
Texto: Magda García / Fotos: Adrián Oliván
Tlayca, Jonacatepec.- Esta comunidad fue conocida en la década de los noventa como la tierra de los secuestradores porque algunos integrantes de ciertas familias hicieron de la privación ilegal de la libertad a cambio de remuneración económica su modus vivendi. En la “nueva Tlayca” esta oscura etapa ha quedado en el panteón, sepultado como un mal recuerdo.
El del Siglo XXI
Enclavada en la parte oriente del territorio morelense, cercana a los municipios de Ayala, Cuautla, Jantetelco, Tepalcingo, Zacualpan de Amilpas, entre otros, esta comunidad perteneciente a Jonacatepec, cuyo significado es “detrás de los montes”, es una pintoresca ranchería que ha sobrevivido al paso de los años y los intentos infructuosos de empresas que han buscado establecer mineras en la región.
En diversas entrevistas, los líderes de las organizaciones campesinas de Morelos han mencionado que en la entidad cada vez es más común que la actividad ganadera y el cultivo desaparezcan. Los líderes del agro, por su parte, han evidenciado que por la venta de muchos predios de cultivo, sobre todo en la zona sur y ocasionalmente en la región oriente, se han edificado miles de estructuras de vivienda de interés social, fenómeno que ha provocado que en las comunidades de la tierra del General Emiliano Zapata Salazar la actividad agrícola se vaya extinguiendo.
Actividad ganadera
Gregorio Toledano, nacido en Tlayca, afirma que la actividad pecuaria, que en esta ranchería prevalece y que ejercen en su mayoría los hombres y grupos de mujeres, tiene su chiste.
Hermano de diez, unos que decidieron salir de Tlayca en busca de trabajo y de otros que ahí permanecen, padre de tres hijos, “Don Goyo” cómo le nombran, dice a Conurbados que la actividad ganadera requiere dedicación, misma que desde inicio de 1990 desempeña con pasión.
El tlayquense asevera que residir en un sitio donde la población es muy cercana y cooperativa, y todos se conocen, permite vivir en armonía, por lo que manifiesta que no se trasladaría, ni siquiera para trabajar, a otro sitio.
El ganadero asegura que en Tlayca se vive bien. A diferencia de quienes sí emigraron, don Gregorio cuenta que nunca pensó en abandonar la comunidad que lo vio nacer, crecer y desarrollarse: “al menos, yo nunca quise ir a probar suerte por otro lado, aquí tengo lo que necesito, tengo mi casa, mi familia y mis animales; trabajo en lo que me gusta y hago lo que quiero, entonces para qué le iba a buscar”.
El tlayquense narra que, desde 1993, año en el cual se apoyó a su esposa con cinco cabezas de ganado, asumió esta actividad diariamente. Desde temprana hora, sale de su hogar y se dirige a los predios en los cuales solicitaron los permisos para que les presten potreros (terrenos) para que sus cabezas de res –vacas, sementales y becerros– pasten.
Vivir del campo, hoy en día, le ha resultado. Explica que muchos de los que iniciaron junto con él en la actividad ganadera ahora ya no sé dedican a esta tarea por pereza: “si te dedicas a esta actividad, como cualquier trabajo, siempre habrá resultados, hay varios que se han alejado de la ganadería por la flojera de no dedicarles un tiempo a sus cabezas de ganado. Trabajando, todavía se puede vivir del campo; se puede, ya sea en la ganadería o en el cultivo, únicamente es que la gente se dedique a trabajar”, asiente.
En la temporada de secas, los animales son llevados a los predios y dejados ahí, el ganadero retorna al medio día para llevarlos a tomar agua; los regresan y ya cuando el sol comienza a descender son llevados a sus corrales a guardar.
En la época de lluvias, para que no se coman lo sembrado o pisen lo cultivado, los productores permanecen junto a su rebaño desde la mañana y hasta la tarde, hora en la que concluyen sus labores.
