
Por Máximo Cerio
Tlaquiltenango, Morelos; 31 de enero de 2017. Madres de familia denunciaron que los conductores de las combis no respetan la ley del transporte que exenta de pago a personas con discapacidad, además de que las tratan mal y que el aumento a la tarifa mínima las ha afectado mucho.
El gasolinazo y sus consecuencias
El sábado 14 de enero entró en vigor el aumento al transporte de pasajeros en Morelos, como consecuencia de la liberación de los precios de las gasolinas que, desde el 1 de enero, disparó el precio del gas y de productos de la canasta básica en todo el país.
Los concesionarios exigieron un aumento en el transporte público.
En un comunicado de prensa el gobierno dio a conocer que los transportistas exigían 53 por ciento de aumento pero que se negoció un porcentaje mínimo y “justo”. Llamó a esta alza un “ajuste”, cuyo porcentaje fue de 23.07 por ciento en toda la entidad.
Así, por ejemplo, en Cuernavaca la tarifa mínima subió de 6.50 a 8 pesos (los transportistas querían subir a 10 pesos). La población respondió con algunas marchas.
El decreto se publicó en el periódico oficial “Tierra y Libertad” número 5464 del 11 de enero y en él se dieron a conocer las diferentes tarifas para el transporte urbano, interurbano y foráneo. Debía entrar en vigor el sábado 14, pero los choferes comenzaron a cobrar el aumento desde el día martes 10 de enero.

La familia, la más afectada
Frente a las instalaciones del Centro de Atención Múltiple (CAM) número 3 localizadas en Avenida Morelos, esquina con Rinconada de Las Flores, en Tlaquiltenango, debajo de un árbol y sentado en las jardineras, se encontraba un grupo de nueve mujeres, algunas bordando y tejiendo, en espera de la salida de sus hijos.
De acuerdo con Martha Cuevas Bahena, directora del CAM, la escuela depende del IEBEM y tiene 106 niños y jóvenes desde los tres años hasta los treinta o treinta y cinco, con discapacidad intelectual, auditiva, autismo, y ceguera, de preescolar, primaria y el CAM laboral, provenientes de Tlaquiltenango, Zacapepec, Tlaltizapán, Jojutla, Puente de Ixtla y algunos de Ticumán y Nexpa.
En entrevista para Conurbados, las madres de familia hicieron varias denuncias sobre abusos que han sufrido antes del alza del pasaje y después de ésta.
María Isabel Carreón Flores tiene un niño discapacitado de 14 años y viaja desde Zacatepec al CAM, de lunes a viernes gasta más de cincuenta pesos en pasajes de ella, de su niña que va a la primaria Miguel Salinas de Tlaquiltenango y su hijo que va en el CAM.
Dijo que la mayoría de los conductores (de las combis color amarillo) no respetan la disposición del artículo 102, fracción XII de la Ley de Transporte del Estado de Morelos, que les ordena exentar a las personas con discapacidad.
Explicó que como los choferes ya los conocen ni siquiera se detiene cuando les hacen la parada, los ven y le aceleran para que no puedan subirse porque saben que pedirán que no les cobren por los niños con discapacidad.
Cuando nos levantan, siempre nos piden que el niño con discapacidad vaya sobre las piernas, pero mi niño tiene catorce años, no lo aguanto; eso a los choferes les molesta mucho y vienen durante todo el camino reclamándonos que ellos tienen que pagar de su bolsa ese espacio que los menores ocupan”, platicó.

