, y por si fuera poco, probaba una que otra conducta alternativa que produjera el mismo efecto molesto.

Para mi buena fortuna, no me dediqué al 100% a molestar gente. De hecho, la mayor parte del tiempo lo que me gustaba probar eran opciones en las actividades que yo hacía y diusfrutaba. Cuando jugaba futbol, probaba patear el balón de formas distintas. Cuando escribía, con frecuencia probaba cambiar mi caligrafía. Me gustaba probar opciones al dormir: acostarme pegado a la pared, a la orilla de la cama, con los pies hacia la cabecera.

Después entre la prepa y la universidad, descubrí que probar también tenía otro significado: demostrar, comprobar.

Yo estaba acostumbrado a comprobar las cosas de forma verbal, a través de argumentos. Pero de pronto eso ya no era suficiente: ahora había que aportar evidencias de lo que uno proponía o afirmaba. Fue una época muy difícil pues yo era un buen argumentador, y el verme obligado a investigar e integrar pruebas, me sentía abrumado y me parecía muy ocioso. Finalmente, probé diferentes formas y aprendí incluir evidencias y pruebas de forma sencilla a mis aportaciones académicas. Tiempo después me dí cuenta que esto iba a ser un excelente hábito en mi vida personal y profesional.

Cada quien va por la vida dándose la oportunidad de probar cosas de forma diferente, y si bien esto nos hace únicos y diferentes por las experiencias vividas, también nos hace algo intolerantes a las diferencias que encontramos en los demás. Si el otro no entiende las cosas de la misma forma que yo, lo tachamos de tonto. Si el otro no abandera o promueve las mismas causas que yo, es un inconsciente. Si el otro, al igual que yo dice que quiere un mundo mejor, pero su forma de contribuir es diferente a la mía, es un hipócrita.

Creo que lo anterior sucede porque llega una edad (según mis observaciones, a partir de los 25 años) en donde dejamos de probar. Sentimos que ya hemos probado de todo y que las conclusiones a las que hemos llegado son las correctas. Sentimos que ya hemos probado (demostrado) que somos adultos preparados y responsables y con la suficiente experiencia para no tener que estar probando más.

O tal vez lo anterior es simplemente una proyección personal, algo que a mi me sucedió después de los 25 años. No lo sé.

Lo que sí sé es que desde hace algunos años volví a a incluir de forma habitual en mi vida el “probar”: diferentes alimentos, diferentes lugares, diferentes libros, diferentes actividades profesionales, diferentes personas, música diferente, ejercicios físicos diferentes, enfoques de la vida diferentes, y desde entonces me he dado cuenta que tantas diferencias nos dan una mucho mejor oportunidad de probar diferentes formas de contribuir con nuestra sociedad

Y a ti, ¿hay algo nuevo o diferente que te gustaría probar?

Te deseo una excelente semana, y te invito a visitarme en facebook: Soy Josefo

 

Buscar

Quien busca encuentra. Buscarle tres pies al gato. Buscar dentro de uno mismo. ¿Tú que buscas?

Por: Josefo

Buscar

1. tr. intentar encontrar a alguien o algo.

Resulta que había un borrachito a las 3 a.m.en la calle buscando sus llaves abajo de un farol de luz. Un policía lo ve y le pregunta:

– ¿Qué esta buscando ahí?
– Mis llaves – dice el borracho.

El policía ayuda a buscar. Después de 10 minutos, sin encontrar nada, le pregunta al borrachito:

– ¿Sus llaves se le perdieron por aquí?
– Oh, no. Debajo de aquel árbol, a 15 metros, creo.
– ¿Y por que la busca acá, tan lejos?
– Porque allá donde está el árbol está muy oscuro y no se ve nada, y aquí debajo de este farol hay luz.

Quien busca encuentra

Los seres humanos somos de naturaleza curiosa. Nos gusta conocer cosas nuevas, saber cosas nuevas, casi siempre con la idea de que conforme buscamos, encontraremos algo que nos haga vivir mejor. Si bien buscar es una acción muy cotidiana, no por ese hecho nos volvemos eficientes en nuestra forma de buscar: algunas persona buscan algo específico y se conforman con encontrar lo que sea, mientras que otras desarrollan tal habilidad en el buscar que de ello hacen su forma de vida.

Buscarle tres pies al gato

Cuando no desarrollamos un buen método para buscar, no sólo se nos hace complicado encontrar algo, sino que muchas veces nos metemos en problemas innecesarios. Nos entercamos con querer lograr algo, encontrar algo, y buscamos y buscamos aunque sea sabido que no es posible eso que queremos.

Buscar la felicidad

No sé si lo anterior sea aplicable para la felicidad, el amor eterno o la paz mundial. ¿En verdad existen? Y si existen ¿estamos buscando en el lugar correcto, o hacemos como el borrachito que sólo busca donde hay un farol? ¿O no existen y estamos buscándole 3 pies al gato? ¿Estamos buscando una aguja en el pajar?

Googléalo

Tal vez uno de los problemas para encontrar lo que buscamos es que con la tecnología, buscar es cada vez más “sencillo”. Con el acceso a medios digitales y el internet, tenemos esta sensación de que podemos encontrar cualquier cosa, pero nos vamos a topar con demasiada información, y no siempre tenemos la capacidad para identificar si lo que encontramos proviene de una fuente confiable. En muchos casos tomamos decisiones con información incorrecta (como la automedicación) y lejos de resolver algo o aprender, nos ponemos en el camino de tener que buscar una nueva solución para los nuevos problemas que nos creamos.

Buscar dentro de uno mismo

En alguna ocasión asistí a un taller de superación personal (no lo busqué, me lo encontré por casualidad), y algo que me llamó la atención fue el énfasis que hacían sobre la búsqueda interior: las soluciones, el amor, la paz, la abundancia, las debemos buscar y encontrar dentro de nosotros mismos y sólo así podremos lograr conectarnos con el amor, la paz y la abundancia que nos rodea.

No lo sé. Yo sigo buscando, disfrutando lo que encuentro, agradeciendo lo que llega a mi, y compartiendo con los demás.

Ojalá en estas breves líneas encuentres algo que hayas estado buscando o te ayude a buscar mejor. Si quieres compartir alguna reflexión, me puedes buscar en facebook o twitter como @soyjosefo, o puedes enviarme un mail a contacto@soyjosefo.com