
Por Elsa Castorela Castro
“La música no se hurta, se hereda” recordó Candelario Domínguez que le repetía su abuela, doña Guadalupe Benítez, a cuya casa llegaban año tras año los trovadores surianos cada tercer viernes de cuaresma a la feria de Tepalcingo, Morelos. Allí conoció a Federico Becerra, uno de los últimos publicistas, heredero de la tradición de interpretar y componer canción de amor, bola suriana, corrido histórico y sus géneros musicales.
Fueron varias entrevistas a Candelario Domínguez Vergara, hechas en el mes de septiembre de 2012, durante varios recorridos por Huichila, municipio de Tepalcingo, por Tenextepango, municipio de Ayala, la estación Pastor en Jonacatepec, en la búsqueda del pasado histórico de la trova suriana; material inédito que he conservado en esa búsqueda de los trovadores.
Candelario Domínguez Vergara siempre me platicó de su parentela y a cada pueblo que llegábamos encontraba a un familiar, ya sea por los Domínguez, los Vergara, los Benítez o los Sánchez, o cualquier otro apellido siempre estaban ligados a su familia.
Entre sus recuerdos está el de Federico Becerra, a quien conoció como vendedor de las hojas volantes o cancioneros, “era música campirana” que él interpretaba con su bajo quinto: “por ahí andaba, reuniéndose en su negocio de vender cancioneros. Su tarea era dar a conocer los corridos, cantatas y todo lo que se refiere a la música campirana.
“Entendí que en el corrido se contaba lo plasmado por los grandes que hubo de ese tiempo, yo creo que en todas las regiones de Morelos había gente con esa noción de lo que significaba el cantar o poner en conocimiento los sucesos de actualidad”. Con ello, Candelario se refería a las historias que se contaban como corridos.
“Íbamos a las demás ferias. Así fui entendiendo que había cerebros que cantaban y componían, no sé, si copiando a las gentes más viejas, como Marciano Silva, que mencionó a través del corrido toda la gesta revolucionaria; lo que es el zapatismo. Había más gente que traían de corazón, que daban a conocer de lo sucedido”, me explicaba.
Genaro Zúñiga es uno de los trovadores que Candelario conoció en las reuniones, cuando los viejos trovadores interpretaban el duelo. Su abuela Guadalupe, le platicó, que ella había conocido a Genaro, que fue nativo de Ixtlilco el Chico, a él “le seguían varias gentes, le llamaban poeta, maestro de música, porque era una enseñanza para las nuevas generaciones todas sus interpretaciones”.
Candelario conoce muy bien el estado de Morelos, cada rincón que ahora es historia, como es el caso de la estación Pastor –al sur de Jonacatepec, límites con Tepalcingo, Morelos–, ya que cuando niño abordaban el tren junto con su abuela para ir a Puebla o a Cuautla.
A la feria de Tepalcingo llegaron los Trejo (Félix y Susano Trejo), primos, originarios de Ocotepec, de Cuernavaca, Morelos, que no sólo llegaban a Tepalcingo sino a Chalma a Jojutla, a la Loma de Mazatepec y muchas más.
Por el corrido Candelario conoció a Fermín Aponte, de quien decían sus abuelos era originario de Huitzuco, Guerrero; a Elías Dominguez, de Valle de Vázquez; a Honorio Abúndez, de Huautla, Morelos. También supo de Liborio Lira, al que le decían “La mirla”, a su tío abuelo Paulino Vergara, también originario de Tepalcingo, a Leonardo Sánchez de Ixtlilco el Grande, que vivió también en Chinameca y San José de Pala; a Liborio Lira, al que sí conoció, vivía en Los Sauces, a éste le decían el Tzenzoncitlo.









