
Por Elsa Castorela Castro
Yautepec.- El baúl, guardado como una reliquia en el altar, con un centenar de años, conserva los suspiros, los peligros, la guerra cruenta, los ojos bien abiertos, el coraje de una adolescente que vigilaba para resguardar la vida del hombre que la traicionó, a ella y todos los campesinos del sur, Francisco I. Madero.
Esperanza Chavarría ha sido visible gracias a su sobrino que conservó el baúl de su tía abuela en el que guardaba parte de su historia en la revolución en la cual participó, la mujer que se enfrentó a la guerra, que luchó por la restitución de la tierra, que aún después de haber sido baleada en combate, se mantuvo en el campo de batalla, llevando armas y parque para seguir en la lucha que libraba el Ejército Libertador de la Revolución del Sur, fue mensajera, enfermera en el frente de batalla, murió pobre, despojada de su tierra.
María Esperanza Chavarría tenía 13 años cuando se incorporó a la revolución mexicana, al lado de los maderistas, sus principales batallas las libró en Morelos y Guerrero, fue en Yautepec, su encuentro con Emiliano Zapata, a quien conoció “como la palma de su mano”.
Tuvo que dar cachazos para que la reconocieran sus compañeros de tropa, para demostrarle a Benjamín Argumedo que era más valiente que él, su coraje era tal que podía actuar como cualquiera de ellos. A más de un siglo, hoy se desentierra la historia de una de las más grandes revolucionarias del sur, que la historia y los historiadores no les había dado el tiempo para documentar la lucha de las mujeres revolucionarias.
De acuerdo al autor del libro y documentos encontrados en el baúl, Esteban Francisco Bastida Chavarría, su tía abuela, solamente estuvo en combate de 1911 a 1914.
Frente a estos datos, me surgió la pregunta: ¿qué hizo en los cinco años siguientes al asesinato de Emiliano Zapata? Cuando crucé la información, me permitieron documentar que cuando ella regresó a finales de 1913, de haber sido desterrada a Monterrey, siguió en la lucha por la tierra.
Los datos no me daban indicios de su exilio en Monterrey, quiero suponer, que en efecto cae prisionera, pero está en un ir y venir, su estancia en Nuevo León debió ser posterior a la muerte de Emiliano Zapata, ya que él fue asesinado en 1919, María Esperanza debió tener 22 años, la fotografía familiar, que la ubica en Monterrey, tenía 29 años.
En tanto que su vida en la militancia y activismo político y la participación de las mujeres inició en los años treinta, como regidora y otros cargos en el área de salud.
El libro sobre la vida de Esperanza Chavarría llena un hueco en la historia. Seguramente los historiadores de Yautepec contribuirán para el enriquecimiento de la historia local, con la trascendencia que implica la participación de las mujeres en la gesta zapatista, como es el caso de las batallas en las que estuvo presente la Coronela Chavarría.