
Carolina Alvarado
Hasta el día de hoy, soy una sobreviviente de las rutas, de todas las rutas, de todas las formas, de todos los colores, tamaños y destinos: Por ejemplo, he sobrevivido a las rutas que más que vehículo es una incubadora. Las ventanas no se abren porque están atoradas hace mucho tiempo y además están oscurecidas por una película negra que aísla del exterior.
Si tú, amable lector, Jorge Messeguer, tienes la mala fortuna de ser más alto que el promedio morelense y debes subirte a esas “combis” y no te toca asiento, tendrás que hacer tu recorrido encorcovado y sin ver por dónde vas. Peor aún, si tu recorrido lo haces sentado, tendrás el trasero de algún encorvado en tu cara.
Tu suerte, Jorge, puede ser peor en estos viajes dentro de esas incubadoras hacinadas y sin ventilación: si vas sentado en los asientos forrados de plástico de las bancas paralelas, irás resbalando hacia adelante o hacia atrás, sin asidero alguno, al ritmo violento del conductor y su mal humor por ir “quemado”. No te quedará más que “agarrarte”. Así, literalmente: hincar las garras en las orillas de los forrados asientos para no viajar como canica en caja de zapatos todo el camino.
La cosa puede empeorar, Jorge, amable lector: si vas en la banca trasera, en medio de dos sufridos usuarios más, y el conductor –como es la regla en ellos– acelera y frena cinco veces en menos de 50 metros, te irás de bruces todas las veces que frena. Acaso detenido por los encorvados de pie.
He sobrevivido a las rutas “chatarra”. Esos armatostes, grandes, pesados y disfuncionales que lo mismo da que tengan tubo de escape afuera que adentro; algunos de esos adefesios llevan asientos movibles, es decir, un cuadro de madera mal forrado sobrepuesto en los asientos, que se bambolea en la curvas cuando el pie del conductor presiona el freno, o acelera –otra vez, por ir “quemado”–; si tienes buena suerte, Jorge, irás sentado en uno de esos asientos hechizos a la mexicana, tratando inútilmente de mantener, con tu trasero lo más firme posible, el asiento en su base. Jorge, si tienes muy mala suerte, además de la humareda interior y exterior, hay algunas rutas que únicamente cubren los asientos con lo que quedó de la tela original y debajo hay un tubo atravesado. Si te sentaste violentamente, obligado por una cabriola del adefesio, ya te chingaste el coxis.
Sobrevivo a las rutas que hacen “base” todo el tiempo que quieren. Pueden dejar pasar tres, cuatro semáforos verdes y no avanzan esperando llenar su armatoste. Sobrevivo a las rutas que no se paran en el sitio establecido y lo hacen donde mejor les parece. Sobrevivo a los conductores de las rutas que conducen su esperpento y van “chateando” en el Whats; los que tienen zafado el tubo del techo, los que no tienen salida de emergencia, los de asientos con costras de mugre; los que apartan los lugares atrás del conductor; los que únicamente suben a mujeres “guapas” en el asiento delantero; los que llevan letreros de advertencia punitiva “se castigará a quien maltrate la unidad”. ¿Te cae?; los que con letrero jocoso ordenan: “pague, siéntese y cállese”; las que son un horno en la canícula morelense, los que son una coladera en tiempos de lluvia; las que no respetan los descuentos; los que intentan tímidamente dar un buen servicio con un letrero a medias: “favor de reportar sus quejas al núm…”
Sobrevivo a las rutas que se paran en los pasos peatonales, las que echan carreras, las rutas guiadas por conductores adictos a sonar el claxon y saludar a todos sus compañeros que ven en el camino con un rítmico pitido al son de “La cucaracha”. Esas que no saben ni entienden el concepto de contaminación auditiva por más “capacitaciones” que les dan.
Sobrevivo a las rutas que conducidas por hastiados guías sobrellevan su día con música en decibeles infrahumanos al ritmo de música de banda. Sobrevivo a los paros de concesionarios, a su enojo contra la autoridad y a su protesta con calles cerradas por sus adefesios, y veo a los usuarios correr por muchas calles para legar a tiempo a su destino. A ti, Jorge, no te he visto sufrir esto.
También me he bajado a mitad de camino, muerta de miedo por el exceso de velocidad del rutero en turno; o porque se descompuso y hay que tomar otra –igual o peor que la destartalada–. Me he salvado de ser atropellada por esos monstruos –el camión y el conductor–; he librado caídas cuando el chofer no frena totalmente y espera que aun así bajes de la carcacha.
He librado todo eso, Jorge, tú… tan ajeno a todo esto, con tu escolta, tan solícita y lista para abrirte camino para que no sepas del caos vial, tan a gusto en tu camionetota cómoda y espaciosa, por la cual no pagaste de tu bolsa ni un peso de costo, de mantenimiento y operación (ni al chofer le pagas tú).
Debes saber, Jorge, que quienes no han librado tu falta de pericia para poner orden en el transporte público, tu falta de voluntad y negligencia impúdica para evitar más muertos, son los mutilados, inhabilitados o discapacitados por conductores de las rutas y sus propietarios, los concesionarios que se saben inmunes e impunes por la protección de funcionarios complacientes y chambones, con intereses únicamente electoreros. Las víctimas de los conductores de las rutas y los concesionarios también son tus víctimas.
La cosa puede ser aún peor, Jorge, lo peor de lo peor es viajar en una ruta que lleva en su parte trasera un pegote con tu cara –o la de tu antecesor, sucesor o aspirante a pertenecer a nuestra cleptocracia–, con ese gesto de bonhomía tan simulado por el Fotoshop, pidiendo la limosna del voto.
De acuerdo con el registro periodístico diario (*), Jorge, me tocará –y a tantos usuarios más– muy pronto ser víctima de todos ustedes. Muy pronto una ruta me atropellará, me tocará un asalto en mi viaje o sufriré algún tipo de incapacidad propiciado por la negligencia o impericia de un conductor de ruta involucrado en el choque nuestro de cada día.
Hasta el momento soy una sobreviviente que pronto se le acabará la suerte, y tú, Jorge, ¿seguirás haciendo como que no sabes que esto sucede todos los días en el estado? ¿Cómo duermes con tantas víctimas en tu conciencia, Jorge Messeguer?
(*) Conurbados solicitó a través del sistema Infomex del Instituto Morelense de Información Pública y Estadística (IMIPE) la: “Estadística de accidentes (choques, atropellamientos) en los que intervinieron el transporte público (rutas) en 2016 y lo que va de 2017 en Cuernavaca”, y “El acuerdo, minuta o instrumento jurídico en los que se plasman los acuerdos de mejora del servicio entre concesionarios (de rutas) y la Secretaría de Movilidad y Transporte, que derivó de la autorización al reciente aumento de la tarifa a 8 pesos”.
La respuesta del IMIPE fue: “no se le dará trámite a su solicitud debido al lenguaje antisonante (sic) que usted utilizó para pedir la información, por lo que su solicitud no procede”.
Ojalá el IMIPE tuviera un catálogo de eufemismos para pedir información sin lastimar la sensibilidad de los funcionarios.