Las dos muertes de Aureliano

Aureliano
Aureliano

Por Yesenia Daniel Ménez

Amacuzac.-Aureliano Díaz Gómez ha escapado de la muerte dos veces; en éstas ha habido un elemento en común: el agua.

En el verano del año 1979, cayó a las frías aguas del lago de Guadalupe en el Estado de México; cuando se dio cuenta de que estaba atrapado en una presa en donde se ahogaba empezó a recordar los momentos más significativos de su vida. Intentó salir de un remolino de agua, parecía que se daría por vencido, sin embargo su fe lo hizo tener un último destello de esperanza.

Como si alguien le hubiese hablado –o tal vez lo hicieron pero ahora no lo puede asegurar–,levantó la cabeza y vio cómo un hombre le extendía sus brazos para sacarlo del agua; era algo así como alguien enviado del cielo, un rescatista formal que por azares del destino había coincidido en hora y lugar en visitar el lago y que, al darse cuenta de lo que pasaba en la presa, acudió a dar el auxilio a Aureliano.

Casi 34 años después,Aureliano fue nuevamente rescatado pero esta vez por un helicóptero Black Hawk–Halcón Negro–de la Policía Federal; esto ocurrió el domingo 15 de septiembre de 2013, en el techo de su casa, en el paraje conocido como Joyas del Panteón,cuando la crecida del río Amacuzacarrasó con todo lo que encontró a su paso.

La imagen del salvamento circuló por redes sociales y sitios de noticias que daban cuenta de la magnitud de la fuerza que dejaron “Ingrid” y “Manuel”  en la zona sur de Morelos.

A un año de la tragedia en la que no hubo pérdida de vidas humanas pero si cuantiosas mermas económicas, autoridades y población conocieron a la impetuosa naturaleza y hoy se dicen preparados para enfrentarla.

Helcóptero
Helcóptero

–La ayuda pronto va a venir, ‘tata’ Dios no permitas que este techo caiga –se repetía a sí mismo Aureliano, hoy de 64 años de edad, quien se dedica de lleno a las actividades de su granja, donde cultiva esquejes para flores de temporada. Antes de la tragedia por la crecida del río, también criaba codorniz y sus ventas eran muy buenas, sin embargo a casi un año de eso no ha podido capitalizarse para poner en marcha nuevamente el negocio.

Junto con su esposa Esperanza del Villar, ese domingo 15 de septiembre, esperó la ansiada ayuda que había pedido por su teléfono móvil a vecinos, familiares, autoridades de gobierno y un milagro del mismo cielo para no caer en las turbias aguas del río. El recuerdo de lo que le sucedió en 1979 lo atormentaba: la frialdad del agua, la desesperación por salir, el miedo a morir.

Pasaron más de nueve horas arriba de su techo cuando, tras dos intentos del helicóptero por estabilizarse,los rescatistas lograron meterlos a la aeronave y él y su esposa estuvieron por fin a salvo.

Como todos los días, Aureliano se levantó temprano para comenzar sus actividades agrícolas; en la víspera, el sábado por la tarde, el clima apuntaba que sería un fin de semana lluvioso. El agua empezó a caer pero como otras ocasiones, la lluvia cesaba por momentos y todo parecía cotidiano.

Entrada la noche, el nivel del agua del río empezó a subir arriba de lo habitual, pero no de una manera que alertara a quienes están acostumbrados a convivir con él todos los días. No obstante, la madre naturaleza sorprendió a Aureliano.

Eran apenas las ocho horascuando constató que el agua empezaba a desparramarse por el borde conocido como El Amate, en donde estánsus tierras. Los brazos del río se extendían como si quisiesen agarrar todo lo que alcanzaran, las aguas empezaron a llegar a sus sembradíos; esta escena hizo que el señor de complexión delgada y ameno trato regresara a casa para descolgar el cable de la luzeléctrica.Fue lo único que alcanzó a hacer; el matrimonio quería huir de su hogar pero el río les hizo pensarlo dos veces.

–Cuando quisimos salir corriendo, el agua ya nos llegaba arriba de la cintura, no fue posible salir de la granja, regresamos y nos subimos; el agua cada veinte minutos subía aproximadamente cincuenta centímetros más y así se fue hasta alcanzar una altura sobre este piso de más de dos metros –dice,con la mano alzada hacia el techo de su casa de tabicón.

