Nuevas generaciones olvidan a mártires del 13 de agosto

Ceremonia  Mártires
Ceremonia Mártires

Por Máximo Cerdio

Tlaltizapán. En la memoria de los jóvenes y niños de Tlaltizapán, la muerte de más de 250 personas por el ejército federal va siendo, cada vez más, sólo una ceremonia cívica. Y “un pueblo que no conoce su historia, su pasado y sus tradiciones, es un pueblo huérfano de ideas, es un huérfano del futuro que no podrá defenderse así mismo con dignidad”, dijo el cronista, historiador y ex presidente municipal Ricardo Zúñiga Vázquez, orador oficial al concluir la conmemoración del evento.

A las 8.30 de la mañana dio inicio la ceremonia en la plaza cívica “Mártires del 13 de Agosto”, de acuerdo con el acta de cabildo del 6 de agosto de 1951, que declaró solemnemente que el 13 de agosto de 1951 y todas esas fechas de cada año se recordara como el día de los Mártires del 13 de agosto.

En la plancha de cemento estaban las autoridades municipales,los elementos policiacos, algunos alumnos y ancianos campesinos que presenciaron la marcha de la escolta de militares llevando la bandera hacia el asta, los toques, el izamiento del lábaro patrio y demás formalidades como el Himno Nacional Mexicano. Después vinieron los discursos:

Un grupo de alumnos de preparatoria ubicados al fondo de la plaza escucharon con atención el relato del cronista Ricardo Zúñiga Vázquez sobre un hecho que no está consignado en los libros de Historia de México ni en los de Morelos:

–La segunda matanza de ciudadanos inocentes de este pueblo fue por la mañana del domingo 13 de agosto de 1916. Las sonoras campanas de la iglesia no llamaron a la alegre convivencia religiosa, el llamado era al grito de la venganza, era el desbordamiento del odio y la saña de un hombre que había perdido antes un batalla, órdenes de matar, y matar a cualquier hombre viviente; niño, joven adulto y de avanzada edad, que encontraron en este pueblo, para que no quedara uno solo vivo.La venganza obedecía a que el amanecer de ese domingo, Zapata puso sitio al poblado, sólo que por el camino de Santa Rosa Treinta, los generales Maurilio Mejía y Jesús Capistrán, que Zapata envió, lo abandonaron y permitieron que el gobierno entrara y sorprendiera a Zapata y sus generales, que con su gente cada quien como pudo, salió del pueblo atravesando el río Salado, donde algunos se ahogaron al no conocer el paso.

Hasta ahí, el relato de Zúñiga Vázquez.Una chicadesveladase asustó y despertó cuando el orador levantó más la voz y dijo: “¡Durante seis horas, la sangre corrió por todas partes!”

Para cerrar,hubo “palabras”de autoridades municipales, la develaciónde una placa al general Otilio Montaño Sánchez, ideólogo del Ejército Libertador del Sur y redactor del Plan de Ayala, y una guardia de honor en el lugar que había servido como fosa común para enterrar a los mártires y donde se levantó una estructura de cemento –un “monumento”, dice la inscripción– en honor a la gente inocente sacrificada ese 13 de agosto de 1916.

Matías Quiroz Medina, alcalde del municipio, dijo que el secretariode Gobierno Jorge Messeguer iba a asistir en representación del jefe del ejecutivo estatal, pero que le fue imposible porque lo acababan de intervenir quirúrgicamente.

La ceremonia terminó y los asistentes tomaron por sus rumbos para realizar sus actividades cotidianas. Por la tarde habría eventos culturales organizados por el Ayuntamiento.

Rumbo a la escuela, Marco Antonio Blanco Mendiola, Santiago Javier Fonseca y Rafael Tapia Sánchez, estudiantes de preparatoria que estuvieron presentes en el evento, comentaron que sí había sido importante el homenaje porque se estaba recordando a hombres y mujeres que ayudaron al general Emiliano Zapata en su lucha por la libertady la tierra.

Una mujer joven de nombre Juana Ortega, que presenció la ceremonia desde la banqueta de un negocio, frente a la plaza comentó:

–A pesar de que no hay clases y los niños de primaria no vinieron,deben escuchar esta historia. Cómo van a tener conciencia de esto si no se les recuerda, si no se les cuenta lo que pasó. Lo que le hicieron a nuestros abuelos el 16 de agosto de 1916 está vivo en el pueblo, de los viejos, de esos que dijeron a nuestros padres cómo ocurrió todo; porque nuestros padres nos cuentan y nosotros lo decimos a nuestros hijos y ellos lo deberán decir a sus hijos.