
Por: Josefo
Probar
1. Utilizar una cosa para verificar su funcionamiento.
2. Tomar una pequeña cantidad de una comida o una bebida para apreciar su sabor.
3. Hacer patente la certeza de un hecho o la verdad de una afirmación.
4. Empezar una acción para saber si es posible realizarla.
De niño fui muy tentón y muy hábil para no ser descubierto en mis ratos de tentonería. Solía encontrar los momentos oportunos para acercarme a objetos que para mí eran novedosos – objetos con botones, cables, luces, que hicieran ruidos, que se armaran y desarmaran, que tuvieran formas extrañas – y entonces daba rienda suelta a mi espíritu investigador: probar que sucedía si apretaba tal botón, si movía tal cable o si quitaba alguna pieza.
Me encanta probar. Después de “aprender”, “probar” es una de mis acciones preferidas.
De niño, también fui muy fastidioso. En general era muy tranquilo, pero recuerdo ciertas ocasiones en donde parecería que mi misión en la vida era probar la tolerancia de los adultos. Identificaba que tipo de conductas eran molestas para algunas personas, las llevaba a cabo, y por si fuera poco, probaba una que otra conducta alternativa que produjera el mismo efecto molesto.
Para mi buena fortuna, no me dediqué al 100% a molestar gente. De hecho, la mayor parte del tiempo lo que me gustaba probar eran opciones en las actividades que yo hacía y diusfrutaba. Cuando jugaba futbol, probaba patear el balón de formas distintas. Cuando escribía, con frecuencia probaba cambiar mi caligrafía. Me gustaba probar opciones al dormir: acostarme pegado a la pared, a la orilla de la cama, con los pies hacia la cabecera.
Después entre la prepa y la universidad, descubrí que probar también tenía otro significado: demostrar, comprobar.
Yo estaba acostumbrado a comprobar las cosas de forma verbal, a través de argumentos. Pero de pronto eso ya no era suficiente: ahora había que aportar evidencias de lo que uno proponía o afirmaba. Fue una época muy difícil pues yo era un buen argumentador, y el verme obligado a investigar e integrar pruebas, me sentía abrumado y me parecía muy ocioso. Finalmente, probé diferentes formas y aprendí incluir evidencias y pruebas de forma sencilla a mis aportaciones académicas. Tiempo después me dí cuenta que esto iba a ser un excelente hábito en mi vida personal y profesional.
Cada quien va por la vida dándose la oportunidad de probar cosas de forma diferente, y si bien esto nos hace únicos y diferentes por las experiencias vividas, también nos hace algo intolerantes a las diferencias que encontramos en los demás. Si el otro no entiende las cosas de la misma forma que yo, lo tachamos de tonto. Si el otro no abandera o promueve las mismas causas que yo, es un inconsciente. Si el otro, al igual que yo dice que quiere un mundo mejor, pero su forma de contribuir es diferente a la mía, es un hipócrita.
Creo que lo anterior sucede porque llega una edad (según mis observaciones, a partir de los 25 años) en donde dejamos de probar. Sentimos que ya hemos probado de todo y que las conclusiones a las que hemos llegado son las correctas. Sentimos que ya hemos probado (demostrado) que somos adultos preparados y responsables y con la suficiente experiencia para no tener que estar probando más.
O tal vez lo anterior es simplemente una proyección personal, algo que a mi me sucedió después de los 25 años. No lo sé.
Lo que sí sé es que desde hace algunos años volví a a incluir de forma habitual en mi vida el “probar”: diferentes alimentos, diferentes lugares, diferentes libros, diferentes actividades profesionales, diferentes personas, música diferente, ejercicios físicos diferentes, enfoques de la vida diferentes, y desde entonces me he dado cuenta que tantas diferencias nos dan una mucho mejor oportunidad de probar diferentes formas de contribuir con nuestra sociedad
Y a ti, ¿hay algo nuevo o diferente que te gustaría probar?
Te deseo una excelente semana, y te invito a visitarme en facebook: Soy Josefo