Las siguientes horas fueron de zozobra para la pareja. Ella se mostraba preocupada, pues lejos de que la lluvia amainara parecía que a cada instante se ensañaba más.

Con la poca ropa extra que pudieron poner en una mochila esperaron en el techo de su casa; las emociones iban de más a menos como un vaivén. Cuando la esperanza parecía perdida, Aureliano reconfortaba a su esposa y le decía que Dios les había dejado un techo firme y que no dejaría que cayera, la angustia del hombre no era precisamente caer sino que su esposa experimentara el terror que él había conocido tres décadas atrás en la presa.

A las cinco de la tarde, aproximadamente, el ruido de las hélices del helicóptero hicieron que su corazón latiera rápidamente, era la ansiada ayuda, por fin había llegado.

Helicóptero
Helicóptero

El montaje del alcalde “rescatista”

Cuando la aeronave logró estabilizarse, un rescatista bajó por él y su esposa y al intentar subir vio que una persona le tendía la mano, era el presidente municipal de Amacuzac, Noé Reynoso Nava, quien le dijo: “suba” con una gran sonrisa en el rostro:

–De la nave, apareció el señor presidente dándome la mano para subirme; y aquí va lo chistoso, enseguida dijo: ¡fotografías!¿Nos tomaron las fotografías?, me soltó la mano y dijo suban. Fue pose –relata quien por segunda vez escapaba de una muerte segura.

Recuerda que, en total, fueron tres los individuos rescatados por el helicóptero, aunque asegura que adentro iban más de doce personas.

Una vez realizado el rescate, el alcalde Noé Reynoso ordenó al personal de seguridad pública que fueran trasladados inmediatamente al albergue más cercano, les dieran comida caliente y ropa seca. La pareja fue subida a una patrulla y cuando llegaron al zócalo municipal los bajaron:

–¿Dónde los dejo? –les preguntó el oficial que los trasladaba. La pareja sin ánimos de discutir la orden, por el penoso trance que acaban de pasar, fue a la casa de una buena vecina que les dio alojamiento.

Lluvias desastres
Lluvias desastres

La nostalgia por el patrimonio perdido

La familia de la esposa de Aurelianollegó ese mismo domingo 15 de septiembre del Distrito Federal a Amacuzac para llevarse a la parejaque había pasado un día difícil.

Al día siguiente,veían las noticias de lo que pasó en Morelos: en un hecho histórico la lluvia había aumentado de una manera espectacular el volumen de las aguas del río; en algunos puntos como Tehuixtla, Jojutla,se vieron huellas claras de las secuelas de la imperiosa naturaleza, la estructura metálica de un puente peatonal quedó doblada por la fuerza del agua que arrastró troncos, piedras de gran tamaño, y todo lo que encontró a su paso.

En el recorrido por la zona de desastre al día siguiente, el lunes 16 de septiembre, las autoridades de gobierno del estado y de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) informaron que la combinación de los huracanes había provocado en pocas horas una captación inusitada de agua.

En la estación hidrométrica de Amacuzac se rompió una estadística de 58 años al rebasarse la escala crítica y superar los 4.8 metros, que era lo máximo que había alcanzado el Río Amacuzac –el más caudalosoe importante en todo el estado–, hasta alcanzar los 6.5 metros de altura.Eso fue un hecho extraordinario que ocurriópor la captación pluvial de mil 200 metros cúbicos por segundo.

En los últimos 50 años, México no había sido afectado por fenómenos meteorológicos que se presentaran al mismo tiempo en océanos diferentes, como ocurrió con “Ingrid” en el golfo de México y “Manuel” en el océano Pacífico. Veinte, de las 32, entidades de la república fueron afectadas.

Se informó también que un poco de más un millón de personas fueron perjudicadas por el fenómeno, directa o indirectamente. La Secretaría de Gobernación federal reportó alrededor de 218 mil personas aquejadas directamente por la emergencia.

En Morelos, los municipios dañados fueron Amacuzac, Puente de Ixtla, Jojutla y Tlaquiltenango; los datos oficiales apuntan que el río afectó 287 viviendas, 415 personas, 293 hectáreas de cultivo, 280 productores de maíz, caña y plantas ornamentales, principalmente, en donde hubo pérdidas económicas por 31 millones de pesos. Además, se perdieron 86 cabezas de ganado.

