
Por Magda García
La fe y la tradición han permitido que las costumbres y celebraciones continúen vivas en la metrópoli morelense en pleno siglo XXI, un ejemplo de ello es Santa María Ahuacatitlán.
Los habitantes de este pueblo, ubicado al norte de la capital de Morelos, celebran las fiestas paganas y parroquianas al vaivén de las tradiciones que fueron pasando de generación en generación para festejar a cada uno de los santos patronos de sus barrios.
Los barrios
En distintos meses de toda la anualidad, en este poblado de Cuernavaca se festeja con una gran celebración a los santos patronos de los barrios de San José, Sagrado Corazón, San Antonio, Cruz de Piedra, Virgen de los Dolores, Virgen de Guadalupe, Santa Helena, Señor de los Ramos y Joquicingo.
A diferencia de una fiesta convencional, los preparativos de las celebraciones de los barrios inician con un año de antelación y se intensifican con un mes de anticipación de la fecha señalada en el calendario.
La mayordomía
Los mayordomos y mayordomas, o la familia de la mayordomía, son habitantes del poblado que se postulan ellos mismos como los organizadores de la fiesta patronal, y tiene unciones que inician desde el momento que finalizan los festejos de sus antecesores y concluyen una vez que entregan la imagen del santo a las personas que asumieron la responsabilidad de la celebración del año venidero
Los mayordomos no sólo son los responsables de los adornos, de la contratación de la banda de música para las mañanitas y armonización de la comida en honor a San José, también consiguen a quienes prepararán los alimentos que se ofrecerán a los comensales.
San José 2014
Orgullosa de haber nacido en el barrio de San José, por primera ocasión mayordoma de la festividad en honor a este santo, Inés López Flores abrió las puertas de su hogar a Conurbados para dejarnos vivir de inicio a fin esta celebración.
La “licenciada”, como sus familiares la llaman, pidió a más de 20 personas experimentadas, que son conocidas como “chimoleras” y “arroceras”, su apoyo para la preparación del mole, arroz, tamales de frijol, tortillas hechas a mano; platillos que se ofrecieron a los invitados de Santa María y de municipios aledaños como Huitzilac y Jiutepec, y algunos del Estado de México y delegaciones del Distrito Federal.
“Aquí en el barrio hay las señoras indicadas que preparan el mole con quienes me dirijo para que digan que es los que voy a comprar para la elaboración del mole, ellas vienen a dorar las especies y otro grupo a moler los ingredientes de este guisado mexicano”.
Para el festejo a San José, se desvenaron, asaron y molieron 50 kilogramos de chile –18 de mulato, 18 de ancho, 14 de pasilla–, 25 kilogramos de ajonjolí, 4 kilos de avellana, igual cantidad de nueces, almendras y cacahuates; se cocinaron 50 kilos de arroz y en cazuelas de grandes tamaños se prepararon 50 kilogramos de mole y guisaron 300 kilogramos de pollo, cantidad que alimentó a más de mil 200 personas.
Dichos alimentos fueron distribuidos en 20 cazuelas; unas de mole, otras de arroz y algunas de frijol.
La historia de las vasijas
Un dato curioso que quedó al descubierto en esta celebración: las cazuelas tienen algunas mañas para poder cocer los alimentos que se han vertido en ellas.
A las también llamadas “cazuelas socarronas”, previo a ser utilizadas en la cocción de los alimentos, deben realizárseles diversos rituales para que “suelten el hervor”, como dicen las cocineras de la fiesta. Entre las ceremonias destacan bailarles y darles una botella de alcohol, acto en el cual las chimoleras comparten tragos.
De igual forma, hay algunas cazuelas que no hierven hasta que escuchan los cohetes de la iglesia que señalan que la misa a terminado; otras más requieren que los integrantes de la banda de viento vayan a los clecluiles –sitio en el cual se elabora la comida– a interpretar algunas canciones para poder cumplir con su función: guisar los alimentos.
El festejo
Con la floreada de la iglesia, vestir al santo, la tradicional misa en su honor y la salida de éste al hogar en donde lo recibirán, es como inician las actividades –que tienen una duración de tres días– en honor del Santo Patrono del Barrio, donde comensales de todo el poblado e invitados confluyen para formar parte de esta tradición.
El primer ofrecimiento que hace la mayordomía es el 18 de marzo por la noche, en el cual se da de cenar caldo de res a quienes acudieron a la iglesia y participaron de la colocación de flores en todo el recinto eclesiástico en honor a San José.
Por la mañana del 19 de marzo, una banda de viento acompaña al mayordomo que donó el vestuario a San José. Al medio día se realiza la ceremonia religiosa, cuya conclusión hace que las personas acudan a la comilona que alimenta a más de mil personas, evento que concluye con un baile y la quema de toritos y un castillo.
El último día, 20 de marzo, se nombra al nuevo mayordomo que ha asumido la organización de la celebración del año entrante.
Satisfecha, Inés Flores, expresó que aun cuando en otros lugares “hoy en día se van perdiendo las tradiciones, pero aquí la fe, que mueve montañas, hace que mantengamos y que estemos unidos para mantener vivos los usos y costumbres en Santa María Ahuacatitlán”.