Leticia, tiene un niño con capacidades diferentes, vive en Tlaquiltenango, cerca del CAM, y no paga pasaje diario para llevar a su hijo, pero cuando tiene que trasladarse a Cuernavaca para atención médica sufre malos tratos por parte de los conductores de las combis que van de allí a Jojutla, ya que le exigen el pago del pasaje de su hijo porque “no le ven ninguna discapacidad”.
“Mi hijo se lama Jonathan, va en tercero de primaria y tiene epilepsia. Los choferes me cobran a pesar de que les enseño su credencial”, explicó.
Irma Alarcón Ramírez es también una madre de familia que leva al CAM a su hijo con discapacidad. Viene de Nexpa, una comunidad alejada de la cabecera municipal del Tlaquiltenango, y se quejó de que la mayoría de los ruteros no les hacen descuento.
“Yo gasto setenta pesos diarios sólo en pasaje, casi todo se me va en pasaje y en cuidado de mi hijo con discapacidad. Tengo que estar desde que entra a la escuela hasta que sale, no me puedo mover del CAM. Me ayuda mi familia, sólo así hemos podido, juntos; si estuviera sola yo no sé qué haría. Todo el esfuerzo es para que vengan al CAM porque aquí se sienten bien, en la casa sólo se la pasan con la mirada perdida y enferman, no quieren comer, pero acá sí les gusta”, relató.
Susana, que tiene también una niña con trisomía 21 (síndrome de Down), reportó que los conductores han puesto en peligro la integridad física de ella y su hija. Las personas con discapacidad no tienen la misma habilidad que la demás gente y tardan en bajar y esto molesta a los operadores porque, según ellos, pierden tiempo: “en varias ocasiones se arrancan y no esperan a que uno o los niños estén fuera de la combi y nos hemos caído”.
El mayor gasto, en pasajes
Las mujeres explicaron una persona con discapacidad requiere atención de tiempo completo, ya que algunos tienen epilepsia o parálisis cerebral o Trisomía 21, o son sordos o tiene autismo o son ciegos y no pueden dejarlos solos, por ello cerca de 16 madres entregan a los niños a los profesores del CAM y se quedan afuera porque no tiene dinero para regresar a sus hogares y después volver por los niños, y también porque a algunos les dan ataques epilépticos y tiene que ir al hospital o se “ensucian” y tiene que ir a cambiarlos o realizan actividades de estimulación o terapéuticas, y esto no les permite realizar alguna actividad remunerada con la que pudieran ayudarse. Insistieron en que la mayor parte del gasto familiar se les va en pasajes.
Varias hacen bordados o manualidades mientras esperan a sus hijos desde que los dejan (8:00 horas) hasta que salen (12:45 horas). Las manualidades las venden para poderse ayudar en los gastos principalmente de pasaje:
“Aquí en el CAM cobran 45 pesos cada mes, es mínima y voluntaria y se da con gusto, pero ha habido gente que no puede pagar y algunos ya no regresan. A los niños, nosotras las mamás les traemos desayunos, almuerzo, materiales”.
También dijeron que se cooperan para comprar agua o refrescos y acompañar su desayuno colectivo: “porque no nos da tiempo de desayunar, entonces cada una de nosotras trae un poco de guisado y aquí nos lo repartimos, aquí sentadas debajo del árbol”.
Pidieron ayuda del gobierno federal o estatal, ya que los estudiantes de las “escuelas normales” sí tienen algunos subsidios, pero ellos no: “nos tienen en el olvido, a la familia y a los niños, y nosotros sí que nos la vemos difícil”, afirmaron.
Las madres reportaron que ha habido niños que abandonan el CAM porque sus familias no tienen dinero para los pasajes y ni siquiera para las cuotas de recuperación.
Esta información fue confirmada por la directora del CAM, Martha Cuevas Bahena, quien precisó que el año pasado hubo pocos casos de deserción escolar:
“Cuando podemos evitar que dejen de venir lo hacemos, les damos facilidades, les dejamos tareas, por ejemplo, cuando nos dice que de los cinco días que deben venir, sólo pueden tres; nuestra intención es que asistan a la escuela, pero hay veces que por cuestiones de dinero dejan de venir o se van a otro estado o municipio”.

Que los líderes viajen en las combis
Las mujeres invitaron a los líderes del transporte urbano de la zona sur a que, sin que los reconozcan, se suban a las unidades para que ven la manera en que los choferes tratan a los pasajeros, no sólo a las personas con discapacidad.
También dijeron que no todos los operadores son groseros, hay algunos amables y muy respetuosos, pero que, de diez, dos son muy agresivos y no respetan a nadie.
Sobre las advertencias y exhortos que hizo el gobierno de estado y la Secretaría de Movilidad y Transporte a que se respeten las disposiciones en favor de las personas de la tercera edad, menores y personas con discapacidad, las madres de familia dijeron que no creen que resuelvan nada:
“Es necesario que haya inspecciones, que castiguen a los choferes groseros, pero sobre todo que tengan una cultura de respeto porque nadie quisiera estar en el lugar de los discapacitados ni en el de los familiares que son los que tienen que soportar todos los días las arbitrariedades de la gente.

Transportistas admiten que hay abusos
El secretario general de la federación regional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) de la zona surponiente, el transportista Pedro Salgado Hernández, en entrevista para Conurbados admitió que hay muchas quejas entre los usuarios del transporte colectivo porque los conductores no hacen los descuentos a las personas con discapacidad o no los quieren transportar y que el año pasado hubo al menos diez reportes y se castigó a igual número de conductores.
“Sabemos que con el aumento de las tarifas las quejas van a aumentar, por eso hemos hablado enérgicamente con los choferes, para que las personas discapacitadas no paguen y los niños menores de tres años paguen la mitad y las personas de la tercera con credencial del INAPAM paguen sólo treinta por ciento”.
Salgado Hernández añadió que los transportistas tienen aproximadamente 500 unidades y que cada unidad transporta de 180 o 200 personas al día por Tlaltizapán, Tlaquiltenango, Jojutla, Zacatepec, Puente de Ixtla y Amacuzac,
Pidió a los afectados que reporten a quienes no hagan los descuentos respectivos o a quien no quiera llevarlos. Deben proporcionar placas, número económico, la hora en que ocurrió y la ruta, “sólo así se puede proceder contra ellos”, dijo.
De acuerdo con datos proporcionados a Conurbados por la Secretaria de Movilidad y Transporte, hasta el día 12 de enero, había 500 quejas de ciudadanos contra los ruteros por abusos diversos, 20 de éstas contra transportistas de la zona sur.