Merecer

¿Tenemos lo que merecemos?

Por: Josefo

Merecer

1. Hacerse digno de lo que corresponde,sea recompensa o castigo:
2. Lograr, obtener o conseguir algo por lo que se trabajado o hecho esfuerzo
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Confieso que no sabía por donde comenzar este texto, así que decidí hacerlo escribiendo lo primero que me vino a la mente: merecer es una de esas acciones que nos hace entrar en conflicto con frecuencia.

Cada quien tiene lo que merece.

En mi infancia para tener algún juguete especial o un par de tenis de buena marca había que merecerlo. Portarse bien, comerse la sopa y las verduras, tener tendida la cama y limpio el cuarto, respetar a los adultos, hacer las tareas y sacar buenas calificaciones, entre muchas otras cosas. Cualquier falla o incumplimiento, automáticamente implicaba que ante la petición de “Papá, ¿me compras tal cosa?”, la respuesta fuera “No te lo mereces”.

Así que en principio asocié el merecer con el cumplimiento de las reglas establecidas por alguna autoridad.

Sin embargo, notaba que algunos compañeros en la escuela estrenaban tenis o juguetes con más frecuencia que yo. Compañeros que no hacían tareas, que no sacaban buenas calificaciones y que, según yo, era muy probable que no tuvieran limpio su cuarto ni fueran obedientes. ¿Por qué ellos sí lo merecían?

En ocasiones sentí ese conflicto respecto del merecimiento, pero muchas situaciones venían a reforzar el concepto de que merecer va asociado al cumplimiento de reglas y logros. Normalmente yo era tomado en cuenta para estar en la escolta y para participar en concursos de aprovechamiento académico. Hacer tareas y tener buenas calificaciones me hacían merecedor a tales actividades distintivas.

Después en la secundaria y en la prepa, el mundo se hizo más grande y el concepto de merecer más confuso.

Tuve compañeros de quienes yo observaba esfuerzo y dedicación, y aún así no obtenían distinciones académicas, y en algunos casos, incluso recibían castigos, desde mi perspectiva, inmerecidos.

También tuve compañeros que podrían haber sido catalogados como pandilleros profesionales. ¿Y qué pudo decir? Terminaron sus estudios, y salieron adelante. No les llego el “merecido” castigo.

Merezco más pero contigo me conformo.

Ya pasando mi juventud y entrando al mundo adulto, las confusiones se hicieron más interesantes: amigas que no tenían novio porque merecían algo mejor; amigos que se quejaban de sus empleos porque merecían una mejor posición y otros que dejaban pasar excelentes oportunidades porque no se las merecían; amistades que terminaban después de alguna discusión porque el otro no se merece una disculpa; equipos de futbol que no merecían ser campeones porque el rival le había echado más ganas; personas sanas padeciendo enfermedades graves mientras algún bebedor o fumador va feliz por el mundo; y así podría seguir con la lista. Merecer y no merecer apareciendo de forma caprichosa en la vida de la gente.

Las oportunidades son de quien las toma, no de quien las merece.

Llegó un momento en que traté de comprender un poco mejor este asunto del merecimiento. Aquí te comparto mi conclusión, y enfatizo que se trata de mi conclusión. No es una verdad universal. Simplemente es una comprensión que me sirvió para poder evaluar mejor mi vida desde la perspectiva del merecer.

Merecer subjetivo y merecer objetivo.

El merecer subjetivo podríamos definirlo como “ser digno de algo”, y entonces diferentes personas pueden afirmar que alguien es o no no merecedora de alguna recompensa o castigo simplemente porque en su opinión se lo merece: le echó muchas ganas, ha sido perseverante, fue el primero en llegar, es el más pequeño y hay que motivarlo; o del lado de los castigos, fue el más flojo y no le echo ganas, no hizo las cosas como yo pienso que debió haberlas hecho, o simplemente porque me molestó lo que hizo.

El merecer objetivo es el que está relacionado con estándares prestablecidos: logros que se pueden medir o conductas que se pueden verificar.

Por ejemplo, en el entorno laboral se puede establecer que quien no tenga retardos en la hora de entrada durante cierto periodo merecerá un bono económico. Si la persona tiene un retardo, deja de merecerlo. En negocios se establecen algunos estímulos meritorios para los clientes: descuentos para clientes frecuentes o para compradores por volumen.

Ahora trato de tener más merecimientos objetivos que subjetivos. Sé que siempre hay la posibilidad de toparme con jueces de merecimiento subjetivo que decreten que no merezco tal recompensa o que merezco algún castigo, pero yo busco que la mayor parte del tiempo haya estándares hacia los cuales enfocar mis acciones y esfuerzos.

Algo que definitivamente dejé de hacer es relacionar cosas que no tienen ninguna relación en torno al merecimiento. Sé que portarme bien no me garantiza éxito. Ni siquiera me garantiza que no me irá mal. De alguna forma siempre habrá situaciones que estarán fuera de nuestro control y cuando se nos presenten, las merezcamos o no, vamos a tener que afrontarlas.

Ahora, después de publicar esta reflexión, merezco una buena taza de café. Y tú, después de haberme leído, ¿qué te mereces?

Si quieres intercambiar algunas ideas sobre este tema de “Merecer”, puedes encontrarme en facebook: SoyJosefo, o por email en contacto@soyjosefo.com

“Dios ¿qué hice para merecer esto? Ah, sí. Ya me acordé.” : )