
Por Elsa Castorela Castro
Tlaquiltenango. En Quilamula, comunidad localizada en este municipio, el recuerdo de Emiliano Zapata Salazar sigue vigente a 96 años de su muerte, la historia oral mantiene vivo el recuerdo del caudillo del Ejército Libertador del Sur, la memorizan y la repiten con la ilusión de que Zapata no fue muerto en Chinameca, sino que fue suplantado por su compadre Jesús Delgado, y que su compadre el árabe se lo llevó a Arabia.
Sin embargo, el corrido histórico escrito por Marciano Silva, uno de los principales cronistas de la revolución del sur, escribe lo contrario: “El año diez y nueve el mes de abril por fecha/ Murió el jefe Zapata como bien lo sabrán/ del modo más aleve en San Juan Chinameca/ a la una y media breve de esa tarde siniestra/ dejando una era ingrata así a la humanidad”.
Y refuerza con el corrido a Maurilio Mejía y Jesús Capistrán: “Rancho Nuevo, Chinameca, es un testigo/ allí fue donde sucumbió nuestro caudillo/ el apóstol más querido/ que el suriano nunca olvida su sentido/. Los valientes nunca corren a rendirse/ el que no ama Dios ni Patria es un tirano/ los presentes sólo están para decirles/ que muy pronto verá usted su desengaño/.
“Adiós Maurilio Mejía, ya me retiro/ a Jesús Capistrán dará un abrazo/ el que su mano extiende a su enemigo/ pues, de seguro, solo le espera el cadalso”.
Lo anterior es un extracto de los corridos de Marciano Silva, cuya crónica califica de traidores a los revolucionarios zapatistas, quienes desde el 13 de agosto de 1916 abandonan la plaza de Tlaltizapán, cuando ocurre el degüello; posteriormente, se unirían a las filas de los Constitucionalistas, por ello considerados traidores.
En los últimos 15 años he realizado entrevistas a descendientes de revolucionarios zapatistas, destacan entre ellos Audias Anzurez Soto y Leandro Domínguez Anzures, originarios de Quilamula, el primero niño que le tocó vivir la revolución y amigo del hijo mayor de Emiliano Zapata, Nicolás Zapata, son entrevistas inéditas, realizadas en el año 2000.
Quilamula, recuerda don Audias, era un rancho en donde había unas siete casas, después de la revolución la población creció. Este personaje aseguró que él conoció a Emiliano Zapata, que le tocó vivir batallas y que su mamá molía tequesquite (una piedra salada que le daban a comer al ganado) para los animales que participarían en los jaripeos: “Ándale Basilia, vas a moler tequesquitito que va haber reparo”, le decía Emiliano a su madre.
También don Audias recordó a Luz Zúñiga, que vivió en Quilamula con el general Zapata. Cuando murió Emiliano le mandó a hacer una tumba grande a la entrada de la iglesia de Huautla, pero que tiraron.
Don Audias mencionó a Goya Zúñiga, hermana de Luz, quien tuvo una hija de Emiliano, se llamó Luisa Zapata y se parecía a su padre.
