El Ronco y la muerte

El Ronco en la barranca
El Ronco en la barranca

Por Máximo Cerdio/Fotos: Silvia Lozano Venegas y Rodrigo Morales

Eran como las seis de la tarde un jueves 13 de octubre. Rodrigo Morales Vázquez caminaba rumbo a un centro de acopio por una calle que cruza de la avenida Universidad hacia el pueblo de Chamilpa, cerca del campo de fútbol Los Canelos, por la orilla de una barranca que conduce el drenaje de las viviendas asentadas en sus márgenes.

A pesar del ruido de motores de autos y motocicletas, Rodrigo logró escuchar que del fondo de la barranca salían algo así como unos cacareos de gallinas; entonces se asomó y bajó los tres metros que tiene la hondonada.

El agua del arroyo estaba sucia y teñida de rojo, olía a drenaje. Subió por el arroyo contaminado y descubrió a un animal de color negro tirado sobre las aguas turbias: era un perro.

Rodrigo pensó que era un cadáver, por la forma en que estaba ahí, como quedan los perros que son arrojados a las barrancas, pero se sorprendió cuando se aproximó a él: tenía abierto un ojo y su caja torácica se movía de una forma débil y emitía unos gruñidos ahogados. También se dio cuenta que la sangre salía por su garganta: tenía un tajo enorme y una herida expuesta: “alguien lo había tratado de degollar con un cuchillo, porque si hubiera sido algo más grande y con más filo le hubiera cortado la cabeza, asumió.

El Ronco en la veterinaria
El Ronco en la veterinaria

Rodrigo pensó en auxiliar al animal.

Cerca había unos peones deshierbando, pero no lo quisieron ayudar; otras miraban desde arriba: era una chica con su novio, tenían un perro limpio con su cadena y su collar, él les pidió auxilio pero le respondieron que no podían y se fueron. También se asomaron unos vecinos y le dijeron que el animal tenía días allí, que ellos pensaron que ya estaba muerto; les pidió apoyo pero no quisieron: “échenme algo al menos para envolverlo y llevarlo”, les dijo y le arrojaron una sábana con la que el perro fue envuelto para cubrirlo del frío porque estaba ya “tieso”.

Habló a emergencias, al 089, pero le respondieron que no hacían “esos servicios”. Le dieron un teléfono de Protección Canina y llamó, pero nunca contestaron. volvió a a llamar al 089 para pedir una patrulla y le dijeron que no podía dar el servicio.

Llamó a su esposa para que le consiguiera un veterinario y le dio la dirección de un médico.

Como pudo, sacó al animal del agua sucia. Salió de la barranca con el perro entre los brazos y se dirigió a la calle. Sabía que ningún taxi querría llevarlo. Una camionetita de mudanzas aceptó hacer el traslado y lo llevó hasta el consultorio del doctor Alejandro Romero Fuentes, en Ocotepec.

Él recibió al animal y le coció la herida de la garganta. Le dijo que estaba en muy mal estado, que había perdido mucha sangre. Le puso suero, vitaminas, antibióticos y lo dejó en reposo. Le pidió que regresara al día siguiente.

“Yo estaba preocupado por el perro, ya que la herida era muy grande y había sangrado mucho. Se quedó dormido. También estaba yo encabronado porque la gente es insensible ante el sufrimiento de los seres vivos. ¿En qué cabeza cabe cortarle el cuello? Sé que el perro estaba lleno de agua de drenaje y no olía bien, pero es un ser vivo que necesitaba ayuda, pero nadie se animó. Cada quien, verdad, pero si un animal en esa situación no los mueve, ¿qué los mueve?”.

Todo esto lo contó Rodrigo Morales Vázquez, coordinador de un centro de Acopio en Chamilpa, el viernes 14 de octubre, mientras se dirigían al consultorio del veterinario con su esposa Citlalxóchitl González Oriza y dos amigos; iban a ver cómo seguía el perro.

–¿Sentiste cómo que te llamó? –Le preguntó uno de sus amigos y él asintió.

Rodrigo pensó que una vez que se recuperara habría que decidir si se queda con él o lo da en adopción. Lo primero es complicado porque él vive en un departamento y tiene una perra pequeña. También platicaron que todo el mundo querría a un perro como el “Ronco” (así le nombraron por el sonido que emitía con la garganta cortada): “sobrevivió a una muerte segura, tuvo la fuerza para emitir ese sonido con la garganta abierta y tú lo escuchaste, es un animal muy especial”, le dijo su amigo.

Llegaron al consultorio del doctor Alejandro y Ronco estaba acostado dentro de una jaulita. Tenía una aguja en su pata y un suero colgaba de lo alto. Las costillas apenas se le movían, tenía los ojos cerrados. Estaba en coma.

El veterinario explicó que Ronco era un labrador con cruza de criollo, de más o menos tres años de edad; fuerte. La herida fue producida por un objeto de metal puntiagudo, seguramente un alambre de púas. El perro anduvo así un tiempo y caminó, pero la pérdida de sangre lo debilitó y por eso lo encontraron caído sobre el arroyo.

Rodrigo, su esposa y sus amigos se acercaron al perro, lo acariciaron (era áspero al tacto) y le dejaron palabras amorosas.

“Le vamos a dar suero y vitaminas y analgésico y vamos a esperar veinticuatro horas, a que mañana se ponga en posición de esfinge; mi fe es que si se pone en esa posición ya se salvó, si permanece como está ahorita ya tomaremos una decisión tú y yo; no debemos permitir que sufra”, le dijo el doctor a Rodrigo. Todos saludaron al médico y regresaron en silencio.

El Ronco ya se encuentra en casa de Rodrigo. El ojo que le lagrimeaba mucho y quedó debajo del agua puerca está sano. Ya come y hace como que quiere ladrar, pero emite sonidos rasposos; no se para en sus cuatro patas todavía:

“Vamos a ver esta semana, si no se para lo vamos a llevar a que le tomen unas radiografías y también lo vamos llevar a que le den terapia con acupuntura”, dice Rodrigo; también anunció que lo iba a llevar a la cafetería El Acopio porque mucha gente lo quiere conocer y saber cómo venció a la muerte.