Amaranto, cultivo rentable y superalimento

Amaranto
Amaranto

Por Elsa Castorela Castro

El amaranto es una alternativa para la alimentación de la población morelense y, en general, para la mexicana porque tiene más proteínas que cualquier otro alimento.

Aunado a ello, el amaranto puede ser un cultivo que contribuya a la lucha contra el hambre y una alternativa para otros cultivos cuyos costos de producción resultan incosteables para los productores: en Morelos, en un año se pueden obtener hasta tres cosechas con ganancias que pueden ser de hasta 25 mil pesos por cada una.

Leticia Tavitas, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y pecuarias (INIFAP), informó que un grupo de científicos logró establecer parcelas demostrativas con resultados de alta rentabilidad del amaranto, esto al reducir jornales y eliminar una actividad como el aclareo a través de la mecanización de siembra y cosecha de cultivo, tanto de manera orgánica o como con el uso de químicos.

Leticia Tavitas dijo que en la actualidad se experimenta para lograr planta de 1.50 metros de altura, con lo cual se podrá utilizar una maquina trilladora combinada como la que se usa en el sorgo, lo que disminuiría costos de producción.

La investigadora también explicó que producir una hectárea de amaranto con uso de una sembradora cuesta 15 mil pesos, con rendimientos de 2.5 a 3 toneladas por hectárea. Esto es rentable si los productores lo venden a 20 pesos por kilo. Así, una cosecha de 2 mil kilos alcanzaría un ingreso de 40 mil pesos; si se le resta el costo de producción, la ganancia sería de 25 mil pesos, y donde hay el sistema de riego podría haber hasta tres cosechas al año, solamente con cinco riegos.

Destacó que desde los años ochenta del pasado siglo, el investigador Eduardo Espitia recaudó amaranto procedente de Huazulco, Morelos. Colectó panoja dorada, rosita y vino y una pintita para uniformizar el color y logró las variedades a las que llamó: Criolla de Amilcingo o Dorada, Nutrisol o Rojita, la Revancha, Gabriela y Payasa, de las cuales se recomienda sembrar las variedades Revancha, Payasa y Criolla de Amilcingo, que han tenido mejor respuesta a las condiciones del estado.

La científica insistió en que la semilla tiene que ser mejorada con un sistema de cruzamiento, ya que con las actuales hay riesgo de no lograr los mismos resultados si cambian las condiciones ambientales: se puede alargar su ciclo vegetativo o pueden crecer mucho.

El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y pecuarias trabaja en un proyecto de mejoramiento por medio de recombinación genética. “Nosotros vamos a colectar los criollos que existen en el estado con otros materiales que se traigan de otros países para afirmar las características, que son: uniforme floración, madurez y altura para trillar, porque ahora primero se sega la panoja y luego se lleva a trillar”, explicó Leticia Tavitas.

La investigadora lamentó la falta de apoyo de los productores de amaranto, quienes se negaron a participar en el proyecto. Además de generar una nueva tecnología para una industria en crecimiento como es la del amaranto, el proyecto es una alternativa para mejorar ingresos. “Hasta ahora, sólo se ha visto como una tradición que se ha mantenido por más de 500 años, a pesar de que la siembra y consumo del amaranto fueron prohibidos por los conquistadores para debilitar a los guerreros mexicas”.

Leticia Tavitas recordó que el cultivo tradicional del amaranto tiene rendimientos de 1.5 toneladas por hectárea, contra 2.8 en promedio que se obtienen con las prácticas agronómicas. En la actualidad la siembra de amaranto se ha reducido a 90 hectáreas, cuando se tenían hasta dos mil.

“Estamos proponiendo que se consuman las hojas, son más nutritivas que las espinacas, se hacen alimentos con hojas. El grano tiene más proteínas y se están haciendo complementos, si diariamente tomamos leche de amaranto, con eso una persona puede sobrevivir. Ahora los astronautas llevan amaranto como un alimento, y México es centro, origen del amaranto”.

Tavitas platicó que cada productor cultiva a su manera y han mantenido el cultivo seleccionando las mejores semillas. Ven en el amaranto una tradición que tienen que preservar. Siembran en diversas fechas, pero de acuerdo con investigaciones las mejores son del 15 de junio al 15 de julio. Los principales municipios productores de amaranto son: Jantetelco, Temoac y Zacualpan de Amilpas.

Leticia Tavita inició sola y hoy en día tiene un equipo que apoya el proyecto de mejoramiento como Ramón Jiménez Regalado, Leonardo Hernández Aragón, en los aspectos agronómicos y mejoramiento genético, y Jorge Paulino Vázquez en lo socioeconómico; también participan Eduardo Saavedra Rayo y otros trabajadores.

Leticia Tavita es experta en arroz, y ha aceptado otro reto en su vida: contribuir al mejoramiento genético del amaranto.