Médica tradicional por herencia ancestral

Maria Elena, ayudar a las personas enfermas
Maria Elena, ayudar a las personas enfermas

Por Elsa Castorela Castro

Jiutepec. María Elena Reyes nació en 1936 en el Mesón del Sur, en la Plazuela del Zacate, aún guarda en su memoria al Cuernavaca de los 40s: la tienda de abarrotes La Madrileña, la única en el centro de la ciudad, la cerería La Guadalupana (aún se localiza en la esquina de las calles de No Reelección y Degollado), mercería La Moderna, que aún existe en un pequeño local en la calle Guerrero.

Es una historia de recuerdos como hija de soldadera y padre militar, que abandonó el Ejército porque tenía nueves hijas e hijos, por lo mismo les era imposible andar de ciudad en ciudad, como ocurría en los años 30.

Su madre desde muy joven asistió a soldados del Ejército y su podre daba el toque de clarín; en el ir y venir se conocieron, ella de Fresnillo, Zacatecas, él de Morelia, Michoacán.

María Elena llegó a Cuernavaca poco antes de nacer, venían de la Ciudad de México. Allá, su madre, hermanas y hermanos vivían en la calle, por eso, María, que así se llamaba la amiga de la familia que la trajo a Cuernavaca; esa mujer era nombrada “Madre” por los soldados que ella daba de comer (asistía). La casa donde llegó estaba por la calle que ahora es Salazar.

Recuerda María Elena, que esas “madres”, tenían mucho valor y autoridad; eran respetadas por la gente.

Entre recuerdos de una vida generosa y la tristeza cuando fue a buscar a su hermana mayor que trabajaba como doméstica en la casa de una de las hijas de Porfirio Díaz (por el rumbo del Club de Golf), para avisarle que su hijo, estaba agonizando, y que aquélla no pudo salir porque estaba en horario de trabajo.

El niño murió entre los brazos de la niña tía que por primera vez se enfrentó con la muerte, porque el hambre estuvo cerca de ella. Aunque tenía una madre trabajadora, la adversidad y el machismo de su padre llevó a la familia a vivir entre las cuevas de las lomas de San Antón, eran tierras de un revolucionario llamado Joaquín Barona.

La vida de María Elena, que ahora vive en Huauchiles, es un anecdotario del viejo Cuernavaca del siglo XX que le tocó conocer.

Ella aprendió alta costura y bordado de ropa típica, que distribuyó en las tiendas especializadas en la década de los años 60, cuando Cuernavaca era muy visitada por extranjeros.

De su madre, aprendió la medicina tradicional, curar espantos, empacho, juntar el pulso, descomposturas y demás dolencias.

Ya con el tiempo, aprendió a elaborar microdosis, tónicos, gel, pomadas, entre otros recursos medicinales. Para mejorar su conocimiento, estudió diplomados en: reflexología, imanes y uso de las plantas; ahora vive en armonía ayudando a la gente para que aprenda a cuidar la salud, tiene también un temaxcal que ella misma diseñó.