“Cuando llueve hay que andar atrás de ellas –las reses– para ver lo que comen, vas teniendo cuidando de que no invadan terrenos donde ya hay siembras dentro del ejido y, cuando no llueve, es más descansado, las vas a dejar al campo; en ocasiones no hay dónde se pueda sentar, hay que estar parado bajo el rayo del sol”, puntualiza.
El maíz, la basura de sorgo también conocido como paca y otros derivados, son los principales insumos que los ganaderos utilizan para engordar a sus animales, venderlos y así obtener una ganancia monetaria.
A principios de 2014 la pollinaza cobró la vida de más de 60 reses en el municipio de Axochiapan, por lo que los ganaderos tuvieron pérdidas económicas.
En Tlayca, ésa no es muy utilizada; a decir de los ganaderos, el producto de la marca comercial Bachoco es maligno para sus animales.
“La pollinaza te sirve porque te hace volumen; pero en sí, no ayuda a que los animales adquieran masa muscular (engorden), hay que tener mucho cuidado con la pollinaza pues contiene mucho amoniaco y lo que haces es matar al toro o cabeza de ganado que buscas vender”, explica don Goyo.

La crianza
Aquí, los productores procuran a su manada, a fin de que ésta vaya creciendo. Algunos empezaron con menos de diez cabezas y hoy en día tienen más de 30; los animales son desparasitados, vacunados contra plagas y enfermedades y herrados –marcados– para su rápida identificación.
Cuando las vacas tienen becerros, los ganaderos madrugan aún más para ordeñar a la madre y así aprovechar la leche y producir derivados como el queso fresco, la crema, queso de hebra o tipo Oaxaca y requesón; estos son también comercializados.
A su vez, los hombres y mujeres de sombrero tienen contacto con tablajeros de diversas zonas de la región oriente, quienes les compran la carne para expenderse en centrales de abasto y en mercados.
“Yo engordo animales y directamente al rastro, tengo tablajeros que me compran la carne, mínimo vendo en grupo de cinco, que se dividirá en partes; los carniceros se encargan del sacrificio de la res y de que Salubridad les selle la carne que garantiza que sea de calidad; venden la carne por un lado y por otro comercializan el canal, el cuero, patas, cabeza y vísceras”, especifica don Goyo.
La ganadería y sus nuevos usos
Antiguamente, el excremento que produce el ganado a diario era utilizado sólo cuando ése estaba seco, los productores de los Altos de Morelos acudían a las rancherías como Tlayca a comprar por camionetas de carga las heces de las vacas para poder fertilizar sus cultivos como el aguacate, durazno y nopales, entre otros.
En la actualidad eso se ha modificado; el estiércol es utilizado para la producción de mojarras en varios puntos del estado, incluida esta ranchería. Quienes optaron por desempeñar esta actividad piscícola adquieren el excremento fresco para poder mejorar las condiciones de los estanques en donde crían y engordan su producto.
Una tercera opción del uso del estiércol de vaca, y siendo quizás el uso más antiguo, es en compostas domiciliarias y como fertilizante de su jardines como abono.
El pueblo emprendedor
A diferencia de muchos de los jóvenes que por querer cambiar de vida emigraron a los Estados Unidos en busca del sueño americano dejando atrás su tierra para vivir como ilegales, desde 2011 un grupo de treinta muchachas y muchachos tlayquenses pusieron en marcha un proyecto de piscicultura que, en la actualidad, les permite tener una fuente de ingresos.
Con el propósito de impulsar en esta comunidad una actividad rentable distinta a la ganadería y agricultura, con el apoyo del gobierno y una inversión bipartita, los jóvenes de entre 25 y 40 años constituyeron legalmente la “Sociedad de Producción Acuícola Lorenzo Vázquez”.
