Danzantes denuncian acoso y piden espacio en el zócalo

Danzantes en banqueta de Hidalgo
Danzantes en banqueta de Hidalgo

Por  Máximo Cerdio

Danzantes que realizan actividades en el primer cuadro de la ciudad denunciaron que dueños de algunos restaurantes los hostigan y demandaron respeto; además, pidieron un espacio permanente en el zócalo de Cuernavaca para continuar practican sus rituales y dar a conocer sus tradiciones.

Irene Franco Aguilar, integrante del KalpulliTlahuikayotl, denunció que la cafetería Starbucks, el Café Colibrí y el Restaurante 100% Natural, ubicados en la calle Hidalgo esquina con Gutemberg, les han reducido el espacio que necesitan para que el grupo realice sus danzas y rituales.

Los concheros ocupan un espacio de cuatro metros por seis en la banqueta, para realizar sus ensayos y rituales, sin embargo, cuando han encontrado un espacio adecuado, los dueños de los comercios les impiden realizar sus actividades poniendo macetones, jardineras, sillas y mesas que abarcan desde siete hasta 12 metros sobre la calle que mide a lo ancho aproximadamente 13 metros.

Franco Aguilar dio a conocer que no quieren confrontar a nadie, menos a los dueños de los negocios o a sus empleados, sólo desean que les permitan danzar en este pequeño espacio físico, por dos horas: “queremos que nos respeten como nosotros los respetamos; eso le pedimos a los dueños de estos comercios, a los empleados y a la autoridad.

“Como personas integrantes de la sociedad, como habitantes de Cuernavaca, como ciudadanos, deberían permitirnos que realicemos nuestros rituales en el zócalo: es espacio para la gente, para que uno se manifieste, pero la autoridad lo ha cedido a vendedores y a otros grupos y nos han expulsado de ahí, por eso andamos en las inmediaciones”, dijo.

Danza zócalo
Danza zócalo

La errancia

Relató que su Kalpulli tiene más de veinticinco años de fundado y que mucho antes de la remodelación del año 2010, en la que derribaron el puente que atravesaba la calle Hidalgo y cambiaron del lugar la escultura de José María Morelos y Pavón conocida como el Morelotes, hacían ensayos y ceremoniales en las inmediacionesdel zócalo de Cuernavaca,

“Hace mucho tiempo nos instalamos sobre Hidalgo, casi esquina con el callejón del Cubo, ahora callejón de los Juristas. Ahí estuvimos mucho tiempo hasta que instalaron un negocio y nos corrieron. De ahí avanzamos unos metros frente al Restaurante 100% Natural, pero los empleados comenzaron aponer en la banqueta jardineras y mesas con sillas; viendo que no podíamos seguir ahí nos movimos hacia abajo y quedamos a un lado del Café Colibrí, como hasta la fecha, pero en los últimos meses los empleados han sacado mesitas y sillas para reducirnos el espacio”.

Irene Franco dijo que ellos no hacen daño nadie, todo lo contrario, sus rituales son para pedir cosas buenas, buenas cosechas, bendiciones, y para agradecer lo que la madre tierra nos está brindando. Ni con sus danzas ni con su música afectan a ninguna persona: “no somos delincuentes ni no reunimos para cometer ningún delito”.

Irene Franco Aguilar. Foto: Morena Lucena
Irene Franco Aguilar. Foto: Morena Lucena

Motivos para la danza

El KalpulliTlahuikayotl (Kalpulli = familia y Tlahuikayotl = alumbrar con el interior “corazón”), tiene aproximadamente cuarenta integrantes, su objetivo es el rescate de la danza, antiguamente nuestros antepasados la llamaban  “XitontekizaMitotiliztli” que en náhuatl significa “La gran participación y enseñanza colectiva”.Así encontramos en la danza un fragmento de la estrategia antigua que daba forma a la estructura social, ya que por medio de su práctica se comparten, enseñan, transmiten y se preservan valores y conductas que en la antigüedad eran indispensables para una buena cohesión social.

Los martes y sábados de las 17:00 a las 19:00 horas se dan cita en la banqueta de la calle Hidalgo, frente a las escalinatas de Plaza de Armas, los danzantes o “concheros” para ensayar. Sacan de sus mochilas y bolsas las “hueseras” (cascabeles), pulseras, penachos, algún instrumento como el caracol, frutas y otras ofrendas, incensario y otros enseres.

Ancianos, adultos, jóvenes, niños; hombres y mujeres, están expectantes, cercando al grupo. Ante sus ojos, el obrero, el profesionista, la estudiante, el ama de casa se convierten en guerreros danzantes.

El tambor o huéhuetles llevado aparte, como un integrante más de esta comunidad. El instrumento marca el ritmo de la vida yde la muerte, del tiempo, de la danza.

La danza matemática comienza, el ritual inicia. El tambor marca los tiempos: 4 x 4; 8 x 8; 16 x 16, y los individuos ataviados ejecutan los movimientos. Son pájaros que vuelan entorno a la ofrenda en las ondas sonoras y se enredan entre las plantas medicinales que el fuego exprime y eleva en forma de humo.

“Algo de nosotros hay en esto que estamos viendo, porque nos hace que nos paremos y que observemos. Esta tierra era tlahuica. Mira, se parecen a verdaderos guerreros aztecas”, se escuchó entre el público.

