
Por Elsa Castorela Castro
El ejido de Chipitlan, reducido solamente al nombre y a unas 50 hectáreas de tierra común, es lo que queda a los 105 ejidatarios que poco a poco fueron vendiendo la tierra que heredaron de sus abuelos, en su mayoría revolucionarios zapatistas, de quienes la recibieron en 1927, según cuenta la historia oral.
La dotación recibida entonces sumaba la cantidad de 648 hectáreas de tierra, en su mayoría de agostaderos y siembra de temporal, sin posibilidad de riego pese a que el ejido se encuentra entre barrancas y el río Apatlaco, en el afluente conocido como río del Pollo.
A los viejos ejidatarios de hoy, que en esos años aún no habían nacido o eran sólo niños, les tocó vivir la transformación de su pueblo rural en un espacio urbano que fue creciendo a partir de la década de los sesenta, después de la construcción de la autopista México-Cuernavaca.
En los gobiernos panistas, los ejidatarios de Chipitlán vendieron a la constructora Casas Geo, unas 300 hectáreas a un costo de 2.3 millones de pesos cada hectárea (10 mil metros cuadrados), superficie que se encuentra en las tres lomas: Las Burras, Lechones y Pajaritos, colindantes con las lomas de Temixco: Pueblo Viejo y El Cerrado.
Cuentan que la venta de la tierra alertó a los delincuentes que secuestraron a los ejidatarios millonarios, a otros los dejaron sin dinero al salir del banco, así pues hubo quien se quedó sin tierra y sin dinero.
Las tres lomas que conforman el ejido eran cultivadas con maíz, frijol y sorgo por una veintena de “productores” (así conoce a campesinos sin tierra que la rentan para cultivar alimentos, en su mayoría eran ganaderos), los que a veces establecían sus pequeños ranchos en las tierras que rentaban a los ejidatarios.
Cuenta don Juventino Arroyo Silva, quien nació en 1938, que cuando era niño Chipitlán “era un campo raso”, no tenían agua potable, la tomaban de un pocito que estaba cerca de lo que es ahora el panteón de la Paz; otro estaba en lo que en la actualidad es la colonia Burocrática.
Los campos eran de siembra de temporal, se podía mirar las “huizacheras, y cazahueteras”, estas últimas cuando floreaban relucían el blanco de sus flores.
Recuerda don Juventino que en tiempo de lluvias sembraban la milpa con maíz, calabaza y fríjol, también se daba el quelite de marrano, nopal de campo, la lengua de vaca, retoños de calabaza y calabacita tierna.
Su medio de transporte era a caballo o burros que servían para “ir a Cuernavaca” o para la cosecha.
Un documento del 5 de marzo de 1999, del Diario Oficial, indica que “por Resolución Presidencial de fecha 10 de septiembre de 1925, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 21 de octubre de 1925 y ejecutada el 29 de octubre de 1925, se concedió por concepto de dotación de tierras para constituir el ejido ‘CHIPITLÁN’, Municipio de Cuernavaca, Estado de Morelos, una superficie de 360-00-00 Has., para beneficiar a 45 capacitados en materia agraria”.
En el mismo documento se asienta que por “Resolución Presidencial de fecha 12 de febrero de 1936, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 20 de abril de 1936 y ejecutada el 20 de mayo de 1936, se concedió por concepto de ampliación de ejido al núcleo ejidal ‘CHIPITLÁN’, Municipio de Cuernavaca, Estado de Morelos, una superficie de 288-00-00 Has., para beneficiar a 36 capacitados en materia agraria”.
Aun cuando en esas tres lomas aún no se construye nada y se aprecia el cultivo de maíz, de ejidatarios que se negaron a vender.