Una de las socio productoras de alevines y pez carne en Morelos, Karina Lizbeth Toledano Vázquez, cuenta que la intención, en un principio de 30 personas, para promover este proyecto fue la de tener un empleo seguro dentro del campo, por lo que se dieron a la tarea de investigar sobre el tema y buscar el apoyo económico del gobierno federal.
Los padres de familia de los jóvenes que se atrevieron a poner en marcha la citada cooperativa, y que tienen a otros hijos en la Unión Americana, aseveran que la puesta en marcha de este proyecto permite a sus hijos no volverse esclavos del trabajo.

El cultivo y comercialización de peces
La cooperativa puesta en marcha desde hace tres años, misma que sigue siendo pagada por los jóvenes, y que está divida en varias secciones como la de reproducción, crianza, laboratorio, almacén y los estanques a ras de suelo o los hechos a base de estructura sobre la tierra, se enfoca a cubrir dos sectores en específico de la actividad piscícola tlayquense.
La primera es proveer a quienes desde hace décadas se dedican a la venta al mayoreo de alevines o crías de pez esterilizado, es decir, con la venta de pez desde una pulgada, los dueños de estanques los preparan para su crecimiento y posterior vendimia.
Otro de los socios es Federico Vázquez Urzúa, quien señala que dentro de las actividades diarias que se realizan en la sociedad destacan la separación y clasificación de los alevines (crías de los peces reproductores) según su tamaño y color, mismo que durante un mes son alimentados, esterilizados para no reproducirse por algunos meses, y los cuales son adquiridos para su posterior engorda y venta al mayoreo y menudeo, según lo pida el cliente.
“Con ayuda de una red se separan los alevines, son puestos en otros estanques y se les alimenta durante un mes, cinco veces al día, y los grandes cuatro veces al día; es decir, se prepara para venderles”, describe el joven.
Y el segundo sector favorecido es la venta de peces (mojarras) de diferentes tamaños. Una vez que el pez estuvo pequeño y no pudo ser comercializado, son almacenados en estanques cuadrados o redondos y vendidos a quienes llegan a comprar a la cooperativa a un precio de 60 pesos por kilogramo.
Cuando llega algún cliente, con ayuda de redes, los jóvenes capturan a los peces según el tamaño que se quiera, se pesa y posteriormente se corta la cabeza de cada pieza, se lava, se limpia –se le retiran las vísceras– se descama, se vuelve a lavar y es colocado en bolsas de plástico y entregado a los compradores.
Federico Vázquez comenta: “la mayoría de la gente grande en Tlayca se dedica al campo, a la ganadería y algunos a la engorda de peces; nosotros como jóvenes, echándole ganas, estamos impulsando este nuevo oficio, no sólo de engorda sino de reproducción y venta de pez carne”.
Los jóvenes empresarios advierten que, una vez que se concluya el pago que permitió adquirir el predio, construir los diferentes estanques, la adquisición de insumos y dar mantenimiento a la sociedad, avizoran solicitar otro préstamo al gobierno federal, para la construcción de dos restaurantes con palapa y alberca para ofertar sus servicios. Uno de ellos, proyectan edificarlo en las inmediaciones de la carretera Cuautla-Izúcar de Matamoros y otro más en donde actualmente tienen su cooperativa.
“Tenemos la idea de hacer un restaurante, bueno el terreno ya está, pero por falta de capital no lo hemos concluido, queremos producir nuestro pez carne; aquí y cocinarlo y venderlo allá (en el restaurante)”, detalla Lizbeth Karina a Conurbados.
Del Tlayca conocido por morelenses y poblanos como “nido de víboras” sólo quedan algunos recuerdos. Del actual, los pobladores destacan la ayuda y cooperación mutua; la amistad, la amabilidad de sus habitantes, quienes –a su vez– invitan al público en general a conocer esta comunidad, la supervivencia de animales como los venados en sus cerros, y el folclor de su fiesta en honor a Santa Ana, quien protege a los habitantes de Tlayca y mantiene viva a una de las pocas rancherías de Morelos, ubicada “detrás de los montes”.