Al preguntarle a Aureliano cómo se dio cuenta de lo que había vivido, sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas, su mirada se veía distante como cuando uno recuerda algo, su boca hizo un intento por sostener la sonrisa pero no pudo, su voz se quebraba.

–No pensamos nunca en lo material pero nos dio más nostalgia verlo en las imágenes de la televisión…hoy mismo, lo estoy sintiendo.

Bajé mi grabadora para esperar a que se recuperara, en mi mente traté de recrear esa escena. Le puse la mano en el brazo y traté de reconfortarlo, me dijo que después del “día del rescate” no se había “quebrado”, que soy la primera que lo ve así, soltando lágrimas.

Me contó que, a tres días del desbordamiento del río, él y su esposa regresaron a su granja y se encontraron con una imagen que no hubiera querido encontrar. El agua se había ido sí, el río regresaba a la normalidad,pero su granja y lo que había más allá de cien metros había quedado como zona de guerra.Y sus vecinos, en lugar de ayudar, aprovecharon para hacer actos de rapiña y llevarse lo que aun podía servir comoherramienta de trabajo.

Lluvias
Lluvias

Aún hay miles de personas en zonas de riesgo

 

A un año de la crecida del río Amacuzacy de acuerdo con los datos recabadoscon los directores de Protección Civil de los cuatro municipios afectados, además de Zacatepec y Tlaltizapán en donde también hay afectaciones por el canal de riego de la Quinta Toma y el río Yautepec, respectivamente,hay todavía mil 205 familias asentadas en zona de riesgo.

Sólo por debajo de Zacatepec, Amacuzac tiene el censo con mayor cantidad de familias asentadas en zona de riesgo por la cercanía con el río Amacuzac y la Barranca El salado, con 300 familias en las comunidades de Huajintlán, El Rosal y El Balseadero.

Los vecinos de la Quinta Toma, en Zacatepec, se organizaron en comités por calles y en este periodo de lluvias sus ventanales y puertas están resguardadas por costales de arena; además, alzaron bardas para evitar que en caso de que el canal se desborde, el agua entre nuevamente a sus viviendas. También instalaron un timbre de alerta que harán sonar en caso de que la lluviahaga crecer el canal.

El paraíso que muchos anhelan

Después de la catástrofe, la Conaguainició la delimitación de la zona federal. En Tehuixtla, en un “acto de autoridad”, la dependencia federal en coordinación con los gobiernos estatal y municipal derribó tres locales comerciales con uso de vivienda. “De ser necesario se procederá de la misma forma en las zonas invadidas en éste u otro río”, advirtieron.

–Nosotros somos benditos, ¿quién no quisiera un río?, nosotros tenemos dos ríos el de Las Granadas y el río Amacuzac, somos afortunados a más no poder, corremos el riesgo pero somos benditos en ese aspecto –expresó orgulloso Bernardo Alquicira Romero, ayudante municipal de Huajintlán, municipio de Amacuzac.

Habitar cerca al río se fue permitiendo conforme pasaban los años con la anuencia de la asamblea ejidal y la vista gorda de las autoridades.

–Tendría que hacer su trabajo a quien le corresponde que es la Comisión Nacional del Agua, que son quienes tienen la tutela de los márgenes del río y yo creo que no quieren o no pueden o no quieren problemas –añadió Bernardo.

Con los 112 millones de pesos que el Fondo Nacional de Desastres (Fonden) envío para los cuatro municipios afectados en Morelos, la Conagua realizó trabajos de mejora; la maquinaria pesada se encargó de “abrir” y limpiar el cauce, lo que permitirá que, en caso de registrarse una lluvia abundante, disminuya el riesgo de inundación.

Los trabajos incluyeron la construcción de 23 entradas de agua y alcantarillas y la sobreelevación de un bordo desde la comunidad de Huajintlán, en Amacuzac, hasta Xicatlacotla en Tlaquiltenango. El río quedó listo para recibir diez y hasta un 30 por ciento más de agua de su capacidad tras la catástrofe que marcó una nueva etapa en la zona sur en el “antes” y “después” de la inundación.