Dedican su tiempo a cuidar a viejitos, pocos reconocen su esfuerzo

Asilo
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Por Chris Nicolás

No son destacadas políticas ni afamadas deportistas o empresarias, tampoco premiadas profesionistas o activistas; son mujeres que se dedican a cuidar a ancianos en situación de pobreza o de abandono.

Doña Tere, Andrea, Lupita, doña Raquel y Xóchitl entregan su tiempo, cariño y paciencia a personas de la tercera edad que viven en un asilo que se sostiene con donativos.

Ellas son trabajadoras de la Fundación de Ayuda para Ancianos “Las Palomas” casa hogar, ubicada justo atrás de la iglesia de “Gualupita”, del barrio del mismo nombre en Cuernavaca; y aunque perciben un sueldo, más que ir a trabajar, van a cuidar y a consentir a los 30 abuelitos que por múltiples motivos llegaron para quedarse en el albergue.

Las cinco, auxiliadas de vez en vez por practicantes de enfermería, son las que están allí con ellos, en pie de lucha por devolver un poco de alegría a los viejitos y muchas veces para alentarlos a seguir viviendo, para mostrarles porqué la vida es bella y que a pesar de estar en un asilo, no deben dejarse caer.

Ellas son sus enfermeras, sus amigas, en algunos casos, son la única familia que les queda a los ancianitos y aunque sus jornadas laborales son de 8 horas, a veces no les importa quedarse hasta 12 horas; en ocasiones pasan más tiempo con ellos que con su propia familia.

Prácticamente se convirtieron en el consuelo de los viejitos, en su hombro para llorar, en su mano para apoyarlos a salir avante, pero también son las que los hacen reír; son las que escuchan sus historias de antaño de hace casi un siglo.

Fungen como enfermeras, los bañan, los peinan, los visten y les cocinan.

Doña Tere: Lo hago con dedicación

Teresa Aloé Guzmán, “Doña Tere”, es la que lleva más de tres lustros dedicando su vida al cuidado de las personas de la tercera edad en el asilo. Por  más de 16 años, ha pasado más de ocho horas diarias y ocasionalmente ha doblado turno para atender a los abuelos.

“Yo lo hago con dedicación porque estos viejitos se ganaron mi corazón. Aunque tenemos nuestros consentidos, porque son los que más se dan a querer, a todos los tratamos humanamente; ellos son nuestros viejitos”, presume Doña Tere.

Ella aún tiene a sus padres de 87 y 84 años consigo, y asegura que así como trata a sus progenitores, trata a “sus viejitos”, porque espera que así los traten todos e, incluso, cuando ella envejezca, anhela que la traten de la misma manera.

Andrea Salgado: Son parte de mi familia

Andrea Salgado Martínez, labora allí desde hace poco más de siete años y  también por casos extraordinarios regala más de su tiempo para cuidarlos.

Coincide en que los ancianitos se volvieron parte de su familia, tan es así, que cuando ha llegado a fallecer alguno, la tristeza la invade y las lágrimas escurren por sus mejillas.

Así relata, con los ojos húmedos, a su Juanita; una viejita que murió el reciente 4 de marzo y que fue olvidada por sus familiares en el asilo.

“Juanita se dejó caer, era de edad avanzada, pero aún tenía fuerzas y no quiso luchar. Ya no quería comer, todas le rogábamos para que tomara sus papillas y sus juguitos, pero se negó y hoy falleció”, lamentó Andrea, al igual que otra viejita, compañera de cuarto de Juanita, de quien brotaron lágrimas al tocar el tema de la difunta.

 

Raquel Gallego, siempre altruista

Raquel Gallego Torres, es otra gran mujer que por mucho tiempo se había dedicado a acompañar a los ancianitos, pero sólo cubría vacaciones. Desde hace dos años logró conseguir el trabajo de planta.

Recuerda que en algún momento fue voluntaria por parte de su iglesia, para llevar víveres a los más necesitados y así conoció el albergue “Las Palomas”.

“Pero cuando tuve más acercamiento, fue cuando mi mamá quiso conocer el asilo: le gustó y se quedó. Aunque fue sólo por una semana que quería prácticamente salirse un rato de la casa”, comenta entre risas.

Cuando estaba aquí, señala, decía que cuando necesitaran a alguien para venir a cuidar a los viejitos, a tender sus camas y a bañarlos, su hija les podría ayudar. Entonces fue que contactaron a doña Raquel para que se uniera al grupo.

Lupita, enfermera

Quien lleva tan sólo nueve meses en el equipo de cuidados es Guadalupe Lorenzo Reyes, Lupita, como le dicen los viejitos. Confiesa que siempre había querido ser enfermera, pero sólo tuvo la oportunidad de estudiar primeros auxilios; sin embargo, hoy puede hacer todo lo que hace una enfermera y su sueño prácticamente se hizo realidad: ayudar a cuidar y a mejorar la salud de los que lo necesitan.

Xóchitl López, cuida sueños

Xóchitl López Salgado es quien se queda todas las noches a dormir con los viejitos, a velar sus sueños, auxiliarlos en cualquiera de sus necesidades, a suministrar su medicamento y a encargarse de que pasen una excelente noche en el asilo “Las Palomas”, fundación que se sostiene gracias a la beneficencia pública.

Estas cinco mujeres nunca reciben un reconocimiento, nunca reciben un regalo. En épocas navideñas y días festivos, algunos grupos sociales llevan obsequios a los viejitos. Acaso, a veces, reciben una taza con chocolates en navidad y ese es el único presente en todo el año.

Ellas son las 5 fantásticas, las que tienen paciencia, amor y dedicación para cuidar a “sus viejitos”, como ellas los llaman.