Danza banqueta y payasos en las gradas
Danza banqueta y payasos en las gradas

Preferible rescatar lo autóctono

Algunas personas que se percatan de que las mesas y jardineras reducen el espacio de los concheros, comentan:

–Qué poco inteligentes son. En vez de que procuren atraer a esos espectadores que vienen a ver a los danzantes para que vengan a consumir, los alejan.

Alguien más dijo que esos negocios deberían patrocinar a estos grupos, imprimiendo y repartiendo información de su objetivo y de sus rituales.

“A mis niños les gusta venir a ver a los aztecas, más que esos payasos groseros que ya se adueñaron del zócalo. Son muy agresivos, se burlan de los niños y de la gente, pero mire, ahí siempre tienen lleno de gentes a las que les gusta que los insulten. Los aztecas no cobran, los payasos sí piden y exigen dinero”, dijo una mujer que veía la danza con dos niños como de siete y nueve años.

El sonido hueco del tambor no disminuye ni el movimiento de los danzantes sudorosos, hasta que se realizan los saludos a los cuatro puntos cardinales.

Danzantes
Danzantes

Un grupo cultural, no político

Miguel Ángel Álvarez Franco, integrante del KalpulliTlahuikayotl y estudiante de antropología,expuso que siempre han sido respetuosos de las leyes sociales y los permisos siempre los han llevado por escrito a los distintos órdenes de gobierno para enterarlos de sus actividades que son libres de todo proselitismo político y no involucran pensamientos religiosos: “somos un grupo totalmente cultural dedicado al rescate y la preservación del pensamiento simbólico antiguo.

“Buscamos que nos dejen realizar nuestras danzas ya que es nuestra forma de ser quienes somos, de seguir preservando y a través de ello formarnos una identidad que nos dice de dónde venimos, quienes somos y para qué estamos aquí.No entendemos la negativa de las autoridades por dejarnos danzar en un lugar que debería ser público”, concluyó.

Calendario alterno, mesoamericano

El calendario de actividades de los danzantes incorpora todo el año, desde la ceremonia que llaman “YankuiXiuhitl”, El fuego nuevo, que se celebra los días 11 y 12 de marzo, de ahí cada 20 días hacen una ceremonia conocida como “Zempohualtonalli” que quiere decir “primer cuenta de 20”, éstas cumplen la función de ir registrando los 18 grupos de 20 días en los que antiguamente se fraccionaba el año: 18 x 20 = 360. A estos 360 días se le agregaba una cuenta adicional que se llama “Nemontemi” y que significa “para completar lo vivido”. Estos días Nemontemi son 5 (360 + 5 = 365 días). Cada año iniciaba en diferente tiempo del día y se agregaba a la cuenta 6 horas, es decir, un cuarto de día, lo que permitía evitar los años bisiestos. Así la cuenta calendárica de nuestros abuelos es de 18 zempohualtonalli + 5 ilhuitlnemontemi + 6 imanin (360 + 5 + un cuarto de día = a un fuego/año).

Sus danzas se basan en esas cuentas, cada una de las veintenas (Zempohualtonalli) indica un cambio visible en la naturaleza y lo recuerdan haciendo una ofrenda de danza en el zócalo para no olvidar su lazo con la naturaleza y para que las nuevas generaciones se vayan interesando en esto que también es su legado.

Sumado a lo anterior, también festejan la ceremonia de Mikailhuitl, “Retorno de quienes dejaron la carne”, en honor a los difuntos, de manera simbólica el 2 de noviembre hacen una gran danza para recordar a sus antiguos abuelos.

De igual manera, el 21 y 22 de febrero,participan de una carrera cultural anual en la que primero reciben a otros grupos de danza que vienen en camino desde Mexiko-Tenoxtitlanypasan por Kuauhnahuak, en donde los reciben con danza, comida y agua. Posteriormente algunos integrantes de sukalpullise unen a los grupos para continuar corriendo, en relevos, hasta Ixcateopan, Guerrero.

Danzantes junto al Café Clibrí
Danzantes junto al Café Clibrí

Otros grupos

Margia Lorena Lucena Flores, integrante del Kalpulli “TezmolliniNauhKuauhtli”, que agrupa a cerca de sesenta miembros, explicó que ellos realizan rituales en el zócalo, pero cada vez se le hace más complicado continuar con sus prácticas por las invasiones de comerciantes y otros grupos como los payasos.

Margia Lorena dijo que es falso que estos grupos de danzantes o concheros realicen rituales a la muerte, que usen drogas y que maten aves para arrancarles las plumas: “nosotros danzamos por amor, le danzamos a la vida y no a la muerte, en el sahumador no usamos drogas, son flores y plantas medicinales como té limón, romero, pétalos de diferentes flores, eucalipto, pericón etcétera, y el copal a lo que le llamamos medicina. Nosotros no matamos animales para obtener las plumas, se compran en lugares donde se recolectan, en aviarios. Durante el cambio de plumaje, las aves sueltan las plumas y son las que adquirimos”, explicó.

Irene Franco Aguilar, Miguel Ángel Álvarez Franco y Margia Lorena Lucena Flores coincidieron en que las autoridades municipales y estatales deben darles un espacio en el zócalo de la ciudad para que continúen su labor de difusión de ancestrales tradiciones y consolidación y reconocimiento de sus raíces.