
Por Máximo Cerdio
–Si censuran los narcocorridos deberían prohibir todos los corridos, porque la característica de éstos es precisamente la violencia: no hay corrido ni narcocorrido sin violencia: ‘Echó mano a la cintura/ y una pistola sacó/ y a la pobre de Rosita/ nomás tres tiros le dio’–cita Teodoro Bello Jaimesel “Corrido de Rosita Alvírez”, de Felipe Valdés Leal, después de que le pregunto que si por las constantes prohibiciones al narcocorrido va a dejar de escribir sobre este género.
Sentado en un sillón, con botas, pantalón, tejana y chaleco negros, en el recibidor de su casa en Cuernavaca, el autor de “El Jefe de jefes”da su punto de vista sobre la reciente prohibición del espectáculo del cantante de narcocorridos Alfredo Ríos, el Komander, por el Ayuntamiento de Cuernavaca, programado para el 11 de abril de 2014.
–El gobierno no debe prohibir las expresiones culturales, como los corridos, porque son cosas y hechos que suceden en las comunidades–y agrega:
–El compositor es como el periodista, el buen periodista, que dice las verdades, lo que ocurre. El gobierno siempre ha tratado de prohibir que el pueblo dé a conocer la vida y logro de personajes que puedan desestabilizarlo o poner en peligro intereses de los poderosos. El gobierno siempre ha querido impedir que se canten los corridos que hablan sobre Emiliano Zapata, sobre Pancho Villa, sobre otros caudillos, pero no ha podido porque son personajes, hechos que están en la conciencia de la gente que lo vio y lo vivió.
Para el cantautor oriundo de San Simón, Estado de México, que tiene más de más 40 años de vivir en Morelos, las reiteradas censuras a las canciones con connotaciones de violencia, tráfico de drogas y consumo de estupefacientes se debe a que son sangrientas y explícitas.
–El corrido que compone Teodoro Bello es un corrido fuerte, pero no directo:“Muy pegadito a la sierra,/ tengo un rancho ganadero,/ ganado sin garrapatas/ que llevo pa’l extranjero,/ qué chulas se ven mis vacas,/ con colitas de borrego’”. Yo digo lo que digo pero también estoy diciendo otras cosas –explica el creador de “Pacas de a kilo”.
En relación con el argumento de que los narcocorridos hacen apología del delito e incitan a los jóvenes a conductas delictivas, el cantanteexplica que la mayoría de los narcocorridos con letras violentasestán en auge y se componen sin que muchas veces tengan base en la realidad, sin que hayan ocurrido de veras; por esola gente se identifica poco con ellos, no llegan a formar una cultura, pasan de moda:
–Al rato ya nadie los va a tocar ni a cantar, pero un corrido bien hecho permanece. El buen compositor debe tener ingenio, encontrar la manera de decir las cosas, las verdades –diceel compositor de 59 años de edad y que ha colocado más de 200 corridos en el gusto de varias generaciones.
–El gobierno no gana nada con prohibir los narcocorridos. Es verdad que ciertas estaciones de radio en algunas ciudades no los tocan, pero qué tal en las cantinas, en los bares, en los antros, qué tal en los mercados o en los coches y en las camionetas de los muchachos, a todo volumen.
El compositor de “Inyección letal” y a quien es muy frecuente ver en las fiestas de los pueblos, conviviendo con sus miles de amigos ganados por toda la república mexicana y en el sur de Estados Unidos, confiesa que nocompone a narcotraficantes, ni construye héroes ni villanos por encargo.

–Leo los periódicos, veo las noticias todos los días; me informo de lo que sucede, ando en los pueblos. Así me entero de lo que ocurre y cuando me gusta una historia, cuando me atrae un personaje lo leo, lo estudio, me entero y compongo: “Murió Amado Carrillo,/ así lo dice la prensa./ A todos sus familiares/ les brindo mis condolencias./ La Federal lo buscaba/ y no le ajustó las cuentas”–canta y cuenta unacuarteta de su corrido “Amado Carrillo”.
Al autor de “La reina del sur” nunca le han pedido o exigido que componga, deje de componer o cantar sus corridos. Menciona que a algunos intérpretes quizá en algunas estaciones no les pasenalgunas canciones, pero sus corridos ya quedaron en la mente de las personas, ya pasarona ser de la gente y “el Pueblo sabe lo que quiere y le gusta”, afirma.
Llamada del líder de Los Tigres del Norte
Durante la entrevista, entra una llamada desde California. El compositor de “La tumba falsa” y “La granja” me diría, después, que se trataba del acordeonista líder de Los Tigres del Norte, Jorge Hernández, a quien hace poco Teodoro le envío algunos corridos para un nuevo disco:
–Le voy a decir una cosa, no deje de considerar Maclovio. Es un corrido internacional, va a jalar en España, en Latinoamérica, en Europa. En lo musical, Maclovio es muy distinto; incluso entre las estrofas. En lo literario lleva una buena secuencia. No porque la haya hecho Teodoro Bello. Si usted analiza, Maclovio habla de la ciudad, de la inseguridad.

Por un momento, el artista avecindado Morelos se olvida que estoy frente a él. Con una mano sostiene su celular y con la otra hace ademanes. Sin dejar de hablar, se levanta: en esos momentos, parece no estar en Cuernavaca, sino frente a un público; como cuando el 2 de febrero de 2014 cantó en la iglesia de Miacatlán, ante el cuerpo del emigrante Edgar Tamayo Arias, ejecutado días antes en Estados Unidos por inyección letal. Aspira hondo y comienza a cantar, con una voz media y bien entonada, algunos versos de Maclovio:
–Que huele a muerte en las calles/ después de sonar las doce./ Te cuentan robos y asaltos/ si ves la televisión,/ pero lo más preocupante la juventud descarriada/ se le han quemado las alas por tanta drogadicción./ –Y continúa:
–Jorge, se lo digo como compositor: yo esa canción la he calado en ferias y varios lugares y jala al cien. Yo siento que sería un gran acontecimiento que Tigres del Norte grabe Maclovio… –concluye el corridista que, según él mismo reconoce, aprendió a leer y a escribir cuando tenía 22 años de edad.
Teodoro Bello nació, sin duda, con un don; él lo sabe, pero no se duerme en sus laureles:
–Yo creo que nací con ese don de componer, pero si no se cultiva, si no se ejercita uno, no llega uno al máximo. Yo todos los días compongo algo, alguna o algunas canciones o corridos, unos versos… El corrido en mí y no solo en mí, para el pueblo, es como respirar; y ni el compositor ni el pueblo pueden dejar de respirar porque se mueren. Voy a seguir componiendo corridos toda mi vida–puntualiza Teodoro Bello, el corridista consentido de Los Tigres del Norte, uno de los grupos que puso en el gusto del público de México el narcocorrido.
















