
Por Carlos Quintero J.
Era la primera audiencia de treinta programadas para desahogarse ese miércoles 26 de febrero del 2014.La gente aún llegaba a la sala cinco, cuando el reloj digital marcaba las 7:20 de la mañana.
Dos abogados de la defensoría de oficio y tres agentes del Ministerio Público se encontraban en el estrado, mientras en el área del público otros cuatro litigantes esperaban atentos con la esperanza de tomar el caso.
Laila, una joven que representaba menos de los 18 años de edad que dijo tener; era imputada por el delito de posesión de vehículo con reporte de robo y delitos contra la salud en la modalidad de narcomenudeo.
Ella, una mujer delgada, tez blanca, cabello largo recogido, vestía un suéter ligero de color café y una falda corta beige, propia del uniforme de las internas del penal.
Las miradas se entrelazaban entre Laila y su hermana, esta última otrora pareja sentimental de Julio César Radilla Hernández, alías «El Negro», señalado como líder del Cártel del Pacifico Sur (CPS).
En esta ocasión, compareció ante el juez de control de garantías para saber si finalmente sería vinculada a proceso por los delitos que la fiscalía había elaborado en la audiencia de formulación de imputación del lunes 24 de febrero.
Esa jornada, la agente del Ministerio Público dio a conocer que dos días antes, el viernes 21, Laila había sido aprehendida a bordo de una camioneta de lujo GMC Terrain 2013, color blanco, sin placas de circulación con reporte de robo.
Alrededor de las 20:30 horas, elementos de la Unidad Especializada en Combate al Secuestro arribaron al domicilio ubicado en el Condominio Bugambilias, en la calle Camino Antiguo a Tepoztlán de la colonia Buena Vista de Cuernavaca.
Al realizar la revisión al automotor, los agentes de antisecuestro no pudieron confirmar si era robado; por tal motivo solicitaron el apoyo de elementos del grupo de recuperación de vehículos para que ellos lo determinaran.
La camioneta GMC, valuada en más de 630 mil pesos, se encontraba relacionada con la carpeta de investigación FRV01/3530/2013, iniciada con fecha 4 de noviembre de 2013, y se encontraba en el cajón de estacionamiento del condominio.
Una empleada doméstica y un trabajador de mantenimiento del edificio fueron interrogados por los agentes y confirmaron que el departamento era propiedad de Leila y su esposo Héctor «N», mismo que era buscado por el delito de secuestro.
Los agentes ingresaron sin orden de cateo al inmueble y encontraron una caja fuerte oculta en un armario y en el interior había más de 279 gramos de cocaína, una cantidad distribuida en bolsitas, según el argumento de la fiscal del estado.
Los agentes también allanaron otra casa ubicada en la colonia Santa María Ahuacatitlán, en donde aprehendieron a la madre de Héctor, María Estela «N», una mujer propietaria de tres pipas que realizaban el servicio de trasporte de agua potable.
Días después, el jueves 27 de febrero, la mujer rindió su declaración ante un juez de control y, según su versión, los policías ministeriales llegaron a su casa y derribaron la puerta.
Tras revisar el inmueble y no encontrar a Héctor, se retiraron del inmueble; pero la mujer los encaró y amenazó con presentar una denuncia en su contra por daños.
Los elementos le dijeron a la mujer que los acompañara para que ella presentara su denuncia; sin embargo, fue detenida y puesta a disposición del agente del Ministerio Público por el presunto delito de Homicidio doloso al cometer secuestro.
–Yo no sabía por qué motivo y jamás me quisieron decir nada, sólo me dijeron que ya me enteraría –expresó la mujer; y agregó que conoció de su acusación hasta la audiencia de control de detención.
El agente del Ministerio Público solicitó a una jueza de control de garantías la vinculación a proceso en contra de María Estela por tener a su nombre un teléfono celular que fue utilizado en el caso de un secuestro.
Se trata del caso relacionado con la carpeta de investigación FLP/617/2012 en agravio de César «N», vecino del municipio de Yautepec y quien fue privado de su libertad la mañana del 8 de noviembre de 2012.
Mediante una llamada telefónica realizada, supuestamente, por una mujer al padre de la víctima, se le exigió un pago de 200 mil pesos a cambio de la libertad de César.
El hombre realizó un pago de 100 mil pesos, pero su hijo nunca fue liberado.Por tal motivo, inició la denuncia correspondiente; hasta que el 14 de noviembre de ese año, el cuerpo del joven ingeniero fue encontrado en la cajuela de su auto Chevy, en la colonia Bella Vista.
El médico forense realizó el examen del cadáver de la víctima y determinó que había sido asesinado 72 horas antes, a causa de asfixia por sofocación.
Ante esta imputación, María Estela refirió que el teléfono con el cual se le relacionaba lo había perdido y el día en que ocurrió el secuestro, ella se encontraba en la ciudad de La Paz, Baja California.
La mujer dijo que había ido a visitar a su hijo Miguel Ángel desde el 9 de octubre y que regresó a Cuernavaca el 9 de diciembre de ese mismo año.
Presentó ante el juez los boletos del viaje que realizó y que mantenía archivados para justificar sus gastos ante Hacienda.
Aunado a esto, su hijo Gustavo y su hermana Mireya declararon que ella era una mujer trabajadora, que se mantenía del ingreso de los servicios de sus pipas «y que no tenía la necesidad de andar realizando actividades ilícitas”.
–Yo soy una mujer de trabajo. Yo no arriesgaría mi patrimonio por una cosa así ni en secuestro porque a mí me enseñaron a ganarnos el pan con nuestro trabajo –dijo en su momento la imputada.
Sin embargo, la jueza de control determinó vincular a proceso a la mujer para ser juzgada en un juicio oral.
Con respecto al caso de Laila, nuera de María Estela, ella fue puesta en libertad debido a que los agentes intentaron justificar con una orden de cateo que les fue otorgada después de que allanaron el domicilio.
El juez del caso observó deficiencias en la detención de la joven, que evidenciaban la planeación que realizaron los agentes ministeriales para inculparla, lo que reveló la falta de objetividad y deber de lealtad.
De acuerdo con información recabada, se conoció que Héctor «N», hijo y esposo de las mujeres, es investigado por su probable relación en el secuestro de César y otras actividades ilícitas relacionadas con la delincuencia organizada.
